Negra, negra Navidad
[Por: Fogadramon]
[Especial aniversario sorato 2008]
El día era despejado y soleado pero bastante frío. La brisa corría con fuerza como si ella misma temiese llegar tarde a la cita con la navidad a pesar de ser aún veintidós de Diciembre, pero no impedía que las calles estuviesen repletas de gentes de todas las edades disfrutando con las actividades y regalos navideños callejeros y realizando sus compras de última hora.
Acogida por el calor hogareño, Sora simplemente cocinaba el almuerzo. Se encontraba sola aquellos días porque su madre había ido a visitar a su padre a Kyoto y ambos no regresarían hasta aquella misma noche.
El silencio de la casa tan solo era interrumpido por la dulce música de los villancicos que emitían por la radio que la acompañaba y el tarareo de la chica. Estaba feliz, muy feliz. Cortaba con entusiasmo los ingredientes del condimento para la carne que pretendía asar y cuando estuvo todo preparado lo introdujo en el horno. Lo observó satisfecha mientras se cocinaba.
- Al fin, todo listo para su llegada. - Sora se sacudió las manos orgullosa. - Ahora solo queda recoger las cosas. ¿Me ayudarías, Chocolate? - preguntó al gato que había entrado sigilosamente y se frotaba cariñoso contra los pies de Sora a la espera de ser acariciado con intensidad.
Al terminar la limpieza, Sora fue al comedor, se sentó a la mesa ya preparada y comenzó a meditar sobre sus vacaciones de este año. Yamato y ella habían pensado realizar un viaje para celebrar su aniversario, pero sus padres no estaban del todo contentos con permitir a sus hijos (especialmente los padres de Sora), menores de edad, que viajaran en pareja. Al final, habían acordado celebrar la navidad en familia todos juntos, en un pequeño pueblo, al pie de unas pistas de esquí, conocido por sus hermosas nevadas... y cuando decimos todos, son todos.
La madre de Yamato también fue invitada, pero ésta no estaba dispuesta a dejar a su hijo solo en casa por navidad, con lo cual Takeru iría sin falta. Pero el joven rubio no estaba dispuesto a viajar con sus padres y una pareja de melosos porque se aburriría, así que apuntó a su novia Hikari al viaje. Y entonces, aparece Taichi, que no estaba dispuesto a permitir que su hermana pequeña quedara a solas con quien quiera que fuese y se auto invitó, arrastrando consigo a sus padres y a su novia Mimi, que, of course, no estaba dispuesta a salir de viaje sin una enorme y pesada maleta de equipaje. Y aquí finalizó la cadena porque, por fortuna, los padres de Mimi estaban en Estados unidos hasta final de año. Nadie estaba dispuesto a nada, así que acabaron reservando habitaciones para doce personas y un bulto enorme (el equipaje de Mimi), que son bastantes.
De acuerdo, no eran tal y como las había imaginado... Yamato y ella juntos, apartados del mundo que ya les había intentado estropear dos aniversarios... pero sin lugar a dudas iba a ser emocionante y divertido.
Al fin llamaron a la puerta. Sora salió disparada para recibir con un tierno beso y un abrazo a su novio, que volvía de un agotador ensayo con su banda. Yamato se acomodó en el sofá y Chocolate fue tras él para sentarse sobre sus muslos.
- Ahora este gato siempre me está quitando el sitio... - comentó Sora con la boca torcida mientras se dejaba caer junto a su novio.
- Es mas rápido que tú... y eso que está enorme - rió Yamato, levantando al gato para verle mejor. Éste solo se mantuvo ronroneando a gusto, con los ojitos cerrados. - Está muy gordo... le mimas demasiado.
- ¿Yo? Pero si tu eres quien más golosinas le regala, le estas cebando y se esta convirtiendo en un remilgado. Prácticamente le das de comer de tu propio plato.
- ¿Que? ¡Mientes! - Sora esbozó una sonrisa burlona. Yamato no lo aceptaría, pero amaba a ese gato como si fuese su hijo... y el gato le amaba a él como si fuese su propio padre. La bola de pelo chocolate se estiró con pereza y elegancia y escaló por el pecho de Yamato hasta su hombro, donde quedó tumbado ronroneando y adormilado. El rubio también cerró los ojos... estaba tremendamente agotado.
- Te noto cansado, Yamato...
- Hoy hemos quedado más temprano para ensayar y ayer me acosté de madrugada. Los chicos están algo molestos por mis vacaciones, quieren que el concierto de la fiesta de fin de año salga perfecto y tienen miedo de que lo estropee.
- Si, los comprendo... pero, ¿sabes que? Realmente lo que tienen es envidia... - Se acercó hasta él y le susurró al oído: - porque a ti no te hace falta tanto ensayo...
Yamato sonrió con ternura a Sora. Estaba deseando ir de viaje, pero dejar sus responsabilidades como vocalista no le agradaba en absoluto. Sus compañeros estaban molestos de verdad, se veían obligados a dormir poco y trabajar mucho para compensar los días de ensayo que perdían sin él... Suspiró con pesadez mientras se apartaba el flequillo.
- ¿Tienes hambre? - Yamato asintió. - Voy a servir entonces.
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Ya amanecía el veintitrés de Diciembre. Todos acordaron en verse frente al apartamento de Sora y, una vez allí, partirían juntos hacia el pueblo. Natsuko fue la primera en llegar junto a Takeru, pero pronto se le unieron Hiroaki y la familia Yagami y Mimi. En total se reunieron tres vehículos y acordaron distribuirse de forma que Taichi, Sora y Mimi viajaran en el familiar de Ishida y los Takenouchi marcharan con los padres de Tai, amigos desde hacía años, mientras Hikari acompañaba a los Takaishi.
¿Y qué pasaría con Chocolate? Sora lo llevó con una amiga, que lo cuidaría durante los cuatro días que pasarían fuera.
El viaje fue espléndido, el espectacular paisaje despertaba emociones tanto en niños como en adultos. El lugar al que iban, se encontraba en la sierra y, a medida que aumentaba en altitud, había más cantidad de nieve y ello transformaba el camino en uno mucho más especial. Pronto también comenzaron a caer pequeños copos, que ganaban grosor según se acercaban a su destino. Era muy distinto a ver nevar en la ciudad, definitivamente había sido una gran idea.
Una vez llegaron al pueblito descubrieron que era mucho más turístico de lo que esperaban. Hubieran preferido algo más intimo y menos ruidoso. Nada más pisar el suelo, los chicos comenzaron una batalla de bolas de nieve al que se le unieron las chicas, mientras los adultos buscaban el hotel.
- Está nevando mucho - comentó Toshiko, la madre de Sora, con la mano en la frente a modo de visera para fijar la vista en el horizonte y procurar ver más allá de lo que la densa cortina de nieve le permitía. - ¿Es normal?
- Parece que habrá ventisca durante el día - Susumu, el padre de Taichi, imitó su posición, - pero en el diario ponía que ya mañana hará buen tiempo.
- Eso espero...
- ¡¡Eh!! - Taichi llamó su atención desde el final de la calle. - ¡El hotel está aquí!
