LLUVIA
Por: Marianne

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    La lluvia caía sobre la ciudad y sobre mí sin piedad, y no podía dejar de preguntarme ¿de dónde sacaban fuerzas estas alocadas chicas que me perseguían?, ¿Cómo hacían para ignorar ese diluvio que a mí tanto me estorbaba? Ansiaba poder llegar a mi casa cuanto antes, no era el día apropiado para firmar autógrafos ni nada por el estilo, de verdad estaba cansado, había sido un ensayo eterno, lo que me llamaba la atención, yo solía disfrutarlos, pero las lluvias torrenciales de esos días habían minado mis ánimos.

    Pasaba por delante de un callejón cuando una mano me sujetó con firmeza y me atrajo hacia allí, “¿otra loca?”, recuerdo que pensé, pero no, afortunadamente estaba equivocado, se trataba de mi mejor amiga, lo advertí al ver su cabello colorado, y también su dulce sonrisa.

-¿Otra vez siendo acosado?- preguntó con una risita, al ver mi semblante sombrío (no era mi mejor momento para bromas) se quedó en silencio, y un ligero rubor cubrió sus mejillas, algo que me gustó, y entonces sonreí y ella suspiró aliviada

-Acabas de salvar mi vida y la de mis fans, Sora-dije al fin.

-Creí que solo era la tuya-dijo perpleja, pero entonces la expresión de su rostro cambió, y sin previo aviso me jaló hacia el otro lado del callejón y comenzamos a correr, (claro, había visto nuevamente a esas dementes, e iban hacia nosotros) de modo que por un rato huimos de ellas y las confundimos, yendo de un lado a otro, todo eso y la lluvia continuaba, y de pronto llegamos a una casa, donde entramos.

-Estoy harta de ellas, ¿es que no tienen algo más productivo para hacer en sus vidas?- creo que nunca la había visto tan molesta, lo que me llamó la atención, pues junto con Tai siempre se reía de las persecuciones de las cuales yo era víctima.

    Ahora yo reí, y ella me miró seria pero inmediatamente también se largó a reír, se veía encantadora, sujetándose el costado por el dolor de la corrida, no teníamos fuerza ni para respirar, pero las carcajadas de ambos ayudaron, y poco a poco pude observar el lugar donde estábamos, era su casa

-¿No se mojó tu guitarra?-preguntó, yo negué con la cabeza, señalé la funda del instrumento que llevaba al hombro y pudo comprobar que era impermeable, ella sonrió suavemente y colgó su abrigo, al verla, yo la imité, claro que los zapatos de ambos ya estaban secándose junto a la puerta, nos los habíamos quitado ni bien entramos.

-Oye Sora, muchas gracias, salvaste mi vida- volví a decir mientras la seguía, ella se dirigía a la cocina, advertí que traía un bolso con compras-¿por eso estabas afuera?- no podía creer que una simple casualidad me hubiera liberado del tormento de las fans, ella me sonrió

-Sí, no tenía nada para comer en la tarde, y tuve que salir, mi madre no está, de modo que tengo que arreglármelas sola. Matt, la próxima vez que te sigan de ese modo y yo esté contigo, tendrás que salvarlas a ellas, pues de otro modo las mataré- no pude evitar reír al imaginar una situación así, y le dije que entonces en la siguiente ocasión que nos ocurriera esto, ambos iríamos presos, pues yo también las mataría.

   Ella me sonrió, y fuimos hacia la sala, nos sentamos en los sillones y nos pusimos a conversar sobre trivialidades, el instituto, la familia, los amigos, mi banda y sus entrenamientos de tenis, me sentí muy bien de pasar la tarde en su compañía, no podía salir, pues la tormenta se había intensificado, si es que eso era posible, pero a pesar de eso la pasé muy bien, ella había hecho unas galletas (deliciosas, por cierto) y entre risas comenzamos a recordar los momentos vividos en el digimundo.

