Espíritu Navideño

[24 de diciembre... ¡Feliz aniversario sorato!]

By: Fogadramon

 

   Se acerca la navidad... Todos y cada uno de nuestros sentidos captan el mensaje que nos prepara el ambiente: inundados por los olores a castañas asadas y a acogedoras chimeneas nos sentimos atraídos por vivos colores de las decoraciones callejeras, los escaparates, el papel de regalo... La gente ahora es mucho mas amable, porque tienen y sienten lo que llamamos “espíritu navideño” (aunque siempre encuentras algunas desesperadas que dejaron todos sus quehaceres para el último momento...) y han decidido que, por mucho frío que haga en la calle, irán caminando a realizar todas las compras. Los niños de vacaciones ahora corren de acá para allá muy alegres, animados por los villancicos que emiten por megafonía y que dan aún mas vida a la ciudad (y que todos, sin percatarnos de ello, tarareamos en nuestras cabezas acompañándolo); y las parejas pasean más cercanas que nunca, intentando procurarse el uno al otro algo de calor en estos días tan fríos. En definitiva sí, son momentos alegres, días felices, muy felices,  para todos... ¿Lo creéis? Pues no. Al menos este año, para nuestros amigos, no...

 

»»-(¯`v´¯)--» (“espíritu navideño” by: Fogachan) «--(¯`v´¯)-««

 

   Tres adolescentes se encontraban aburridos en una habitación cerrada. Se sentían en situación deprimente, porque estaban a 23 de Diciembre noche, y todos sus planes para montar una fiesta el día de navidad habían sido un fracaso.

 

   Taichi estaba sentado en la silla de su escritorio. Con la cabeza poyada de mala manera, pero cómoda, en el respaldar, observaba la trayectoria que seguía una pelotita de papel que tiraba hacia arriba una y otra vez. Pensaba en lo patéticas que serían esas navidades. El resto de la pandilla se había marchado de vacaciones, cada cual por su lado, claro, y llegó un momento en que para la fiesta solo habían quedado él, su hermana, Sora, Takeru, Yamato y... Mimi. Desde hacía mucho estaba pensando en declararle sus sentimientos, pero nunca había encontrado el momento oportuno para hacerlo. Al final se prometió a si mismo hacerlo esas mismas navidades... y una vez mas sus planes se torcieron. Mimi debía volver a Odaiba, pero surgieron problemas en la compañía aérea y su vuelo quedó cancelado por tiempo indefinido... y por si fuera poco no tenía dinero para comprar otro billete y no le querían rembolsar el coste del suyo, por lo que se encontraba atrapada en el aeropuerto a la espera de un milagro... Sí, esas navidades eran patéticas...

 

   Tumbada sobre la cama, Hikari releía una antigua revista, aunque sin prestarle atención. En ella se presentaba la temporada otoño-invierno de este año, la moda traída desde Francia. Francia... no podía dejar de pensar en ello. ¡¡Hacía un par de días Takeru y Yamato habían anunciado que se marchaban esas navidades a Francia!! Pero no por gusto propio, no... sus padres les obligaban a ir. Y es que los chicos tienen allí familia, y hay organizada una fiesta por todo lo alto a la que no podían faltar de ninguna de las maneras. Hikari se sentía algo abandonada sin Takeru... pero lo que precisamente le molestaba de todo ello era que en Francia se encuentra ELLA. Con tan solo de recordarla se le revolvía el estomago... “Ca-the-rine” pensaba con retintín... buag, la odiaba! Y... aunque le costaba admitirlo, estaba celosa de ella. Por lo visto Takeru y la rubita habían congeniado muy bien... ¿qué pasaría si Takeru volvía a verla una vez más?

