
Síntesis 11.2:
Evolución política de las dos zonas.
Analizaremos por separado cómo evolucionan los acontecimientos políticos en las dos zonas en que ha quedado dividido el país tras el golpe militar.
En la zona republicana, se formó un nuevo gobierno presidido por José Giral quien decidió entregar armas a las milicias de los partidos y sindicatos para frenar la sublevación. A lo largo del verano y otoño de 1936, el Estado republicano se desplomó al producirse una revolución social de carácter colectivista, impulsada por el anarcosindicalismo (CNT, FAI) y secundada por la UGT y el POUM. Sin embargo, tanto los partidos republicanos como el PSOE y el PCE se opusieron. Se colectivizó la industria en Cataluña y la tierra en áreas de Aragón, La Mancha, Andalucía... En muchos lugares se formaron comités revolucionarios que ejercían el poder en lugar de las instituciones republicanas. En septiembre de 1936, se constituyó un gobierno de unidad presidido por el socialista Largo Caballero; en él participaron republicanos, socialistas, comunistas, nacionalistas e incluso cuatro ministros anarcosindicalistas. El nuevo gobierno pretendía someter las milicias a la disciplina del nuevo "Ejército Popular" y eliminar las juntas de carácter revolucionario. Sin embargo, los anarquistas se resistieron a poner fin a su experiencia colectivista y a integrar sus milicias en el ejército. En mayo de 1937, tuvieron lugar los "sucesos de Barcelona", una lucha por el poder que enfrentó a los sectores partidarios de la revolución (CNT y POUM) con el gobierno de la Generalitat opuesto a la misma (ERC y PSUC); los sangrientos enfrentamientos se saldaron con la derrota de los anarquistas, la disolución del POUM y la crisis del gobierno de Largo Caballero. Finalmente, se constituyó un gobierno presidido por el socialista Juan Negrín, con una importante presencia del PCE y donde ya no están presentes los sindicatos UGT y CNT. Su política se basó en el esfuerzo militar y la resistencia a ultranza, pero así mismo presentó un programa ("Trece puntos") para una posible solución negociada al conflicto. Su política fue contestada por el coronel Casado, quien protagonizó una sublevación en marzo de 1939, con el fin de establecer una negociación directa con Franco, que la rechazó.
Paralelamente, en la zona sublevada se fue configurando un Estado de carácter totalitario. La falta de un proyecto común de las fuerzas políticas que apoyaron el "Alzamiento" les llevó a aceptar la supremacía y dirección política de los militares. Inicialmente, tras la muerte de Sanjurjo, llamado a ser el líder de la rebelión, se formó una Junta de Defensa Nacional presidida por Cabanellas; entre otras medidas, suspendió la Constitución y prohibió la actividad de los partidos políticos. En octubre de 1936, Franco fue designado máxima autoridad política ("Jefe del gobierno del Estado") y militar ("Generalísimo") del nuevo Estado. A comienzos de 1937, tras la resistencia opuesta por Madrid a las tropas franquistas, las perspectivas apuntaban a una prolongación de la guerra. Franco decidió entonces revisar su estrategia militar (inicio Campaña del Norte) y se planteó la necesidad de unificar políticamente el bando nacional: en abril de 1937, se aprobó el Decreto de Unificación por el que se creaba el partido único, fruto de la fusión de Falange Española y los Carlistas; el nuevo partido pasaba a estar bajo la jefatura personal de Franco. El proceso de institucionalización del nuevo régimen continuó con la formación, en enero de 1938, del primer gobierno, presidido también por Franco. Antes de finalizar la guerra, se aprobó el Fuero del Trabajo y la Ley de Responsabilidades Políticas, que permitió continuar la represión contra los republicanos una vez terminada la guerra.
23/04/2007