NOCHEBUENA DIGIMON: LA OTRA HISTORIA
[Por: Marin Ishida]
Era una fría tarde del mes de diciembre, en concreto del día 23, víspera de Nochebuena, en estas fechas es normal que haya festivales de Navidad y el instituto de Odaiba no era una excepción. En estos momentos los Teen-Age wolves, el grupo con más éxito de Odaiba, estaba terminando su actuación. Al finalizar el concierto era normal que a los chicos se le acercasen varias fans para pedirles autógrafos pero sin duda el que más atención recibía era el vocalista de la banda, el guapo Yamato Ishida. Yamato era muy atento con todas las chicas pero siempre tenía los ojos puestos en la misma, la chica discreta que se quedaba en segundo plano esperando a que Yamato terminase de atender a sus fans, se trataba de Sora Takenouchi su mejor amiga. Cuando todas las "grupis" se fueron se le acerco con una sonrisa y le dijo:
-Has estado muy bien Yamato, si lo haces así seguro que mañana ganas el concurso.
-Gracias Sora, eres muy amable, demasiado....la verdad es que se presentan grupos muy buenos, me conformare si conseguimos no desafinar.(los dos amigos ríen).
-¡He chicos venid aquí!- les grita Taichi, el mejor amigo de los dos chicos.
-Ya vamos Tai-kun- le responde Sora.
A la salida Koushiro les estaba esperando:
-Chicos, me ha llamado Daisuke y los demás, quieren vernos mañana cuando vuelvan del Digimundo. Nos quieren dar una sorpresa o algo así....
-Si se trata de una idea de Daisuke no puede ser nada bueno- comenta Yamato, haciendo que todos se echen a reír.
-Vale quedaremos mañana con ellos, yo llamaré a Joe y veré lo que le puedo sonsacar a mi hermana con respecto a esa sorpresa- dice Taichi.
-De acuerdo y Yamato acuérdate de traernos las entradas para tu concierto- añade Sora.
Esa noche Yamato la pasa casi en vela, quiere perfeccionar la canción que va a tocar en el concurso, para poder ganarlo. Además tiene una motivación especial ya que Sora Takenouchi va ir a verle y a animarle y para él eso es lo más importante. Yamato no tiene muchas ocasiones de cantar delante de su amiga ya que Sora casi nunca va a sus conciertos, y no porque no le guste su música, que le encanta, sino por esas locas fans como Jun Motomiya. A Sora no le gusta ver como esas chicas tratan a Yamato, ella piensa que sólo le quieren porque es guapo y popular porque ninguna de ellas lo conocen realmente.
Esa noche, Sora también tardó en dormirse, ya que el día siguiente iba ser especial. Después de mucho tiempo por fin se había decidido.....
Todo empezó cuando se dio cuenta de que empezaba a tener sentimientos distintos hacia uno de sus amigos. La digi-elegida fue guardándose esos sentimientos y sin darse cuenta cada vez se hacían más fuertes y la amistad que sentía hacia ese chico paso a ser verdadero amor.
Y hoy aprovechando que era Nochebuena, tendría la oportunidad de demostrarle parte de esos sentimientos. Por eso, ese día se levantó pronto y preparó unas ricas galletas. "Se las daré a Yamato antes del concierto, con la excusa de desearle suerte, así será menos embarazoso" pensaba la chica mientras cocinaba.
A la mañana siguiente Yamato quedo con su grupo en el centro para preparar los instrumentos y hacer el último ensayo, después se reunió con Taichi y los demás:
-Hola chicos siento llegar tarde- se disculpo Ishida.
-No te preocupes- le dijo Sora- además aún tampoco han llegado Takeru y los chicos.
-Si, y nos dijeron que quedásemos aquí- añadió Koushiro.
-¿Cuál será esa sorpresa? Espero que valga la pena porque tendría que estar estudiando.- dijo Jyou.
- Vaya Jou ni en Navidad vas a dejar de dar la lata con tus estudios.- dice Taichi con una sonrisa, haciendo que Jyou se impaciente aún más.- Ah, y respecto a la sorpresa la tienen muy bien escondida, yo estuve toda la noche interrogando a Hikari y no conseguí que me dijese nada.
-Chicos, antes de que se me olvide, tomad os he traído las entradas para esta tarde- dijo Yamato.
-Gracias- dijeron todos.
-Al ser los mejores amigos de la estrella ¿tendremos un palco propio o algo así no?- bromeo Taichi y todos se echaron a reír.
-No en serio, os agradezco mucho que vengáis.- añade Yamato.
Los nuevos elegidos les traen un regalo de Navidad que les hace realmente felices, se trata de sus compañeros digimon, si que es una gran sorpresa.
-Hermano- dice Takeru- se que te dije que iría a verte pero Ken nos ha invitado a su casa y vamos a ir todos, lo siento.
