Clasificando los textos de Tolkien:
Una guía para el historiador de la Tierra Media.
Durante mucho tiempo una de
las grandes discusiones de aquellos que hemos dedicado nuestro tiempo al
estudio de la Tierra Media partiendo de una perspectiva histórica ha sido el
valor que podíamos dar a cada uno de los diversos textos esparcidos a lo largo
de los escritos de J.R.R. Tolkien. En muchos casos hemos pecado de querer
circunscribir la materia de estudio únicamente a la obra publicada en vida de
su autor: El Hobbit y El Señor de los Anillos, más los añadidos
de El Silmarillion y los Cuentos Inconclusos. Sin embargo los
historiadores de la Tierra Media no dejan de encontrar limitaciones a esta
reducción. En ocasiones el estudio ha llevado a descubrir contradicciones
dentro de este núcleo, de este Proto-Canon, (que además fue variado por Tolkien
a través de las diferentes ediciones que tuvieron los libros) tanto entre los
diversos libros como dentro de un mismo libro. Incluso hoy en día, a más de 25
años de la muerte de Tolkien, se siguen produciendo variaciones, aunque de
menor importancia, como es la nueva edición de The Silmarillion, con
leves modificaciones en su texto. Un ejemplo de contradicción interna es el
cuento de Galadriel y Celeborn, donde diversas tradiciones de una misma
historia se mezclan de forma que solo un estudio a conciencia de esta obra y de
sus origines nos puede llevar a conclusiones satisfactorias. Por otro lado, el
estudio detenido de la serie de La Historia de la Tierra Media, editada
por Christopher Tolkien, nos ofrece una visión mucho más amplia de la historia
de Arda, con textos que difícilmente podemos descartar ni autorizar a primera
vista, pues pese a ser claramente pertenecientes a épocas y concepciones
anteriores no han sido revisadas en etapas posteriores de la vida de Tolkien,
ni rechazados de plano. A la hora de tratar El Silmarillion, por
ejemplo, cada vez nos estamos dando cuenta más y más de hasta donde llegó la
edición, llegando a involucrar mucho más material del que en un principio se
habría pensado. Christopher Tolkien no hace añadidos al texto de su padre,[1]
pero si que aplica en ocasiones sus "tijeras de mithril" y hace gala
de su gran conocimiento de los textos en un "recorta, pega y colorea"
que lejos de desvirtuar una obra la convierten en otra nueva. Multitud de
textos y una única historia... ¿Cómo estudiarla?
Los estudiosos de las
lenguas de la Tierra Media ya se encontraron antes que nosotros con ese
problema, agravado en su caso por que la mayor parte del vocabulario existente
en las lenguas élficas proviene de una obra, Las Etimologías, que si
bien es contemporánea a los primeros balbuceos de la escritura de El Señor
de los Anillos, en muchos puntos parece no haber sido revisada sino
ampliada a medida que avanzaba la escritura, hasta llegar un instante en que,
desgraciadamente, es olvidada. Las preocupaciones creativas de Tolkien se
centran en la escritura de El Señor de los Anillos, la obra le arrastra
y deja otros escritos, que en muchos casos nunca vuelve a recuperar del todo.
Después de publicado El Señor de los Anillos, Tolkien piensa en la
publicación de su gran obra: El Silmarillion, que debe hacerse coherente
con las nuevas obras (El Hobbit y El Señor de los Anillos, ya
definitivamente incorporadas a la mitología tolkieniana, situados ya claramente
dentro de Arda): Empieza lo que yo llamo la etapa revisionista de Tolkien o
según Atanelda de Gondolin, la época filosófica, o según otros autores la etapa
teológica. En el fondo todos nos referimos a lo mismo. Los lingüistas han
tenido que tomar todo este material, adaptando del anterior, en especial los Lexicones
que acompañan a Los Cuentos Perdidos, cuando ha sido necesario, bajo la
premisa de que nunca entraran en contradicción con el material posterior. Este
material se considera menos evolucionado y más primitivo, del cual se echa mano
cuando no hay otro remedio. Veremos que, según quiero llegar a explicar, este
material para el historiador sería un material más reciente y evolucionado,
aunque para nosotros esta característica no será tan favorable como para los
lingüistas sino más bien al contrario, pues el texto se alejará de sus fuentes
históricas.
