Oro Y Chocolate 

Aniversario sorato 2007

24 de diciembre

Por: Fogadramon

[Un fic hecho por fan del sorato para fans del sorato]

 

La nieve cae lenta y armoniosa. La noche del veintitrés de Diciembre presenta un ambiente a la vez frío, a la vez cálido... Con los suaves copos se crea una cortina de seda semitransparente que cubre hasta donde alcanza la vista, y junto al  fondo coloreado con las luces de las decoraciones callejeras de todas las tonalidades que existen, el paisaje se hace entrañable. La perfección y delicadeza de la escena navideña enternecía a los que observaban el lindo espectáculo, parece que esos cuadros están especialmente creados a conciencia, perfecto para la pareja de enamorados que está en el parque paseando bajo un mismo paraguas. 

Los árboles no tienen hojas, todo parece oscuro e insensible, distante... pero precisamente por eso existe la tierna navidad, para hacer del invierno una preciosa época preparada para los que más se quieren... 

»»-(¯`v´¯)--» (“oro y chocolate” by: Fogachan) «--(¯`v´¯)-««

-          Tres... – contaba mirándola a los ojos, a la misma par que el segundero del alto reloj del campanario se movía.

-          Dos... – Ella le acompañó en la cuenta atrás entusiasmada. – Uno...

El replique de las campanas no se hizo de rogar y dio paso a las 00:00 horas del día veinticuatro.

-          Feliz aniversario, mi vida – Yamato colocó los brazos sobre los hombros de su novia y la miró de frente, dedicándole la más amplia de sus sonrisas.

-          Feliz aniversario, mi amor – Sora se sintió la chica más afortunada del mundo, de la galaxia, del puro universo.

Levantó lentamente los talones, sosteniendo la mirada de su chico, hasta alcanzar la altura suficiente para rodearle el cuello y acariciar su cabello. “Te amo y te amaré por siempre”. Ninguno dijo más. El vaho que escapaba de uno y otro se unía y revolvía en el aire, cada vez más rápido al hacerse más cercanos una fuente y otra de respiración... hasta que ya no pudo escapar ni el mas leve soplo porque un tierno beso impidió su salida...

Muy a su pesar, la magia debió acabar... Yamato llevó a Sora hasta la misma puerta de su casa y acordaron, cerrando el pacto con otro beso, en verse en la mañana en casa del chico... Todo cuanto tenían planeado prometía convertir su segundo aniversario en el día perfecto... ¿Podría ser así realmente?

·-=:]¦[¯*^~  *  ~^*¯]¦[:=-·

El día despertó nublado y con anuncios de más tormentas de nieve... pero Sora sabía que ninguna de las malas intenciones del mundo para estropear aquel día iban a conseguirlo. No... todas ellas serían un fracaso y su aniversario sería tal y como lo habían planeado... perfecto.

La chica tomó temprano el desayuno para ir a casa de Yamato lo antes posible. Paso a paso, el camino le parecía eterno. No pretendía parecer ansiosa, pero deseaba llegar con todas sus fuerzas...

¡Al fin ante la puerta! Sora llamó al timbre. Nadie contestó. No quería ponerse nerviosa, pero no podía evitarlo. Volvió a tocar el timbre tras unos segundos de espera. Nadie contestó. Después de intentarlo varias veces más, Sora se atrevió a golpear la puerta con los nudillos, pero apenas llegó a rozarlo, no pudo hacerlo con fuerza. La pelirroja suspiró rendida. Yamato no estaba en casa, estaba claro...

Sora estaba convencida de haber quedado con él. Fue hasta la calle y allí quedó pensando si podía haber alguna confusión, o quizás había pasado algo, o Yamato podría haberse olvidado, o tal vez... Las diferentes justificaciones que Sora imaginaba se bloquearon en el momento en que descubrió el foco del problema: Jun Motomiya.  Frente a ella, en la misma calle, podía ver a lo lejos cómo Yamato, cargado de bolsas, caminaba al lado de aquella chica, que no paraba de hablar y hablar...

-          ¿Crees que podríamos vernos hoy?

-          Lo siento, Motomiya, estoy muy ocupado hoy...

-          Ya se, es tu aniversario, – Yamato se sonrojó levemente. – Solo quiero verte un ratito, esta tarde.

-          No puedo, estaré ocupado...

-          Por favor...

Y así pasaba todo el camino, intentando una y otra vez una pequeña cita con el rubio, que empezaba a desesperarse. Sora se cruzó de brazos en su posición, observando como “la pareja” iba acercándose poco a poco. Unos metros atrás, acabaron despidiéndose y al fin Yamato llegó junto a ella.

-          Dulce, dulce libertad... – Dijo siguiendo el camino, seguido de cerca por Sora, hasta el edificio y tomando el ascensor, donde pudo al fin soltar las bolsas suspirando agotado.

-          ¿Estas cansado de hablar con tu amiguita? – dijo un tanto molesta.

-          No es mi amiguita... – aclaró haciendo señas a Sora, una vez llegaron a la planta correcta, para que entrasen a la casa. – Es mi... alumna.

-          Ya se... Desde que das esas clases de música andas más rodeado de chicas que de costumbre – pretendió no parecer demasiado incómoda con la decisión de su novio en ganarse un dinero aquellas vacaciones dando clases de guitarra, pero lo cierto era que así sentía que le dedicaba menos tiempo a ella.

-          Ooh... ¿Eso son celos? – en lugar de molestarse, Yamato parecía divertirse.

-          No estoy celosa... – Sora creyó decir la verdad. – Es solo que siempre va tras de ti... parece que te persiga y espíe. – Yamato rió por su comentario, pero pensó que tenía razón. No recordaba haberle dicho a Motomiya que ese día era su aniversario, ¿cómo podía saberlo ella?

-          Es mas pesada que todas estas bolsas juntas... Lo siento Sora, no pude quitármela de encima. ¿Llevas mucho tiempo esperando? – Ya una vez dentro de la casa, soltó las bolsas de la compra que llevaba y fue hasta ella. Sonrió besándola lentamente en los labios.

-          No se... un rato... – Sora no le devolvió el beso, pero su disgusto se marchó de golpe. Se miraron largo rato hasta que Sora volvió a sonreír como al despertar feliz por la mañana. - ¿Todo eso que traes es para la cena de esta noche?

-          Ajá... – contestó. – Será una maravillosa cita, romántica y los dos a solas... como las que nunca tenemos porque siempre nos molestan los demás. – Sora rió. Era cierto, siempre iban con sus amigos y no podían tener intimidad. – Pero hoy... es nuestro día especial...

-          Nuestro día más especial... – la más tierna de las sonrisas se dibujó en el rostro de Sora. Recordó melancólica su aniversario anterior. Había sido un desastre desde el principio, pero al final habían conseguido arreglarlo, Yamato lo había conseguido, y le había regalado una de las más bellas y hermosas escenas del universo, una lluvia de estrellas... – Yamato, el año pasado cortaste la luz a una parte de Tokio... ¿Qué harás este año? ¿Inundarás Odaiba para regalarme un paseo en góndola?