-No te preocupes Takeru, ahora es más importante que vayáis a la fiesta de Ken, ya te veré luego.
-¡¡Vale chicos, entonces celebraremos la Nochebuena por un lado los jóvenes y por otro los viejos!!- dice Daisuke.
-Oye tu ¿a quien llamas viejo?- le dice Taichi dándole un pequeño cachete. (todos se echan a reír).
Esa tarde los chicos y sus compañeros digimons quedaron en el lugar donde iba a tocar el grupo de Yamato, este ya estaba dentro con sus compañeros de banda y con Gabumon. El digimon no paraba de comer dulces en el camerino, y con la boca llena farfullaba:
-Vaya Yamato, esto de ser tan popular con las chicas tiene sus ventajas, mira la cantidad de dulces que te han regalado.
-¡Calla Gabu! y deja de comer o no te podrás ni mover- dice el rubio de mala gana- y prepárate, en cualquier momento vendrá Taichi a buscarte para que vayas con él a ver el concierto.
-Jo Yama, ¿no puedo quedarme contigo?- protesta el digimon.
-No, lo siento yo tengo que salir ahora al escenario así que irás al publico con los demás.
-Esta bien, voy afuera a ver si viene Tai- dice el digimon mientras sale.
Yamato se encontraba de espaldas a la puerta terminando de afinar su instrumento cuando una voz le hizo perder toda la concentración.
-Esto....hola Yamato
Al darse la vuelta el chico casi no se cree lo que estaba viendo, que esa chica estuviese allí, los ojos de ambos se encontraron pero ella apartó rápidamente la mirada, estaba demasiado ruborizada. Al darse cuenta de esto Yamato también apartó su vista y la detuvo en el paquete que su joven amiga llevaba en las manos. "¿será para mi?, ¿Sora me ha traído un regalo?" pensando en esto a Yamato le empezó a latir más rápido y fuerte el corazón, hasta que se armo de valor y le pregunto:
Sora ¿que....- pero en ese momento algo interrumpió al joven, ya que la puerta se abrió de golpe y apareció Jun Motomiya, la impertinente hermana de Daisuke, entró corriendo y dando un pequeño empujón a Sora, se tiró a los brazos de Yamato.
-Mi querido Matt- dijo gritando- te he traído estos dulces.
-Jun ¿como has llegado hasta aquí?- dijo el joven con un tono de desesperación.
Al ver esta situación Sora se disponía a irse avergonzada, pero la suave voz que Yamato dirigió hacia ella la detuvo:
-Espera Sora...- y volviéndose hacia Jun le dijo- Jun gracias por tu regalo pero ahora ¿puedes irte por favor?
-Pero Matt- replicó Jun.
-En serio Jun- le interrumpió el chico- si no te vas ahora no encontraras un buen sitio para ver el concierto.
-Esta bien... lo que tu digas mi querido Matt- dijo Jun mientras salía.
Al cerrar la puerta, Yamato pegó un resoplido murmurando:
-Maldita sea, que pesada, es que nunca se cansará.
Se volvió hacia Sora y se disculpó con la mirada, luego dejo el paquete que su fan le había regalado en una mesa donde había varios más. Al ver esto Sora se sintió estúpida y ridícula. ¡Era como una de esas tontas fans! Gabumon que seguía comiendo, le ofreció un pastelillo a Biyomon diciéndole:
-Mira cuantos dulces le han regalado a Yamato- esto hizo que Sora se avergonzará aún más.
Biyomon le hizo callar y lo apartó dejando a sus amigos un poco de intimidad, mientras se alejaban Yamato le dedicó a Gabumon una mirada de "ya hablaremos tu y yo...."
Sora no sabía donde meterse, no quería estar ahí, estaba a punto de echar a correr pero la voz de Yamato le detuvo:
-Sora....¿esto es para mi?- le pregunto, mientras miraba el paquete que su amiga llevaba. Sora se sonrojo, no le salían las palabras ¡se había convertido en una Jun Motomiya! Al mirar de nuevo a Yamato chocó con sus precioso ojos azules, estaba tan cerca que casi podía oír su respiración. La pelirroja agachó la cabeza y con mucho esfuerzo consiguió pronunciar unas palabras:
-Bueno.....yo.....sólo quería...desearte suerte...y como esta mañana he hecho galletas.....pensé....que...te podría traer unas pocas...
-Muchas gracias- le dijó Yamato mientras tomaba el paquete con mucha delicadeza, se disponía a abrirlo cuando Sora le interrumpió:
-No hace falta que lo abras, ya veo que te han regalado muchos, puedes dejarlo con los otros.
Yamato hizo como si no le hubiese oído y siguió abriendo el paquete, con mucho cuidado para no romper el envoltorio ni lo más mínimo, entonces levantó la cabeza, miró a Sora y muy serio le dijo:
-Este es especial, lo has hecho tu.