Querría dejar claro antes de
seguir mas adelante que yo no soy un profesional de la historia, aunque se me
pueda considerar un estudioso de la historia de la Tierra Media. Este trabajo
está abierto, por tanto, en todo momento a las críticas de aquellos que
conozcan los métodos del historiador y el análisis de textos históricos mejor
que yo.
¿Cómo organizamos los textos?
He optado por una
clasificación que en principio puede chocar a algunas personas, pues pretende
tratar todos los textos salidos de la pluma de Tolkien como obras más o
menos históricas. Esto nos obligará a aceptar las normas de juego que el propio
Tolkien nos propone en el Prólogo y los Apéndices de El Señor
de los Anillos. Él no es el autor, sino un traductor o transcriptor. Esto
no implica que restemos importancia en ningún momento a Tolkien como autor, es
más, la incrementará al hacerle capaz de desarrollar lo que podremos considerar
diversas tradiciones y permitirnos a nosotros, como personas ajenas a su
subcreación entrar en ella concibiéndola como un todo que veremos puede ser
coherente. Como se ha dicho en numerosas ocasiones, Tolkien, un hombre a lo
largo de una vida, realiza respecto a su mundo secundario la misma labor que
pueblos enteros respecto a nuestro mundo primario. Yo no pienso entrar en la
especulación de cuando o como le pudieron llegar a él los textos originales,
sino que me centraré en su procedencia y la transmisión, con vistas a sentar
una nueva base para el estudio de la historia de la Tierra Media. Es un
proyecto sin duda ambicioso, pero espero que al final se vea como factible.
A partir de ahora emplearé
la denominación de Materias para cada una de las corrientes a través de las
cuales nos llegan las leyendas de la Tierra Media en paralelismo a las
denominaciones empleadas usualmente en los ciclos europeos (Materia de Bretaña,
Materia de Gales,...) a los que la Tierra Media precede en nuestro juego
histórico. Atanelda las llama vías en su excelente trabajo Ælfwine, pero
ya que mi propia clasificación se desmarca en varios puntos de la suya me
permitiré también hacerlo en este.
Como base de este estudio
postulo la existencia de cinco grandes Materias dentro de las cuales podemos
clasificar todo el legendarium de la Tierra Media: Estas
son:
–La Materia de la Comarca
–La Materia de Númenor
–La Materia de Imladris
–La Materia de Ælfwine
–La Materia de Porlock
Como podremos observar en la
clasificación que he elaborado como addenda a este estudio, los escritos
pertenecerán a una o varias de estas Materias. Esto no nos debe extrañar, pues
se debe a que bastantes textos son compartidos por diversos pueblos. A lo largo
de la historia de la Tierra Media han existido numerosos contactos ente sabios
de las diversas razas, y posteriormente al periodo histórico de la Tierra
Media, tenemos a Ælfwine como medio transmisor del legendarium. Ælfwine
no crea Materia nueva, sino que nos hace llegar (y posiblemente interpreta) las
obras de las tradiciones anteriores.
Materia de la Comarca:
Está constituida por lo que
se ha dado en denominar el Libro Rojo de la Frontera Oeste. Según el Prologo
de El Señor de los Anillos son cinco volúmenes. El primero de ellos es
el diario de Bilbo y la narración de la Guerra del Anillo por Frodo y Sam (El
Hobbit y El Señor de los Anillos). El quinto fue añadido en la
Frontera Oeste, seguramente por los Belinfantes de las Torres, y contiene
comentarios, genealogías y otros papeles referentes a los miembros hobbits de
la Compañía. Aquí podríamos considerar incluidos The Adventures of Tom
Bombadil, Bilbo's Last Song y buena parte de la información de los Apéndices,
especialmente C y D. Buena parte de los borradores de los Apéndices que
aparecen en Peoples of Middle Earth (HoME XII) son susceptibles de ser
incluidos, al menos parcialmente, dentro de este conjunto. Además este quinto libro incluiría los comentarios y
notas hechas en Gondor al Libro del Thain, y algunos textos de Los
Cuentos Inconclusos referentes a los acontecimientos ligados al devenir del
Anillo.