 

   Junto a Taichi, también sentada en una silla, se encontraba Sora. Había decidido ir a ver a sus amigos porque estando sola en su casa se estaba volviendo loca, necesitaba estar ocupada para no hundirse cada vez mas... Esas navidades eran un completo desastre. Su padre trabajaba incluido el día 25, lo que había llevado a una calurosa discusión con su madre mientras elegían dónde pasarían las fiestas. Ella quería quedarse en Odaiba con sus amigos mientras su madre insistía en pasarlas con su marido en Kyoto. Sus ánimos se habían acabado por derrumbar cuando su novio Yamato le anunció que esas navidades las pasaría fuera... lo cierto era que se había sorprendido a si misma... nunca creyó que una noticia así le fuese a molestar tanto... se deprimió mucho!! Y es que hasta entonces no se había dado cuenta de lo mucho que le quería. Sí, era cierto, ella le quería, pero... siempre habían estado juntos. No se había dado cuenta de lo mucho que le necesitaba hasta que llegó el momento de separarse, y además le echaría muchísimo en falta por ser unas fechas tan señaladas... no es únicamente por ser navidad... se trataba de que el mismísimo día 24 de diciembre, ella y él cumplirían un año de noviazgo. Durante mucho tiempo había esperado aquel día y entonces.. resulta que él se marcha, ¡nada menos que a Francia! Y no volvería hasta pasadas las vacaciones... de pensar tanto en ello se le levantaba dolor de cabeza. Intentó evitar malos pensamientos visitando a Taichi y Hikari, pero ellos estaban igual de deprimidos!! Definitivamente esas eran sus peores navidades...

 

-         Yo ya no puedo mas, en serio, – dijo Sora al fin, al borde del llanto y desesperación, haciendo reaccionar a Taichi y Hikari. – me marcho a casa.

 

   La pelirroja se levantó sin mas y casi a medio correr salió por la puerta. Taichi y Hikari se miraron y corrieron tras ella.

 

-         Sora, Sora!! – Gritaba Taichi intentado evitar que ella tomara su abrigo. – ¡no te marches!

-         Tai ya estoy cansada de tanto pensar, me voy, donde sea, pero me voy!! Intentare ver una película en la televisión, seguro que emiten algunas de esas estúpidas de romances navideños – Sora no solo estaba agotada, sino irritada. ¿Cómo podía Yamato hacerle eso? Se marchaba justo el día de mañana y ni siquiera había ido a despedirse de ella, ¿qué menos que pasar el día antes a su lado? Ni siquiera se habían entregado los regalos de aniversario y navidad, y supuestamente él y Takeru salían al día siguiente temprano.. Yamato le había dicho que la quería pero no lo demostraba precisamente...

-         Sora, al menos vamos a vernos el día de navidad, no? No nos dejes solos tu también... – Hikari medio suplicaba.

-         Lo siento, creo que me marchare con mis padres a Kyoto...

 

   Sora ya estaba lista para macharse. Sin decir mas y totalmente asqueada abrió la puerta... y fue a chocar contra alguien. Ambos cayeron al suelo gritando al unísono.

 

-         Ah... Sora lo siento... – Takeru se levantó deprisa y ayudó a la chica.

-         No... no es nada – Sora se frotaba el trasero dolorida, había caído a mitad del escalón de la entrada.

-         Me ha cogido de sorpresa, no me dio tiempo a llamar al timbre... – Takeru ya no prestaba atención a Sora, hablaba hacia Hikari, que lo miraba sonrojada y los ojos llorosos. – He.... venido para decirte algo, Hikari... para decirte, explicarte y pedirte algo... y es muy importante para mi.

 

  Bien... no había que ser muy listo para saber sobre que quería hablar Takeru. Taichi y Sora se dedicaron una mirada cómplice. Sabían que Takeru estaba por Hikari, y viceversa, desde hacía mucho tiempo, pero ninguno de los dos era capaz de dar el primer paso. Deseaban que se tratara de ESO, pero no era con certeza...

 

-         Ajá... bueno, yo... ¿por qué no pasas, eh? – Hikari tomó la mano de Takeru y se lo llevó hasta el salón.

-         Oh... no puedo creerlo... – Sora se sentía muy disgustada. Hasta Takeru iba a despedirse de Hikari, pero Yamato... no había aparecido...

-         Sora, quizás Yamato también haya decidido ir a verte... podría estar en tu casa...