La digi-elegida se sonrojo y evitando mirar a sus preciosos ojos musitó:
-¿Y por eso es especial?
-Sí- respondió Yamato con firmeza- porque tu eres especial, los otros dulces me los han regalado chicas que no me conocen, que de verdad no saben como soy, se lo han regalado al chico popular que toca en un grupo pero tu....(hizo una pausa mientras se acercaba más a ella, Sora dio un pequeño paso hacia atrás pero el chico siguió acercándose y continuó) tú eres la única chica que me conoce de verdad, la única con la que puedo ser yo mismo y que te hayas molestado en hacer esto para mí me hace....bueno...me hace muy feliz.
Sora ya no podía retroceder más, había llegado hasta la pared y su amigo seguía acercándose, sus caras estaban separadas por menos de un palmo y la chica al ver que no tenía escapatoria se dijo que tenía que hacerlo, este era el momento para decirle porque había ido al camerino, Sora empezó a tartamudear:
-Yamato.... yo...quería decirte....bueno....yo quería decirte.....
Yamato no dejaba de mirar a su amiga, entonces ella levantó la cabeza y volvió a encontrarse con sus ojos, esos ojos que parecían que podían ver dentro de ella todos sus pensamientos. El chico le tomó de la mano, estaba temblando pero no sólo la mano le temblaba todo el cuerpo, nunca había sentido algo así. Al sentir la mano de su amigo recogiendo la suya se sonrojo aún más, ambos se sonrojaron, Sora ya no podía ni hablar por lo que Yamato le ayudo:
-¿Sí?, ¿que querías decirme?
Esas palabras hicieron reaccionar a la portadora del amor, por un momento dejo de tartamudear y se disponía a confesarle sus sentimientos cuando se escuchó un grito:
-¡¡Ishida!! venga ven ya nos toca salir.
Esta interrupción hizo que los dos amigos se separaran, Yamato soltó la mano de la chica y esta aprovecho para hacerse a un lado. Yamato miró a su amiga y le dijo:
-Yo ahora tengo que salir.
-Si, yo ya me voy, vamos chicos- dijo dirigiéndose a sus compañeros digimons, que no paraban de comer dulces mientras Biyomon decía:
-Los de Sora son mucho más ricos- pero eso no evitaba que siguiese comiendo. Cuando Sora y sus digi-amigos estaban saliendo, la chica se volteó y le dijo a Yamato:
-Buena suerte...
-Gracias- respondió el joven cantante y antes de que ella atravesara la puerta le dijo:
-¿Podemos vernos luego?
-Sí- contesto la chica con una sonrisa y se alejo con sus compañeros digitales.
Entonces Yamato se dio cuenta de que aún tenía el regalo de su amiga en sus brazos, lo llevo hasta donde estaba su bajo y lo guardo con mucho cuidado en la funda de este. "Estos son especiales, no quiero que se me olviden" pensaba el joven cuando de nuevo escuchó a su compañero:
-¡¡Yamato!!, ¿vienes o que?
-Sí, ya voy- contesto el chico mientras salía con su instrumento.
Cuando Sora salio del camerino estaba tan absorta por lo que había pasado dentro que no vio a su amigo Taichi, que la estaba esperando, y chocó con él. Este le devolvió a la realidad:
-Sora, ¿se las has dado?
Sora le sonrió y asintió con la cabeza:
-Sí Tai...
Este le devolvió una ligera sonrisa y le dijo:
-Me alegro mucho Sora.
Y los dos amigos y sus digimons fueron a reunirse con el resto de sus compañeros para entrar en el concierto.
Ya se habían apagado las luces y la música empezó a sonar, Yamato lo estaba haciendo realmente bien, estaba inspirado, toda la carpa estaba llena de gente pero el sólo cantaba para una persona, sólo para su amiga, esa que había estado a punto de confesarle sus sentimientos. Estaba totalmente entregado a la canción y ha hacerlo perfecto cuando los instrumentos empezaron a fallar y un sonido agudo se escuchó por toda la sala, Yamato al igual que el resto de la gente estaba desconcertado cuando de repente apareció un Tyranomon tirando toda la carpa abajo. Los chicos al ver que sus digimons no podían digievolucionar, corrieron hacía la salida pero Sora instintivamente fue hacia el escenario, quería buscar a Yamato, pero la gente tenía pánico y corría por todas partes lo que hacía imposible encontrar a nadie. Cuando empezaron a caer escombros Sora estaba tan concentrada buscando a Yamato que no se percató de que le venía un trozo encima. Al darse cuenta no pudo ni reaccionar, cuando entonces le vio, estaba a su lado, rodeándola con su brazo y empujándola hacía él. La cabeza de la chica cayó sobre su pecho y este la abrazo con más fuerza. Sólo duró un momento pero hizo que Sora sintiera cosas que nunca había sentido, pudo sentir el corazón de Yamato. Era la primera vez que Yamato la abrazaba de esa forma y por alguna razón Sora se sentía muy bien entre sus brazos, se sentía segura, como si nada malo pudiese pasarle y sentía un calor muy especial que emanaba del chico. Sora estaba sumida en ese mundo feliz cuando Yamato le hizo despertar:
-¿Estas bien?