Nos quedan aún tres libros:
Las Traducciones del Élfico de Bilbo Bolsón. Tradicionalmente se ha
defendido que corresponden a El Silmarillion[2].
Pero, o la versión publicada no pasa de ser un resumen, o ha desaparecido gran
parte de los contenidos de estos tres libros. Yo creo que buena parte de ellos
era ocupada por poesía (uno de los principales intereses de Bilbo). El
Silmarillion como tal (entendido así únicamente el Quenta Silmarillion,
tal y como ha sido editado y publicado por Christopher Tolkien, y las dos obras
que le acompañan o preceden: Ainulindalë y Valaquenta) formaría
uno de los tres libros de Bilbo. Las otras dos obras de El Silmarillion
(Akallabêth y De los Anillos del Poder y la Tercera Edad)
formarían parte de un añadido realizado en Gondor cuando Findegil hizo la copia
que nos ha llegado, completando así un circulo que empezaría con la historia de
la Guerra del Anillo, de allí, por medio de la mano de Bilbo retrocedería hasta
los orígenes de Arda y lentamente retornaría a través de Gondor hasta el final
de la Tercera Edad. Otro lo ocuparían posiblemente las traducciones del
material contenido en Las Baladas de Beleriand. Y nos queda el último
tomo, compuesto seguramente por canciones y textos más breves, el cual podemos
especular que se perdió o se ha conservado solo fragmentariamente.
Este planteamiento supone
tres prejuicios históricos: El Gondoriano, presente principalmente en los Apéndices
, luego tenemos el más importante al menos en cantidad, que me permitiré llamar
Comarqueño, y por último el causado por Elrond y las fuentes de Imladris,
ligadas principalmente a los Noldor de las casas no fëanorianas y a los Sindar
de Doriath.[3]
El estudio de este material
y su estructura, como ya he dicho, circular, nos permite explicar una de las
grandes incógnitas de El Silmarillion publicado: La Ultima Profecía de
Mandos sobre la Dagor Dagorath. Esta profecía rompe la idea de obra cerrada
sobre sus propios orígenes,[4]
ofreciéndonos una salida a la historia, una visión del final. Es probable que
Bilbo conociera muy poco sobre la Profecía, pero Findegil y los señores del
saber de Gondor la conocían, sin duda
alguna. Fue la propia estructura de la obra la que le impulsó a él también a
dejarla fuera. ¿Era Findegil un simple escriba, o podemos ver en él un espíritu
literario, incluso al tratar los textos históricos? Supongo que nunca lo
sabremos. Solo tenemos su copia,[5]
hecha a petición del biznieto de Peregrin, del Libro del Thain de
Minas Tirith, copia a su vez del Libro Rojo de los Periannath,
conservado en Grandes Smiales, en La Comarca. Podemos intuir que el Libro
del Thain contenía anotaciones que no estaban presentes en la copia
original preservada por los Tuk; y del Prólogo de El Señor de los
Anillos sabemos que Tolkien tuvo acceso a ambas copias complementándolas
una con la otra.
Materia de Númenor o Dúnedain:
Ligada profundamente con la
Materia de la Comarca y con la Materia Élfica (que veremos a continuación),
incluye todas las obras conservadas de la antigua Númenor, tanto escritas allí
como las llegadas a través de Númenor. Podemos incluir en ella Cuentos
Inconclusos I al completo y la mayor parte de Cuentos Inconclusos II
(excepto la Historia de Galadriel y Celeborn, de fuentes
mayoritariamente élficas). Seguramente también podríamos encontrar en esta
Materia buena parte de las obras recogidas en la Materia de la Comarca sobre la
Primera Edad, y otras obras que considero pertenecerían a la Materia Élfica,
pero no nos han llegado (o quizás aún están por descubrir): La Aldudénie
de Elemmirë, la Noldolante de Maglor, la Narsillion... además del Valaquenta y Ainulindalë
(textos que estarían presentes, en una versión u otra, en todas las Materias).