 

   Si... ¡¡SI!! Quizás su novio había ido a su casa!! Y ella no estaba allí!!! Necesitaba verlo, salió corriendo hacia su casa mientras gritaba a Taichi un sonoro “gracias”.

 

   “Por favor que este allí, por favor” Sora nunca antes había deseado tanto verlo, no quería pensar que su novio la estaba dejando de lado... Subió las escaleras del edificio de dos en dos escalones, ni siquiera había sido capaz de esperar la llegada del ascensor. Frente a la puerta rebuscó en su bolso a toda prisa, metió la llave en la cerradura y... entró. En el descansillo miro feliz el interior... “mierda”... falsa alarma. En la entrada tan solo se encontraban los zapatos de su madre. Yamato no estaba allí.

 

-         Mama ya estoy en casa. – dijo, e, ignorando a su madre que se asomaba por la puerta de la cocina, fue directamente a la cama.

 

   ¿Por qué no estaba allí? En unas horas él se marcharía a Francia, ¿por qué, por qué? ¿No pensaba si quiera llamarla, ir a despedirse? ¿qué clase de novio enamorado es ese?

 

-         Yamato Ishida eres un idiota... – no puedo evitar decir sus pensamientos en alto, necesitaba desahogarse. Sora se cambió y se apresuró a acostarse. Aún era temprano, pero ya no tenía ganas de nada mas.

 

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   Las 00:00 horas del día 24 de diciembre.

 

   Sora, tras mucho tiempo sin poder dormir, al fin conseguía descansar un poco... pero apenas lleva unos minutos cuando la despertó una fantástica melodía... Sora se desperezó... era su teléfono móvil, cuyo tono para mensajes era un fragmento de su canción preferida del grupo de su novio, tocada con la armónica por él mismo. No era la autentica versión, ya que cambiaba el instrumento... pero a Sora le parecía así mucho mas bonita. A Yamato le había encantado la idea de cambiar el instrumento para hacer una nueva versión más romántica... entonces le había dicho que ella era su gran inspiración. La chica sonrió recordando el día que lo grabó para ella, mientras tomaba el móvil con los ojos a medio abrir del sueño:

 

“feliz aniversario mi vida, espero no despertarte... siento mucho no haber ido ha verte ayer, en la mañana te llamare y hablamos. Te quiero”

 

-         Un mensaje... – Sora volvió a leerlo con mas detenimiento. Bastante simple, no? “te quiero”, había escrito... ¿Cuánto la quería? La chica resopló mientras se volvía a tumbar con brusquedad. – odio.. sentirme así...

 

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-         ¡Sora hija despierta! – La pelirroja se desperezó entre las sábanas, estaba muy a gustito entre ellas... pero alguien las apartó destapándola totalmente.

-         ¡Oh, mamá! – dijo con disgusto. – Aún es temprano...

-         Si... pero es que ha llegado algo para ti... Por seguro te gustará recogerlo tu misma... – sonrió.

-         Algo... para mi? – Sora se levantó de un salto y se asomó tímidamente por la puerta. Un chico que no conocía la esperaba en la entrada. Él la miró y saludó con la mano.

-         Hola... traigo un regalito para la señorita Sora Takenouchi... – dijo mientras mostraba un gran ramo de flores.

 

   A Sora le dio exactamente igual que ese chico la fuese a ver recién levantada, toda despeinada y con su pijama de pingüinos; salió corriendo hacia él, que le entregó sonriente el ramo. “Cada día me gusta más mi trabajo” había dicho el repartidor antes de entregarle una tarjeta y marcharse.

 

   Yamato le había mandado un ramo de flores... ¡flores en invierno! Eran del invernadero de la floristería seguramente, se estropearían enseguida... Yamato era un caso. Sora las olió con gusto. No le importaba... eran preciosas, estaban acompañadas por una tarjeta en la que él dedicaba unas preciosas palabras y.. bueno, simplemente eran de él.. Sora estaba enfadada por haberla dejado de esa forma, pero.. Yamato no era muy romántico, Sora lo sabía, y no pudo evitar sonreír y aceptar que esos pequeños detalles que su chico le regalaba eran los que la hacían feliz. Sí, Yamato no era un novio de grandes regalos, sino de pequeños detalles, dándole igual cuando fuesen...