-Sí, creo- contesto la chica levantando la cabeza.
-Venga salgamos de aquí- y aún abrazados se dirigieron a la salida. En la salida vieron a Biyomon y Gabumon.
-Sora, ¿estas bien?- le pregunto la digimon rosa volando hacía ella.
-Sí gracias.
-Venga vámonos chicos.- dijo Gabumon mostrando la salida.
Cuando salieron aún estaban abrazados, Sora se puso completamente roja y se apartó un poco de él, al ver esto el chico se dio cuenta de que aún no la había soltado y se sonrojo apartando el brazo de ella. Ahí se reunieron con los demás digi-elegidos y se prepararon para luchar con los digimons que aterraban la ciudad. Gracias a la ayuda de Daisuke y los demás pudieron solventar esta pequeña crisis y volver a casa tras un largo día.
Ha Yamato le hubiese gustado acompañar a Sora ha casa, le hubiese gustado volverla a abrazar, acompañarla hasta su puerta y ahí decirle lo mucho que la quería y despedirse con un beso. Pero no lo hizo, no era el momento, cuando sus caminos se separaron tan sólo se quedo mirándola y preguntándose porque no tendría el valor suficiente para decirle que ella era lo más importante para él, y que cuando la carpa se vino abajo lo único que pensaba era en que ella estuviese a salvo. Con todos estos pensamientos Yamato tomó la dirección a su casa acompañado de Gabumon.
Durante todo el camino no dejó de pensar en ella, estaba tan triste "¿por qué seré tan cobarde?" se decía "¿por qué no podré decirle lo que siento?", hasta que un comentario de Gabumon le hizo reaccionar:
-Vaya Yamato, con todo esto nos hemos quedado sin todos esos ricos dulces que te habían regalado.
Esas palabras hicieron que al rubio le viniera a la mente el regalo de su querida Sora, al final no había tenido ocasión de probar sus galletas y eso no podía permitirlo. De modo que sin pensarlo Yamato dio media vuelta y se dijo "tengo que recuperarlas". Gabumon se sorprendió y le pregunto a su amigo:
-¿A donde vas?
-Lo siento Gabu- dijo su compañero- pero tengo que volver a la carpa, será sólo un momento.
Gabumon sonrió y también se dio la vuelta y siguió caminando al lado de su inseparable amigo.
Al llegar al lugar aún había un poco de caos y la zona estaba acordonada por lo que no sería fácil pasar. Cuando intentaron pasar el cordón policial un agente les detuvo y les mandó fuera. Yamato dio la vuelta, estaba totalmente abatido cuando escuchó una voz familiar.
-Yamato ¿que haces aquí?
-¡Papa!,¿estas cubriendo la noticia?
-Si, pero tu ya deberías estar en casa.
-Si papa, ahora voy pero antes tengo que recoger algo del camerino.
-¡¡Oh, hijo!! es peligroso olvida tu bajo, seguro que esta roto.
-No papa, no se trata de eso, es mucho más importante. Por favor ayúdame a entrar.
Al ver las suplicas de su amigo Gabumon decidió echarle una mano:
-Tranquilo papa de Yamato- dice el digimon- yo iré con él, ya verás como no le pasa nada.
-Bueno esta bien- dijo resignado el Sr. Ishida- veré lo que puedo hacer.
El Sr. Ishida pudo distraer a los vigilantes con la excusa de hacerles unas preguntas, ese fue el momento en el que Yamato y su digimon aprovecharon para entrar.
Ya dentro, estaba todo lleno de escombros, ya no había peligro de derrumbamiento pero había tanto polvo que no se podía ver nada. Yamato consiguió llegar hasta su camerino pero no lograba encontrar la funda de su bajo, Gabumon en cambio enseguida encontró los restos de dulces de las admiradoras del rubio, y empezó a comerlos. Yamato empezó a remover los objetos caídos y por fin la vio, la funda de su bajo, la abrió con mucho cuidado y estaba ahí, tal y como lo había dejado, el regalo de su querida amiga. El chico lo cogió con cuidado y sonrió, estaba realmente feliz, tal vez no había tenido valor para decirle a Sora lo que siente pero había tenido suficiente valor para volver a ese lugar derrumbado y rescatar su regalo. Aún sonriendo Yamato llamó a su compañero:
-Ya lo tengo, venga podemos irnos a casa.
Esta vez de camino a casa sus pensamientos eran totalmente diferentes, a pesar de todo había sido un buen día y lo mejor de todo es que se sentía capaz de poder hacerlo, la próxima vez le diría que la quería.