Estas obras que considero en ambas materias se caracterizan por tratar hechos
anteriores al establecimiento del reino de Númenor, momento a partir del cual
podemos considerar que la cultura escrita de los Atanatári se diferencia
definitivamente de la cultura élfica. El reino Númenóreano y sus sucesores en
la Tercera Edad, pese a ser receptáculos de una antigua tradición élfica
también crean su propia tradición, sobradamente diferenciada. Esta tradición
seguramente ya apareció en la Primera Edad[6],
pero queda eclipsada por las obras élficas contemporáneas.
Otros documentos que se
incluirían aquí serían la documentación preservada y escrita en los Reinos en
el Exilio durante la Tercera Edad e inicios de la Cuarta: Los Anales de los
Reyes (base de los Apéndices A y B), la Akallabêth, De los Anillos del
Poder y la Tercera Edad, El Desastre de los Campos Gladios, Cirion
y Eorl y La Batalla de los Vados del Isen. También Los Druédain
y Las Palantiri serían parte de este corpus de saber Dúnadan. De nuevo
podríamos incluir aquí material proveniente del tomo XII de HoME (este volumen
es de gran interés para los estudios históricos sobre la Tierra Media al
contener muchos textos que luego fueron recortados o eliminados por la presión
editorial de los Apéndices). Habría algún otro texto susceptible de ser
incluido aquí, como Tal-Elmar, un intento de dar una visión de Númenor
desde la óptica de los Hombres Salvajes de Eriador.
Para estructurar esta vista
de la Materia de Númenor podemos concluir que nos hablaría de la Primera Edad
en superposición con la Materia de Imladris, y recogería todo el material sobre
los Hombres, en especial Númenor en la Segunda Edad y Arnor y Gondor junto con
sus aliados y enemigos en la Tercera.
Materia Élflca o de Imladris:
Denomino a los textos
transmitidos a través de la vía élfica Materia de Imladris ya que este fue el
sitio donde se debió reunir y acumular durante la Segunda, Tercera y principios
de la Cuarta Edad. A ella pertenecen todas las obras cuya autoría se atribuye a
los Elfos. Las vías de llegada a Imladris son a través de sus propios autores o
de copias de sus libros por una parte (toda la documentación sobre Beleriand y
parte de la de Valinor: Narsillion, Ainulindalë, Valaquenta,
Noldolante y, por otra parte, traídos a través de Númenor desde Tol
Eressëa, superponiéndose así a la Materia de Númenor, donde estarían la Aldudénie,
el Ambarkanta, Nurtale Valinóreva... Sus principales autores son
Rúmil de Tirion y Pengoloð de Gondolin. Otros textos publicados de esta
tradición serian los Anales Grises, la Lhammas, la Historia de
Galadriel y Celeborn, Los Istari, la Athrabeth... Se puede
observar que esta Materia está muy relacionada y superpuesta con la de Númenor,
estableciendo dos (o más) vías de transmisión paralelas para unas mismas obras.
Lamentablemente (para el historiador) muchas de las obras de la Materia Élfica
pertenecen a cuestiones filosóficas y lingüísticas con valor relativamente bajo
para el estudio histórico (no así para otros apartados de las Ciencias de la
Tierra Media).
La principal dificultad que
presenta este material es el mismo modo de trabajo de los eruditos élficos. En
una nota perteneciente, nuevamente, al tomo XII de HoME, se nos dice que el
método de trabajo de estos eruditos se basa principalmente en la tradición oral
y la preservación memorística de esta. De esta cita se implica que la capacidad
de retentiva de los elfos era muy superior a la de la raza humana. Los escritos
de saber élfico responden a necesidades de investigación y a anotaciones con el
objeto de facilitar el aprendizaje, no a la transmisión integra del saber. La
finalidad de las obras más completas es sin duda transmitir el conocimiento de
los Eldar a los hombres. Quizás sea por ello que el único asentamiento élfico
donde sabemos que existía una biblioteca era Imladris (no es que tengamos
muchos datos sobre el resto de asentamientos tampoco, pero sirva como posible
hipótesis de trabajo, compatible con todos los datos que tenemos).
