| >>DIARIO
DE RECUERDOS<<
[FANFIC GRUPAL DEL CLUB SORATO] LAS 9 PARTICIPANTES: Fogadramon, Jenlic, LIT, Atori, AJ, Makino Ruki, Diablix, Ginny_Ishida y Lams CAPITULOS: |
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Prólogo Por:
Fogadramon Al comienzo del día todo esta tranquilo incluso en la cuidad. En un pequeño barrio de Tokio, apenas unos débiles pero calurosos rayos de sol iluminaban las fachadas de las unifamiliares. Las calles aún están vacías, los niños aun no juegan, los adultos aún disfrutan de más tiempo en la cama al ser domingo... Pero el
silencio que reina en el ambiente es alterado por un motor. El coche frenó
frente a una de las casas, ya varios días vacía. Con prisas y emoción,
dos niños y una pequeña salieron del asiento trasero del auto y corrieron
hacia la puerta del jardín jugando entre ellos. El conductor, un hombre ya
mayor pero atractivo y de facciones jóvenes, se apeó del auto y observó
nostálgico lo que muchos años atrás fue su hogar. Tras unos segundos
dedicados a sus recuerdos, dio unos delicados golpes secos al techo del
coche. - ¿Qué, nunca piensas salir? – dijo a su acompañante asomando la cabeza por la ventanilla hacia el interior. La mujer sonrió triste y sin decir nada también salió para poder admirar la casa de sus padres. El sol iluminó su larga melena rubia que pareció agradecerlo danzando con la fresca brisa matutina. - No puedo creer que vayamos a deshacernos de la casa de papá y mamá... - Ya no tenemos opción, la hemos retenido demasiado tiempo y son muchos gastos innecesarios... – Contestó acercándose hasta su hermana y acariciando su brazo con cariño para animarla. – Ya es hora de que otra familia disfrute esta casa... ¿No crees? – sonrió. La mujer, melancólica, encontró en su hermano los mismos ojos color café de su madre, que tanto amor y calor le habían aportado siempre... Cuanto la echaba de menos... -
Mamá, mamá, date prisa, queremos jugar en los columpios...
– La pequeña niña, también rubia, hacía señas hacia el interior de la
vivienda mientras los dos chicos, uno rubio y otro pelirrojo, corrían
alrededor suya armando escándalo. La
mujer suspiró, ¿de donde sacaban tanta energía? Dedicó a su hermano una
calmada sonrisa. Ambos, uno junto al otro, sin separarse demasiado para
ofrecerse apoyo y compañía mutuos, se acercaron hasta ellos y pisaron al
fin el terreno familiar. Sin pensarlo dos veces, los chicos fueron a jugar
en el césped mientras los adultos se acercaron a la casa. En el camino,
ambos miraban a un lado y otro, haciendo memoria y llevando cada parte, cada
rincón de aquella, al añorado pasado. -
La nueva familia será tan feliz
como lo hemos sido nosotros. – El pelirrojo se cruzó de brazos observando
como su hijo y sus dos sobrinitos se divertían. Sí,
él tenia razón y sentía orgullo de que otra familia disfrutase con el
lugar que les había ofrecido la mejor de las infancias... pero su hermano
no podía imaginar cuantísimo le dolía tener que deshacerse de ella. Una
vez dentro, habiendo dejado la chaqueta en el perchero, sin pensarlo se llevó
las manos al cuello y acarició con delicadeza la cadena de oro que mantenía
una pequeña llave y siempre llevaba con ella. Esa llave se la había
entregado su madre el día que se casó y se marchó de casa para formar su
propia familia. Nunca le había confesado qué abría aquella llave. “Cuando
llegue el momento, lo sabrás”. Recordaba las palabras como si la
dulce voz de su madre, ya mayor pero de espíritu joven, acabase de
pronunciarlas... Aún hoy no lo había descubierto y su madre se había
marchado sin revelárselo. -
Eh, hermanita, se que una mujer
de negocios como tú esta muy ocupada, pero puedes venir a ayudarme con
estas cajas? – Dijo irónico ya desde el salón. El
fin de semana anterior no había podido ir a ayudarle a empaquetar y
trasladar las pertenencias de sus padres, así que aun quedaban varias cosas
por embalar y cajas por recoger. La mujer sonrió a su hermano mientras
