Estimados editores del Estel:
Es un honor para mí poder compartir con
vosotros y, espero que también con el resto de la STE, la información que os
transmito con este e-mail.
Hace unas semanas se produjo un descubrimiento
en unas excavaciones arqueológicas bajo el Micalet, la torre de iglesia más
emblemática de la ciudad de Valencia. Por debajo de los estratos más antiguos
correspondientes a las épocas históricas conocidas de la ciudad, se encontró un
pergamino con un texto manuscrito en unos caracteres desconocidos. O al menos
lo fueron hasta que un becario de investigación que conocía "El señor de
los anillos" (no he podido averiguar si hacía referencia al libro o a las
películas, o incluso a alguno de los juegos existentes) se dio cuenta de que
estas "letras" eran las _tengwar_ de los elfos.
La noticia del descubrimiento se publicó en
los diarios "Levante" y "Las provincias" (periódicos de
ámbito autonómico) del día 17 de marzo, pero pasó desapercibida en una pequeña
nota en las páginas interiores y no apareció en prensa de ámbito estatal, quizá
debido a que la celebración de las Fallas saturó el envío de noticias desde la
Comunidad Valenciana hacia las medios estatales, y a que la noticia no hacía
ninguna referencia a la escritura élfica. Yo, al menos, no me enteré hasta que
el jefe del equipo investigador de la excavación se puso en contacto con la STE
para que le ayudaran a averiguar el origen y contenido de este manuscrito, y la
Comisión Permanente le redirigió hacia mí, pues el ser Presidente de la
Comisión de Lenguas y residir en la provincia de Valencia les hizo pensar que
era el más indicado para encargarme del asunto. Me contaron que la nota de
prensa publicada no hacía referencia a la posible escritura élfica porque les
parecía demasiado aventurado comentar una hipótesis tan arriesgada en la prensa
en tanto en cuanto no se confirmase o desmintiese.
La cuestión es que he estado revisando el
manuscrito que ahora custodian en la Biblioteca Central de la Universitat de
València, y me ha impresionado sobremanera observar un documento tan
antiquísimo (no han terminado de fecharlo, pero estiman que debe tener varios
miles de años) escrito con las mismas letras élficas que Tolkien usó y explicó
en su edición del "Libro Rojo de la Frontera del Oeste". Me hicieron
una copia informática (diría que lo escanearon, pero el aparato que usaron no
fue el típico escáner que todos conocemos) en formato JPEG para que pudiera
trabajar con ésta en casa, en vez de tratar directamente con el manuscrito en
la Biblioteca, con la condición de que no mostrara la copia a nadie y de que
ellos fueran los primeros en conocer el contenido del manuscrito.
La semana pasada terminé de estudiarlo y
les envié mis conclusiones, y después de esperar tres días a que me dieran el
visto bueno, por fin puedo anunciar que he conseguido permiso para publicar el
resultado de mis investigaciones en los medios de los que la STE dispone en la
actualidad. Por ello os envío un fichero RTF con la traducción al español del
contenido del manuscrito, y otra cosa más.