Después de cenar Sora estaba con Biyomon en su cuarto dispuestas a irse a dormir, pero la chica estaba demasiado emocionada después de todo lo que había pasado ese día. Se había declarado al chico que la gusta....bueno casi lo consigue, aunque al no llegar a decírselo no tuvo contestación y eso le desilusionaba un poco. Además cada vez que cerraba los ojos lo recordaba, ese abrazo, ese maravilloso abrazo que le había hecho sentir cosas que nunca pensó que podría llegar a sentir. La pelirroja estaba reviviendo ese momento cuando su digi-amiga le despertó:
-Sora, ¡¡¡Soraaaaaa!!!, suena el teléfono.
-Si, es verdad- dijo la chica levantándose.
Sora casi se cae al oír su voz.
-Sora...hola...espero no haberte despertado (Yamato estaba más nervioso que nunca pero intento mantener la calma y controlarse.)
Sora estaba roja, no se lo podía creer y muy bajito respondió:
-No te preocupes, aún estaba despierta.
Al oír la reacción de su amiga Biyomon supo que estaba hablando con Yamato.
-Sora, siento llamarte tan tarde pero es que quería decirte algo...
-¿Si, Yamato?
-Bueno... quería decirte que Gabu y yo hemos comido tus galletas y estaban deliciosas. Muchas gracias.
-Oh, ¡gracias! Me alegro de que os hayan gustado.- dijo la chica un poco desilusionada.
-Bueno.. y otra cosa (Sora recuperó la sonrisa)....quería saber si tu... si podríamos vernos mañana, quiero decirte algo.
-¿Qué quieres decirme Yamato?- pregunto la chica impaciente.
-Hoy es demasiado pronto, mejor mañana- dijo el chico y después colgó.
Nada más colgar el teléfono Sora se tumbó en la cama y pensó en que es lo que querría decirle y en si volvería a abrazarla, y con todos esos pensamientos la portadora del amor se quedó dormida junto a su fiel compañera Biyomon.
A la mañana siguiente Sora se levantó pronto, estaba ansiosa por hablar con Yamato, miró su D-terminal para ver si este le había dejado algún mensaje de donde podrían verse, pero el mensaje que leyó le cambió la cara. También era de un niño elegido, se trataba de Koushiro que quería reunir a todos los digi-elegidos.
La crisis del mundo digimon estaba afectando al mundo real, ya que habían aparecido torres oscuras por todo el mundo. De modo que los niños elegidos, a bordo de Imperialdramon, se repartieron por todo el planeta para destruirlas y de esa forma el día que los dos amigos se iban a confesar sus sentimientos el chico se encontraba en México y la chica en Moscú.
Una vez destruidas todas las torres oscuras que estaban repartidas por el mundo los niños elegidos volvieron a Tokio. Era el día de Navidad y ya estaba atardeciendo por lo que los chicos se disponían a irse a sus casas pero esta vez Yamato no fue en dirección a su casa sino que se acerco a Sora y Biyomon y les dijo:
-¿Podemos acompañaros a casa?
La pelirroja se sonrojo ante el ofrecimiento de su amigo pero acepto encantada.
No había mucha distancia hasta la casa de Sora, pero caminaban muy despacio parecía que ninguno de los dos querían que acabase ese paseo. Los chicos iban en silencio y evitaban mirarse, Biyomon que conocía demasiado bien a su amiga sabía que no lo haría, que no volvería a dar ella el primer paso, esperaría a que Yamato dijese algo, por lo que el cariñoso digimon decidió echar un cable a su amiga. Biyomon se adelantó a los chicos y se volteó interponiéndose en su camino y les dijo:
-¡Hacéis una pareja muy bonita!
Ambos chicos se sonrojaron a más no poder. Sora estaba a punto de recriminar a su compañera cuando Gabumon que también se había adelantado dijo:
-Sí es verdad, además a Yamato le gusta mucho como cocina Sora, de hecho volvió hasta el lugar del concierto sólo para recuperar las galletas que Sora había hecho.
Al oír esto la chica sonrió y se sonrojo aún más, Yamato estaba completamente rojo y le hecho un grito a su amigo para que se callara, pero entonces siguió hablando la compañera de Sora:
-¿Sí?, pues a Sora le gusta mucho como canta Yamato, ayer estuvo toda la noche escuchando sus canciones.
-¡Eh, Biyomon!- grito la chica totalmente roja. A Yamato se la escapó una sonrisa y la digimon siguió:
-Y además el día de Nochebuena se levantó muy pronto para prepararle esas galletas y cuando fue a dárselas iba a declar...
-¡¡Basta ya!!- gritó Sora enfadada.