-          Eh? – Yamato rió. – No... no se trata de eso... pero mejor no me des ideas para el año que viene... De momento aprovechemos nuestros puntos a favor, que Hikari y mi hermano salieron de excursión, – Yamato enumeraba señalando con los dedos de su mano, - que Taichi no nos molestará porque Mimi ya regresó de Estados Unidos... y que mi padre trabaja hoy y tendremos la casa para nosotros.

-          ... - Sora abrazó con fuerza a Yamato. – Estoy segura de que todo será ideal, un día inigualable...

·-=:]¦[¯*^~  *  ~^*¯]¦[:=-·

-          Mimi, necesito ir al centro a recoger la camisa que encargué para mi madre. – Sora, ya en casa para la hora del almuerzo, hablaba con su amiga por teléfono mientras degustaba unas sabrosas pastitas. – Pensé que te gustaría acompañarme.

-          ¡¡Oh si!! – aceptó entusiasmada. – Aun no he tenido tiempo de ir a ver tiendas...

-          Vaya, que triste lamento... – Sora se divertía mucho a costa de la cursilería de Mimi. – Entonces yo te sacaré de esa tortura, te llevo conmigo hoy, te parece si voy a buscarte? Mi papá va a llevarme hasta allá y después nos recogerá para traernos de vuelta.

-          Genial, necesito ir de tiendas. ¡¡No puedo esperar!!

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

“Yamato, el reloj que he comprado ha llegado roto, ¿podrías ir a devolverlo o cambiarlo por otro?”  El chico releyó la nota que le había dejado su padre en la mañana. Tenía que ir hasta el centro con toda esa nieve por culpa de un estúpido reloj que los estúpidos de la tienda habían enviado estropeado. Con pesadez, dejó la comida que estaba preparando para la noche, se abrigó y salió a la calle camino de tomar el autobús hasta el centro.

La gente corría de un lado a otro cargada con decenas de bolsas, paquetes y decoraciones de mil colores y tamaños diferentes. Yamato hacía grandes esfuerzos por esquivar a los típicos despistados que se movían sin control y a los cientos de niños que jugaban a su alrededor. ¡Cuánto alivio sintió al sentirse recogido por la seriedad reinante en la relojería, donde la mayoría de las paredes estaban repletas de vitrinas con las más frágiles cosas! Allí ya nadie corría, jugaba, saltaba, ni nada parecido...

Al pasearse curioseando, descubrió que la misma tienda también era una joyería. Vagando sin rumbo, fue a parar hasta al mostrador, donde pudo observar las más relucientes joyas: pulseras y colgantes bañados en oro, plata, cubiertos de diamantes, rubíes, zafiros, las más sugerentes gemas y piedras preciosas... Pero lo que más llamaron su atención fueron los anillos de compromiso...

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

-          Sora... Vamos llama a la dependienta ya, quiero ir a ver la zapatería... – Mimi estaba cansada de tener que esperar a que su amiga pagase la camisa de su madre. Había ido a ver tiendas, no a perseguir a la estúpida dependienta. – Les hace caso a todas menos a ti...

-          Mimi no tengo culpa de que me ignoren de esa manera... Se van a acordar de esto... – Dijo apretando los dientes entre penumbra. - ¿Por qué no te marchas tú si quieres? Ahora mismo voy, – dijo al fin volviendo a la normalidad, fingiendo una tranquilidad que no sentía.

Sin pensarlo dos veces, Mimi abandonó a Sora a su suerte y fue a todo correr hacia su zapatería más preciada. Al llegar frente a la entrada sintió deseos de abrazar el escaparate. “Cuánto, cuánto te he echado de menos...”  Dio un paso al frente con la mayor de sus sonrisas dibujada en su rostro... pero no siguió caminando. Algo justamente en el escaparate le llamó la atención... El reflejo del cristal le mostraba, como si de un espejo mágico se tratase, como Yamato estaba plantado frente al mostrador en la joyería que había a sus espaldas. “Mmmm... Interesante...” Mimi ama la moda, pero incluso por encima de todo lo relacionado con ello, ama los chismes... Y este prometía ser de los más fuertes.

Contando con convertirse en la portadora del cotilleo más poderoso, se acercó sigilosamente hasta la puerta y pudo comprobar, aunque lamentando no poder escuchar nada, como el dependiente le mostraba a Yamato los anillos de compromiso. “Va... va a pedirle matrimonio a Sora?” Mimi no salía de su asombro y lo demostraba manteniendo la boca entreabierta.

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

-          Disculpe... ¿puedo ayudarle en algo? – Dijo un amable señor acercándose hasta Yamato.

-          No... No gracias... – contestó, pero ni tan siquiera levantó la mirada de la vitrina.

-          ¿Desea que le muestre los anillos?

-          Oh, no... Yo solo... – Pero ya era tarde, el dependiente extrajo una llave de su bolsillo y abrió una pequeña puerta para sacarlos.

-          Vamos, sin compromiso alguno...

Sin poder negarse rotundamente, Yamato dedicó largo rato a mirar los anillos, uno a uno... Y no consiguió evitar meditar sobre cual de ellos iría mejor para Sora... 

Lo que había visto era suficiente. Mimi salió disparada de nuevo hacia la tienda... Quizás Yamato pretendiese que todo fuera una sorpresa, pero ella no podía controlar la emoción por contárselo a su amiga.

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

Sora ya no sabía que hacer. Se consideraba una de las personas con más paciencia del mundo entero, pero después de toda esa espera y poco cuidado por parte de los trabajadores de aquella tienda, creyó merecerse un premio. De lo más furiosa, aunque aun controlando sus impulsos de ahorcar a alguien con la camisa que tenía entre las manos, fue hasta una de las empleadas que ordenaba un perchero.

-          ¿Qué, nadie piensa atenderme en esta tienda? – dijo con voz serena, pero enfadada. – Disculpe pero llevo aquí esperando que alguien me cobre más de media hora. – La chica dejó todo lo que estaba haciendo, pero ni siquiera se dio la vuelta. - ¿Es que no me esta escuchando?

-          Claro que si, Takenouchi... – La chica se volvió al fin, provocando que Sora quedase boquiabierta de incredulidad.

-          Ah... tú...

-          ¿Es eso lo que vas a llevarte? – señaló Jun con desprecio. – Que mal gusto...

-          ¿Disculpa? ¿Te has mirado al espejo? – Dijo, dejando a un lado cualquier signo de respeto. Incluso la misma Sora no podía creer estar hablando de esa forma cruel. - Haz tu trabajo podré marcharme en paz.

-          No me hace falta mirarme el espejo... Bastante me piropea Yamato cuando estamos en clase.

-          ¡Eso no te lo crees ni tu! – por suerte la música del local evitaba que los gritos de Sora llamase la atención.

-          Todos los días me siento junto a él. Para colocarme los dedos en la posición correcta para pulsar las cuerdas... – Jun hizo además de llevar una guitarra entre sus manos, y comenzó a mover los brazos como si tocase dicho instrumento. – Yamato debe abrazarme...

-          ... – Sora no acertaba a decir palabra. Estaba roja de ira.

-          Esa camisa no te servirá para llamar su atención, es para viejitas, podría llevarla mi madre... ¿Sabes qué Sora? Te haré una recomendación. Usa camisas de escote, como hago yo cuando voy a mi clase de música...