Como podréis apreciar, se trata de un
documento escrito por un habitante de Edhellond llamado Lindendil, quien quizá
fuera un noldo, pues se identifica como "uno de los eldar que aún no HEMOS
partido", su nombre es un término quenya y él/ella dice pertenecer a la
casa de Finarfin. El manuscrito puede fecharse por su contenido al principio de
la Cuarta Edad, y contiene la historia del puerto élfico de Edhellond desde su
fundación, a finales de la Primera Edad, hasta su refundación, hacia el segundo
tercio de la Tercera Edad. El estilo de redacción no es homogéneo, de tal forma
que parece estar escrito por diferentes autores, y seguramente así sea, por lo
que parece bastante plausible que ese tal Lindendil habría recopilado diversos
textos de su tiempo para obtener una historia "reconstruida [...] a partir
de varios documentos [...] tradiciones [...] historias [...] y [...] apuntes
[...] de crónicas" y les habría dado una forma coherente, empleando su
prosa únicamente como un albañil usa el cemento para mantener unidos los
diferentes ladrillos. Esta hipótesis es todavía más verosímil desde que
descubrí que algunos pasajes aparecen de forma idéntica (o casi) en varios
textos publicados en libros de Tolkien, como "El señor de los
anillos" (apéndice A, sobre los enanos) o "Cuentos inconclusos"
(acerca de Galadriel y Celeborn). No es mi intención hacer un análisis
comparativo entre el documento que os envío y otros textos, pero me parecía
oportuno mencionar estas coincidencias antes de que vosotros mismos las
advirtierais. La explicación que encuentro para esto es que quizá tanto
Lindendil como Tolkien emplearon las mismas fuentes primarias (o incluso
fuentes secundarias, copias cuidadosas de otras fuentes más antiguas) para la
elaboración de sus escritos. La hipótesis de que Tolkien usara como fuente este
u otros documentos de Lindendil es absurda, pues todos sabemos que el
"Libro Rojo de la Frontera del Oeste" fue escrito por los hobbits y
no por un elfo.
Seguramente advertiréis que en el fichero
que os envío aparecen muchos términos (no sólo palabras, sino incluso partes de
palabras) con un color de tinta distinto del negro. Este efecto es una
reproducción del manuscrito original, en el que se emplean tintas de distintos
colores para términos aislados, estando casi todo el texto escrito con tinta
negra. Examinando el manuscrito original (en realidad, los ficheros JPEG que me
facilitaron al escanear el manuscrito), es evidente que los colores son un
código que indica en qué lengua aparece cada término, de tal forma que el negro
se emplea para el _oestron_, el gris para el _sindarin_ (lo cual es una
elección muy afortunada, dado el significado de la palabra
"_sindarin_"), el azul para el _quenya_, el rojo para el _khuzdul_
(la lengua secreta de los enanos, que usan para sus nombres
"internos" o secretos), el granate para el dialecto del _oestron_
entre los Hombres del Norte (se usa para los nombres "externos" o
públicos de los enanos), el verde para el _adûnaico_, el marrón para el
dialecto hobbítico del _oestron_, y el morado para términos de origen
desconocido. Para que la lectura de los colores sea posible incluso si el
documento se imprime únicamente con tinta negra (como hacéis con el Estel), he
añadido efectos de estilo a este código de colores, de tal forma que gris
corresponde con cursiva, azul con subrayado, rojo con negrita, granate con
negrita+cursiva, verde con negrita+subrayado, marrón con cursiva+subrayado, y
morado con negrita+cursiva+subrayado.
Con respecto al manuscrito original, he de
mencionar que lo custodian en la Biblioteca del Servicio Central de
Documentación Bibliográfica de la Universitat de València, y que quizá pase
mucho tiempo antes de que lo muestren al público. Quizá también pase bastante
tiempo hasta que publiquen imágenes de este manuscrito, como los JPEG que
recibí yo tras escanearlo y que me prohibieron enseñar a otros, pues creo que
al propio equipo de investigación les resultará bastante difícil digerir el
hecho de que han encontrado un auténtico documento élfico en Valencia. Sin
embargo, hay una "imagen" del manuscrito que sí puedo enseñar, pues
para facilitarme el trabajo de interpretación, yo mismo me he estado haciendo
una reconstrucción en PDF del conjunto de ficheros JPEG, y también he
conseguido permiso para publicar este fichero únicamente en medios de
comunicación de la STE, por lo que lo incluyo junto con el RTF. Para conseguir
este otro permiso de publicación, además han insistido en que siempre deje bien
claro que ese PDF no es una reproducción fotográfica (por ejemplo, no se
aprecian las decoloraciones, los desgarros, la textura del papel, la
degradación de los bordes de las hojas, y no sé cuántas cosas más de las que me
han hablado) sino una edición "en limpio" de la lectura que yo he
hecho del contenido del manuscrito original.