Materia Anglosajona o de Æ1fwine:
Sin duda la más discutible y
discutida. Comprendería la mayor parte de lo que se ha publicado en HoME
(excepto Los Cuentos Perdidos, para ellos pido un trato aparte) Incluye
todo lo que aprendió el marinero Ælfwine (siglos IX-X) durante su estancia en
Tol Eressëa y tradujo al inglés medio o anglosajón. La mayoría de los textos
pertenecen también a otras tradiciones. Lo que realmente nos interesa de esta
vía no es el texto en si, pues por lo general es un texto perteneciente ya al
menos a una segunda materia, la de Imladris, sino su transmisión hasta nuestros
tiempos históricos. Son estos textos los que realmente forman un puente entre
los Días Antiguos y la Era Moderna. Tal y como nos asegura Tolkien (haciendo
referencia a una de sus obras favoritas, el Beowulf) "podemos estar
agradecidos de que el producto de tan noble talante haya sido preservado por la
casualidad (si es que tal cosa existe) de las garras del dragón de la
destrucción"[7]
El tema de Ælfwine[8],
el marinero que encontró el Camino Recto y llegó a Tol Eressëa, es
decididamente la materia más intrincada y complicada en el campo de los
autores. Su nombre en Inglés Antiguo significa "Amigo de los Elfos",
un nombre no del todo inhabitual en su época. Era lejanamente descendiente de Eärendil,
y por eso llevaba el Deseo del Mar en su sangre.
Ælfwine era un navegante y trovador al servicio del
theng del rey Eadweard, Odda. Nació alrededor del 869 AD. Teniendo seis años
su padre se hizo a la mar en su navío
"Éarendel" y nunca volvió[9].
En su juventud aprendió el lenguaje galés, que era el de su madre. Al servicio
de Odda navegó por Gales e Irlanda, y siempre se vio fascinado por el mar. En
Irlanda escuchó los Imrama de Maelduin y San Brandam, al igual que
rumores de la tierra del oeste, hundida y cuyos supervivientes se instalaron en
Irlanda[10].
Hacia el 915 AD los daneses atacaron Porlock.
Finalmente fueron rechazados y Ælfwine y su compañía capturaron un cnearr danés
al anochecer. Ælfwine y Tréowine, su mejor amigo, junto con dos compañeros[11]
Ceola de Somerset y Geraint[12]
de Gales Occidental. Navegaron juntos hasta más allá de la última costa de
Irlanda, y siguieron navegando hasta perder el conocimiento. Lo último que se
sabe del viaje es que Tréowine vio el mundo hundirse bajo ellos. Habían encontrado
el Camino Recto.
De Tréowine y sus compañeros nada más se sabe. Cuando
Ælfwine se despertó se encontró en una playa y un grupo de elfos llevó su barco
hasta la orilla. Estaba en Tol Eressëa, donde fue instruido por los Noldor, de
los que aprendió su lengua. En Tavrobel, en el interior de la isla conoció a
Pengoloð, que le instruyó en el saber de los elfos.
A su regreso a Bretaña Ælfwine traduce las obras que
ha aprendido, como la Narn i Chîn Húrin, los Anales y el Quenta
Silmarillion, con comentarios respecto a los nombres. También transcribe
las DangweÞ Pengoloð (Las Respuestas de Pengoloð) sobre las lenguas
élficas, la Lhammas...
Desde este momento entramos en una nueva cuestión: la
preservación del texto. La forma más plausible es una biblioteca monástica que
hubiese sobrevivido afortunadamente hasta nuestros días, para caer al final los
escritos en manos de Tolkien. Esta posibilidad además nos permite formular de
forma sencilla la última materia.