Se distribuyeron en habitaciones según las familias, pero por problemas de reservas éstas quedaban bastante separadas unas de otras. Las únicas contiguas eran la Yagami y la Takenouchi, desde cuyos balcones incluso podían saltar de uno a otro sin demasiada dificultad (teniendo en cuenta que se trataba de un primer piso). La habitación de Takeru y su familia quedaba justo sobre la de Sora, en el segundo, y los Ishida estaban arriba del todo, en una esquina bastante apartada pero de hermosas vistas. Mimi y su bulto acompañaron a la familia de Sora de mucha gana y emocionada.
- Sora, durante la noche podríamos escaparnos para ir a ver a los chicos... - susurraba como encantada. - ¡¡Serían encuentros románticos con nuestros amantes y en secreto!!
- Mimi, no creo que eso sea buena idea...
- ¡Como en las películas! Yo esperaría en el balcón, como Rapunzel en su torre y...
Y así se pasaba el tiempo fantaseando mientras Sora deshacía el equipaje. El tiempo empeoraba por momentos, a través de la ventana podía verse el revuelo de viento y nieve, y la calle, por supuesto, ya estaba completamente vacía. ¿Qué hacer mientras tanto?
Los padres de Sora salieron a pasear por el hotel, que contaba con bastantes salas de juego y de encuentro, además de restaurante, bar, baños tradicionales, mirador... todo un encanto.
- Toc, toc - Hikari apareció por la puerta, que había quedado entreabierta, seguida de Taichi y Yamato. - ¿Se puede pasar?
- ¡Claro!
- ¿Qué hacéis aún aquí? Vamos a ver el hotel al menos, hagamos algo, estoy aburrida y Takeru está duchándose... El muy tonto acabó empapado por la guerra de bolas de nieve. - Su último comentario provocó la risa en sus dos acompañantes, que recordaban cómo le habían hecho tragar nieve.
Mimi, Hikari y Taichi se enzarzaron en una animada discusión sobre cómo habían dado una "paliza" a Takeru. La morena intentaba defenderlo como podía, pero debía admitir que ella también se había divertido.
- Mi habitación tiene unas vistas mucho mejores - Yamato se asomó a la ventana, que daba a plena calle y en la que tan solo podrían observarse las casas del frente sino fuera porque la nieve lo impedía.
- ¿Intentas darme envidia? - Sora se acercó por detrás con una sonrisa y se abrazó al brazo de su novio.
- Intento invitarte... - Sora le sonrió intrigada. - Mañana es veinticuatro. He pedido a mi padre que nos deje pedir la cena a la habitación, vas a ver que bonito. Da hacia las montañas, si de verdad está el día despejado debe ser alucinante. Además, no debe haber mucha luz, así que el cielo estará completamente repleto de estrellas...
- Ay, Yama, me encantará que lo celebremos así... y... oye... - Sora le insinuó al oído. - ¿Cuánto tiempo está fuera tu padre?
- ¡Sora, Yama! - Taichi los interrumpió y Yamato le observó con odio, aunque éste no lo captó. - ¿Nos vamos?
El hotel era bastante más grande de lo que creían. Con tres plantas y tantas salas de entretenimiento variados que parecía increíble que perteneciera al mismo pequeño pueblo. ¡Incluso tenía un karaoke!
- Esperadme un momento, voy a acercarme al bar a comprar una botella de agua - dicho eso, en la entrada al bar quedaron sus amigos esperándola y Sora fue hasta el mostrador, donde le atendió un joven. - Deme una botella de agua por favor...
- Hola guapa... - El chico acomodó su cuerpo sobre el mostrador, dejándose caer sobre su brazo izquierdo. - Eres nueva por estos lares, ¿verdad?
- Eh... - era la reacción que menos esperaba. - Si, estoy de vacaciones.
- Que bonito, bienvenida, ¿hasta cuándo te quedas?
- Hasta el veintiséis... ¿podrías darme la botella de agua? Por favor.
- ¿Cuál es tu habitación?
- ¿Vas a darme la botella o tengo que irme sin ella? - Sora estaba cansada del juego. No estaba acostumbrada a que la molestaran de esa forma, pero le estaba resultado extremadamente incómodo.
- Claro, ¿pequeña o grande? ¿Estás aquí con tus padres?
- Pequeña, y sí, con mis padres, mis amigos y con MI NOVIO - por si no quedaba claro, Sora señaló por encima de su hombro con el pulgar hacia donde estaban esperándola. Sus compañeros no se daban cuenta de nada. El chico se quedó observándolos un momento.
- ¿La quieres fría o del tiempo? - preguntó sin dejar de observar a la pandilla.
- La... prefiero del tiempo. - Sora no comprendía bien qué le sucedía. El chico era bastante raro.
- ¿Con gas o sin gas? ... - Él la miró entonces profundamente. Sora se sonrojó pero tampoco podía apartar la mirada. La situación le resultaba embarazosa, pero igualmente había algo en él que le resultaba extrañamente familiar...
- Sin gas... Te... ¿Te conozco de algo? - se atrevió entonces a preguntar.
- ¿Es ese Taichi Yagami?
- ¡Si! - Sora no cabía en su asombro, se llevó las manos a la cara. ¿Acaso Tai era famoso?
- ¡Dios mío! ¡Entonces tú si eres Sora!
- ¡¡SI!! - Esta vez, Yamato y los demás escucharon el asombro de Sora y el joven del bar, que hablaban animadamente como si fueran amigos de toda la vida. Su conversación se vio interrumpida, no podían ni recordar qué estaban hablando, porque la escena era realmente llamativa.
- ¡No puedo creerlo! ¡Sora soy yo, Akuto! ¡¿Me recuerdas?!
- ¡¡Akuto!! - El joven saltó la barra y Sora se abalanzó sobre él para abrazarlo. - ¡¡Hacía años que no sabíamos de ti!! - Él le devolvió el abrazo sin dudarlo.
- Eh, ¡¿Que pasa?! - al llegar junto a ellos, Taichi fue el único que articuló palabra. Cierto era que Sora y el chico estaban demasiado cerca uno del otro, pues aún él no la soltaba.
- Tai, soy yo, Akuto...
- No... no puede ser. - Taichi le miró de arriba abajo. - ¿Akuto? - El joven sonrió.
- Ahora ya no llevo gafas...
- ¡¡Akuto!! - De repente pareció encenderse una bombilla en la cabeza de Yagami. Debían conocerse muy bien, pues incluso ellos se dieron un abrazo. - ¡¡Es increíble!!
- ¡Que casualidad!
Y en medio de un montón de exclamaciones parecidas y preguntas típicas sobre cómo, dónde y qué tal has estado durante tanto tiempo, se encontraban Hikari, Mimi y Yamato , mirándose unos a otros sin saber qué decir o hacer.
- Eh, chicas, Yama, él es Akuto... - Al fin Taichi se aventuró a presentarles.
- Estaba con Tai y conmigo en la escuela, ¡de muy pequeños! - Sora señaló con su mano para marcar la estatura de cuando se conocían. Muy pequeños.
- Aprendimos a jugar fútbol los tres juntos.
- ¡Éramos inseparables!
- Que pena que te marcharas...
- Lo sé, chicos... os eché de menos. Aún en ocasiones me acordaba de vosotros. Cuando vi a Sora me resultó conocida y...
- ¡Ay! Que mentiroso... - Sora reía con inocencia. - ¡Si estabas intentando ligar conmigo! ¡Y además de forma pésima!
