Las guerras

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                                   LA GUERRA CIVIL Y LA MUNDIAL

            La vida tranquila, aunque modesta y dura de la huerta, ajena normalmente a las intrigas y luchas políticas, se vio trágicamente alterada, como en los restantes pueblos de España, cuando el 18 de Julio de 1936 estalló la guerra civil. En Cuiper, sin embargo, el carácter laborioso y pacífico de sus habitantes trató de prevalecer por encima de las difíciles y comprometedoras circunstancias. Tan sólo fueron destruidos los objetos y enseres de la ermita, y no todos, pues algunos pudieron ser escondidos secretamente y al final de la contienda fueron entregados a D. Joaquín Guerrero.

            Recuerdo que, a poco de estallar la guerra, regresaba una tarde del trabajo por el camino de Foios, cuando a lo lejos, una columna de humos espeso, se divisaba en el horizonte de Cuiper. Acelere la marcha para ver qué pasaba y lo que recelaba estaba ocurriendo, ante la puerta de la ermita ardían en un montón los bancos, algunos cuadros otros objetos sacados del interior de la misma.

            Es que el comité de Foios había amenazado a los vecinos de Cuiper en venir a destrozarlo todo, si ellos no destruían los objetos religiosos de la ermita. Se reunieron todos los vecinos y llegaron al acuerdo de obligarse, uno de cada casa, a quemar lo imprescindible y menos significativo, para acallar así las persistentes y peligrosas exigencias de dicho comité. Empezaron la quema. Todo se desarrollaba tal como habían acordado, cuando un exaltado, ya fallecido, exigió amenazante la destrucción de todas las cosas, y no hubo mas remedio que prender fuego a más de lo previsto, aunque algunas cosas todavía pudieron esconderse y salvarse.

            Al finalizar la guerra, tampoco hubo represalias. Bueno, el único represaliado fui yo que, en castigo, y para no ser denunciado, por haber pertenecido durante la guerra a aviación, un señor de Roca, ya difunto, me obligo a pintar las escuelas del barrio de Roca. También en plena guerra Mundial, sucedió algo insólito. Una mañana, sobre las 10, apareció navegando en el mar, no muy lejos de la costa, un barco Alemán. De pronto, de lo mas profundo, emerge del agua como otro barco así lo parecía desde la distancia, en realidad resultó ser un submarino. Al poco rato, se oyen dos detonaciones y se ven avanzar veloces, dos torpedos dirigidos, seguramente, contra el barco alemán, pero no llegaron a dar en el blanco, antes bien, siguieron su curso hasta quedar incrustados, sin explotar, en la arena de la playa, uno en la del hoy puerto de la Puebla de Farnals y el otro en el término del Puig.

Como es natural, tan singular suceso conmovió a los vecinos y fue la comidilla de cualquier tertulia durante varios días.