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Unas memorias son siempre un interesante testimonio histórico, pues recogen unos hechos o una visión particular de los mismos que, de cualquier forma, contribuyen a conocer mejor el pasado. Y el pasado, con lo bueno y lo malo, es el fundamento del presente y del futuro.
LAS MEMORIAS DE CUIPER, escritas por el querido y viejo amigo Juan Ruiz Subies, recogen acontecimientos sencillos de una población pequeña, oídos unos en conversación confidencial o en tertulias de vecinos, vividos otros personalmente en la infancia y juventud, que con el paso del tiempo éstos y las deformaciones propias de lo que corre de boca en boca aquellos, pueden pecar, en algún caso, de cierta imprecisión, pero tienen un fondo verdadero y auténtico, que les da credibilidad y valor. Juan Ruiz es un hombre de talento natural y práctico, observador y reflexivo, soñador y por eso inquieto, tanto que ha sido en la vida pintor, sargento-piloto de aviación cadete de la primera promoción de la escuela de aviación, creada en plena guerra civil, comerciante, horchatero y ahora forjador del pueblo que le vio nacer. Mas entre tantos y tan variados oficios, no ha dejado de ser nunca labrador. Y labrador insatisfecho, incomprendido por algunos y, diría más, incomprendido, incluso, por si mismo, a pesar de que en el balance de su vida, sin duda alguna, pesa más lo positivo. Pero Juanito para sus paisanos y amigos, es un gran enamorado de Cuyper, como se puede ver a través de la lectura de este precioso testimonio que son sus memorias. Pese tantos años de vivir fuera, su corazón late al ritmo de Cuyper. Debemos de reconocer el extraordinario mérito de Juan Ruiz al haber sabido recoger los viejos del lugar contaban de Cuyper, y que con el tiempo hubiera caído todo ello en el olvido de no habérsele ocurrido plasmarlo en este escrito, a fin de que las generaciones jóvenes y venideras puedan reconocer retazos de la historia antigua de su pueblo, y sentirse así orgullosos de sus raíces, identificarse con ellas y poder contribuir, con nuevas aportaciones, al avance y progreso que los nuevos tiempos deparan y exigen, con toda justicia, a las generaciones que van surgiendo. Avance y progreso que serán auténticos y enriquecedor y saben construirse sobre lo mejor de la cimentación que los antiguos, con gran esfuerzo y enormes apreturas y carencias de todo tipo, sobre todo culturales y económicas, supieron, sin embargo, poner. Agradezco a Juan Ruiz Subies el haberme ofrecido la oportunidad de colaborar en la presentación y ordenamiento de sus memorias pues, como el primer Párroco que fui de la parroquia de Roca-Cuiper a la que dedique 12 años inolvidables de mi vida, conozco bien estos dos barrios y los llevo y llevaré siempre muy dentro de mi corazón.
Antonio Romero Torres |