Quemando etapas
[por: Marianne]

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A pesar del hermoso tiempo que hace fuera, ella no ha salido de su habitación. Sus ojos se pasean indiferentes entre los objetos de la repisa, que marcan un pasado infantil no muy lejano, el sol ilumina su radiante y larga cabellera rubia y una suave brisa primaveral la envuelve. Sin embargo su mirada sigue sin demostrar emoción alguna.

Un golpecito discreto en la puerta la aleja de sus reflexiones, y se da la vuelta para fingir que duerme. Funciona. La chica sonríe para sus adentros “siempre da resultado” se dice a sí misma al escuchar que quien entró se retira en silencio.

La joven vuelve a sus pensamientos y comienza a recordar los sucesos del día anterior…

- Te lo prohíbo terminantemente jovencita!! -  La exclamación de la mujer pelirroja se escuchó fuerte y clara, pero Hoshi Ishida se marchó dando un  portazo como respuesta. - A mí tenía que pasarme… los músicos siempre son tan complicados… - Sora ya había pasado por esto antes, y sólo el transcurrir de los años le ha hecho comprender las actitudes de su madre para con ella. Ahora estaba del otro lado y por lo menos comprendió un poco cómo debía sentirse su hija. Suspiró. Conociendo a Hoshi sería inútil ir a buscarla, la chica siempre ha sido terca, y volvería en el anochecer como la otra vez. - En ese sentido solo Yamato es capaz de ubicarla, tienen caracteres parecidos, y saben comprenderse mutuamente.

A unas cuantas calles de distancia, Hoshi corría, no se había detenido en ningún momento y su costado empezaba a doler. Se detuvo en la entrada de un viejo garaje y luego de recuperar el aire golpeó con los nudillos el portón del local. Momentos después un chico le hacía entrar. La rubia se encontró con los compañeros y compañeras de la banda, la principal causa de discusión con sus padres, “con mamá… papá ha estado muy ausente últimamente” pensó la joven con una mirada de disgusto. Pronto olvidó sus problemas, era la voz principal, y debía concentrarse para ensayar, en un par de horas estarían dando un show en  el festival de los colegios de Odaiba.

Las melodías de los violines y el oscuro ambiente creado por las guitarras pesadas fueron las que hicieron sentirse comprendida a la chica, que dando todo de sí, cantó como nunca con su dulce voz, que contrastaba con esa atmósfera deprimente. La mente comenzó a vagar entre los recuerdos de su tierna infancia. El día que conoció a su digimon, y en especial las muchas charlas que había sostenido con aquélla. Una cabellera pelirroja y un par de ojos rojizos y serenos le trajeron a la mente a su hermano, con quien siempre había sido sobre protectora al igual que su padre, quien lo fue alguna vez con su tío Tk. Y pensó en ellos, sus progenitores, que con tanto amor los habían traído al mundo, formando esa hermosa familia. Unos padres que también viven con tanto amor.

Lloraba, y sus lágrimas eran mezcla de angustia y frustración. Había creado con muchos amigos una maravillosa banda que le hacía sentirse orgullosa de sí misma, de un estilo musical mucho más “heavy” que el de la banda que había formado su padre, y aún así se sentía incompleta, sabía que muchas cosas se habían tornado malas, en especial la relación con su madre, que la amaba y con quien siempre había estado muy unida. Su padre, que con sus viajes al espacio (no muy frecuentes, por suerte) parecía estar muy lejos, y ella realmente lo extrañaba mucho. Él era siempre un gran apoyo y fuente de motivación, y ella era la niña de sus ojos, su estrella (como su nombre lo indica).

Ocultó sus sentimientos de los otros, hacía tiempo que los vínculos en el grupo estaban pasando por un mal momento, ya dos chicas habían abandonado la banda por problemas, y Hoshi sabía muy bien que pronto ella se marcharía, lo había hablado con su hermano, y él concordaba. Era por culpa de la banda que no tenía amigos, se había encargado de rechazarlos, y aún se mortificaba por ello.

El club donde se daría la actuación era cercano al lugar de ensayos, y por eso fueron todos a pie. Mientras caminaba en silencio, le pareció notar las miradas de sus “amigos” en su persona. Intentó no pensar en ello. Y luego vio la causa. En la puerta del antro en el que iban a hacer el show vio a uno de sus antiguos y más preciados amigos, el joven Kichi Yagami.  Hoshi lo miró, pero el castaño pareció muy interesado en el graffiti de la pared de un edificio, y por ende ella decidió ignorarlo también.

¿Para qué describir la actuación? La catalogaron de brillante, y toda la banda fue rodeada de gente ansiosa por felicitarlos. Y sin embargo la rubia se sintió mal, había algo que no encajaba en el ambiente, y no sabía exactamente qué era. La respuesta llegó momentos después, una vez que todos estuvieron reunidos le informaron que su lugar quedaba vacante, o sea, quedaba oficialmente expulsada del grupo. Se quedó muy seria, sin saber si reír o llorar, era una broma muy pesada. Todos rehuyeron su mirada y entonces dio media vuelta y se marchó.

Se sentó en un oscuro rincón, intentando pasar desapercibida, lo cual desde un principio fue absurdo, pues muchos adolescentes se le acercaron para pedirle autógrafos o bien para invitarla a salir. Difícil determinar qué la enfureció más.