Jun tomó la prenda y dio la espalda a Sora y puso rumbo a la caja para poder cobrarla... pero en el camino un pantalón con el que tropezó cayó al suelo. Con la mayor tranquilidad del mundo, la chica se agachó a recogerla... un grave error. Sora llevaba mucho tiempo tragando los comentarios que Jun Motomiya hacía en el instituto, en la calle, en la cafetería, o en cualquier lugar donde se la cruzase... Y esa fue la gota que colmó el vaso. Ya nunca más....

Sin pensar, al verla agachada, Sora corrió hasta ella y dio a su considerada enemiga un puntapié en el trasero que la hizo caer de bruces contra el suelo. Para intentar evitarlo, Motomiya se sujetó al resto de pantalones que había en la baja estantería y lo tiró todo al suelo.

-          Ya no quiero la camisa, puedes quedártela. ¡No quiero nada de una tienda que contrata gente como tú como dependienta! – Dijo y esta vez todos los de alrededor quedaron mirando intrigados. Los espectadores varones no podían evitar esbozar una tonta sonrisa. – ¡¡Y ahórrate tus consejos!!

Sin decir una palabra más, aunque toda ruborizada por la vergüenza de haber provocado la primera pelea de toda su vida, se dio la vuelta dispuesta a dar por acabada la discusión... pero Jun no estaba de acuerdo con ello. En cuanto la pelirroja le dio la espalda, se incorporó y comenzó a lanzarle lo que más a mano tenía, un montón de perchas.

Sora tuvo ganas de echar a correr, pero su cuerpo no respondía a la sensatez y prefirió optar por la defensa en lugar de huir. Recogió las perchas que caían al suelo después de rebotar en su cabeza y comenzó a lanzarlas también, hasta que Jun, habiendo alcanzado varios pantalones, se los arrojó a la cara, impidiendo que pudiera ver. Acabaron llamando la atención de toda la tienda, que formó un coro para ver el espectáculo gritando eufóricamente. De entre todos los gritos podían distinguirse algunos como “¡¡¡¡Tenias razón, cariño, venir de compras es de lo mas emocionante!!!!”

Cuando comprobó que Sora se encontraba desorientada sin posibilidad de visión, Jun se abalanzó sobre ella, cayendo ambas violentamente contra el suelo, golpeando otra de las estanterías (que afortunadamente no se descolgó) y esparciendo toda la ropa a su alrededor. Ya una vez las dos estuvieron tumbadas en el piso, comenzaron a darse manotazos y patadas, aprovechando cada momento para tirarse del pelo.

Nadie osaba interponerse, pero al fin consiguieron llegar hasta ellas el resto de encargadas, que las separaron justo en el momento en que su jefa hacía acto de presencia. Todo sucedió muy rápido. A Jun tuvieron que sostenerla de los brazos para que no volviera a embestir contra Sora, que, por su parte, esquivó a todas las que intentaron atraparla, y salió corriendo hacia el exterior. No quería problemas de ningún tipo y ya había hecho bastante... Que Motomiya se buscase la vida para explicar la pelea.

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

-          ¡¡Sora!! ¡¡Sora!!– Los gritos de Mimi se escuchaban por encima del bullicio. Aunque Sora reconoció su voz, no podía distinguirla aún entre la gente, hasta que la chica le tocó el hombro para hacerla girar. – Dios... Te he... buscado... por todas... todas... todas partes... – Su respiración entrecortada indicaba que el “buscarla por todas partes” lo había hecho corriendo.

-          ¡¡Mimi no vas a creerte lo que me ha pasado!! – Sora estaba deseando desahogarse.

-          ¿¿Dónde estabas??

-          Estaba en la tienda, Mimi...

-          Cuando fui a la zapatería descubrí a Yamato...

-          ¡¡Y allí estaba Jun!!

Las dos hablaban a la misma vez, uniendo una historia con otra.

-          Estaba atenta a los zapatos que había en el escaparate...

-          Esa estúpida me lanzó cosas...

-          Que por cierto estaban divinos...

-          ¡¡Hizo que nos peleásemos delante de toda la clientela!!

-          ¡¡Pero lo más importante es que Yamato estaba en la joyería de enfrente!!

-          ¡¡Mira como me ha dejado de impresentable!!

-          ¡¡Me acerqué a ver que estaba haciendo!!

-          ¡¡Despeinada y llena de porquería!!

-          ¡¡Él no podía verme, pero yo a él si!!

-          ¡¡Limpiamos todo el suelo cuando peleamos!!

-          ¡¡¡SORA ÉL VA A COMPRARTE UN ANILLO DE COMPROMISO!!!

Y eso fue suficiente para hacerla callar. 

-          ¿Qué? ¿¿Estas loca??

-          ¡¡¡Sora de verdad le vi!!! ¡¡¡Estaba escogiendo un anillo!!!

Sora la miró a los ojos. Si Mimi decía eso, es que era cierto. ¿Escogiendo un anillo? ¿¿De compromiso?? ¿¿YAMATO UN ANILLO DE COMPROMISO?? Sora no lo creyó realidad. Pero lo peor de todo es que de primeras sintió que no quería casarse con él.

-          Creo... que necesito sentarme... – Sora palpó el aire a su alrededor buscando asiento que no encontró.

Mimi no comprendió la reacción de Sora y la llevó hasta una de las sillas de la cafetería que había justo a su lado.

-          Mimi... Mimi, un anillo de compromiso?? ¿¿Cómo estas tan segura??

-          Sora de verdad le vi... Le enseñaba anillos de compromiso. Yamato los tomaba en sus manos incluso, ¡¡para verlos mejor!!

-          Pero Mimi... – Sora se cubrió el rostro con las manos. Sintió ganas de llorar y no precisamente de alegría. Descubrirse deseando que todo fuese mentira le provocó gran presión en el pecho. Ella quería muchísimo a Yamato, lo amaba como nada en el mundo... pero... ¿¿Matrimonio?? No estaba preparada para eso...

-          Sora... ¿qué te pasa?

-          Mimi... No se qué hacer...

-          Pero... ¿no te alegra que vaya a comprarte un anillo?

-          Es que... Mimi no estoy preparada para eso... solo llevamos dos años juntos, ¿cómo se le ocurre pedirme matrimonio?

-          Bueno... Hay parejas que se casan muy pronto... Pero Sora, no llores... – La chica no pudo evitarlo, en cuestión de segundos sintió un agobio extremo y comenzó a llorar. No comprendía por qué. ¿Quizás estaba influenciada por todo lo que había pasado con Motomiya?

-          No.. No lo entiendes... No es mi momento Mimi, no es mi momento...

-          Sora, mírame. – Mimi obligó a que su amiga la mirase a los ojos. - ¿Le quieres?

-          Claro que le quiero...

-          ¿Entonces?

-          Precisamente por eso, no estoy preparada. ¡¡Si él me propone matrimonio no podré soportar tener que rechazarle!!

-          ¡¡Pero tranquila!! Piensa bien en lo que estas diciendo. Sora no tiene la menor importancia. Tu le amas, él te ama... Si va a pedirte matrimonio ahora no te agobies tanto. Tómalo con calma y explícale, ¡¡que yo estoy segura de que él sabrá esperarte!!