Materia de Porlock:
Tomemos la copia del texto
de Ælfwine en manos de monjes cristianos en el siglo X-XI Al igual que los
monjes irlandeses de la época reelaboraron las leyendas celtas, introduciendo
en ellas elementos bíblicos, no sería raro que pudieran hacer lo mismo con las
leyendas élficas, ligándolas a un teórico Inram Eriol (Viaje de
Eriol/Ælfwine). En él, Eriol llega a una isla donde recibe las historias de los
elfos. El argumento del hilo conductor es bastante repetido en los
cristianizados ciclos celtas: desde los viajes de San Brandam a las peripecias
de Maelduin, viajando de isla en isla, donde viven aventuras increíbles y
aprenden extraños conocimientos, todos ellos bebiendo de fuentes mucho más
antiguas. Un tema conocido unido a una leyenda extraña. Los monjes la redactan
de nuevo, usando el viaje de Ælfwine como base narrativa. Son Los Cuentos
Perdidos, de origen anglosajón pero en los cuales se perciben influencias
de otras obras de procedencia escandinava, de donde podemos pensar que el texto
es posterior a la invasión danesa (principios del siglo XI). En ellos la
historia se nos ofrece muy distorsionada y envuelta de elementos míticos, como
dijo aquel lector al que Allen&Unwin dieron a leer la Balada de Leithian,
envueltos de esa esquiva magia céltica. Parafraseando a Tolkien, Los Cuentos
Perdidos intentan reunir "el más inquisitivo y menos severo acervo del
saber élfico, que pudiera, al menos en algunos aspectos y a pesar de las
grandes voces galas que se alzan en contra, conservar gran parte del pasado del
Norte para armonizarlo con el saber del Sur, y con la nueva fe".[13]
Conclusión:
Tras el estudio de la obra
tolkieniana publicada, podemos observar como Tolkien con los años traslada el
centro de su legendarium de los elfos a los hombres. Si miramos los
textos cronológicamente observamos que mientras en los años 20 y 30 predomina
en solitario la Materia de Imladris, según avanza el tiempo la Materia de
Númenor va tomando importancia, aunque nunca llega a tomar el papel dominante.
En ocasiones Tolkien se plantea cual es el punto de vista de las leyendas. En Morgoth's
Ring, vemos como Tolkien se cuestiona todo su trabajo hasta entonces, y su
coherencia con los tiempos actuales, incluyendo la transmisión, y concluye
que "lo que tenemos en el Silmarillion
son tradiciones (especialmente personalizadas, y centradas en ciertos actores,
como Fëanor) transmitidas por los Hombres en Númenor y después en la
Tierra Media (Arnor y Gondor); pero mucho antes –en los días de la primera
asociación entre los Dúnedain y Amigos de los Elfos con los Eldar en Beleriand–
mezcladas y confundidas con sus propios mitos humanos e ideas cósmicas."[14]
Al mismo tiempo inicia un proceso de racionalización del mito que podría haber
acabado con su propia creación. Como plantean algunos autores, la publicación
de El Señor de los Anillos supone el fin de la etapa mitopoética de
Tolkien y el inicio de una nueva época, la revisionista o, según los anteriores
autores, teológica.[15]
Así lo vemos en la célebre Athrabeth Finrod ah Andreth, donde se
presentan dos visiones de la Tierra Media (concretamente en este caso, del
Destino de los Hombres) contradictorias entre sí. Al final nos queda la
pregunta sin respuesta, ¿cuál es la interpretación correcta? ¿A quién pertenece
el mito? El mito no es ya únicamente de Tolkien, es de la Tierra Media, todos sus
pueblos participan de él en mayor o menor grado, y, citando a Verlyn Flieger:
"El mito no pertenece a los Elfos, ni a los Hombres. Ni a la Cristiandad.