Se levantó entre un revuelo de ropa roja y negra, y con la confusión del momento se escondió detrás del telón, sin que nadie la viera. Las lágrimas afloraron rápidamente a sus ojos y liberó toda esa energía negativa que había acumulado durante el día. Deseó estar en su casa, rodeada por su familia, necesitaba consuelo, pero no tenía fuerzas para irse. Apenas oyó cuando sus ex compañeros se fueron. Y sola decidió regresar.

Caminó hacia fuera y se sentó en plena acera y sin importar lo que la gente pudiera pensar. Tardó un poco en advertir que no estaba sola, se percató de esa presencia al oír que alguien la llamaba.

- Ishida - no respondió, creyó conocer la voz pero no permitiría que nadie se burlara de ella. La llamada se repitió dos veces más, y la rubia ignoró al chico.

- Hoshi Ishida te encuentras bien? - entonces levantó la mirada y sus ojos azules se enfrentaron a los castaños de Kichi, que se había inclinado hasta tener los ojos a la misma altura que los de ella.´

- Sí… eso creo…

El chico Yagami le tendió la mano amistosamente para que se levantara, pero ella se sentía muy mal.

- Hoshi - La voz de él la sacó de sus cavilaciones y con decisión permitió que la ayudara a ponerse de pie.

Había olvidado lo alto que él era, y no se había dado cuenta de que su cabello (aunque desordenado aún) estaba más corto que antes.

-Tu madre no se quejará más del gasto en shampoo - murmuró mientras sonreía por primera vez, muy tímidamente.

- ¿Eh? Ah!! Sí, ha sido un alivio para la economía hogareña, pero mi padre insiste en que la fábrica quebrará… supone que yo era el mayor consumidor.

La risa fue discreta y tímida, más por parte de Hoshi, quien se sentía una verdadera idiota.

- Lo siento - y dicho esto le dio a su amigo un fuerte abrazo. Kichi estaba muy sorprendido. No era por falta de abrazos, de hecho era muy popular y tenía muchas admiradoras, pero el abrazo de su más preciada amiga de la infancia, con quien la relación estaba quebrada, valía más que un millón de trofeos de soccer, por ello le devolvió el saludo e incluso la levantó del suelo.

- Yo también te he extrañado - dijo mitad bromeando mitad en serio. Tuvo que reducir la fuerza porque Hoshi comenzaba a jadear por la falta de aire.

Durante cerca de una hora estuvieron hablando, con paciencia y sin rencores, las heridas de Kichi sanaron. Estuvieron largo rato en silencio, se habían sentado en un banco del parque, y durante gran parte de la charla habían recordado las travesuras de la infancia. Pero todas las emociones vividas en aquel eterno día hicieron que Hoshi se durmiera profundamente apoyada en el hombro de Yagami, quien al percatarse de eso la despertó con suavidad y la acompañó a su casa.

Sora estaba despierta aún, ya había llamado a su hija al móvil, pero estaba apagado, incluso había salido varias veces a buscarla. Por ello es entendible el gran sermón que Hoshi recibió cuando llegó. La joven no respondió, sólo asintió y a la mujer le llamó la atención esa falta de protesta. Se detuvo a observarla. Y allí Kichi, que había estado en silencio, le relató lo ocurrido, la expulsión, la reconciliación y el sueño.

- Entonces… no podrías haber llamado? Estaba muy preocupada Hoshi!!!

La chica rubia asintió y se abrazó a su madre, sin dejar de llorar. Sora, comprensiva, la miró fijamente, “Si alguna vez vuelves a sentirte sola, debes saber que estamos nosotros para apoyarte en lo que sea, tu familia y tus amigos, no lo olvides, y mañana podemos hablar mejor, tu padre está durmiendo, no ha dormido nada desde que volvió de la misión, ahora le diré todo, pero tranquila, debes liberarte de todo mal sentimiento.”

El joven Yagami observó la escena con seriedad, ahora comprendía porqué su padre adoraba tano a Sora, siempre ha sido comprensiva y sabe ser exigente en la dosis justa.

- Puedes quedarte aquí si quieres Kichi, pero avisa en tu casa.

- Le agradezco la atención señora Ishida, pero prefiero volver a casa.

- En tal caso, saludos a tus padres, y muchas gracias por lo que hiciste. Buenas noches. -Y con una última inclinación de la cabeza se despidió, dejando a Hoshi y a Kichi solos.

- No fue tan terrible, verdad? - comentó éste mientras iban hacia la puerta

- No… muchas gracias por tu apoyo - dijo Hoshi mientras abría

- No tienes nada que agradecer…

- Siempre tan humilde… gracias Kichi - y dicho esto le dio un nuevo abrazo, que el chico devolvió.

- Cuídate, y mañana paso por ti…

- Si puedo…

Kichi sonrió ante el comentario, se colocó la chaqueta, se giró y comenzó a alejarse…

Hoshi ha decidido levantarse. La charla con sus padres fue extensa, pero todo ha vuelto a la normalidad. Siente cierta tristeza por los sucesos con la banda, de verdad creía que eran sus amigos, qué pena…

Saluda a su hermano feliz, le quita la gorra para molestarle, y él, tan sonriente como siempre le quita hábilmente una de las horquillas del cabello.

El golpe en la puerta los hace detener el forcejeo, y ella, sonriente se coloca el abrigo y abre la puerta, “me voyyyyyyyyyy…” sus padres asienten, y el Ishida menor pone cara de pocos amigos, una vez que se divertía molestando…

En el exterior del departamento se saludan, y los ojos azules de Hoshi miran esperanzados hacia el lejano parque. Una nueva etapa le aguarda, lejos de la oscuridad y de la soledad…

 

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