TO THE
GREEN FIELDS BEYOND
Análisis de los ejércitos de
“La caída de Gondolin”
“From mud, across blood, to the
green fields beyond” (“Desde el barro,
a través de la sangre, a los verdes campos más allá”) es el lema del Royal
Armoured Corps. Acuñado por J.F.C. Fuller, su fundador, refleja con bastante
exactitud cual era el cometido para el que fueron inventados los tanques en la
1ª Guerra Mundial: romper las líneas de trincheras que habían mantenido
estancado el Frente Occidental durante tres años, rechazando todos los ataques
que la infantería había realizado hasta entonces.
¿Por qué un ensayo sobre “La caída de Gondolin”
tiene este titulo?. Bueno, responder a esa pregunta es precisamente uno de los
puntos de los que trata.
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Fortificaciones
Además de su ocultamiento
Gondolin contaba con potentes fortificaciones. Para empezar estaba construida sobre la
empinada Amon Gwareth (Colina de la Defensa), a la que solo se podía subir por
sinuosas escaleras “a pie y observado desde las murallas”. En lo alto de la
colina se levantaban las altas murallas, que como dice la narración, eran
demasiado poderosas para ser tomadas: “Ni todas las huestes de Orcos y de
Balrogs con toda su crueldad podrían apoderarse de las murallas y las puertas
de Gondolin, ya fuese atacándolas o sitiándolas, aunque lograran llegar al
valle que es extendía fuera de ellas”.
Aunque el concepto de fortaleza
inconquistable no es nada nuevo, hay que tener en cuenta que los combates en
que Tolkien estuvo durante la IGM, consistieron en el ataque básicamente en el
asalto a una fortaleza inexpugnable, las líneas de trincheras del Frente
Occidental.
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Armas
de asedio
Para defender esas fortificaciones los Noldoli
emplearon diversos tipos de armas de asedio: “[Turgon] ordenó que sus artífices
inventaran nuevas armas y las emplazaran en las colinas. Estaba dispuesto a
arrojar fuegos venenosos y líquidos ardientes, flechas y rocas enormes contra
cualquiera que atacara esas murallas.” Más adelante, ya durante el asalto,
también se cita: “Los mecanismos y catapultas del rey arrojaron una lluvia de
dardos y piedras y metal derretido”.
A juzgar por este texto tres de los tipos de
maquinas empleados son bastante convencionales: Catapultas, balistas y calderos
con materiales hirvientes. Pero la referencia a fuegos venenosos es más
extraña. Si bien en la Edad Media o Antigua se emplearon gases venenosos
(Producidos quemando sulfuro y otras sustancias) en alguna ocasión, no fueron
ni mucho menos un arma corriente. Es posible que la aparición de estos
elementos se deba a la influencia de los diversos tipos de gases tóxicos
empleados con cierta frecuencia en la IGM.
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Tropas
Las tropas de Gondolin estaban organizadas en
doce casas: La casa del Rey, la casa
del Ala, liderada por
Tour, la
casa del Topo, la de la Golondrina, Arco celestial, Pilar, Torre de Nieve,
Arbol, Flor Dorada, Fuente, Arpa, y la del Martillo Iracundo.
La mayoría de estas tropas estaban
equipadas como infantería convencional con espada y escudo.
Las excepciones eran la casa del Topo, que estaba equipada con hachas de dos filos, las casas de la Golondrina y del Arco Celestial, que proporcionaban los arqueros de la ciudad (Los Gondothlim, además de ser hábiles arqueros, fabricaban poderosos arcos y se cita que “podían lanzar una flecha al cielo siete veces más lejos que el mejor arquero de los hombres”), la casa del Árbol que parece estar equipada como infantería ligera, con porras y hondas (Y a la que se describe con profundos conocimientos de los valles que rodeaban Gondolin) y la casa del Martillo Iracundo que, formada por herreros (Generalmente gente bastante fuerte), estaba equipada de una forma más pesada, con mazos y pesados escudos.
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Orcos
En esta narración, a diferencia de en otras
posteriores, los orcos son creados por Melko “con el calor y el
lodo
subterráneos”. Constituyen el grueso del ejercito de este y basan su fuerza en
su gran numero, ya que individualmente no resultan rivales para los Noldoli,
por lo que necesitaban el apoyo de tropas de mayor calidad como los balrogs.
Prácticamente no se describe nada de su equipo o armas.
En la toma de Gondolin los orcos pagaron un
alto precio. Sufrieron más bajas en esta batalla que en todos los anteriores
combates contra los elfos juntos.
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Balrogs
Una característica sorprendente de los balrogs
en esta historia es su elevado numero, del orden de varios
cientos.
Más tarde, en narraciones posteriores el numero de Balrogs a disposición de
Morgoth se reduciría a siete.
A los balrogs se los describe como demonios de
fuego de elevada estatura (El doble de un elfo), equipados con armaduras
metálicas y armados con látigos llameantes y tenazas. también estaban equipados
con arcos y hondas y se les describe lanzando “dardos ardientes y flechas
envueltas en llamas”.
Un balrog, Gothmog, comandaba las huestes de
Melko. Hasta la batalla de Gondolin, nunca había muerto ninguno en combate,
pero en el asalto a la ciudad sufrieron fuertes bajas.