- ¡Nooo! - Los tres compañeros reían muy animados, a diferencia de Hikari y Mimi, que esbozaban una sonrisa de comprensión. - Bueno, lo cierto es que primero reconocí a Taichi... Colega, no has cambiado de peinado, ¡menuda cantidad de pelo!
Yamato no sonreía, ni siquiera atendía a la conversación. Tenía la vista fija en el movimiento de manos del tal Akuto, que iba y venía de las caderas de Sora hacia su espalda, de su espalda hacia los hombros y acariciaba su cuello. De vez en cuando la zarandeaba un poco y volvía a poner sus manos en las caderas, para acercarla hacia él. Quizá no fuera con las intenciones que él imaginaba, pero estaba demasiado pegado a ella. ¿Celos? Intentó eliminarlo de su cabeza.
- ¡Es genial que hayamos coincidido! ¿Cómo es que estás trabajando aquí?
- Para ganarme un dinero extra éstas navidades. Éste hotel es de mis tíos... me llevo bien con mis tíos.
- Yo también lo haría en tu lugar - comentó Mimi inconscientemente.
- Mañana vamos a ir a las pistas de esquí, ¿quieres acompañarnos? - Sora invitó a Akuto para sorpresa de Yamato. No solo no le había presentado como su novio, sino que ahora en el día de su aniversario le tendrían pegado a ellos como una lapa. Y ella era responsable, con lo cual no estaba molesta de ello en absoluto.
- ¡Claro! Siempre tengo el turno de tarde y de noche. - Al bar comenzó a llegar gente. - Voy a ir a atender, ¿nos veremos mañana?
- ¡Claro! Pasaremos a recogerte. - Taichi se dio la mano con Akuto.
- ¡Ah! Sora, casi lo olvido... - Akuto se lanzó sobre el mostrador y saltó al otro lado sin problemas. Los nuevos clientes quedaron mirando raro. "Qué falta de educación". - Toma tu botella, preciosa. Yo invito.
- Muchas gracias... ¡Hasta mañana!
.-.-.
El resto del día pasó decepcionadamente aburrido. No podían salir del hotel y ya lo tenían más que visto y aprendido cada rincón a la hora del almuerzo. Durante la tarde mataron tiempo jugando a las cartas y diferentes juegos. Después disfrutaron de los baños termales, que hubieron de pagar para utilizar, y marcharon a descansar, cada cual a su habitación. Acordaron en verse para cenar en el restaurante todos juntos.
- Oye Sora... - Mimi y la pelirroja estaban en la habitación. Toshiko y Hruhiko hacía tiempo que esperaban abajo. Probablemente ya todos estarían allí... menos ellas. Mimi ocupaba demasiado tiempo en arreglarse, como siempre.
- Dime, Mimi... - Sora estaba sentada sobre la cama, de piernas y brazos cruzados, aburrida de esperar. Mimi no parecía darse cuenta de la hostilidad de su tono, o simplemente lo ignoraba.
- ¿No has notado a Yamato un poco extraño?
- ¿A Yamato? No, para nada...
- Ajá... ¿Estas segura? Desde que Taichi y tú os encontrasteis con el chico guapo del bar, me pareció verle... más serio que de costumbre. - Sora arqueó una ceja.
- No comprendo... - dijo extrañada. - No le vi nada fuera de lo normal.
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- ¿Por qué tardarán tanto? - Los adultos decidieron tomar mesa hacía mucho tiempo, pero todos estaban hambrientos y la espera para pedir se hacía desesperante.
- ¿Te lo explico? Solo diré una palabra: Mimi - Taichi era la persona que más sufría la tardanza de la chica de todos los presentes.
- Voy a ir a buscarlas... - al fin, Toshiko se ofreció voluntaria. Estaba segura de que todos la aclamarían emocionados cuando trajera a las niñas "vivas o muertas" según ideaba en su cabeza.
- No... no se moleste. - Yamato se apresuró a levantarse. - Yo iré. Tai acompáñame.
- Quien, ¿yo? ¿Por qué yo?
- Para que le digas cosas bonitas a Mimi y deje de acicalarse de una vez... - Las mujeres rieron, los hombres esbozaron una sonrisa. Conocían esa táctica, claro. - Con permiso... - se despidió y salieron a todo correr, dirección la habitación Takenouchi.
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- Sora, - Mimi se acomodó junto a su amiga y la tomó de las manos.
"Oh... por favor Mimi no te sientes.... nunca terminarás y tengo hambre" Sora solo podía pensar en reprimir su estómago hacia dentro, para evitar producir sonidos vergonzosos.
- Sora, Sora - Mimi llamó su atención.
- Que...
- Sora, cuando estábamos en el bar lo cierto es que no estaba atendiendo a lo que decíais, no me enteré de nada.
- Vaya, gracias...
- De nada, verás en otra ocasión habría escuchado - "seguro", pensó Sora, - pero es que justo a mi lado estaba Yamato, ¡y él tampoco estaba atendiendo!
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- Tai... - Yamato había conseguido olvidar por completo al gran amigo de Tai y Sora, pero ahora tenía ocasión de preguntar por él sin oídos curiosos.
- Dime.
- Esto... el chico que viene mañana...
- ¿Akuto?
- Eso, habéis dicho que erais muy amigos, ¿no?
- Si... desde que comenzó la escuela hasta que se marcho, no recuerdo bien si con... ¿siete años? quizás ocho, ha estado conmigo. No tengo recuerdos de infancia sin él.
- Ah, y... entonces... Bueno, mañana...
- Yama no tienes de qué preocuparte.
- ¿No? - Yamato le miró extrañado.
- Akuto parece bastante pegajoso con... las mujeres. Claro yo también me di cuenta aunque no lo creas. No tienes de qué preocuparte. Se que mañana es vuestro aniversario, os lo quitaré de encima si está muy pesado. - Yamato sonrió sin mirarle. Cuánto le aliviaban sus palabras. Le estaría eternamente agradecido. - Además, sabes que puedes fiarte de Sora... ella te quiere.
- Gracias, Tai... - Taichi le dio una palmada en la espalda - Pero... no estaba preocupado por eso...
- Para nada...
- Claro que no.
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- Sora, él no atendía, estaba ocupado controlando las manazas de ese chico, ¡estaba celosamente preocupado! - Mimi estaba realmente emocionada. Si había algo que de verdad la entusiasmaba (aparte de ir de compras) eso eran los melodramas. Aunque Yamato no había dado señales durante todo el día de volver a recordar esa escena, Mimi tenía imaginada toda una película en su cabeza.
- Mimi, eso es ridículo, Yamato no tendría por qué estar celoso.
- Sora hazme caso mira que... ¡Ay que uñas mas lindas! - gritó levantando las manos de Sora que aún mantenía entre las suyas.
- Q... ¿Qué? - El repentino cambio de tema de conversación descolocó a Sora.
Yamato y Taichi llegaron frente a la puerta. A punto estaba Yamato de tocar con los nudillos cuando Taichi le retuvo, para poder escuchar mejor lo que ciertamente le parecía que estaba escuchando.
- Ay, no, Mimi, déjame, vámonos ya, deben estar muy enfadados... Raro es que no hayan venido a buscarnos.
- Venga, Sora, ¡solo déjamelas ver, sabes que me fascinan!
Yamato y Tai arquearon una ceja.
- Bueno... anda, mira.