tomaba una de las cajas vacías. Le sacó la lengua como cuando hacía de
pequeña si se peleaban, y fue hasta la habitación de sus padres. Eran pocas las cosas que quedaban fuera. Tristemente, quedó mirando desde la puerta de entrada. Tan frío, tan vacío, tan impersonal... Dejó escapar un afligido suspiro. Lentamente fue colocando las cosas en orden, una a una, en el interior de la caja de cartón. Sin saber por qué, el armario llamó su atención. ¿Lo habrían recogido absolutamente todo? Para comprobarlo fue hasta él. Abrió las puertas con calma y pudo descubrir que estaba completamente vacío. Sin saber por qué, una chispa en su interior le decía que algo de la habitación la llamaba. Siguió con la mirada cada parte del interior del armario, sabía que había alguna cosa, por minúscula que fuera, que se escapaba de su percepción. “Tonterías mías”, repentinamente, al rato, se giró sobre sí misma para dar la espalda al armario. Incluso se sentía ridícula, a su edad pensar en secretos y tesoros escondidos... que ridiculez. Pero una vez más un minúsculo detalle captó su atención. Desde su posición podía ver bajo la cama, entre una de las patas del cabecero y la mesita de noche, una pequeña caja. Desde cualquier otro lugar, el escondite quedaba inapreciable. ¿Siempre había estado ahí? No lo recordaba. Se acercó con media sonrisa dibujada en su rostro. Con máxima delicadeza tomó la caja y la observó con curiosidad. Tenía algo de polvo, como si en varios meses no se hubiese movido de aquel lugar... pero aún mantenía el aroma de su madre. Acarició con afecto el dibujo bordado en la madera y llegó hasta el cierre. Intentó abrir la caja, pero no lo consiguió... En el mismo instante que visualizó la ranura de la cerradura, volvió a llevarse las manos al colgante, a la llave que había guardado, con extremo cuidado, colgado en su cuello. Metió la llave en la cerradura, realizó un lento giro de muñeca y al fin cedió. La
caja estaba abierta. Como
si un mundo nuevo se extendiese frente a ella, fue abriendo la tapa muy
lentamente, como si tuviese miedo de que, fuese lo que fuese el contenido,
fuera a desaparecer o a escapar repentinamente. Llegado a un punto clave,
sorprendiéndola, un mecanismo se accionó, y una dulce melodía comenzó a
sonar... Al instante la mujer pudo reconocerla. La había escuchado en mil y
una ocasiones desde que era niña. Su padre la había dedicado a su mujer, “a
quien más quiero y amo”, cada vez que le daba vida con su armónica.
No pudo evitar que los ojos se empañasen en finas lágrimas. Cuantos
recuerdos volvían a su memoria... De aquella caja de música emanaba el
olor a su madre con aún más intensidad. ¿Cómo había ido a parar a aquel
escondite tan poco cuidado? No podía comprenderlo. Pero
aquellos recuerdos, con banda sonora incluida, no eran lo único que contenía
la caja de música. Era suficientemente grande como para guardar algunas
cartas y un pequeño cuaderno bordado en dibujos color dorado. El librillo
captó su atención primero, pero decidió ojear las cartas antes. Todas habían
sido escritas por su padre. Todas eran cartas de cuando de jóvenes, cuando
él había tenido que salir en ciertas ocasiones para hacer prácticas y
pruebas sobre sus estudios. La última de las cartas no tenía siquiera
sello, con lo cual, dedujo ella, había sido entregada en mano. Decidió
echar un corto vistazo. Sabía que eran cosas personales pero, por
desgracia, ya nadie estaba allí para lamentar su intromisión... No
llegó a leerla completamente, pero supo exactamente de qué momento de la
vida de sus padres trataba con tan solo mirar la fecha. Fue de una ocasión
en que sus padres tuvieron una terrible discusión. Nunca había sabido
porqué exactamente, pero llegó a temer realmente por el matrimonio de sus
padres. Recordó que ella era pequeña y le impactó muchísimo, más que a
su hermano menor. La imagen de su padre, y la conversación que tuvo con él,
se dibujó clara en su mente. “Papá... ¿vas a divorciarte de mamá?”