 

   Apenas había colocado las flores en un jarrón cuando llamaron a la puerta.

 

-         Sora, me marcho. – fueron las palabras que dijo Tai en cuanto la chica abrió la puerta.

-         ¿Cómo que te marchas? – dijo ella con los ojos abiertos como platos. Su amigo iba cargado con dos maletas.

-         Me han abierto los ojos, tengo que.. ser mas valiente... – Sora sonrió emocionada. – Voy a Estados Unidos... a buscar a Mimi...

 

   Sora metió un grito y se lanzó a Taichi para darle un abrazo. ¡Al fin se había decidido!

 

-         ¿Cómo es que lo pensaste así de repente? – preguntó la pelirroja mas tranquila.

-         Fue.. Takeru. Es que.. bueno, él se lleva a mi hermana a Francia.

-         ¿qué? – pronunció tímidamente, sin creerlo.

-         La invitó, va a llevarla a la fiesta de su familia.. para presentarla como su novia.

 

   A partir de entonces Sora no recuerda sobre que hablaron. Al momento Taichi se marchó... y a Sora le volvió la depresión. Se alegraba por ellos, pero no podía evitar preguntarse por qué todos podían estar con la persona que más querían, por qué todos menos ella.

 

   Miró su teléfono... aún Yamato no le había llamado. ¿¿Cómo podía ser que Takeru invitara a Hikari y a Yamato le diese todo exactamente igual?? Decidió llamarle ella, pero varias veces que lo hizo, su novio no contestaba. ¿Tan ocupado estaba que no podía dedicar unos segundos a tranquilizarla? Durante todo el día esperó pacientemente pero Yamato no dio señales de vida.

 

   El día mas triste de su vida tenía que ser en su aniversario... Decidió salir a tomar el aire. Salió a la calle y miró al cielo, que estaba totalmente despejado pero sin una sola estrella. “Una pena que con tantas luces no puedan verse las estrellas..” había dicho Yamato en una ocasión. Todo, ¡todo!, le recordaba a Yamato... Sora se acomodó la bufanda y echó a andar sin rumbo fijo.

 

   La paranoia daba vueltas por su cabeza... Sora paseó por las calles, paraba en cada escaparate aunque no prestaba atención a nada... todo le parecía de ínfimo interés... Nada encontraba que pudiera subirle los ánimos. Si ese era su primer aniversario, como sería el segundo? ¿Y en el siguiente? ¿Durarían tanto? ¿¿La magia no había durado siquiera un maldito año?? ¿¿¿Es que ya no tenían nada que compartir o entregarse, regalarse, el uno al otro??? Sora deseaba estar con él... y decirle que se quedase allí con ella, que no se marchara jamás, ni hoy, ni mañana, ni nunca... pero ya era demasiado tarde.

 

   Sus pasos la llevaron hasta un lugar ciertamente conocido... si, la carpa volvía a estar montada en el mismo lugar que el año anterior, con la diferencia de que este año no cantaba Teenage wolves... ese día, cercano a esa misma hora, Sora y Yamato se habían confesado sus sentimientos... recordando aquello no pudo mas y comenzó a llorar al son de los cascabeles que se escuchaban por megafonía.

 

-         Oh Sora... – esa voz hizo que ella dejase de llorar de golpe.

-         ¿Ya.. mato? – se giró, y allí estaba, mirándola, estaba algo exhausto, se notaba que acababa de llegar corriendo.

-         Sora te he estado buscando... tuve una corazonada de que estarías por aquí... – dijo mientras se fue acercando, pero ella dio un paso atrás.

-         Por... por qué? – Sora no se sentía con ganas de perdonarle.

-         Lo.. lo siento... Sora, no quería hacerte pasarlo mal, no esperaba que me salieran así las cosas.. – el rubio imaginaba porque Sora estaba así, casi suplicaba un abrazo, con los brazos abiertos la invitaba a ello. – Siento haberte abandonado así hoy... por favor... perdóname...