    Repentinamente, luego de tanta charla y risas, Sora se quedó en silencio, su mirada perdida me indicó que pensaba en su querida Piyomon, a la que no veía desde hacía tiempo, por alguna razón me levanté y fui a sentarme a su lado, pues unas ligeras lágrimas habían surcado su rostro, no me gustaba verla llorar, pues ella siempre fue muy comprensiva y supo consolarnos a sus amigos, de modo que era tan irreal esa imagen que me sentía impulsado a abrazarla.

    Sora me miró extrañada, supongo que incluso yo me sorprendí de haber hecho eso, pues no soy alguien que se destaque por ser muy expresivo, soy más bien frío y distante, pero algo había cambiado en mí para con ella, un sentimiento que no había identificado aún se estaba formando en mi interior desde hacía algún tiempo, ese sentir salía a la luz cuando estaba con ella.

    Estaba tan sorprendido por mi actitud que ahora era mi mirada la que estaba perdida, y Sora me contemplaba sin emitir sonido, aún con las marcas de su leve llanto en el rostro, pues ya se las había secado, volví a la realidad y mi mirada se encontró con la suya, creo que nunca la había tenido tan cerca, y la cercanía fue lo que me impulsó a robarle aquel beso, ella ni siquiera tuvo tiempo para resistirse, o quizá no quiso, en el momento estaba confundido, y entonces me separé, aunque cada célula de mi cuerpo quería negarse, murmuré unas torpes disculpas, sentía el calor en mi cara, pero me levanté rápidamente y fui hacia donde estaban mis cosas.

    Sí, quería marcharme de allí cuanto antes, y algo me detuvo, ella estaba detrás de mí, y sus ojos eran confusión, expresaban todo su sentir, se sentía inmensamente sola, y yo no podía ser tan poco caballero y dejarla, nunca la había visto tan triste y vacía, de modo que me acerqué, aunque sabía que eso era peligroso, Sora sujetó mi rostro con sus manos, su mirada me atravesó, fue ella quien se acercó entonces, y sus labios acariciaron los míos. Fue mi perdición, le di el beso más apasionado de mi vida, quería tenerla cerca, irme de allí era impensable, y ella por su parte parecía pensar lo mismo, me rodeaba el cuello con sus brazos  y no queríamos soltarnos...

    Hoy también llueve, pero mi estado de ánimo es bien diferente al de ayer, es viernes, y me preparo para ir a buscarla, iremos al ensayo, y luego a tomar algo por algún lado, por fortuna cuando llueve la gente no sale mucho, ¿acaso hay mejor forma de pasar una velada con quien amas? Lo dudo.

    Hoy he tenido la precaución de traer paraguas, nada de hacerme el rebelde una vez que estoy a su lado, ayer estábamos realmente empapados cuando me encontró por las calles y me salvó la vida, y no me sentía para nada cómodo mientras chorreaba el agua de mi ropa, de modo que evitaré esto en el día de hoy.

    Avanzo unas cuantas cuadras solo, teniendo la compañía de la guitarra y la lluvia, eterna por estos días, una lluvia que ayer me hacía el más infeliz, pero luego me trajo la felicidad pura de mano de una hermosa pelirroja. He llegado, la chica de 17 años abre inmediatamente la puerta, apenas he golpeado, me sonríe, hay cierta timidez en su mirada, le doy un gran beso y ella se aferra a mí, momentos después caminamos tomados de la mano, mi querida Sora camina en silencio, su bajo perfil me encanta, queriendo pasar desapercibida, ahora le será difícil, pero me sonríe cuando advierte mis ojos clavados en su persona, esas mirada lo dice todo, “dispuesta a todo por ti” susurra, ayer también me lo dijo, al oído, luego de estar gran parte del anochecer entregándome sus besos y su afecto, que yo tanto necesitaba, hoy, incluso con la lluvia, que tanto suele deprimirme, estoy dispuesto a dar todo por ella.

    La amo.