-          Mimi... – Sora sintió que de repente todo el malestar se esfumaba. – Creo que son las palabras más sensatas que has dicho jamás...

-          Eh... gracias... creo.

-          ¿Sabes? Iré a buscarle ahora mismo. – Sora sonrió y se limpió las lagrimas.

-          Claro, – Mimi ayudó a que la pelirroja se levantase. – Pero... – La chica miró extrañada a Sora. – Pero niña, ¿se puede saber qué te ha pasado en el pelo?

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

Mimi obligó a Sora a ir a arreglarse el cabello en el servicio público antes de ir a buscar a Yamato... Y tanta mala suerte tuvieron que justo al salir se toparon de frente con una escena nada agradable. Una vez más, Motomiya acosaba al rubio. Él caminaba cargado con unas bolsas. Las chicas al momento imaginaron que no le pertenecían, porque Jun, que iba junto a Yamato, tomaba cosas de ellas para mostrárselas. Al llegar a una esquina, el chico soltó las bolsas que muy amablemente había llevado, e hizo señas a Jun mientras intentaba explicar que su camino, aunque era mentira, estaba hacia el lado contrario. Pero a ella todo eso le daba igual. Las frases “Tengo que irme” o “tengo prisa” no significaban nada para ella.

-          Sora desde esta distancia no podemos ver bien que hacen. – Mimi tiraba del brazo de Sora, que no quería moverse de allí pero no podía apartar la mirada de la escena de su novio con la más estúpida de las mujeres que había conocido. – ¡Acerquémonos a darle otra patada! 

Era cierto, estaban demasiado lejos como para distinguir los gestos de desagrado y pesadez que aparecían espontáneamente en el cansado rostro de Yamato. Pero esa distancia no fue suficientemente grande como para evitar que cierto hecho pasase desapercibido: Jun tomó la mano del joven y la llevó hacia sus orejas, para que Yamato pudiese ver sus nuevos pendientes mejor... Pero esa no es la versión que Sora imaginó, a la pobre chica le pareció que la mano la dirigió hasta sus mejillas... y que él no hizo nada por evitarlo.

¿Merecía realmente la pena una nueva lucha? Sora pensó que si Yamato le pedía matrimonio después de hacer eso, ella le arrojaría el anillo a la cara. Liberándose de la atadura de Mimi, que estaba ocupada alucinando con la escena, salió corriendo en dirección contraria a donde estaban todos ellos. Ni siquiera pudo escuchar como la despistada Mimi le rogaba a gritos que regresara. Por un momento pensó en perseguirla... pero al instante cambió de opinión. Se colocó bien el abrigo y la bufanda y, con paso firme, se dirigió hacia la “pareja”.

Antes de que ellos pudieran darse cuenta, Mimi llegó junto a ellos y, armada con bolso en mano, comenzó a golpear a Jun que se apartó espantada.

-          ¡¡¡Maldita arpía!!! – Dijo tomando del brazo a Yamato. - ¿¡¡Es que nunca vas a dejar de amargar a los demás!!?

Y dicho eso, volvió a emprender la carrera, dejando muy atrás a Jun que ni tan siquiera intentó seguirlos... estaba demasiado impactada por lo que acababa de suceder.

-          ¡Wow!– Dijo Yamato riendo una vez hubieron parado de correr. – Gracias... ¡Buen bolsazo!

-          Oh si, que divertido!! – rió - ¿¿Te ha gustado?? – Mimi dejó a un lado la falsa risa que se había provocado a conciencia y mostró su cara de enfado que acompañó con otro bolsazo, esta vez dirigido hacia el brazo de Yamato.

-          Eh... – se acarició dolorido. - ¿¿Por qué??

-          ¿Es que eres tonto?

-          ... – él la observó mientras la chica cruzaba los brazos soportando su mirada. ¿Acaso ella esperaba respuesta? – Mmmm no, no soy tonto...

-          Pues entonces explícame con razones sólidas por qué no te deshaces de una vez de Jun Motomiya. Convénceme para que no vuelva a darte un bolsazo.

-          ... – No solo el fuerte carácter de Mimi le hizo callar, lo más destacable era que tenía razón. – Lo siento Mimi, no... no soy capaz de portarme mal con ella, igual que no puedo comportarme mal con cualquiera de las chicas, aunque es una pesada carga...

-          Pues tendrás que elegir: o sigues siendo el masoquista de Yamato Ishida, que se tortura pasando las tardes tocando la guitarra con su groupie Jun Motomiya; o pasas el resto de tu feliz vida junto a Sora Takenouchi... Porque supongo te interesará saber que ella ha llegado a su límite.

-          Sora... ¿Sora estaba aquí?

-          Ajá, y lo ha visto todo. Salió corriendo la pobre, ¡¿es que no te da vergüenza?! – Sin poder evitarlo Mimi volvió a agredir con su bolso al brazo de Yamato.

-          Au... – se lamentó. - ¿Qué tienes en ese bolso? ¿Piedras?

-          Yo que tú iría a buscarla... – Mimi evadió los comentarios sobre su preciado bolso.

-          Eso no hace falta que me lo digas...

-          Y un consejo: No le des aún el anillo...

-          ¿Eh? – Ahora sí estaba perdido. - ¿Qué anillo?

-          Te he visto en la tienda... – él aún no entendía. – Viendo... los anillos de compromiso...

-          ¿¿QUÉ?? – Por la cara de Yamato, la misma Mimi comenzó a dudar sobre lo que había visto. – No le he comprado ningún anillo de compromiso, ¿estas loca? Solo me acerqué a curiosear...

-          Oh, oh... – Mimi cayó en su error. – Pues creo que tenemos un pequeñísimo problema...

-          Mimi, ¿¿le has dicho a Sora que le he comprado un anillo?? – Intercambio de papeles, ahora era él el enfadado. Ante el silencio de la chica, que sonrió a modo de disculpa, Yamato se llevó las manos a la cabeza. Sin pensarlo más, salió corriendo a solucionar el primero de sus problemas, que encabezaba lo que se convertía en una larga lista de desastres.

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

Harta... ¡¡Estaba harta!! ¿Por qué era necesario que ella tuviese que soportar cosas como aquella? El día de su aniversario, en lugar de estar preparando una fantástica cena, su novio la pasaba acariciando a otras chicas... ¡¡Dios!! ¡¡La irritación que sentía era extrema!! ¿Habría quedado con Jun para después de que ella acabase su turno en el trabajo? Sora lo dudaba completamente, confiaba en Yamato, pero tan solo el echo de que esa idea se pasease por su mente, le revolvía el estómago.

Sin poderlo evitar, cesó su apresurado paso y dio una patada al aire. Jamás había estado así de enfadada, no encontraba consuelo con nada, tan solo quería gritar. Ella no se consideraba una chica celosa, había soportado incontables comentarios por parte de chicas y miles de escenas de Yamato perseguido por alocadas fans... pero nunca lo había sentido como entonces. Supuestamente su aniversario debía ser el día más feliz de su vida, en cambio tan solo había conseguido suciedad en su ropa y un disparatado peinado, además de un malestar físico y un revuelto de sensaciones que hacía que su mente solo centrase en una idea, asesinar a Jun Motomiya... y después a Yamato Ishida, haciendo que todo pareciera un accidente.