Ante tal pregunta, su padre se había echado a reír. “Amo a tu madre y
se con certeza ella me ama a mi. Nunca temas por ello, cariño, porque
nunca, nunca, dejaré marchar a tu madre...” Y su madre había dicho
lo mismo que su padre, “Hay momentos que las cosas se ponen más difíciles,
pero todo se pasa, cielito. Ven, dame un abrazo.” Desde entonces ella
nunca había vuelto a tener miedo, porque sabía que ellos siempre estarían
juntos... Riendo, mientras se limpiaba las lágrimas con un pañuelo, al rememorar aquellos sentimientos de temor innecesario por perder a sus padres, dejó las cartas donde estaban y tomó el cuaderno. La
primera fecha era del día 25 de diciembre en la noche, con lo cual,
probablemente, su madre hubiese escrito sobre el día anterior, 24 de
diciembre... Ella sabía que desde siembre lo habían considerado el momento
del inicio de su noviazgo porque, de alguna manera, fue el día en que su
madre se había declarado al amor de su vida. Nunca había sabido como fue,
así que se acomodó sobre el colchón de la cama, desnudo, ya sin sábanas,
y comenzó a leer con suma dedicación y curiosidad... ************** “Querido
Diario: Es madrugada del día 25 de diciembre. Este es
nuestro primer día juntos y, de veras, tengo que admitir, hasta ahora es
uno de los días más felices de toda mi vida. ¿Existe una forma mejor de
empezar, que no sea contando una hermosa historia feliz? Aún es una
historia sin final... pero igual el comienzo es bueno y yo soy de esas que
piensan que “lo que bien empieza, bien acaba”. ¿Quizás la fase es al
revés? No me importa, porque hoy he dado un gran paso y gracias a eso he
podido ser feliz. Aún no puedo dormir por las
emociones, así que, sabiendo que tengo para rato, me dedicaré a contarlo
todo desde el principio... ¿Cómo se comienza a
escribir en un diario? Nunca he tenido uno... Es muy personal, pero aún así
nunca me ha interesando... El caso es que en esta ocasión todo es
diferente. Por que tú, mi amado diario, eres un regalo de Yamato Ishida... Pero no eres un simple
regalo porque sí. Estas navidades hemos decidido entre todos mis amigos
hacer el juego del amigo invisible. La misma noche del día 24 nos hemos
entregado los regalos en una fiesta antes del concierto del especial
navidad... Pero, ¿quién me iba a decir que le tocaría a Yamato hacerme un
regalo a mi? ¡¡A MI!! Me hizo temblar cuando me miró con su blanca
sonrisa mientras colocaba su paquete envuelto sobre la mesa, junto al
excesivamente decorado árbol de navidad en casa de Taichi, donde habíamos
quedado en vernos. Supuestamente nunca debes saber quien te hace el
regalo... pero en el mismo instante que me miró, supe que se trataba de él.
Más tarde, un simple comentario de Tai me lo confirmó. “Si al menos me
hubiese tocado a mi la persona que te tocó a ti, todo habría sido más fácil.”
Dijo más o menos eso. Yamato le dio un codazo y yo no pude evitar reír. A
Taichi le había tocado regalar a Joe. ¿Qué se le puede regalar a Joe? Yo
no habría sabido. El caso es que sé que a Taichi le hubiera gustado
regalarme a mí, el mismo me lo dijo... así que estaba claro. Este hermoso
diario me lo había regalado Yamato. Recuerdo que en ese momento no pude
evitar abrazarte y quererte como a un tesoro, tal y como quiero a Yamato,
tal y como hubiese querido abrazarle. Por suerte divina, a mi sí me
tocó regalarle a Taichi. Lo conozco mejor que nadie y sabía que entregarle
exactamente, no tuve que pensar demasiado. Pero por otro lado, días antes,
en el momento del sorteo, había deseado con todas mis fuerzas que me tocase
regalarle a Yamato. Me decepcioné demasiado cuando vi el nombre de Tai
escrito en el papel... Aún así, decidí tener un detalle con Yamato,
simplemente por navidad... Me costó mucho que acabasen
decentes. A la quinta o séptima vez que las preparé, las galletas quedaron
tan deliciosas que casi pensaba comérmelas yo misma... Pero quiero
compartirlo todo con él y las había preparado especialmente pensando en su
rostro mientras las deleitaba. La verdad, me sentí orgullosa de ellas. Las
dejé preparadas y las guardé en una caja envuelta como regalo. Todo suena perfecto...
pero lo cierto es que tenía miedo, muchísimo miedo. Antes de ir a la
fiesta estuve horas meditando qué hacer. ¿Las llevo?, ¿no las llevo?, ¿las
llevo?, ¿no las llevo?... Al fin, pensando que Yamato las fuese a rechazar,
o que los demás fuesen a mirarme raro, me decanté por la segunda opción y
las dejé en casa. Prefería mantener aún mis sentimientos en secreto...
Pero una vez en la fiesta, una vez te tuve entre mis brazos, una vez él me
hubo dedicado aquella hermosa sonrisa... todo cambió. Antes de ir al
concierto fui a todo correr hasta mi casa para recoger el paquete... y con
la mayor de las emociones, fui hasta los camerinos para entregarle a Yamato
mi preciado regalo. Frente a la puerta
cerrada temblé de miedo como una niña... A punto estuve de darme la vuelta
cuando otras chicas llegaron en la misma situación, para darle un regalo a
Yamato, solo que mucho más convencidas y seguras de sí mismas que yo...