Ese grito hizo callar a los digimons. Sora estaba completamente avergonzada y evitaba mirar a Yamato, la chica se volteó un poco hacia el rubio y vio que ya no sonreía, tenía la mirada hacia el horizonte y un semblante serio, característico en él. Al verle así la digi-elegida pensó que se habría enfadado e intento hablar con él:
-Yamato no le hagas caso, estaba bromeando...
Yamato la miró y muy serio le dijo:
-Espero que no.
-¿Qué?- pregunto ella extrañada.
- Que espero que no estuviese bromeando.- dijo Yamato con firmeza.
En ese momento Yamato se puso en frente de Sora le agarro de las manos, le miró a los ojos y le dijo:
-Sora, tu me gustas, me gustas mucho.
Ante esta declaración la chica quedo totalmente paralizada, no podía creer que fuese verdad, que ese chico le estuviese diciendo eso. Necesitaría pellizcarse unas cuantas veces para asegurarse de que eso no era un sueño. El chico continuó, por fin había reunido el valor para hacerlo y ya no se echaría atrás:
-Siempre me has gustado, siempre he sentido por ti algo muy fuerte, que no entiendo ni se explicar, sólo se que nunca he podido verte como una simple amiga.
Sora no sabía donde mirar, no podía mirarle a los ojos estaba demasiado ruborizada, no sabía como actuar, ni que decirle, bueno si sabía lo que quería decirle pero era incapaz de articular palabra. Yamato al ver que Sora no decía nada siguió hablando su voz sonaba serena y tranquila, respiro fuerte y le hizo la pregunta que quería hacerle desde que volvieron del Digimundo por primera vez:
-Sora...¿crees que tu y yo.... podríamos ser algo más que amigos?
La chica supo que ahora tendría que hablar Yamato le había hecho la pregunta que tanto esperaba y ahora le tocaba a ella responder. Sora miró hacia el suelo y muy bajito dijo:
-Sí Yamato...porque tu también me gustas desde hace tiempo.
Yamato sonrió, no podía creer que fuese verdad, le había dicho que si, sin soltarle las manos se acerco a ella y le dio un tierno beso en la mejilla que hizo que los dos se pusieran totalmente colorados. Entonces Yamato volvió al lado de la chica y le rodeo con el brazo haciendo que recostara la cabeza en su hombro, Sora volvía a sentirlo, volvía a sentir su calor y protección y desde ahora lo sentiría siempre, estaba realmente feliz. Empezaron a caminar de nuevo y vieron delante de ellos a sus amigos digitales, estaban sonriendo, a Biyomon hasta se le escapaban algunas lagrimas, entonces Sora se agacho donde estaban y les susurro:
-Gracias.- y volvió al lado de su ahora "más que amigo".
Seguían caminando muy despacio cuando el portador de la amistad le pregunto a Sora:
-¿Era esto de lo que hablaba Biyomon?, ¿lo que querías decirme cuando me regalaste las galletas?
-Sí...bueno....hacia tiempo que quería decírtelo pero no me atrevía.
-¿Por qué?
-Porque nunca creí que me correspondieras. Siempre estas rodeado de chicas guapas, podrías salir con cualquiera, nunca pensé que te podrías fijar en mí.
-Sora, para mi tu siempre has sido la única, nunca he estado interesado en ninguna otra. Ya te lo dije en el camerino, tu eres especial, eres la única que me entiende, la única a la que podría querer.
-Yamato... ¿por qué nunca me dijiste nada?
-Creía que me rechazarías, tenía miedo a que me dijeses que te gustaba otro, yo siempre pensé que te gustaba Taichi y él es mi amigo, y por eso si tu no hubieses dado el primer paso yo nunca te habría confesado mis sentimientos.
-Y...¿por qué pensabas que me gustaba Tai?
-No lo se. Supongo que por que os conocéis desde siempre y él siempre se ha portado muy bien contigo. Él es mucho mejor que yo, siempre te ha cuidado y se ha preocupado por ti, nunca te ha gritado y te defendía cuando yo lo hacia. Además no tiene problemas en decir lo que siente, él seria mucho más cariñoso y considerado contigo....
-Yamato, yo a Tai lo quiero mucho, pero como a un hermano, mis sentimientos hacía él son sólo de amistad, en cambio contigo es diferente...
-Pero yo nunca podré ser tan cariñoso y amable como lo es Tai... yo soy frío y tengo muy mal genio.
-No digas eso, yo se que realmente eres sensible y dulce, lo se desde que vi como tratabas a tu hermano en el Digimundo.
-Si..bueno pero es diferente, me gustaría poder ser así contigo.
-Ya lo eres Yamato.- dijo la chica recostándose sobre él.
Sin darse cuenta los dos enamorados habían llegado a casa de la chica. Estaban en la puerta, Sora y Biyomon ya iban a entrar cuando Yamato se le acerco, quería besarla pero esta vez en los labios, quería fundirse con ella y se le acerco más. Al verlo Sora pensó que le besaría, estaba un poco nerviosa pero deseaba que lo hiciese, se fueron acercando hasta que ambos notaban la respiración del otro, estaban a punto de rozarse sus labios pero entonces Yamato giró la cabeza hacia un lado y volvió a besarle en la mejilla, fue un beso suave con un dulce cosquilleo que hizo reír a Sora.