Y, hablando del rey de roma, ahí llegaba él. La había divisado desde lejos y ahora corría hacia ella. Sora por un momento lo miró mientras él le hacía señas, pero ella no esperó. Sin pensar, salió corriendo en dirección opuesta a Yamato. No quería verle, no quería hablarle y no quería que le diese tiempo a excusarse.

Se produjo una persecución sin sentido y poco duradera. Sora era veloz, pero cometió el error de cruzar a un callejón sin salida... y él la “acorraló”.

-          Sora... – dijo exhausto mientras ella le daba la espalda. - ¿Es que tendré que pasarme todos nuestros aniversarios buscándote desesperado? – Su pregunta provocó que Sora se girase y le mirase como si estuviese a punto de darle un bofetón. Sus dos aniversarios los había pasado horrible, como nunca había imaginado, y eso que había procurado ser optimista... ¿Y él se atrevía a gastar estúpidas bromas?

-          Yamato no... estoy... para bromas... – decía entre dientes. – Jamás, ¡¡jamás he estado tan enfadada!!

-          Pero Sora no...

-          ¡No! – Y ahora quería llorar. - ¡¡No me digas que soy exagerada!! – gritó adivinando las palabras de su novio. - ¡¡No me digas que me enfado en seguida!! ¡¡Porque he soportado lo que nadie soporta!! ¡¡Y ya estoy harta!! – Y al fin se abrió la fuente y las lagrimas comenzaron a caer sin remedio.

Yamato se acercó lentamente hasta ella y la abrazó como nunca antes lo había hecho, acomodándola entre sus brazos y colocándole la cabeza sobre su cuello. Cuando la vio gritando, cuando la vio llorando, pudo sentir el dolor que ella sentía... y sin saber por qué tuvo miedo de perderla.

-          Perdóname Sora... por favor perdóname...

-          ... – Y ella seguía llorando, empapando el cuello de la camisa de Yamato, que quedaba fuera del abrigo.

-          Nunca pretendí hacerte daño y menos aún que sufrieras de este modo... Sé que eres fuerte por eso nunca he tenido en cuenta los actos de las demás, pero... – no sabía como explicar que comprendía su frustración. – Perdóname cariño. – Yamato apartó a Sora con cuidado y la besó en la frente. - ¿Podrás perdonarme?

-          ... – Sora simplemente asintió.

-          Por favor Sora necesito que me hables... Te prometo apartarme de Motomiya, nunca más dejaré que haga lo que le de la gana...

-          Si Yama... – Ella le sonrió, aún colorada por el sofocón del llanto. – No te preocupes más, vale?

-          Te quiero – Yamato volvió a besarla mientras acariciaba su cabeza para apartarle los cabellos que a causa de las lágrimas se habían quedado pegados a sus mejillas.

-          Yo también te quiero.

-          Hagamos algo, si? Iba a tomar un taxi para volver, vente conmigo y te acompaño a casa. Me marcharé para prepararlo todo para nuestra cena y después volveré a buscarte.

-          Y estaré preparada para cuando regreses...

·-=:]¦[¯*^~  *  ~^*¯]¦[:=-·

Al fin... al fin en casa. Yamato fue hasta el sofá arrastrando los pies. Cayó agotado, necesitaba descansar cuerpo y mente antes de ponerse a acabar su cena... Tan cansado estaba que ni se percató de que las luces de la casa estaban encendidas hasta buen rato después. Cuando se marchó aún era de día, por lo que él no había podido dejarlas así...

-          Hola hijo, al fin regresas. – Su padre aparecía por la puerta secándose la cabeza con una toalla tras haber salido de la ducha.

-          Pa... ¿¡papá!? – preguntó de forma absurda, totalmente incrédulo. - ¿Qué haces aquí?

-          Hemos tenido problemas en el trabajo y al final nos han mandado a casa.

-          ¡¡Pero no!! tu debías... yo debía... – Su padre le miró extrañado y Yamato no era capaz de asimilar lo que estaba sucediendo. Con su padre aquí, donde quedaba su romántica cita a solas? – Dios... va ha darme un infarto... de verdad tenemos mala suerte, no puedo comprender por qué.

-          ¿Ibas a preparar una cena? – Hiroaki hacía alusión a las bolsas que había en la cocina.

Yamato le miró como si su padre preguntase una obviedad. 

-          Papá... prometí a Sora que tendríamos aquí una cena por nuestro aniversario...

-          Lo siento hijo... sé que te dije que pasaría este día ocupado, pero...

-          No te preocupes... – le cortó. Desesperado, Yamato se acercó hasta la ventana, que la abrió de par en par para sentir el frescor de la tarde. El frío aire venía acompañado de cierta humedad... Había comenzado a nevar una vez más y en bastante cantidad.

-          Si queréis podéis hacerla, yo no molestaré...

-          De verdad no te preocupes... No es necesario. – Yamato estaba enfadado consigo mismo, estaba enfadado con el mundo. No quería molestar a su padre hoy que al fin tenía día libre... pero tampoco quería cenar con Sora en su aniversario estando él allí.

-          Vaya si que hay nieve... Menos mal que en la azotea han colocado una cubierta.

-          ¿Qué dices?

-          Para que no se acumule la nieve, por el peso, han colocado una cubierta en cuesta – Hiroaki colocó su mano en horizontal, inclinándola un poco hacia un lado, – para que la nieve caiga a la calle en lugar de acumularse sobre el tejado. Además así no se destrozará el invernadero.

-          Increíble... Es... perfecto!!! – Y Yamato pudo comprobar entonces que no hay mal que por bien no venga. Si nieva no importa, si su padre se queda en casa no importa y si no tiene lugar donde preparar su cita romántica tampoco importa... porque siempre existe una solución que llega por si sola.

·-=:]¦[¯*^~  *  ~^*¯]¦[:=-·

El timbre de la puerta llegó hasta su oídos, convirtiéndose en uno de los sonidos que más amaba en esos momentos, porque indicaba que Yamato ya estaba allí.... La chica tomó su abrigo incluso antes de recibirle y acto seguido se apresuró hacia la entrada. Animada como nunca y luciendo la más maravillosa de sus sonrisas, se dirigió a lo que esperaba un encuentro de ensueño con la persona que mas amaba...

Sin decepciones. Los ojos de Yamato al mirarla desde la puerta transmitían realmente el más sincero de los sentimientos, el amor verdadero que demostró dedicándole el más apasionado de los besos que podía ofrecerle...

-          Y ahora, paseo bajo la luz de la luna hasta el hogar... – Dijo el chico sin dejar de sonreír y aún abrazándola.

-          Bien, por fin el día comienza a arreglarse... – comenzaron a caminar tomados de la mano, uno junto al otro, lo mas cercano que sus cuerpos en movimiento podían permitirles. - ¿Es que nunca tendremos un aniversario tranquilo y normal?

-          ¿Quién sabe?

Al fin llegaron hasta el edificio donde estaba el piso de Yamato, pero el chico, una vez en el ascensor, no marcó el numero que correspondía, sino uno mucho más superior... el más elevado de todos.

-          Pero Yamato... – Sora no comprendía.

-          Es que no vamos a casa... Mi padre al final no trabaja y estará allí...