- ¡Ay Sora, que bonitas! Te las cuidas mucho, ¿verdad? ¿Te echas algún producto especial?
- No... nada.
- Las tienes muy redonditas. ¿Las tienes blanditas o duras? Déjame tocarlas.
- ¡Mimi! ¡Pero no aprietes tanto!
- Ay Dios... El balcón - susurró Tai, y se apresuró a buscar la llave de su apartamento. Gracias al cielo era contiguo.
- Yagami, ¿qué mierda haces?
- ¿Que qué hago? ¿Acaso no estás escuchando?
- Sora no seas exagerada, soy muy cuidadosa con éstas cosas... - Se escuchaba aún a través de la puerta. - Yo no se que hacer con las mías... Mira, tócamelas... Aprieta, mujer, sin miedo... No se rompen.
- Si... son muy blanditas...
Yamato no podía creer lo que escuchaba. Si, era cierto que sonaba bastante mal. Su imaginación se dejó llevar como la de Tai, que encontró la llave y abrió a toda prisa, y se ruborizó. Persiguió a su compañero hasta el balcón, por el cual Taichi ya estaba escalando para saltar al otro lado.
- Tai no creo que sea buena idea espiarlas... sea lo que sea que estén haciendo.
- Yama el cielo nos ha regalado esta oportunidad. ¡Sabia que las mujeres hacían estas cosas pero no creí poder verlo! Es como en las películas.
- ¿Qué comparan sus...? - Yamato se llevó las manos al cuerpo, imitando unos pechos.
- Yamato Ishida, escúchame bien... ¡¡Es como en las películas!! - Dijo él como si su explicación fuera completamente lógica.
- Tai, - el moreno ya había pasado prácticamente al otro lado. "¡Cuánto daño hacen las películas americanas para adolescentes!" - ¿qué piensas, que van a invitarte? - pero aún Taichi no reaccionaba. - ¿Estás seguro de que quieres que vea a Mimi así?
Y al fin, el tan solo imaginarlo, provocó que Taichi perdiera el equilibrio y cayera por el hueco entre los dos balcones...
.-.-.
Afortunadamente las previsiones fueron correctas. La señora Yagami apartó las cortinas para descubrir tras la ventana una hermosa, despejada y soleada mañana, completamente contrario al día anterior.
Taichi se encontraba recostado en la cama con el pie en alto y el brazo cubriéndole los ojos para evitar la luz. Había pasado una noche de dolor terrible. Incomodo, no pudo cambiar de postura en ningún momento y ello le impidió conciliar bien el sueño. Al caer desde el primer piso sobre un grueso montón de nieve recién acumulada el amortiguamiento evitó cualquier fractura, pero sufrió un esguince de tobillo que le llevó a urgencias. Pasaría con el pié inmovilizado (e hinchado) el resto de las navidades.
- Hermano, ¿seguro que no quieres venir? - Hikari estaba sentada a su lado. Los planes para subir a las pistas de esquí continuaban en pié. Tai lo esperaba con mucha emoción y al final no podría participar...
- ¿Para qué iba a subir? - contestó molesto.
- Puedes estar allí con nosotros. - La pequeña intentaba animarlo, aunque en el fondo no hacía más que preguntarse cómo narices pudo caer por el balcón. Por supuesto ninguno de los dos había contado la verdad. - Siempre habrá alguien contigo aunque sea sentado, comprende que no estaremos todo el tiempo en la pista...
- Me niego. - El moreno se dio la vuelta (o hizo ademán de intentarlo, porque le resultó imposible). Estaba irritado y enfadado consigo mismo.
- Arriba el animo, Tai - Yamato y Takeru hicieron acto de presencia en la habitación. Estaban completamente preparados para partir. - No vas a quedarte aquí encerrado cuando vamos todos.
- No puedes subir a las pistas, pero sí quedarte en la cafetería que hay junto a ellas. Desde aquí puede verse - Takeru señaló hacia la ventana. En la lejanía, muy cercano a las pistas, había un edificio de acogedor aspecto.
- ¡Oh, sí que es bonito! - Hikari y Takeru iban completamente a lo suyo mientras Yamato y Taichi cuchicheaban entre ellos.
- ¿Y donde está Sora, casanova? - preguntó Taichi pícaramente. Estaba completamente irritado.
- Maldito seas Yagami... Ha ido a recoger al niño ese amigo vuestro. Tienes que venir, no olvides lo que me dijiste.
- No se de que me hablas - se hizo el sueco.
- ¡¡Tai!!
- ¿Qué pasa, ¿tanto me necesitas? Ni me echarías en falta, ¿solo quieres que vaya para que te vigile a Akuto?
- Eh... no.
- La vas a tener esta noche, fastídiate si Akuto pasa el día con ella.
- Eres un estúpido, ¿qué te pasa?
- Me caí por-tu-¡¡culpa!! - el volumen era bajo, pero la agresividad se hacía notar. - ¡Mira mi pie!
- Hola. - Sora regresó evitando que la discusión fuera a más, pero no traía más acompañante que su madre.
- ¿Dónde está tu amigo? - preguntó Hikari.
- Al final no viene... Parece que alguien importante estará en el hotel para almorzar y debe ocuparse del catering. - Si todos hubiesen podido ver el interior de Yamato, hubieran observado una enorme sonrisa de satisfacción que nunca se exteriorizó.
- Vaya, que lástima... - dijo simplemente.
- ¿En serio? Pues entonces me parece que sí iré con vosotros. - Se animó Taichi, con la consecuente mirada asesina de Yamato "¿Ahora si?"
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- Toma cariño, tu cacao. Si te fijas bien he pedido que le echen virutitas de colores. - Mimi se sentaba junto a Tai en la cafetería. Era un hermoso edificio tuyas paredes estaban forradas de madera para hacerlo parecer más rústico. Tenía un gran ventanal por el que entraba el divino sol y, justo enfrente, una terraza con varias mesas.
- No puedo creer que incluso mis padres me hayan abandonado - se lamentaba él, y era cierto.
Todos habían alquilado esquís y tablas de snowboard con gran entusiasmo y habían corrido a toda velocidad hacia el telesilla, dejando a Taichi sin tan siquiera lamentarlo.
- Pobrecito mi niño... - Mimi fue la única que decidió que valía la pena perder el día (podía esquiar siempre que quisiera, con un chasqueo de dedos su padre le regalaba unas vacaciones en la nieve donde fuese). - No te preocupes, voy a quedarme contigo todo el tiempo. En otra ocasión seremos nosotros los que vayamos de vacaciones a la nieve, ¿vale?
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- ¡Oh! ¡Me encantan tus gafas para la nieve!
- A mi me encantan tus botas, ¿dónde las has comprado?
- Apartate Mao, no puedo ver bien su tabla de snow... Oye, ¿me enseñarías? Es muy difícil y siempre tropiezo...
Un grupo de chicas, que aparentemente iba en aumento, se apilaba junto a Yamato, que no había tenido tiempo ni de comenzar a practicar. Con las gafas apenas se le veía la cara (así que terminó quitándoselas), con lo cual probablemente su llamativo color de pelo era el responsable de la atención que le prestaban.