Al separarse de ella Yamato le dijo:
-Buenas noches, ¿puedo llamarte luego?
-Claro que si- respondió ella con una sonrisa.
-De acuerdo- dijo el chico devolviéndole la sonrisa- Hasta luego.
-Hasta luego Yamato- dijo Sora mientras el chico y su compañero se alejaban.
"¡Rayos!, ¿por qué no la he besado?"- se preguntaba Yamato mientras se iba- "tenía tantas ganas, pero no quiero asustarla o que piense que voy demasiado deprisa, ¿y si piensa que no me gusta?, ¿y si intento besarla y me rechaza?" Yamato tenía la cabeza llena de dudas por lo que decidió no pensar más y disfrutar del momento.
Cuando Sora entró en su habitación se tumbo en la cama, le era imposible dejar de sonreír, aún no se creía todo lo que había pasado, cada vez que lo recordaba se sonrojaba y sonreía aún más.
-Sora, pareces muy contenta.- le dijo Biyomon.
-Si, lo estoy y todo gracias a ti, aunque he de admitir que cuando empezaste a hablar quería matarte.
-Lo hice para ayudarte, además lo pienso de verdad.
-¿El que?
-Que Yamato y tu hacéis una bonita pareja.
-Gracias Biyomon.- dijo Sora sonrojada.
"Es tan tierno"- pensaba la chica mientras se pasaba la mano por la mejilla- "cuando se acerco en la puerta pensaba que me besaría, deseaba que lo hiciese, pero es tan dulce que no se atrevió, le quiero tanto". y con estos pensamientos la pelirroja se quedó profundamente dormida, había sido un día con demasiadas emociones.
Por desgracia al día siguiente los dos chicos no pudieron repetir la cita, ya que habían aparecido digimons oscuros por toda la ciudad y Sora y Yamato por encima de todo eran digi-elegidos y debían cumplir con sus obligaciones. Lamentablemente ese día sus compañeros digimons tuvieron que volver al Digimundo, sin poder siquiera despedirse de ellos. Sin sus compañeros aquí los antiguos elegidos no eran de mucha utilidad por lo que tuvieron que dejar la batalla en manos de los nuevos niños elegidos.
Ese día Yamato también acompaño a casa a Sora, pero esta vez era diferente los dos iban tristes, echaban de menos a sus compañeros. Estuvieron prácticamente todo el camino sin hablar y con la mirada en el suelo, de vez en cuando Yamato miraba de reojo a su amiga, estaba tan triste, el chico no soportaba verla así, pero no sabía que hacer para animarla de modo que simplemente la rodeó con el brazo y sin decir nada siguieron andando. Al sentir el brazo de Yamato, Sora levantó la cabeza, miró a Yamato con ternura y le dio un dulce beso en la mejilla que sorprendió por completo al rubio he hizo que se le dibujara una sonrisa en la cara y en ese momento se le ocurrió como podía animar a la pelirroja, recordó que aún no le había dado su regalo de Navidad y le dijo:
-Sora, ¿quieres venir a mi casa un rato?, quiero darte algo.
-No se Yamato, hoy no tengo muchos ánimos después de todo lo que ha pasado.
-Venga será sólo un momento, te lo prometo.
Yamato siguió todo el camino intentando convencerla y sin que Sora se diese apenas cuenta el chico le había estado llevando en dirección a su casa y ya se encontraban en la puerta.
-Vamos sube.- le dijo el rubio sonriendo.
-Esta bien, pero sólo un segundo.- contesto la chica no muy convencida, pero como decirle que no a esa maravillosa sonrisa.
Los dos chicos subieron a la casa de Yamato, y ya dentro:
-Siento el desorden, ponte cómoda, si puedes.- dijo el chico con una sonrisa.
-No te preocupes Yamato, todo esta bien.- le contestó la pelirroja devolviéndole la sonrisa.
-Espera aquí un segundo- le dijo Yamato mientras se metía en su habitación, poco después salió con una cajita en sus manos.
-Toma es mi regalo de Navidad.
Sora lo recogió y con una sonrisa le dijo:
-Gracias, pero no tenías que haberte molestado, además yo no tengo nada para ti.
A lo que Yamato contestó:
-Tu ya me has hecho el mejor regalo.
Ante ese comentario la chica se sonrojo y apartó la vista de él.
-Venga ábrelo.- dijo el rubio impaciente.
La portadora del amor abrió la cajita con cuidado y sacó un collar con un colgante en forma de corazón, muy parecido al emblema que llevó hace años. Al verlo la chica se emocionó y dijo:
-Es como el emblema del amor, muchas gracias Yamato.