-          Oh... – contestó decepcionada.

-          Pero no te preocupes... esta todo controlado...

Al fin llegaron. Al cruzar la puerta que los llevaba al exterior, sintieron un ligero golpe de frío. Sora no podía comprender nada. ¿Qué podía haber allí que fuese interesante? Ni tan siquiera podían ver el cielo porque un techado impermeable improvisado cubría sus cabezas... Aunque lo cierto era que las vistas eran increíbles. La chica se acercó hasta el bordillo y se apoyó en él mientras se acurrucaba para evadir un poco el frío. Yamato fue junto a ella y extendió el brazo para tomar algunos copos de nieve que grácilmente  planeaban del cielo camino a la tierra.

El vaho que exhalaban se perdía una vez se alejaban contados centímetros de su boca. A pesar del frío, ninguno sentía malestar.

-          Y... ¿por qué estamos aquí? – Sora sentía gran curiosidad.

-          Porque quise regalarte la mejor de las cenas posibles... y esto es lo que tuve a mi alcance...

-          ... – La chica observó su alrededor. A un lado, a otro... pero no veía cena alguna. – ¿Dónde?

¿Cómo explicarle que tendrían que cenar de forma improvisada e ilegal dentro del invernadero de su vecino? ¿Cómo hacerle entender que no tenía manera de ofrecerle lo que se merecía? Entonces Yamato la miró a los ojos. Su forma de sonreír despertó en él la tranquilidad y seguridad que necesitaba. Sora siempre conseguía que confiase más en si mismo. Tenía miedo de que ella no disfrutase estando allí, tenia miedo de que ella, cansada de todo, le dejase; tenía miedo de la frase “Me has vuelto a fallar Yamato”... Pero no, no estaba dispuesto a ello. Le había prometido un gran aniversario y fuese como fuese lo conseguiría.

Tomándola de la mano, la guió en silencio hasta el susodicho invernadero. Y justo en la puerta Yamato pidió a Sora que lo esperase fuera. Entró unos cortos minutos y al momento regresó.

-          Perdóname la espera... Ahora puedes acompañarme... – dijo tímidamente con una intrigante sonrisa.

Yamato la condujo hasta el interior. Rodeando hojas gigantes de varias plantas que Sora no reconocía, la guió a través de la más tupida de las oscuridades. Al final del camino unas luces centelleaban, pareciendo luciérnagas naranjas... Al descubrir de qué se trataba, Sora quedó fascinada. Preparado con exquisito cuidado, Yamato había conseguido formar un pequeño claro apartando algunas macetas. En medio del lugar, colocó una mesilla redonda, y dos sillitas de diseño con buen estilo, que la chica no acertaba a adivinar de dónde las había sacado. Envolviendo el entorno, decenas de velas cautivaron el lado más sensible de la pelirroja. El encantador ambiente hechizó a Sora, que se le antojó mágico...

-          Antes tuve que entrar a encender las velas... rezaba para que no me diesen problemas.

-          ... – Nada pudo decir y Yamato lo tomó como una mala señal.

-          Esta es la única solución que pude encontrar... Lo siento, sé que está poco preparado pero lo hice con tanta prisa y...

-          Yamato es perfecto... – le cortó al momento sin apartar la atención del temblar nervioso de la llama de las velas. Se acercó lentamente y acarició la mesilla. – Es... perfecto...

Y le dedicó a su novio una mirada que cantaba las gracias con el mayor de los entusiasmos.

·-=:]¦[¯*¯]¦[:=-·

Sora y Yamato disfrutaron entonces de una agradable cena, pero el momento mas interesante llegó en el turno del postre... Les separaban largos centímetros, pero podían sentirse bien cercanos, podían captar su propio calor corporal y, aunque ni se habían desecho de los abrigos porque aún dentro del lugar hacía bastante frío, podían escuchar la música que emanaba de sus corazones... 

Taille-moi les hanches à la hache
J'ai trop mangé de
chocolat
Croque moi la peau, s'il-te-plaît
Croque moi les os, s'il le faut

C'est le temps des grandes métamorphoses

Tállame las caderas con un hacha
He comido demasiado chocolate
Mordisquéame la piel, por favor
Mordisquéame los huesos, si hace falta

Es el tiempo de las grandes metamorfosis

 El postre... Una suculenta copa de reconfortable chocolate caliente, decorado con exóticas frutas como acompañantes. Una mirada, una sonrisa, parpadear tímidamente mientras degustas con lentitud el chocolate caliente y sentir como penetra en tu cuerpo haciéndolo entrar en calor como en una descontrolada implosión...   

Au bout de mes tout petits seins
S'insinuent, pointues et dodues
Deux noisettes, crac!
Tu les manges

C'est le temps des grandes métamorphoses

En la punta de mis pequeños senos
Se insinúan, puntiagudas y cebadas
Dos nueces, crac! Te las comes

Es el tiempo de las grandes metamorfosis

 Olfatear el dulce mientas palpas con las yemas de los dedos las minúsculas gotas de vaho condensado en el cristal de la mesilla gracias al calor, hace que todos los sentidos se centren en un solo pensamiento. Excitación, fervor, la llama que se enciende con gran intensidad en el pecho mientras el chocolate acaba por correr en nuestro interior...

Au bout de mes lèvres entrouvertes
Pousse un framboisier rouge argenté
Pourrais-tu m'embrasser pour me le couper...

En la punta de mis labios entreabiertos
Empuja una frambuesa roja plateada
Mimas, me besas para morderla

 Sora tomó la cucharilla y fue a coger con ella un poco de nata bañándola en el chocolate. Sensualmente inocente se la llevó a la boca, pintando sus labios de restos del mismo. Estiró el brazo para alcanzar la servilleta a la misma vez que pasaba su lengua por el labio superior, suave e inconscientemente, para recuperar un poco del delicioso chocolate... pero sus intenciones fueron interrumpidas... 

Pétris-moi les hanches de baisers
Je deviens la femme chocolat
Laisse fondre mes hanches Nutella*
Le sang qui coule en moi c'est du chocolat chaud...

Lléname las caderas de besos
Me convierto en la Mujer Chocolate
Deja fundir mis caderas Nutella*

La sangre que corre en mi es de chocolate caliente

Yamato detuvo con delicadeza su brazo en el camino hacia la servilleta, y extendió el suyo propio, mientras se inclinaba un poco hacia Sora, haciendo girar la cara de la chica en dirección a la suya, para que quedasen frente a frente...

Un jour je vais m'envoler
A travers le ciel à force de gonfler...
Et je baillerai des éclairs
Une comète plantée entre les dents
Mais sur terre, en attendant

Je me transformerai en la femme chocolat...

Un día echaré a volar
A través del cielo a fuerza de inflarme...
Y bostezaré relámpagos
Un cometa plantado entre los dientes
Pero sobre tierra, esperando

Me transformaré en la Mujer Chocolate

Aún con sus dedos posados en su barbilla, fueron acercándose poco a poco, hasta que el rubio estuvo lo suficientemente cerca para besar, lamer y mordisquear los labios de Sora, para que ella al momento le siguiera el juego y acabasen fundiéndose en un dulce beso, saboreando un intenso beso de placentero chocolate... 