"No puedo creer que se dedique a ligar, ni siquiera a estrenado la tabla". Sora había llegado bajando una pequeña ladera y había tropezado con el espectáculo. Nunca antes había practicado snowboard (con cada caída al suelo su cuerpo sufría las consecuencias de ser novata), y Yamato tampoco, ¿cómo podía tener tanto éxito sin hacer absolutamente nada?. "Si al menos Tai estuviera aquí acapararía más la atención..." Pensaba con bastante pesadez, puesto que Tai si sabía practicar el deporte. Si bien era cierto que había aprendido a confiar en su novio, no podía evitar sentirse molesta cuando éste acogía a sus admiradoras, sus acosadoras, sus fans, o lo que quiera que fuesen, con la mayor sonrisa del mundo. Yamato se sentía cómodo con el éxito del que disfrutaba incluso cuando no cantaba.
El grupo de chicas se dispersó un momento y Yamato volvió a colocarse las gafas. Decidió ir a otro lado y comenzó a caminar por en medio de la pista cuando una chica que practicaba esquí le arrolló a bastante velocidad. Ambos rodaron entre una nube de nieve.
- ¡¡Lo siento!! ¡Cuánto lo siento! - La chica se disculpó con él en cuanto consiguió reponerse e intentaba sacar los esquís que quedaron clavados en el suelo. - ¿Te he hecho daño?
- N.. no, tranquila - lo cierto era que sí, incluso estaba mareado.
- ¿Estáis bien? - Sora llegó hasta ellos preocupada. Lo había visto todo, realmente fue espectacular.
- Espera, te ayudo a sacar los esquís. - Yamato tan solo hizo una seña con la mano (acompañado de una sonrisa) a Sora para que comprendiera que se encontraba bien.
- ¡Oh! Dios mio... - dijo la chica. Clavó su mirada en Yamato, que quedó completamente paralizado. - ¿Sabes qué? Eres el chico más guapo que he conocido en mi vida.
"Ya vamos de nuevo..." Pensó la pelirroja, ya bastante cansada. Yamato estaba completamente sorprendido. Era cierto que había tenido muchas seguidoras pero nunca antes le habían dicho algo como aquello y con una voz tan tierna.
- Eh... bueno, yo... - comenzó a decir él mientras se deshacía de las gafas una vez más, esta vez no por presumir sino por tener mayor comodidad.
- No, no, no hace falta ni que te las quites - sonrió ella, - ni que me enseñes esos hermosos ojos azules.
- Ya he oído suficiente - resopló Sora, dando media vuelta y marchándose.
- ¡Sora! - La llamó, pero ella ni respondió.
- ¿Qué le pasa?
- Es mi novia...
- ¡Ah! - La chica se sorprendió, pero ni tan siquiera pareció decepcionada. Lo tomó con mucha naturalidad. - ¡Discúlpame, Sora! ¡No lo sabia! Ni tan siquiera lo imaginé... cuesta creerlo.
Sora hizo un gesto con la mano para indicar que no estaba enfadada, aunque realmente no era cierto. Especialmente la irritó aquel último comentario, ¿porqué no podía imaginar que fuera la novia del chico "más guapo que ha visto en su vida"? Montó en la tabla y se dirigió colina abajo, hacia la cafetería. Se terminaron las ganas de jugar por hoy.
- Lo siento, chico, no pretendía que se enfadara, pero es que no pude evitar decirte lo que pensaba.
- No te preocupes... - pero él si se preocupaba.
.-.-.
Yamato no volvió a ver a la chica. Durante el almuerzo, ya todos reunidos, había intentado hablarlo con Sora pero ella no había mostrado interés en ello. "Yama es una tontería, no estoy enfada así que no te preocupes" le decía. Volvía a mentir, continuaba molesta. No era el simple hecho del éxito de su novio, al cual ya estaba acostumbrada, ni tampoco la tierna actitud con la que el muchacho acogía a sus fans (era todo un profesional). Odiaba sentir celos de aquellas chicas que eran bien recibidas a pesar de ser pesadas y cuyo babeo era siempre bienvenido. Y aún así, por encima de todo eso, odiaba pensar que todas ellas podrían ser mejores para Yamato y temía que él mismo lo llegara a descubrir.
Después de almorzar continuaron disfrutando de la nieve un poco más, pero se cansaron bastante pronto. Regresaron entonces al hotel y se dispersaron en pequeños grupos: Hikari y Takeru salieron a dar un paseo juntos, aprovechando que Taichi no podía caminar y no podía molestarlos. Mimi se quedó para hacerle compañía en su habitación jugando a las cartas y Yamato fue a preparar las cosas para la gran noche mientras los adultos, al parecer, iban a los baños. En la noche se reunirían para cenar a excepción de la parejita estrella, cuyos planes eran diferentes por su aniversario.
Sora por su parte no sabía que hacer. Estaba sola en la habitación, tumbada sobre la cama aburrida y algo triste. Aún era temprano, quedaba mucho para la noche, ¿en que ocupar su mente para evitar malos pensamientos? Hasta el momento el día había sido bastante pésimo...
Alguien llamó con decisión a la puerta y Sora se apresuró, intrigada, a descubrir de quien se trataba.
- Hola - dijo Akuto al verla aparecer.
- Akuto, que sorpresa. ¿Cómo has sabido mi habitación?
- He preguntado en recepción, quería disculparme por haber faltado hoy...
- Oh, no te preocupes, el trabajo es el trabajo... todos lo comprendimos. - Él sonrió.
- Lo se, pero aún así quiero compensarte. ¿Tienes algo que hacer ahora?
- Ahora... - Sora observó su reloj. Tenía tiempo de sobra. - No, estoy completamente libre.
- Pues entonces señorita espero me complazca al aceptar mi invitación para ir a esquiar. - El muchacho se inclinó ante ella, que se ruborizó al completo. Akuto extendió su mano a espera de que ella lo tomara como muestra afirmativa.
- ¿A... ahora?
- Ahora... - Y Sora tomó su mano.
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Ya pronto caía la noche. Yamato estaba completamente preparado. Su padre le había dejado hacía tiempo y estaba, para su gusto (y estaba seguro que también para el de Sora) todo perfecto. Se acomodó en la silla junto a la mesa para la cena (que traería el camarero en unos minutos), para disfrutar de las vistas. Como habían predicho, todas las estrellas en el cielo se hacían notar a pesar de que la luna brillaba también con bastante intensidad. El perfil de las montañas era levemente perceptible, pero suficiente para completar el cuadro perfecto.
El rubio miró el reloj. Ya casi era la hora. Había acordado con Sora en que no iría a buscarla, por si acaso se retrasaba al arreglarse (Mimi se había ofrecido con entusiasmo a ayudarla) no tenerlo esperando en la puerta. Volvió a mirar el reloj. Por fortuna Sora solía ser puntal... "Ojalá Mimi no la entretenga demasiado".
Pero el tiempo pasaba con estresante lentitud, aunque no precisamente para todos...
- Takeru, ¡espérame! - Hikari llegó con dificultad hasta su chico, que tomó sus manos para evitar que cayera al duro hielo sobre el que patinaban. Ambos sonreían y se miraban y volvían a sonreír...
- Estás muy bonita, Hikari... - él patinaba con elegancia hacia atrás, mientras ella le seguía de frente sin soltar sus manos. Tenía miedo de caer, pero junto a él todo se hacía mucho más ameno...