-Cuando lo vi supe que era para ti, lo llevaba guardando mucho tiempo, nunca pensé que llegaría a dártelo.
-¿No lo has comprado ahora?- preguntó la chica extrañada.
-No te enfades, pero lo compré poco después de volver del Digimundo, hace tres años. Quería dártelo pero nunca vi la ocasión, hasta hoy, pensé que te animaría.
-Muchas gracias, es precioso ¿me ayudas a ponérmelo?
-Eh....si claro.
Yamato se colocó detrás de ella y con una delicada caricia apartó un poco su suave pelo, luego cogió el collar y lo paso rodeando su cuello y delicadamente lo abrochó. Entonces Sora se volteó quedando uno enfrente del otro mirándose, parecían hipnotizados con los ojos del otro, Yamato apartándose un poco le dijo:
-¡Que estúpido soy!, no te he ofrecido nada de comer.
-No Yamato, no te molestes.
-No es molestia, quédate ahí te traeré un zumo.
Al volver con el zumo el chico la volvió a ver, esa mirada de tristeza de Sora, estaba sujetando el colgante con sus dedos y lo miraba con una gran melancolía. Si hay algo que caracterizaba a Sora Takenouchi era su sonrisa, siempre intentaba ser optimista y siempre tenía una sonrisa para sus amigos, pero desde que volvió del Digimundo por primera vez había veces que se quedaba triste con la mirada perdida y Yamato sabía perfectamente que cuando pasaba eso era que estaba pensando en su querida Biyomon.
Yamato acercándose a ella le dijo:
-No te preocupes, ya verás como pronto les volvemos a ver.
Sora se sorprendió ante ese comentario, había adivinado exactamente sus pensamientos y muy triste dijo:
-Es que ni siquiera he podido despedirme de ella.
Al mirarla Yamato vio que caían lagrimas de sus ojos, el chico no podía verla llorar por lo que instintivamente la abrazo, la abrazo con más fuerza que nunca, la rodeó por completo con sus brazos e hizo que recostara la cabeza en su pecho y así estuvieron durante unos minutos. Cuando Yamato sintió que Sora había dejado de llorar se separaron el chico levantó la cabeza de su amada y con mucha delicadeza pasó sus manos por las mejillas de ella limpiándole las lagrimas que había derramado, ya no quedaban restos de lagrimas en la cara de ella pero Yamato volvió a acariciársela, esta vez mucho más despacio y suave. Ante esta caricia Sora sintió un tremendo escalofrío y empezó a temblar, nunca había sentido algo así ni siquiera cuando Yamato le dio ese dulce beso el día anterior. El chico sintió que Sora temblaba y le pregunto:
-Estas temblando....¿tienes frío?
-No...no es eso.
-Entonces...¿tienes miedo?
-No....es que....
-No tengas miedo.
Al decir esto Yamato se había acercado cada vez más a ella, esta vez sus caras estaban demasiado cerca, Yamato ya rozaba con sus labios los de ella, esta vez ya no podía echarse a un lado por lo que cerro los ojos y la beso. Fue un beso dulce y suave que duró un segundo y al que Sora no pudo ni responder, se había quedado paralizada, pero en el poco tiempo que sus labios estuvieron en contacto Sora sintió un calor que no había sentido nunca, pudo sentir todo el amor que Yamato le procesaba, un sentimiento infinitivo que le envolvía y le hacia sentirse completamente amada.
Al separarse de ella Yamato estaba muy avergonzado, no podía ni mirarle a la cara por lo que agachando la cabeza le dijo:
-Lo siento mucho...no debí haberlo hecho.
Iba a soltarle las manos y separase de ella pero entonces noto que Sora le agarraba con fuerza, sus manos ya no temblaban y ahora era la chica la que tiraba de las manos de Yamato acercándole hacia ella. Al sentir esto el joven levantó la cabeza y la miró encontrándose con los ojos de la chica en los que podía verse todo el amor que sentía por él, ahora era ella la que se acercaba hacia él, Yamato volvió a besarle, como antes fue un beso suave y dulce pero esta vez correspondido, Sora también le beso, y el beso fue haciéndose más largo y profundo pero sin perder la ternura de un primer beso. El chico pasó sus manos sobre la delicada cintura de ella abrazándola con suavidad y atrayéndola hacia él, Sora le correspondió pasando sus manos por el pelo de él, acariciándolo y finalmente rodeando su cuello mientras, sus labios expresaban lo que se habían estado guardando durante años.
Era una fría tarde del mes de Diciembre, en concreto del día 26, pero en el apartamento del joven Ishida no se sentía el frío y ya nunca más se volvería a sentir ya que dos chicos se habían dicho en tres días lo que no habían podido decirse en tres años y desde hoy siempre estarían envueltos por el calor de su amor.
-OWARI-