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por F.J. Chacón
El 22 de Septiembre de 1984, tres chicos, una chica, y un servidor, hicimos un excursión a El Chorro, un paraje natural maravilloso de la provincia de Málaga, España.

Aquella mañana de Sábado llegamos en tren a eso de las diez. Tras desayunar en uno de los dos bares que hay cerca de la estación, bajamos paseando a orillas del rio, y vimos una mansión abandonada, en la cual decidimos alojarnos.
Tal mansión tenía dos alas, dos plantas, y dos azoteas, escondida entre palmerales. Nos gustó mucho su romántico aspecto, que parecía una típica casa encantada. (Hoy día está demolida, y sólo queda la ermita que podéis ver en la foto)

Francis, uno de nosotros que conocía muy bien la zona por pertenecer a la Sociedad Excursionista, nos propuso subir a la cumbre de la Huma, el pico más alto del lugar. Dos de nosotros decidimos acompañarle, mientras la parejita se quedó en la casa, al cuidado de las mochilas.
Así que subimos los tres a la cumbre de la Huma tras dos horas de lenta ascensión, y el calor y el esfuerzo nos hicieron sentir una sed tremenda, pues con total falta de previsión se nos olvidó portar agua. Sólo teníamos una manzana que, partida en tres, nos sirvió apenas para humedecer los labios. En mi vida había pasado tanta sed como entonces.
Una vez en la cumbre, la experiencia fue maravillosa: una amplia, limpia y soleada panorámica de todo el Valle del Guadalhorce. Además encontramos un montón de fósiles de ammonites como baldosas en el suelo. Sobre uno de ellos, descomunal, como de dos metros de diámetro, bailé extasiado dando vueltas. (Creo que es el mismo que dicen se encuentra ahora en el museo de la cueva de la Trinidad, de Ardales, porque en el 2001 subimos de nuevo, y allí ya no estaba)
Pero llegó la hora de bajar, y el descenso, muertos de sed, se hizo muy duro. Tardamos más de tres horas en bajar, e íbamos con la lengua fuera.
Cuando llegamos abajo, en la boca de un túnel del ferrocarril, había un manantial de agua natural. Y bebimos gozosos
¡Era el agua que con más agradecimiento y placer he bebido en toda mi vida!
Aquella subida a la Huma fue para mí la experiencia de lo necesaria que es el AGUA para la VIDA.
Ya repuestos y contentos volvimos a la mansión, y junto a la parejita que nos aguardaba, ya al caer la noche, hicimos una fogata en la azotea contigua a la habitación del piso superior elegida para pasar la noche.
Allí, alrededor de la hoguera, la cual avivábamos con maderas de los marcos de puertas y ventanas de la ruina en que estaba convirtiendo la casa abandonada, cantamos canciones de iglesia, pues todos habíamos estado, o estábamos, en grupos cristianos. Es preciso aclarar que no consumimos aquella noche ningún material psicotrópico ni narcótico, ni siquiera alcohol. Estábamos plenamente lúcidos y muy felices.
Cuando llegaron las doce de la noche, nos metimos en la habitación y nos tumbamos en nuestros sacos de dormir.
Entonces empezamos a notar en la habitación un aumento bastante extraño de la temperatura , además de picores. Pensamos que había pulgas. Se nos hacía difícil dormir.
Entonces, Francis, el ecologista de la Huma, empezó a contar chistes sentado en su saco apoyado en la pared. Tras el segundo chiste, que trataba de un cura, se quedó en silencio porque le decíamos que se callara para poder dormir.
Entonces pudimos oír todos unas notas de música dodecafónica, muy misteriosa, de órgano de iglesia, que salían de la nada y duraron apenas unos segundos.
Nos dijimos: ¿Habéis oído eso?
Entonces ya nos quedamos todos muy callados. Se me pasó por la cabeza que Francis había traído una cinta de música de miedo, y nos quería gastar una broma.
Francis, de repente, dijo: "¡Una mano verde!"
Nos creímos que seguía con los chistes, y no hicimos caso.
Al rato, volvió a exclamarlo: "¡La mano verde, otra vez! ¡Está ahí, delante!
Su mejor amigo, que subió con nosotros a la Huma, lo afirmó, atónito: "¡Es verdad! Está aquí" "Una mano verde"
La parejita y yo pensamos que los exclamadores estaban compinchados en bromear, y ni levantamos la cabeza de los sacos, tratando de dormir en la penumbra. Entonces, a la tercera exclamación de ambos, los tres restantes nos incorporamos a mirar. ¡!