¡¡Me sentí muy estúpida al pensar que mi regalo sería diferente!! Pero
cuando di el primer paso dando la espalda a aquella puerta tropecé con
Taichi. Ay Taichi, cuantas cosas tengo que agradecerle. Sin duda alguna es
el mejor amigo que alguien puede tener. Tal y como esperaba en cuanto
descubrí que se trataba de él, sin yo tener que decir una sola palabra
sobre lo que me sucedía, me animó y me dio fuerzas para tener el valor de
enfrentarme a todas esas alocadas niñas. Sí, me acerqué hasta Yamato,
en medio de un montón de locas, y sin decir nada le di mi paquete. No podría describir, al
menos ahora, cómo era la cara de sorpresa de Yamato... Seguramente no se
esperaba que yo apareciera entre sus fans para ofrecerle exactamente lo
mismo que todas las demás. Una bolsita de galletas caseras. Creo que le
dije que no hacía falta que dijese nada, pero no se si lo escuchó porque
mi voz era ínfimamente más baja que los gritos y el ruido reinante en el
ambiente. Tampoco soy capaz de expresar cuanto de incómoda e indefensa me
sentí durante los cortos segundos que Yamato me miraba, yo bloqueada entregándole
el regalo y él sin tomar el paquete. Recuerdo vagamente cómo el resto de
componentes de la banda, justo detrás de Yamato, lo animaba a tomar el
paquete entre risas. Por ello, y por no poder controlar lo que sentía, salí
corriendo de allí en el mismo instante que sentí que Yamato tenía sujeto
y seguro el regalo entre sus manos. Hasta el momento, cualquiera
que escuchase esta historia no comprendería qué de feliz tiene... pero es
que aún no llegamos a lo mejor... Al acabar el concierto, donde me pareció
que Yamato cantó mejor que nunca, fuimos todos a verle. En el momento en
que todos parecían no prestar atención a otra cosa que no fuese la
conversación que mantenía, Yamato se acercó a mi... Recuerdo sus palabras
como si me las estuviese narrando en este mismo instante, en cambio he
olvidado mis torpes respuestas improvisadas... “Sora, tienes algo para
hacer mañana en la tarde?” “Ya las he probado, de veras estan
deliciosas” ... DELICIOSAS... Siiii!!! Ese era el resultado que yo
esperaba, tenía una vaga esperanza que acabó haciéndose realidad. Lo más
sorprendente era que el resto de paquetes estaban sin abrir. Tan solo había
probado las mías. ¿Quizá por compromiso? Por un momento llegué a
pensarlo, pero si hubiese sido tan solo por quedar bien ante una amiga, no
me hubiese pedido una cita. “Sora, es una cita, eh? No me falles...” La
última de sus frases la pronunció con otra de esas sonrisas que consiguen
derretir a cualquiera. ¿Por qué es tan atrevido? Pronunció la palabra
cita sin siquiera quebrar su voz... pero por ridículo que parezca, pude
sentir la emoción en el brillo de sus ojos. Feliz queda demasiado
lejos de expresar y hacer comprender mi estado en estos momentos. Aún
escribiéndolo no me lo creo... En poco tendremos nuestra cita.
En tan solo unas horas... ¡¡HORAS!! No puedo esperar. Estoy más nerviosa
que nunca y no puedo dejar de sonreír... Solo espero que todo vaya bien,
que todo vaya perfecto... porque él es perfecto, lo sé, y, aunque pueda
parecer egoísta, también sé que estamos hechos el uno para el otro...
Algo en mí me lo dice una y otra vez. No se nada sobre el día de mañana,
no puedo afirmar que Yamato me sea correspondido... pero sí comprendo que
se me ha hecho un hermoso regalo por navidad, una oportunidad con Yamato...
Tengo y mantendré la esperanza. Quizás mañana pueda volver a escribir
“hoy es el día más feliz de mi vida”. ************** La mujer enternecida, no
pudiendo controlar sus emociones, se abrazó a su reciente descubrimiento,
bañada en lágrimas. Aquella caja de música había estado escondida, a la
espera de que llegase el momento en que ella lo encontrase. No podía
creerlo. Había encontrado un diario, el diario de su madre, el cuaderno que
guardaba escritos en sus páginas los deseos, sueños, esperanzas,
pesadillas, temores... los sentimientos más ocultos de Sora Ishida, habiéndolos
guardado como el más importante de los secretos... y ahora ella los tenía
entre sus brazos, pudiendo descubrirlos y traerlos al mundo real, dando vida
a todos aquellos sucesos y emociones expresados en palabras, plasmados en
simples hojas de papel decoradas por su madre, en su juventud, con bastante
exquisitez. Toda la vida de su madre estaba allí y, por tanto, también
toda la vida de su padre, Yamato. Aún temblando de emoción,
abrió una vez más el diario, para dar un salto al pasado y viajar al mundo
de los recuerdos... |