No puede ni quiere hablar con una voz única. Debemos agradecer a Tolkien el
coraje no solo de sus convicciones y creencias, sino también de sus dudas. Tal
honestidad en un escritor debería encontrarse con la misma honestidad por parte
de sus lectores. Sólo si podemos aceptar las múltiples voces, las diversas
interpretaciones y los puntos de vista enfrentados, sólo si podemos ser tan
honestos, tan dubitativos, tan esperanzados como el propio Tolkien, sólo si
podemos responder a la pregunta «¿De quién es el mito»
aceptando que es –con toda su indeterminación e irresolución– de Tolkien,
sólo entonces podremos decir verdaderamente que es nuestro"[16]
Hasta aquí ha llegado este
estudio cuyo objetivo inicial era establecer un canon tolkienista, algo de lo
que llevábamos hablando en el seno de la proto-Comisión de Historia y Geografía
desde hace mucho tiempo. Tras realizarlo soy consciente de que un Canon dentro
de la obra de Tolkien es algo utópico. El estudio de los fragmentos me lo
demuestra. No considero que el trabajo haya fracasado por ello. El Canon es
inalcanzable, pero tenemos en nuestras manos herramientas fruto de un estudio
serio y realizado sobre unas bases firmes. Todos los trabajos a los que he
tenido acceso intentan simplificar al máximo las vías de transmisión,
perdiéndose una gran cantidad de información en el proceso.[17]
El mismo Tolkien nos ofrece nuevamente la llave a sus escritos: Su obra
"está hecha de cuentos recitados frecuentemente antes y en otras partes, y
de elementos que derivan de tiempos remotos más allá de la visión o la
consciencia del autor."[18]
La respuesta estaba mas cerca de lo que creíamos. Nos la ha dado el mismo
Tolkien, pero no la habíamos visto.
En Valle a 10 de julio de 2000
Adanost Dúnadan Hir i Mberaid
Profesor de Historia Dúnedain
Universidad Autónoma de Númenor
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J.R.R. Tolkien. Ósanwe Quenta en Vinyar Tengwar 39.
[1] Con excepción de algún caso concreto y actualmente bien delimitado gracias a La Historia de la Tierra Media, de Christopher Tolkien, como la reescritura de los fragmentos referentes a la Ruina de Doriath.
[2] Véase al respecto la Guía Completa de la Tierra Media, de Robert Forest y el prólogo de El Libro de los Cuentos Perdidos I
[3] Véase Ælfwine, de Luis Goñi, e Historical Bias, de Alex Lewis, para un tratamiento más detallado de este prejuicio de Imladris.
[4] Cf. La Serpiente Uróboros, de R. E. Eddison, otra obra cerrada sobre sí misma
[5] Según se nos dice en el prólogo una copia exacta.
[6] Tenemos el caso de Dírhavel, el autor de la Narn i Chîn Húrin, perteneciente a la Casa de Hador, que compone su obra a finales de la Primera Edad en sindarin, empleando una métrica élfica (el Minlamed thent/estent).
[7] Beowulf: Los Monstruos y los Críticos en Los Monstruos y los Críticos y otros ensayos, pág. 40
[8] Los datos biográficos de Ælfwine provienen del trabajo Ælfwine de Atanelda, quien a su vez los extrae de Los Cronistas de Arda de Måns Björkman.
[9] Este es un tema recurrente en Tolkien, cf. Los Papeles del Notion Club
[10] Nuevamente un tema recurrente en Tolkien, tomado en este caso de los mitos irlandeses y presente en la mayoría de mitos de Europa. Cf. los hombres del mar en el Mediterráneo, los Atlantes de Platón, o los Reyes venidos del Mar del norte de Europa.
[11] Tres compañeros, al igual que los tres marineros que acompañaban a Eärendil en su viaje a Valinor.
[12] El nombre corresponde también a uno de los caballeros de la Tabla Redonda.
[13] Cf. Beowulf: Los Monstruos y los Críticos en Los Monstruos y los Críticos y otros ensayos pág. 35
[14] Morgoth's Ring, pág. 370
[15] On entering the same river twice: Mithology and Theology in the Silmarillion Corpus, de Kaj André Apeland.
[16] Whose Myth Is It?, de Verlyn Flieger.
[17] Véase especialmente Martin Baker y su postulación conocida como New Middle Earth, quizás la teoría más conocida al respecto.
[18] Sir Gawain y el Caballero Verde en Los Monstruos y los Críticos y otros ensayos, pág. 94