- Takeru... - él la miró a los ojos y frenó. Ella continuó deslizándose hasta que él la paró con un abrazo. La morena acercó sus labios al del rubio, aunque tan siquiera llegó a rozarlos. - Te quiero...
- Yo también te quiero, Hikari...
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- ¡¡Volví a ganar!! - Mimi eufórica saltaba de alegría.
- No puedo creerlo, me has dado una paliza. - Taichi se sentía indignado. No había conseguido ganar ni una sola vez. - Estas haciendo trampas, ¡seguro!
- ¡Ja! - Ella rió - ¡Que mal perder tienes, Taichi Yagami, perdedor! ¡Mimi ganadora!
- Y tu muy mal ganar... - El chico lanzó las cartas sobre la cama mientras Mimi se echaba un baile en dedicación a su triunfo. Ni ella recordaba que debía ayudar a Sora a prepararse para su cita...
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Las risas inundaban el bar a pesar de estar bastante vacío. Padres y madres disfrutaban la velada, gastando bromas y contando anécdotas entre ellos, tratándose como amigos de toda la vida. Risas, sonrisas, alguna copa, más risas... plena felicidad mientras Yamato continuaba esperando y esperando y esperando...
Entre sus manos tenía la armónica que Sora le había regalado el año anterior. Había compuesto una nueva melodía que quería compartir con ella. La acarició con tristeza para después encerrarla en su puño y apretar con rabia.
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- ¡Muy bien, Sora! - La chica frenó junto a Akuto sin perder el equilibrio.
- ¿Has visto? ¡He conseguido llegar!
- Y sin caer una sola vez, es un gran logro. En poco estarás haciendo piruetas.
- ¡Ja, ja! - Sora rió con energía - ¡Exagerado!
- ¡Que si! Llevamos toda la tarde entrenando, continuamos un poco más en la noche y verás como lo consigues. Aprendes rápido.
- Eh... si. - Sora se sintió extraña. Miró al cielo en el que apenas podía distinguir más que la oscuridad. - Ya es de noche, ¡¿llevamos aquí toda la tarde?!
- Si, hace bastante que encendieron las luces artificiales, ¿no te diste cuenta?
- ¡¡¿Que hora es?!!
- Eh... no se... pero Sora... - ella ya no le escuchaba. El corazón iba a toda velocidad y las manos comenzaron a temblar. A toda prisa se deshizo de uno de sus guantes para poder llegar hasta el reloj y comprobó que sus temores eran bastante justificados. Cerca de dos horas la separaban ya de la acordada para su cita.
"DIOS MIO."
Y sin pensarlo un momento salió disparada hacia el telesilla, dejando atrás a Akuto que le gritaba palabras ininteligibles ya para ella.
- ¡Sora! ¡¿Dónde vas?! ¡Que te dejas el guante!
Entró en el hotel y sin dejar de correr saltó hacia las escaleras cuyos peldaños avanzó de dos en dos. Llegó hasta la tercera planta y se dirigió a velocidad extrema hacia la habitación de su novio. Llamó entonces a la puerta con la mano sin el guante, que estaba toda fria, roja y dolorida... pero nadie contestó. Le costaba respirar. Volvió a llamar... y nadie contestó.
Entonces volvió a correr, esta vez hacia su propia habitación. Estuvo a punto de rodar escaleras abajo sino fuera porque no tenía tiempo para ello. También corrió por el pasillo, a pesar de las quejas de las limpiadoras con las que tropezó. Al fin, al girar la última esquina, vio a Yamato. Estaba con las manos en los bolsillos y la espalda apoyada sobre la puerta. Su expresión de aburrimiento, decepción y cansancio indicaba cuánto había esperado y cuánto había pensado.
- ¡¡Yama!! - Sora llegó junto a él, exhausta. La entrecortada respiración prácticamente le impedía hablar. - Lo siento, lo siento, perdóname.
Yamato no dijo nada, tan solo la observó con seriedad.
- Se que estas enfadado, lo comprendo, ha estado horrible por mi parte faltar a la cita, ni siquiera me di cuenta. - Sora hablaba a toda velocidad, incluso lo haría más rápido si pudiera. - Te comprenderé si te enfadas, ¡ha estado muy feo! - Prácticamente iba a llorar.
- Has ido a esquiar, - dijo él con mucha calma pero sin abandonar su papel de novio decepcionado.
- Si... estaba esquiando - Sora se tranquilizó un poco. - Yama perdóname.
- Has ido... a esquiar. - La cortó con sequedad. - Y te he esperado dos horas. ¿Por qué?
- Bu... bueno... - Sora se puso nerviosa, Yamato estaba muy irritado. Sacó la llave de la habitación y abrió con intención de discutir dentro. - Verás, Akuto vino a buscarme para disculparse por haber faltado en la mañana. Creí que me daría tiempo a regresar, pero nos sorprendió la noche...
Yamato entró en la habitación tras ella.
- Ya. - El solo nombramiento de Akuto le hirvió la sangre. - El tiempo pasa muy rápido cuando lo estás pasando bien, ¿verdad? Prefieres pasar el tiempo con ese.
- Oh, vamos... - Sora le dio la espalda para comenzar a deshacerse de todo lo que llevaba de más: gafas, el guante que le quedaba, el abrigo... - no hablarás en serio.
- ¡¿Acaso te parece que estoy de bromas?!
- ¡Yamato tranquilízate! - se giró con violencia.
- ¡¿Cómo quiere que me tranquilice?! ¿¡¡Me abandonas en el día de NUESTRO aniversario para ir a divertirte con otro y no crees que esté hablando en serio!!?
- ¡Ya te dije que lo siento!
- ¡¡Me esfuerzo tanto, Sora, para nada!!
- ¡¡Oh!! ¡Si, claro, te esfuerzas muchísimo pero se te olvida que me dejaste sola en la nieve solo por ir a esquiar con otras! Aaah, no, espera, ¡ni siquiera esquiabas, solo ligabas!
- ¿¡Qué!? - gritó escandalizado. - ¿¡De que mierda estas hablando!?
- ¡¡De que has pasado toda la mañana ignorándome, de esa mierda estoy hablando!! ¡¡Me parece ilógico que te enfades porque haya ido a esquiar con un amigo!!
- ¡¡Maldita sea!! ¡¡No es lo mismo!!
- ¡Ah! ¡No es lo mismo! ¡¡Tu tienes cuantas amigas quieras pero la simple Sora no puede tener uno solo!!
- ¿¡Qué!? - volvió a gritar. ¿La simple Sora? ¿De qué estaba hablando? - ¡No digas tonterías!
- Sí, solo digo tonterías. - Sora no pudo evitar algunas lagrimas. - Soporto y soporto que andes rodeado de babosas ¡y tu te alborotas cuando solo se me acerca un amigo!
- ¡No es el hecho de que tengas un amigo, es tu actitud en general! ¡Me da igual que hayas ido a esquiar con él, con otro o incluso con una mujer! ¡Me has dejado solo en nuestro aniversario!
Sora continuó llorando. No soportaba discutir con él a gritos.
- ¡Sora! ¡Ni me estas escuchando!
- ¡Déjame! ¡Vete y déjame sola!
Yamato esta vez no contestó. Estaba atónito, Sora le estaba echando.
- ¡He dicho que te vayas! - Sora se dirigió hasta él, empujándolo hacia la salida. No podía ver nada a causa del llanto. - ¡Largo!