 

   Sora no esperó una segunda petición, se lanzó a sus brazos, aún seguía llorando... No podía mas. Estuvo así un tiempo y luego se dio cuenta... ¿qué estaba haciendo allí? ¿¿no se marcho??

 

-         Yama... tus padres os obligaban a ir... ¿qué haces aquí?- preguntó sin apartarse de él, que no pudo evitar reír.

-         Bueno... no estaban por dar su brazo a torcer. Pero ya estaba harto, no era justo... ni para mi, ni para ti... – el rubio la separó haciendo una pausa, y tomándola de los hombros la miró tiernamente – entonces fui a mi padre y le dije... “papá.. amo a Sora Takenouchi. La navidad es para pasarla con los mas quieres... ¿en serio crees que podría alejarme de ella, que es la persona que mas me importa en el mundo?”

 

   Sora se sintió la chica más afortunada y feliz del mundo entero. No había confiado en que Yamato fuese a hacer una declaración como aquella, ahora todos los malos ratos que había pasado se esfumaron junto con los malos sentimientos, todo se marchó... bastaron unas simples palabras de Yamato para conseguir que volviese a lucir una sonrisa. Sora acabó “dando una patada” a su tonto enfado y dio un beso a su novio.

 

-         Entonces.. perdiste el coste del billete... – Sora se sentía un tanto culpable por ello, sabía que en esos momentos el padre de Yamato no estaba muy bien de dinero.

-         No creas, el billete se aprovechó muy bien... – dijo el rubio mientras miraba su reloj, – Hikari fue en mi lugar...

-         Vaya... – eso sí que la había sorprendido. Y entonces se preguntó, si Yamato había pasado todo el día en Odaiba... ¿por qué no había ido a verla?

-         No he podido verte hoy porque he estado ocupado buscando algo... – dijo el chico como si hubiese leído el pensamiento de Sora. – Si me acompañas podré enseñártelo, quiero darte tu regalo.

-         Oh, vaya... yo el mío lo deje en la casa...

-         No importa, no nos da tiempo, – Yamato tomó la mano de Sora entre las suyas y la animó a comenzar a caminar. – si no nos damos prisa perderemos el autobús.

-         Eh?? ¿el autobús? ¿a dónde me llevas que necesitamos tomar el..

-         No preguntes – la cortó Yamato poniéndole un dedo en los labios para hacerla callar. – Solo ven.. y ya verás.

 

   Ambos tomaron el autobús que les llevó hacia las afueras, a un lugar un tanto apartado y que se encontraba junto a unos campos y una colina. Sora nunca había estado allí. En el lugar solo se bajaron ellos dos y el autobús siguió adelante. Yamato la volvió a tomar de la mano y la llevó por un sendero para subir la colina. Sora no quería preguntarle, pero es que el lugar era demasiado raro, ¿qué cosa de interés podía enseñarle por ahí?

 

-         Ya esta... hemos llegado. – dijo Yamato comprobando una vez mas su reloj – además con tiempo suficiente....

-         Oye... no entiendo nada... – Sora miraba a un lado y a otro. Estaban prácticamente en el campo, en una de las zonas más altas, desde allí podían ver la cuidad, una extensión enorme llena de luces de colores. – Es bonita la vista, pero... – junto a ellos estaba una de las torres eléctricas principales de Odaiba.

-         ¿Qué pasa? – dijo Yamato sonriendo pícaramente mientras se sentaba en una tela que había extendido en el suelo y hacía señas a Sora para que se sentase junto a él. – ¿Esperabas algo más romántico?

-         Ishida.. tu planeas algo..

-         ¿Yo? – preguntó mirando su reloj una vez más, – qué va...

 

   Al tiempo el rubio se levantó.

 

-         Sora... ha llegado el momento, puede que lo que voy a hacer ahora te moleste un poco... pero tengo que pedirte que esperes antes de enfadarte...

-         Yamato... ¿de qué estas hablando?

-         Sé que no te gusta que haga este tipo de cosas... – Sora ya estaba asustándose un poco, pero Yamato acabó la frase de forma diferente a como ella esperaba – pero lo que voy a mostrarte es muy especial...