Taille-moi les hanches à la hache
J'ai trop mangé de chocolat...

Talla mis caderas con un hacha
He comido demasiado chocolate...

Como todo lo inoportuno, una fugaz idea cruzó la mente de Sora, espantando cualquier  buen sentimiento y manchando de incomodidad uno de los momentos más apasionantes que había vivido junto a Yamato. Casi sin pensar, las venenosas palabras escaparon en un susurro:

-          ¿Y a Jun Motomiya? ¿También la habrías invitado a ella a chocolate? – Dijo repentinamente, sin pensar en las consecuencias... pero se arrepintió al instante.

-          ¿Cómo dices? – contestó muy serio mientras se apartaba y regresaba a su lugar; el satisfactorio momento había sido acabado cortándolo de cuajo. No podía creer que Sora volviese a sacar el tema de Motomiya aunque siempre había intuido que en algún momento reaparecería.

-          Lo siento... de verdad, pero es que no quiero quedarme sin saberlo. No puedo comprender porqué estabas allí y menos aún con ella...

-          Sora... – Yamato en cierto modo comprendía que Sora pidiese explicaciones, pero realmente le agotaba hablar de ello. Consideraba absurdo que Sora se sintiese celosa de esa chica. – Sora, yo no estaba con Motomiya, simplemente tuve la desgracia de que nuestros caminos se cruzasen, y en serio resalto la palabra “desgracia”. – El chico suspiró. - Y estaba en el centro porque mi padre me pidió el favor de llevar a arreglar su reloj.

-          ¡¡Ah!! – Sora se ruborizó, sintiéndose avergonzada por algo que Yamato aún no sabía.  – Así que por eso estabas en la joyería...

-          ¿Acaso sabías que estaba en la joyería? – Yamato hizo como quien no sabe nada. Ella se ruborizó aún mas.

-          Bueno es que... Mimi corrió a decirme que te vio allí... también me contó lo del anillo... – acabó mirando hacia el lado contrario a donde estaba su acompañante.

-          Sora... – sonrió tristemente Yamato, sabía que tarde o temprano tendría que explicarse. – Este es el único oro que tengo... – Dijo sacando una botella de champagne. – Y aunque no puedo colocártelo en el dedo, creo que de momento está bien y vas a disfrutarlo.

Sora le miró un tanto aliviada y un tanto decepcionada. Se sintió ridícula por pensar que Yamato fuese a comprarle un anillo a tan temprana edad y llevando tan poco tiempo juntos. Habría sido una locura casarse entonces, no habrían tenido posibilidad de futuro alguno.

En absoluta mudez un tanto incómoda, la pareja se sirvió una copa para cada uno y brindaron en silencio por pasar infinitos días juntos. Yamato posó la copa sobre la mesa una vez hubo tomado un corto sorbo, intentando encontrar la forma de hacer desaparecer la perturbación de Sora por la embarazosa equivocación del anillo de boda.

-          Sora no puedo permitirme comprarte un anillo como ese.

-          Yamato ni falta me hace que... – Yamato cortó su apresurada contestación colocando suavemente su dedo sobre los labios de Sora, que calló al instante. El chico la sonrió unos segundos antes de proseguir.

-          Me... me encantaría poder comprarte un anillo, aunque no creo que sea el momento de que eso simbolice... matrimonio – Realmente le costó decir la palabra clave. Perdió un poco la voz y casi se atragantó con su propia saliva... pero por fortuna supo disimularlo muy bien. – Sora no sabes cuanto desearía.. no imaginas cuanto quisiera... – ella le miró extrañada, sin comprender a donde quería llegar... y es que Yamato no encontraba las palabras adecuadas. – Si yo pudiera...

Nada. Nada escapaba de los labios de Yamato aunque su mente corría a toda velocidad. Una palabra tras otra aparecía en su conciencia, pero ninguna de ellas era capaz de pronunciarla. Cansado por su torpeza, el rubio exhaló un largo suspiro.

-          Sora, si pudiera darte todo cuanto te mereces... si pudiera darte aunque sea una ínfima parte, que simbolice una pequeña porción de cuanto de importante eres para mi... si pudiera... – calló unos segundos, para controlar la emoción y aprovechó para tomar las manos de Sora entre las suyas. – Si pudiera demostrarte o describirte de alguna manera cuanto de feliz me haces... Quizás un anillo podría conseguir eso, no lo se, pero no puedo siquiera comprobarlo. Me queda... demasiado lejos, ni siquiera puedo encontrar las palabras correctas para poder hacerte comprender... Sora quiero pasar el resto de mi vida contigo... la palabra siempre se hace demasiado pequeña y eternidad no es suficiente... Pero... – Volvió a suspirar como había echo antes y dedicó a su chica una momentánea sonrisa. – Pero no tengo anillo.

-          Yamato no quiero un anillo. – Contestó con los ojos llorosos y una sonrisa que procuraba apretar los labios para evitar el llanto. – No importa, no me hace falta, no voy buscando nada como eso... porque no lo necesito, porque tenerte aquí conmigo hoy, y mañana y pasado mañana... y volver a pasar el año que viene un día tan especial como hoy... hará que esperar el momento en que sea adecuado el... matrimonio... habrá valido la pena...

Lentamente Sora se levantó de su asiento para acercarse más a Yamato y besarle. El chico se apartó un poco de la mesa para permitir que ella se sentase en sus piernas. Se quedaron un rato abrazados hasta que, una vez más, Yamato rompió el silencio.

-          ¿Quieres ver ya tu regalo?

-          ¿Tienes otro? – dijo feliz. – Creí que tu regalo era la cena y el oro, digo... el champagne... Todo estoy ya te habrá costado bastante...

-          Pero no, hay más. – Dijo tras reír unos segundos. - ¿Quieres verlo?

-          ¡¡Si!!

-          Pues vayamos abajo.

Una vez llegaron al apartamento, encontraron todo a oscuras. El padre de Yamato ya se había marchado a descansar quedando en manos de Morfeo. Al descubrir que estaban solos, al menos en todo lo referente a la casa excepcionando la habitación de Hiroaki Ishida, el rubio tomó las manos de Sora, tirando de ella suavemente la llevó hasta el salón y pidió entre susurros que se pusiera cómoda mientras él iba a buscarlo.

-          Yama, espera...  – Dijo ella desabrochándose los botones del abrigo. – Espera que ya aprovechamos y te lo doy yo primero...

Al quitarse el abrigo, pudo mostrar al fin su traje de noche, que iba estrenándolo ya que lo había escogido a conciencia para la ocasión. Dejando su espalda prácticamente al descubierto, la tela dorada del vestido, que cubría del pecho a los muslos su suavemente bronceada piel, se mantenía sujeta por unas finas tiras cruzadas en el escote y llevadas a los lados una vez estaban atrás. Una de ellas resbaló por su hombro a la vez que ella colocaba el abrigo sobre el sofá, provocando un leve silbido por parte de Yamato que la miró de arriba abajo sin parar de sonreír.

-          Ah... ¿mi propio chocolatito dorado? – dijo pícaramente estimulando cierto rubor en las mejillas de Sora. – Me encanta mi regalo...