No lo pensó un momento. Abrió la puerta y la cerró tras de sí con un portazo. Ella se apoyó sobre la puerta a llorar. Lloraba por rabia, lloraba porque odiaba que le gritaran, porque no soportaba decepcionar a Yamato y mucho más hacerle daño. Lloraba por ser una celosa y por despertar celos en Yamato sin que él tuviese culpa de nada. Lloraba porque se detestaba a sí misma y porque no era capaz de enfrentarse a situaciones como aquella.
Se tranquilizó un poco e, inconscientemente, salió al pasillo. Abrió la puerta, y dio varios pasos cortos al frente, con la cabeza gacha. Se apartó las últimas lágrimas con la mano y giró la cabeza hacia el pasillo que llevaba a las escaleras por las que Yamato habría subido hacia su habitación, probablemente con la idea de dejarla para siempre...
Pero no fue así.
El corazón se le encogió. En el sombrío pasillo, a pocos pasos alejado de ella, Yamato la miró a los ojos con luz apagada. Ni una sonrisa. Tan solo tristeza y rastros de desesperación interna contenida. No se había marchado, no había podido dejarla. Guardaron unos momentos de silencio en los que tan siquiera se suplicaban perdón con la mirada.
- Sora, yo te quiero, - dijo Yamato con suavidad y voz acongojada, - pero tú no pareces darte cuenta.
Ella no contestó. Inmóvil continuó observándolo. Pasó una eternidad.
- ¿No dices nada?
Silencio.
Yamato sonrió irónico y triste, "me esfuerzo y para nada". Giró sobre sí mismo y a paso lento se dirigió hacia las escaleras que le llevarían a su habitación donde intentaría descansar.
Sora despegó sus labios. Quiso frenarlo, pero de ellos no escapó un solo gemido. Yamato desapareció tras la esquina para no volver y ella entonces lloró porque se detestaba a sí misma y porque no era capaz de enfrentarse a situaciones como aquella...
.-.-.
Veinticinco de Diciembre, Navidad.
Los planes ya no eran los mismos que cuando llegaron al tierno pueblo, ya no podrían almorzar cómoda y felizmente en familia. Sora y Yamato habían discutido tan alto que Taichi y Mimi, que se encontraban en el apartamento de al lado, pudieron escucharlo todo sin tan siquiera esforzarse en espiarlos. Rogaron para que el enfado se solucionara pronto, pero, al no tener noticias de ellos en toda la mañana, descubrieron cuanto de negro se presentaba el día de Navidad. Ni Sora ni Yamato quisieron ir con los demás a almorzar. Ante la incomprensión del resto de los familiares, Tai y Mimi decidieron confesar lo sucedido (eliminando todo detalle posible).
Se había terminado la diversión.
Los padres por ambas partes preguntaron a sus hijos si deseaban regresar a casa, pero los dos se negaron, no querían estropear las vacaciones al resto.
Tanto para Sora como para Yamato fue un día corto, porque no tuvieron nada de lo cual ocuparse, y fue un día largo porque por eso mismo pensaron y se aburrieron y volvieron a pensar...
Sora ya no lloraba. Se lamentaba, claro, pero le parecía completamente surrealista todo lo que sucedió. Era como si realmente nunca hubiera ocurrido. Yamato no podía haberla dejado... le era imposible creerlo. Aunque técnicamente habían cortado su relación, no habían acordado ni hablado nada. ¿Era así como debía acabar? ¿Ese era el final, sin más? ¿Ni una sola palabra?
Y además debía torturarse admitiendo que la culpa era suya.
Yamato pasó el día tumbado en la cama. No dijo nada, quizás monosílabos para contestar a su padre, pero poco más. No comprendía la actitud de Sora. Era cierto que tenía fans, pero creyó que ella ya lo tenía superado. Debía haber algo más... ¿por qué ella no le confiaba sus pensamientos? Siempre creyó ser el tímido, el complicado a la hora de expresarse pero, en el momento de pensarlo y recapitular situaciones y experiencias en su vida junto a Sora, descubría que era más bien al contrario. Si era tímido, igual que ella, pero él siempre consiguió superarse, en cambio Sora... ¿Por qué no podía confiar en él? ¿Cuántas pruebas más debía ofrecerle?
"Yamato me quiere", pensaba, "no puedo creer que se haya terminado". Yamato había acabado aburriéndose de su actitud infantil (era bastante comprensible) y había dado la espalda a las esperanzas por mantener una relación estable con ella. Sora se revolvió el pelo con violencia. Además, comenzó a meditar si realmente mantenía la actitud correcta hacia las chicas que se le acercaban. Del mismo modo él debía admitir que se sobrepasó por sus celos hacia Akuto. Este había ido a buscar a Sora, para saber por qué le había abandonado a la carrera, pero ella no le había recibido, igual que no atendía al resto de sus compañeros.
Se arrepentía enormemente de no haber corrido hacia Yamato, para abrazarlo cuando hizo el esfuerzo de quedarse y esperarla en el pasillo, y dio el primer paso para finalizar la discusión con un punto feliz.
"Sora, yo te quiero... pero tú no pareces darte cuenta". Había estado obsesionada con que el mundo intentaba estropearle su aniversario, pero al final había resultado ser ella mucho mas peligrosa que el mundo. Era... una completa estúpida.
Tan solo volvieron a encontrarse al día siguiente, cuando montaron en el auto. No cruzaron una sola mirada, aunque Sora en cierto modo sí la buscaba. Mantenía la cabeza gacha pero en cuanto él se giraba ella no podía evitar observarle con tristeza. Al fin fue en el auto con Takeru y Hikari, que no se atrevieron a preguntar nada.
Regresaron entonces cada uno a su hogar, separados y sin necesidad de encontrarse o tropezar por mala fortuna. Estaban de vacaciones y el tiempo que aún quedaba para regresar al instituto conseguiría aliviar al menos una leve parte del rencor.
.-.-.
Y al fin llegó nochevieja.
El concierto de año nuevo comenzaría precisamente tras los fuegos artificiales que marcaban la línea entre el año 2005 y el 2006. El grupo estaba completamente nervioso por su actuación, así que fue a despejarse de los últimos ensayos disfrutando del maravilloso espectáculo en el cielo. Yamato no había estado a la altura en los últimos días y ninguno se había atrevido a exigirle mucho más al conocer la causa. Todos sabían cuánto de importante era Sora para él... igual que sabían que el concierto sería entonces un completo fracaso.
A las puertas del local donde se celebraba la fiesta todo el mundo se había reunido emocionado e impresionado por los largos minutos de sorprendentes figuras luminosas en el cielo. Pero Yamato no estaba de humor para contemplarlos y mucho menos para disfrutarlos. Con las manos en los bolsillos y el menor rastro de expresión en su rostro, Yamato decidió entrar al local y mantenerse alejado y distante del resto de la humanidad. Últimamente no tenía ganas de nada, aunque tampoco deseaba encerrarse para desaparecer. Realmente no se comprendía, solo sabía que prefería dejar de opinar, de hablar, de reír, de llorar, de pensar, de observar, deducir, curiosear, aprender, disfrutar... simplemente todo le daba igual.
Dio media vuelta y se dirigió hacia el interior. Aún no habían terminado los fuegos. Planeaba sentarse en una silla a esperar que todo terminara, quizás tomara su guitarra para tocar un par de acordes aleatorios y aburridos.