 

   Yamato fue hasta su maleta y sacó algo de ella, parecía como una llave, después se acercó hasta la cajetilla de control que había junto a la torre eléctrica... y la abrió.

 

-         Oh... Yamato no... – demasiado tarde, el chico hizo algo que provocó el corte de electricidad... Sora miró hacia el horizonte, por donde se extendía Odaiba, y pudo comprobar como una ola de casi completa oscuridad comenzaba a cubrirla. – ¡Estas loco! ¡¡Has costado la luz a Odaiba!! ¡¡Esta gamberrada va acostarte muy caro!! – A Sora no le gustaba ese tipo de cosas y esta vez se había pasado.

-         ¡Tranquila ya! – dijo Yamato sonriendo mientras corría hasta ella y de un salto se sentaba a su vera. – Mira allí... – El rubio señaló con el dedo el cielo

 

   Sora quedó fascinada con las nuevas vistas que tenía frente a ella... De Odaiba tan solo quedaban unas tibias luces blancas y de colores bajo una inmensa manta de estrellas.

 

-         Mi niña, te regalo el recuerdo de una Odaiba diferente... – Sora aún quedaba con la boca abierta, nunca había visto algo semejante en la Tierra. Recordaba el hermoso cielo del mundo digimon, pero no tenía conciencia de que allí mismo tenía uno igual o mejor. – Pero aún no viste todo... ¿no recuerdas alguna noticia especial últimamente?

-         ¡¡Mira!! – dijo ella emocionada, ignorando la pregunta. – ¡¡Una estrella fugaz!!

-         Muy linda. – sonrió.

-         ¡¡Y allá otra!! – Y a Sora no le dio tiempo de seguir contando, el cielo por completo se llenó de múltiples destellos...  – ¡¡Yamato es la lluvia de estrellas!! ¡¡me has traído a ver la lluvia de estrellas!!– Ahora ella sí recordaba la noticia... Esa noche habían anunciado que habría lluvia de estrellas, lo había olvidado por completo.

 

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    En la ciudad todo eran quejas y reclamaciones de los ciudadanos. ¿cómo podían permitir que se fuese de repente y de esa forma la luz? Aún quedaban algunas farolas encendidas, los semáforos y muy pocos adornos callejeros... La gente miraba a su alrededor... “eh!! Mirad allí!” fueron las palabras seguidas de tremendos murmullos de asombro... Las estrellas los embrujaba a todos... aquél era un espectáculo digno de ver.

 

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   Sora se habría comido a besos a su novio... Quizás fuese uno de los mejores regalos de toda su vida, por seguro nunca lo podría olvidar.

 

-         La contaminación lumínica nos habría impedido verlo... – Yamato disfrutaba mucho también. – Sora estos últimos días he estado ocupado buscando el lugar y la torre correctos para poder mostrártelo, sabía que te gustaría. Estaba desesperándome, lo encontré justo a tiempo y porque un amigo de mi padre me presentó a otra persona... en fin, que tengo buenos contactos...

 

   Ella no dijo nada, pero sus ojos brillaban expresando mil emociones.

 

-         Sora esto es para que me comprendas... ¿ves todas esas estrellas del cielo? Desde donde vivimos nuestro día a día no podemos apreciarlas, pero sabemos que están ahí. Sora, por muchos problemas que he tenido tu has conseguido ayudarme siempre... tú eres mi estrella, mi estrella favorita...

 

   Sora se recostó sobre el hombro de su novio y le acarició las mejillas.

 

-         Y tú, Yamato Ishida, eres mi gamberro favorito...

 

   Al fin su aniversario era un completo éxito, Sora lo habría gritado al mundo entero. Amaba a Yamato y sabía que él la amaba a ella... y eso era suficiente para convertir aquel día y aquellas navidades en momentos mágicos que perduraría por siempre...

 

   Porque los pequeños detalles son los que más importan... Sí, ese era el empujoncito que necesitaban todos para despertar completamente su llamado “espíritu navideño”.

 

* FIN *

 

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