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Dragones
Melko se encontraba con un problema
muy similar a la de los generales ingleses en la IGM: delante
de él se
encontraba una posición fuertemente fortificada, a la que había que llegar por
un área expuesta y cubierta por un nutrido fuego de armas individuales (Arcos
elficos en Gondolin, fusiles y ametralladoras en las trincheras) y artillería
(Catapultas, balistas y demás en un caso y artillería “de pólvora” en el otro),
y que resultaba prácticamente inexpugnable para sus tropas (“Ni todas las
huestes de Orcos y de Balrogs con toda su crueldad podrían apoderarse de las
murallas”).
Tolkien, que había vivido esa situación y
estaba escribiendo al mismo tiempo que se libraban las batallas
en las
que el ejercito británico empezó a poner en practica su solución para el
problema, copió esa solución: “[Meglin] aconsejó a Melko que creara algo que sirviera de ayuda a sus
guerreros en esa empresa. Le dijo que recurriera a su plétora de metales y a su
dominio sobre el fuego para crear bestias parecidas a las serpientes y los
dragones cuyo poder fuese irresistible y pudieran atravesar las Colinas
Circundantes y sumir a la planicie y la hermosa ciudad en el fuego y la
destrucción ”.
Estos dragones eran de tres tipos: “Algunos de
ellos eran de hierro y sus piezas estaban unidas con tal
maestría
que podían deslizarse como lentos ríos de metal o enroscarse en los obstáculos
que les salían al paso o serpentear por encima de ellos, y en lo más profundo
de sus cuerpos llevaban un sin número de los orcos más siniestros”. “Otros eran
de bronce o de cobre y tenían corazones y espíritus de fuego abrasador y
quemaban todo lo que encontraban con sus horribles bufidos o aplastaban a
quienes lograban escapar”. “También
había otros hechos sólo de fuego [...]
y destruían cualquier cosa que estuviese cerca.”
Además de la de estar
construidos para cumplir la misma función que un tanque, y precisamente por eso
mismo, estos vehículos y/o criaturas presentan una serie de características,
similares a las que debe cumplir un carro de combate (Lógicamente, puesto que son
necesarias para cumplir esa función): resistencia, movilidad y potencia de
fuego.
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Resistencia:
Deben ser resistentes al fuego enemigo (“Y en vano les dispararon flechas.”.
“Los mecanismos y las catapultas del rey arrojaron una lluvia de dardos y
piedras y metal derretido contra esas bestias despiadadas, [...] pero no sirvió
de nada porque eran indestructibles.”)
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Movilidad:
Deben ser capaces de avanzar por el campo de batalla a una movilidad suficiente
y atravesar los obstáculos que se presenten (“podían deslizarse como lentos
ríos de metal o enroscarse en los obstáculos que les salían al paso o
serpentear por encima de ellos).
Se puede mencionar en este punto que en la IGM
se emplearon tanques equipados con fajinas,
para rellenar las trincheras, cráteres y otros
obstáculos, para que pudieran pasar el resto de las fuerzas.
Esto también se refleja en la narración, cuando
Gothmog ordena que se empleen los dragones de
hierro
para facilitar el acceso a las murallas a los
demás dragones
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Potencia
de fuego: Deben tener la capacidad de atacar al enemigo y/o destruir sus
posiciones (“Una de las serpientes de bronce se arroja contra la muralla del
oeste y gran parte de ella tiembla y se derrumba, y por detrás de ella aparece
una criatura de fuego [...]. De las fauces del dragón salen llamaradas que
abrasan a los guerreros”. “Arremetieron
contra las torres y los bastiones [...] y el enorme peso de sus cuerpos
derrumbo las puertas”). Aquí es importante destacar que aunque posteriormente
los tanques han basado su capacidad de combate en el cañón que portan, en la
IGM una función importante de estos era aplastar y derribar las posiciones y
alambradas enemigas.
Como descubrieron pronto los estrategas de la
IGM, no bastaba con apoyar a la infantería, si se quería que el ataque tuviese
éxito, también se necesitaba un medio para que esa infantería pudiese atravesar
el terreno cubierto por el fuego enemigo y pudiese seguir el ritmo de los
blindados. Esta necesidad se cubrió con los transportes acorazados de personal.
Estos elementos también aparecen en “La Caída de Gondolin”: “Entonces los más grandes se abrieron por la
mitad y por las aberturas salieron innumerables orcos.”
Hay más puntos de semejanza con los tanques de la IGM: “El calor que despedían los dragones no era eterno y sólo podían llenarlos nuevamente de fuego en los pozos que había construido Melko en el bastión de sus propias tierras.” La poca autonomía era una característica común de los vehículos blindados de la IGM, y junto a su alta tasa de averías, era uno de los factores que más limitaba su uso.
Conclusión
El que al escribir esta
narración Tolkien introdujera en las batallas medievales sobre las que había
leído y que quería representar, elementos de las batallas en las que él había
estado presente, durante la 1ª Guerra Mundial es bastante comprensible. Sobre
todo si tenemos en cuenta que “La caída de Gondolin” fue escrita inicialmente
en 1916 y 1917, mientras Tolkien estaba en las trincheras y durante su
posterior enfermedad y convalecencia.
En el punto concreto de los carros de combate,
no sabemos si Tolkien llegó a ver alguno en combate (Es difícil puesto que
todavía habían entrado poco en acción cuando Tolkien dejo el frente), pero
desde su primer combate se convirtieron en un elemento del campo de batalla muy
conocido, y los fundamentos de su uso eran obvios para cualquier veterano de
las trincheras.
El libro de los cuentos
perdidos. J.R.R. Tolkien Ediciones Minotauro