"Feliz año nuevo, Yamato", se dijo a sí mismo.
El local estaba en completo silencio y medio a oscuras, aunque a través de la puerta que había abierto entraban risas y palabras de conversaciones de los alrededores. Era bastante grande, con una amplia pista de baile central frente al escenario. Alrededor de la pista se encontraban la barra y un pasillo que llevaba a los baños y otras salas VIP.
El guarda le dejó entrar y cerró la puerta tras él. Tenía suerte de ser uno de los cantantes, así podía entrar antes que el resto. Las luces de colores estaban encendidas y daban vueltas con lentitud en la pista de baile... en la cual Yamato encontró a Sora.
"¿Sora?" Yamato se preguntó si se lo estaba imaginando. Entre luz y sombras, la figura de Sora se hacía notar inmóvil. El chico miró con disimulo y sorpresa a ambos lados, pero no encontró a nadie más que a ella, que dio entonces un par de pasos al frente.
- Yamato... - dijo con dulzura pero decidida. - Necesito que me escuches.
Él no se movió. No tenía ganas de escucharla, igual que no estaba de humor para hablar del tema. Ni siquiera quería saber cómo había conseguido entrar cuando aún el local estaba a puertas cerradas para el público. Manteniendo semblante serio se cruzó de brazos y esperó. Sora continuó hablando:
- Yo... en primer lugar quiero pedirte disculpas
por mi comportamiento. Se que no hay excusa pero yo necesito explicarme, para
que me comprendas y entonces puedas perdonarme. - Ella paró unos segundos, él
ni se inmutó y Sora quiso entender que le daba vía libre. - Nosotros... somos
como todas las parejas. Tenemos nuestros problemas pero siempre hemos conseguido
superarlos y, aunque ahora no lo creas, siempre me he considerado extremadamente
afortunada.
>>Me dijiste que me querías - Yamato se estremeció - y debes saber que
por supuesto que me doy cuenta. Siempre te esfuerzas por conseguir hacerme feliz
y debes creerme cuando te digo que siempre lo conseguiste. He tenido mucho
tiempo para pensar y más aún para echarte de menos... se ha convertido en toda
una eternidad.
Sora hizo un paréntesis para respirar e incentivar alguna reacción en Yamato, que había suavizado su expresión.
- Sora, lo que ha sucedido realmente no tiene importancia. - Yamato al fin habló. - El problema está en que siempre concentras tus... ni se como llamarlo... celos injustificados en nuestro aniversario. Te molestas excesivamente conmigo cuando no hago nada fuera de lo normal en mi actitud, y encima parece que intentes devolvérmela con rencor. Eso me hace pasarlo mal, nos hace pasarlo mal. Y superar esto para volver a sufrir el año que viene es bastante absurdo.
- No - dijo ella con decisión. - Ya nunca más. Yamato no es cierto que yo intente darte celos, malinterpretaste mi salida con Akuto. - Él chasqueó la lengua. Odiaba ese nombre. - Pero sí, tienes razón en que me pongo tensa en nuestro aniversario, pero todo tiene explicación...y es que tenía miedo.
Yamato arqueó una ceja.
- ¿Miedo?
- Miedo. Cuando llega nuestro aniversario es cuando más tengo en mente que puedo perderte. Siempre he sentido que no soy suficiente para ti, porque tienes a otras tantas entre las cuales escoger, y mi temor se acentúa en las fechas especiales. Tenía miedo de que un día despertaras y te dieras cuenta de ello... pero ya nunca más pasará eso, puedo prometerlo.
Yamato no había querido escucharla, no había querido verla, no había querido perdonarla aunque hasta lo mas profundo de su corazón la echara en falta y la amara... pero ahora ella le había enternecido.
- Tuve miedo de no ser lo bastante buena, pero ahora puedo decir que estoy completamente convencida de que no hay otra mejor que yo para ti, es más, estoy aquí no solo para pedirte perdón, sino para demostrarte y convencerte a ti también de que es así.
- Ah, ¿si? - Yamato sonrió y Sora también.
Las puertas se abrieron y dieron paso a un montón de gente hablando, gritando, cantando... La pareja no se movió. Continuó sonriéndose y mirándose a los ojos. La música comenzó y la pista se llenó de sombras en movimiento. Él, que hasta ahora había estado de brazos cruzados, se acercó hasta ella a paso lento. Sora levantó los brazos y acarició con sus manos la cara de Yamato, cuando estuvo suficientemente cerca, desde la barbilla hasta la sien, para después revolverle el pelo con suavidad. Juntaron frente con frente y cerraron los ojos, aliviados de que la mala sensación de soledad, culpabilidad y abandono que les carcomía se hubiera esfumado.
- Solo déjame demostrarte cuanto, cuanto te quiero...
Una cortina de pequeñas gotas de espuma comenzó a bañar al público que gritó eufórico pareciendo animar el alocado beso con que ahora Sora y Yamato se devoraban el uno al otro con la mayor de las pasiones.
No mas celos. No mas torturas. No mas miedos.
¡Ah! ¿Y el concierto? Pues claro, fue todo un éxito.
FIN.
.-.-.-.
Notas de La autora:
¡¡Bieeen!! No puedo creerlo, al fin conseguí terminarlo (ups, en Abril ^^U). Lo cierto es que no me retrasé por falta de tiempo, sino de inspiración, de ganas y de ideas... De todas formas siempre he tenido en mente terminarlo. No me ha gustado en absoluto (creo que solo vale la pena el final xD) porque se me hace aburrido y repetitivo, pero a partir de ahora todo va a ser diferente. He marcado una linea divisoria en los fics especial aniversario. Si hacen cuentas, ahora Yamato y Sora van a cumplir los 18 años y las historias van a ser diferentes a lo de siempre (¡no más chiquilladas!). Ahora voy a dar las gracias a mi querida Caro, que ha hecho de beta como tantas otras veces, siendo la primera en leer y animándome y guiándome. Sus criticas son completamente necesarias para mi :]
También tengo que hacer un especial nombramiento... quiero dedicar este capítulo del aniversario a Marin-Ishida, que si bien tampoco nos conocemos tanto, estuvo animándome en más de una ocasión a que lo continuase, siguiendo mi fic T^T Muchas gracias, Marin, haces más de lo que crees con esos comentarios sobre mis fics. Si está terminado es gracias a ti. Mis disculpas por no ser un buen capítulo pero espero que continúes leyendo mis especiales y que el del próximo año te agrade de verdad.
Y ya, un abrazo a todos los que leéis mis historias. Espero el año que viene no retrasarme tanto, porque ya todo será diferente :]
EXTRAS:
- Akuto: Para el compañero de clases de Sora y Taichi, he utilizado un personaje ooc que ya apareció en otro de mis fics, "La llave de tu corazón". El que lo haya leído, y le suene el nombre, ya sabe por qué es. Fue para no inventarme otro diferente, cuando hace el mismo papel... (ya que tenemos uno, utilicémoslo xD). El nombre de las acosadoras se me ocurrió sobre la marcha :P
- Hacerse el sueco es una frase hecha o-o supongo todos lo entendieron pero por si acaso (recién me di cuenta) significa que se hizo el loco, el que no entiende, el que no sabe nada, el tonto... vamos, que hizo como si no supiera nada de nada xD.