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EL COMERCIO Ya en tiempos relativamente cercanos, cuando las frutas y hortalizas sustituyeron por completo el cultivo de la vid, uno de los frutos que mejor se acomodaron a estas tierras, dándole a Cuiper gran fama, ha sido el melón. La proximidad al mar impregna la tierra del salitre marino y por eso el melón adquiere su sabor tan dulce y fino. Esto mismo ocurre también en las tierras sitas junto al mar menor, en Cartagena, cuyos melones gozan de justa fama. Primero se plantaron melones Canarios, así llamados por su piel amarilla. Es verdad que no tenían el dulce sabor de los de Quatretonda, pero su corteza, fuerte y resistente, permitía ser exportados por mar a Inglaterra, aguantando bien la arriesgada y larga travesía de ocho o mas dias de duración, en los barcos de entonces, sin sufrir ningún daño. Los mejores comerciantes de valencia, así como los de Burriana, con fama de fanfarrones, venían aquí a comprar los melones. Esta actividad despertó en un hijo de Cuiper tal interés que también él quiso ser comerciante. Luchando contra la incomprensión paterna, que se oponía a que su hijo se dedicara al comercio, pues lo atribuía a que no quería trabajar, a que era un Senyoret, y tal mote del Senyoret se le quedó, Ramón Peris Orts fue el primero que tal mote se le quedó, Ramón Peris Orts fue el primero que desde Cuiper puso una pica en Flandes. Supo ganarse la confianza de los labradores más fuertes del barrio y del vecino de Roca, como eran su tío Chimet, el tío Cahuerra, el tío Baltasaro, el tío ramonet el pelat, el L`oril, y así todos los demás labradores. Contó también con la ayuda de los transportistas que, para ello, utilizaban el carro y la de los jornaleros del campo, como Enrique Tatay o el llargo de Baltyasaro, su mano derecha, Joaquin Orts, Juan Ruiz Orts, su gran apoyo y mejor amigo, José Mª Serrano, tío Sento Tonet, sus primos canelles, en fin, todos los del barrio de Roca y el de Cuiper se volcaron a apoyarle, hasta el punto que, cuando aún existían muy pocos bancos y estos radicaban en valencia únicamente, las casas más pudientes, como su tio Rullo Coret, el tio Cahuerra, el tio Serafi...... le dejaban dinero para el incipiente negocio, mientras los demás labradores le confiaban su cosecha para cobrarla cuando él podía o quería pagarles. Fue D. Ramón un hombre con carisma, que monto un negocio comercial sin dinero propio y a pesar de la oposición de su padre, el cual, hasta que no pasaron unos años, no le apoyó nada, y eso que disponía de un buen capital, pues años antes de dedicarse su hijo al comercio, vendió una barraca de cebollas, que tenia detrás de casa, junto al camino de Foios, muy caras, a doce pesetas la arroba, según me contaba D. Ramón Peris Lagarda, lo cual equivalía a dos mil doscientas. Una suma de dinero entonces muy elevada para una casa de labrador, con pocos gastos, comparándolos con los de los tiempos actuales. Su extraordinario instinto comercial le hizo ver la importancia, para conquistar mercados, de la seriedad en la palabra y la calidad del producto ofrecido, y así imprimió tales virtudes a su actividad comercial hasta adquirir un reconocido y acreditado prestigio en el difícil mundo del comercio. La guerra civil, no sólo produjo una gran convulsión en la nación sino también en la vida de las personas. Muchas vocaciones, de to tipo, se truncaron y la necesidad subsiguiente en la posguerra, hizo que cada cual, buscara a su manera los medios para subsistir. Ramón tuvo que dejar el comercio, adquirió un bar en Valencia el bar Mediterráneo y a él se dedicó en adelante. En 1944, cuando ya las cosas parecían, muy lentamente, querer normalizarse, una importante parada de mercado de Barcelona, la Vda. De Alonso, se puso en contacto con Ramón Peris instándole a que volviera nuevamente al comercio del melón de Cuiper, de tan renombrada fama, pero él, ya sin ganas de reemprender el trabajo comercial, me llamó a mi para indicarme que eso lo podríamos hacer su hermano Vicente y yo, que se lo propusiera a su hermano y a mi padre. Ninguno de los dos aceptó, en principio la propuesta. No obstante, tras insistentes razonamientos, Vicente accedió a ir a hablar con su hermano Ramón, saliendo convencido de la conversación a emprender esta aventura del comercio. Empezamos a trabajar juntos, acreditamos una selecta marca de melón denominado Oro de Ley, a la que le añadí posteriormente la de Dieciocho Quilates y en progresión constante fue desarrollándose esta actividad comercial. Pasado algún tiempo, tomaron las riendas del negocio, exclusivamente, los hijos de Vicente Peris, Vicentet i Ramonet, los cuales les dieron tal envergadura al comercio que, me atrevería a decir sin miedo a equivocarme, lograron ser los más importantes comerciantes de España en este genero del melón. La plena dedicación a la tarea les llevó a ampliar las transacciones a las variadas hortalizas de la huerta, sin dejar de prestar atención preferentemente al comercio del melón. Fieles siempre al mismo estilo de exigencia y selección promocionaron otras marcas de calidad, como la Cuiper y la Vicentin, que pronto alcanzaron excelente aceptación en los mercados de las grandes ciudades españolas y algunas europeas. La febril laboriosidad de los hermanos Peris les impulsó a adquirir tierras y más tierras. En Cuiper compraron gran parte de las propiedades de los Guerrero, incluido el viejo caserón hoy desaparecido. También compraron tierras en pueblos de la provincia de Castellón, a las que añadieron, en arriendo, grandes fincas de algunos pueblos de la provincia de Valencia y de otras provincias españolas, reuniendo así un extenso patrimonio agrario que se distinguió siempre por sus magnificas y abundantes cosechas, fruto de un cultivo realizado con esmerada perfección al aplicar inteligentemente los adelantos de la moderna tecnología agrícola. No han faltado, sin embargo, las desgracias en esta familia. Dolorosas y sentidas han sido las trágicas muertes, en sendos accidentes de tráfico bastante próximos cronológicamente, primero de Vicentin y luego de Vicentet, su padre. Ello ha motivado que pasara a manos de los demás miembros de la familia la acreditada actividad. Por mi parte, dejado el comercio del melón, cambie de trabajo y me dedique a la fabricación y venta de horchata. Mi pueblo de residencia, Tabernes Blanques, es, como su vecino Alboraia, un terreno apropiado para el cultivo de la chufa, dándole una extraordinaria calidad, igual que sucede en Cuiper y tierras colindantes, con el melón. En la carretera de Barcelona, abrí una horchatería y conseguí una marca de horchata denominada Subies que fue adquiriendo gran fama entre las del ramo, hasta el punto de no tener que envidiar nada a la producida en Alboraia y Tabernes. Muchos fueron los establecimientos que buscaban para la venta, la horchata Subies, por el magnifico punto de sabor logrado, ratificando así la convicción de ser la horchata el refresco ideal para los calurosos días del verano.
A esta tarea, sin olvidar nunca mis campos patrimoniales, dediqué mis últimos años de actividad laboral hasta llegar a la situación actual de jubilado.
Juan Ruiz Subies |