-          No seas tonto... – dijo, no sin dejar de dedicarle una sonrisa. - Aparta esos pensamientos lujuriosos de tu mente Yamato Ishida, tu regalo esta en esta bolsa... – Sora llevó la mano al interior de su bolso y sacó de él una bolsa de papel dorado que extendió hacia su novio. El chico se acercó a tomarla, pero todo ello sin dejar de mirarla.

-          Igual creo que no hay mejor regalo que un buen bombón.

-          Abre el paquete...

Yamato desistió en su intento y con sumo cuidado, sin romper el papel de regalo, deshizo el envoltorio. En el interior de una hermosa pero sencilla caja de madera, Yamato se encontró con una armónica plateada. No podía creerlo. Hizo a un lado la caja y sostuvo con gran delicadeza su regalo.

-          Es... fantástica... – Dijo incrédulo, con ojos iluminados.

-          La tuya ya desafinaba un poco... – Dijo acariciando el hombro del chico.

-          ¿Tu crees? Siempre ha estado bien.

-          Yamato... tiene muchos años... y si esta bien pero suena mal entonces el problema esta en otro lado que yo no puedo controlar...

-          Ah? – Dijo riendo - ¿Acaso eso es una indirecta? – Sora le dio un corto beso en la mejilla.

-          Añoro tus melodías Yama... las añoro demasiado, porque con ellas conseguías despertar en mi sentimientos que nada ni nadie mas lograba..

-          ... – el rubio se llevó la armónica a los labios para hacerla sonar con suavidad. – Gracias cariño, es preciosa... – y ella recibió un tierno beso. – Aunque no tan preciosa como tu, pero...

-          Señorito Yamato Ishida, hoy no hay más regalo para usted que esa armónica...

-          ¿¿¿¿Pero por qué???? – no pudo ocultar más su desagrado. – Ese tipo de decisiones debe hacerse por votación democrática...

-          Te explicaré que mientras tu padre esté al otro lado de esa pared, esto es una dictadura y mando yo...

-          ... – Yamato chasqueó la lengua. – Lástima... – sonrió. – Voy a buscar tus regalos.

-          ¿Regalos? ¿Es que son varios? – Pero Yamato no pudo escuchar la última de las preguntas, ya salía hacia el pasillo y la débil voz de Sora no alcanzó a sus oídos.

Yamato se asomó al rato por la puerta, con las manos a la espalda. Al acercarse hasta ella descubrió tras de sí una caja mediana, decorada con figuras de finas líneas marrones en un fondo dorado, cuya tapa estaba sin cerrar completamente, solo la había dejado encajada. Sora se le quedó mirando intrigada.

-          Vamos... puedes abrirlo...

Con cierta timidez, la chica levantó la tapa y de ella emergió una cabecita, un pequeño gato con una cinta dorada al cuello, del que colgaba un diminuto cascabel. Justo como Yamato esperaba, el animal causó sensación. Sora quedó totalmente prendada de él y al momento tomó a la cría en brazos acariciándola con suavidad, sin  dejar de repetir, una y otra vez, lo hermoso que le parecía.

-          ¡Yamato de veras es lindísimo! ¡¡Es el mejor regalo del mundo!!

-          Me alegro de que te guste. – Yamato también acarició con cariño la cabecita del gatito, que parecía confuso, aunque no por ello disgustado, con todo lo que estaba sucediendo.

-          No puedo creerlo, es precioso! – Sora contempló de frente los oscuros ojos del animal y su abundante suave pelaje color chocolate... – Claro... Chocolate...

-          ¿? – Yamato emitió un corto sonido de interrogación.

-          Fíjate en su color... ¿Te parece bien llamarle así? – El gatito se acurrucó en brazos de Sora, que se acomodó en el sofá.

-          Como a ti más te guste, por eso es tu regalo... pero no es el único.

Yamato llevó la mano a su bolsillo y de él sacó otra cajita envuelta, esta vez de tamaño menor a un puño. Sora, dejando a Chocolate sobre su regazo, tomó el regalo y lo desenvolvió emocionada.

-          Yamato... – Sora no sabía que decir. Con lentitud, tomó entre sus dedos lo que contenía la cajita y yo levantó para poder verlo mejor.

-          ... – él no dijo nada, tan solo disfrutaba viendo como Sora contemplaba maravillada y con asombro la pulsera que tenía en sus manos.

-          Dios Yamato no... no tengo palabras de veras es preciosa. – Las diminutas piedras brillaban a la luz. – Me encanta...

-          De alguna forma tenía que recompensar el tiempo que no he ocupado en ti... ¿Para qué creíste que quería el dinero de mis clases?

-          ¿Has gastado el dinero en mi? – Sora volvió a ruborizarse. – Lo siento mucho... Me siento ridícula por haberme enfadado contigo...

-          No digas eso. – Yamato se acercó hasta ella y se arrodilló tomando la pulsera para abrir el gancho para colocárselo en la muñeca. Estaba en la medida correcta. – Comprendo que te enfadases porque no ha sabido manejar la situación correctamente...

-          Oh Yama... – Sora colocó sus manos en las mejillas del chico. – Te quiero tanto, tanto...

De pronto los relojes de la casa comenzaron a sonar con suavidad. Las doce de la noche habían llegado y llegaron acompañadas de fuegos artificiales que pudieron escucharse a lo lejos.

-          Y ya es veinticinco de Diciembre... – Sora acarició con amor a Chocolate y le besó en la cabecita.

-          Feliz navidad, cielo.

-          Feliz navidad, Yamato...

Fin... ~~

-          Oh oh.. – Sora se incorporó de repente y la tranquilidad del ambiente pareció cortarse. – Yamato... tenemos un problema.

-          ¿De que se trata? – El chico se preocupó al instante.

-          Yamato... Yamato... Mimi... Me olvidé de ella en el centro y no la trajimos de vuelta a casa!!!

FIN

Notas de la autora: Quería aclarar algunas cosas sobre el fic ^^  

En primer lugar que está dirigido y dedicado a mis grandes amigas, prácticamente familia, del club sorato de forosdz ^^ Se podría considerar una especie de segunda parte del fic que presenté el pasado año 2006 al concurso. El titulado “espíritu navideño” que trataba el primer aniversario de la pareja, al igual que en este comento el segundo. Tengo planeado hacer cada año un fic diferente sobre cada uno de sus aniversarios ^^

Seguido quería aclarar algunas cosas sobre la canción. Se llama “La femme chocolat” de Olivia Ruiz. Imagino ese momento como si de una película se tratase. Mientras suena como banda sonora, Yamato y Sora toman su agradable cena... Me encanta esta canción y no pude evitar colocarla dentro del fic xD aunque así me quedó bastante mas extenso... Perdón por ello si se hizo más cansada la lectura. A Nutella le coloqué un asterisco. Se que algunos de vosotros podéis no conocer esa palabra xD Se trata de una marca que prepara chocolate para untar o.o nada más que eso ^^ No se en cuantos de vuestros países se venderá. La original es francesa, pero he colocado una traducción ^^U la hice yo misma con diccionario en mano, no se que tal estará, pero lo hice lo mejor posible xD

Bueno... ningún comentario mas, espero hayáis disfrutado con la historia. Un beso para todos, felices fiestas, feliz navidad y... ante todo feliz aniversario sorato ^^  

-->Volver Atrás<--