Y ahí estaba: una mano verde fosforescente, de tamaño natural, brillando delante nuestra. Su palma estaba extendida hacia nosotros, a manera de saludo, como los indios cuando dicen "HAW". Aquello se apagó y, antes que pudiéramos reflexionar, la chica que venía con nosotros fue presa de un ataque de pánico, que nos contagió, y en segundos estábamos recogiendo el campo para irnos fuera de allí. Todo fue muy rápido, pero me asomé a la azotea donde hicimos el fuego, por si se había quedado algo allí por recoger, y vi una neblina verde fosforescente, del mismo color que la mano, como nube de hielo seco coloreada por una tenue brillantez verdosa de fósforo, al fondo de la terraza, por detrás, a unos metros de donde estuvo el calor del fuego. Al verla comprendí de forma intuitiva que aquella neblina, un minuto antes, había adoptado forma de mano. La chica no paró de luchar porque nos fuéramos, y en menos de tres minutos estábamos fuera, con todo el equipo, mirando de frente a la casa.
Nos interrogamos unos a otros.
¿Eran los faros de un coche? Todos lo descartamos: la mano estaba quieta y el ángulode luz no llegaba al camino, tapado por grandes palmeras. Además no habíamos oído un solo coche.
Pero... si estaba quieta ¿cómo pudimos verla cada uno en un punto diferente?
Unos la vieron sobre una pared, otros sobre el techo, en una ventana...
La cosa estaba clara: LA MANO ESTABA ENMEDIO DE NOSOTROS.

Alguien miró la hora. Eran las dos de la mañana.
¿Cómo que las dos? ¿Dos horas? Nos parecía increíble que se nos hubieran volado dos horas enteras en el tiempo de los picores, contar dos chistes, ver aquello y salir cagando leches.
Pero ahora debíamos volver a los bares de la estación para buscar una habitación donde dormir.
Llegamos al bar restaurante y nos encontramos que estaban en fiesta de carnaval. Alquilamos una habitación y nos sentamos a tomar un refresco allí, entre la fiesta.
Pues resulta que a nuestra mesa se acerca una chica vestida de bruja que nos pide le firmáramos una dedicatoria en la escayola de su antebrazo, como es costumbre hacer en los amigos en los colegios.
Pues cuando nuestra compañera se percató del esoterismo de la situación, se descompuso, se levantó y nos arrastróa a todos de nuevo para irnos a Málaga:
"¡Yo me quiero ir a mi casa!"
¿Y cómo te piensas ir, si hasta las ocho de la mañana no sale el tren! -Entonces no teníamos ninguno coche, claro.- Al final accedió a quedarse en la habitación del hostal, donde todos dormimos muy bien.
Al despertar, lo primero que hicimos fue volver a la casa y verlo todo a la luz del día. En nuestras cabezas sabíamos que lo vimos los cinco y era algo totalmente fuera de lo normal, y teníamos muchas ganas de encontrar alguna explicación lógica.
Allí estuvimos de nuevo inspeccionando las paredes, el rescoldo de la hoguera, los huecos de las ventanas y puertas, las escaleras.... La chica se puso a hacer pintadas con el carbón advirtiendo a los que vinieran que allí había fantasmas....
Pues esta fue la experiencia que ha inspirado y guiado mis investigaciones sobre lo sobrenatural.
Entorno geobiológico:
La casa Encantada (como el nombre del lugar "Tajo de la Encantada" indica), se halla justo en el centro de fuerzas tectónicas muy poderosas entre el cerro de Bobastro y la Sierra de la Huma, entre las cuales se halla la hidroeléctrica, su salto de agua y su embalse. Además los fósiles de ammonites demuestran que la Sierra de la Huma fueron llanuras marinas del Cretácico, elevadas a gran altitud por la violenta acción tectónica de la Naturaleza.
Además discurre muy cerca una línea de ferrocarril muy transitada a través de largos túneles excavados en las entrañas de estos macizos kársticos.
La historia de la casa:
Desde principios del siglo XX fue un convento de las monjas de La Caridad.
Los suelos de sus amplios jardines tenían pentáculos dibujados en mosaicos de piedras, a manera de adornos geométricos.
Sirvió de escuela infantil para los empleados de las obras del Caminito del Rey y de la Hidroeléctrica El Chorro.
Hoy en día está derruído, y sólo subsiste la restaurada ermita de la Virgen de la Medalla Milagrosa.
La explicación que ahora, después de 22 años, puedo dar al fenómeno es la siguiente:
Hay casos de nubes con resplandores verdes fosforescentes, en los pantanos, mostrando sobrecogedoras conductas cuasinteligentes, como perseguir a los testigos. Las llaman "fuegos fatuos".
El gas metano, producto de la descomposición orgánica en pantanos, al ionizarse exhibe un resplandor verde fosforescente.
La energía bioeléctrica de todos los seres vivos está compuesta por iones, y tiene comportamiento psíquico que debería ser más experimentado.
Un lugar fuertemente ionizado provoca picores en la piel y sube la sensación térmica.
Ciertos lugares cargados de energía electromagnética, hidroeléctrica y telúrica pueden amplificar esta energía.
Hasta aquí un resumen de la experiencia y sus posibles explicaciones.
Investigaciones y experiencias con ORBES
Aparición de púlsar, nube y rostro del interior de una TV sin filtro rayos catódicos
Experimento 3, del Proyecto Finder de obtención de psicoimágenes. Transcomunicación Instrumental.
(buscar dentro de la página "Experimento 3")


F.J. Chacón. Última actualización Agosto de 2006.