No es mi intención que este fichero PDF se
publique en el Estel, pues el esfuerzo de una nueva edición no merecería la
pena (teniendo en cuenta, además, que yo trabajo con LaTeX, como ya sabéis, y
que ya sé que no tenéis forma de aprovechar ficheros generados para este
sistema tan potente de creación de documentos), pero sí agradecería que, si
consideráis que el RTF que os envío merece ser publicado en el Estel, también
se publique un enlace a este fichero: de momento lo he subido a los
"files" del grupo de Yahoo de mi _smial_ para que en un futuro
próximo lo incluyan en la página web de mi _smial_, así que todavía no hay una
dirección HTTP definitiva de acceso público, pero os la haré llegar cuando la
tenga si estáis interesados en este fichero.
No quisiera despedirme sin mencionar y
agradecer la ayuda que he recibido, a la hora de resolver algunas dudas
puntuales que han surgido durante la realización de este trabajo, de los
miembros de la Comisión de Lenguas, especialmente de Helios De Rosario y de
Josu Gómez, y de otros miembros de la lista Lambenor, como
"Falmarendur", Diego Seguí, y Emilio "Lamandil".
¡Hasta otra!
--
Conrado Badenas
LA HISTORIA DE EDHELLOND
(reconstruida,
desde el año 473 de la Primera Edad hasta el año 1994 de la Tercera Edad, a
partir de varios documentos encontrados en la biblioteca de Minas Tirith
y completados con las tradiciones de Dol Amroth y las historias que se cuentan en Imladris;
y, desde 1994, con breves apuntes a partir de crónicas de los propios
habitantes del puerto élfico, que han sido preservadas hasta ahora por los eldar que aún no hemos partido)
Por
Lindendil, de la casa de Finarfin
La antigua historia de Edhellond
ha perdurado hasta nuestros días gracias a las tradiciones de los edain en
la Tierra Media. En los días de los primeros asentamientos númenóreanos, las costas de la Bahía de Belfalas
estaban prácticamente desiertas, pero se encontró un pequeño poblado portuario
de elfos en la desembocadura de la confluencia del Morthond y el Ringló. Llevaban allí innumerables
años, y los colonos los dejaron en paz estableciéndose en torno a las Bocas del
Anduin.
Pero con el tiempo, los Hombres Fieles de las costas llegaron a estrechar lazos
con los elfos de Edhellond,
de tal forma que las estirpes de los edain y de los eldar
se acabaron reuniendo en el primer Señor de Dol Amroth.
El origen de Edhellond
es incierto. Por una parte, en la biblioteca de MinasTirith se guarda un manuscrito
titulado «Nomenclatura» en el que se comenta que los elfos eldarin, tanto los noldor
exiliados como los sindar largamente
arraigados, permanecieron en Beleriand hasta que quedó arrasada durante la
Gran Guerra contra Morgoth; y entonces erraron hacia el este por Eriador
los que no zarparon cruzando el Mar. Allí, especialmente a ambos lados de las Hithaeglir,
encontraron asentamientos dispersos de los nandor,
elfos telerin que nunca completaron el
viaje a las costas del Mar durante la Primera Edad; pero ambos pueblos
reconocieron su parentesco entre los eldar.
No obstante, parece que un grupo de sindar
fueron al sur al principio de la Segunda Edad. Parece ser que eran un resto del
pueblo de Doriath
que aún guardaban rencor a los noldor, y
abandonaron los Puertos Grises porque los puertos y todos los barcos estaban a
las órdenes de un noldo llamado Círdan.
Habiendo aprendido el arte de la construcción de barcos, fueron con el curso de
los años buscando un lugar para sus propios puertos. Por fin se establecieron
en la desembocadura del Morthond. Allí ya había un puerto primitivo de
pescadores; pero éstos, temerosos de los eldar,
huyeron a las montañas.
Por otra parte, según cuentan
las tradiciones de Dol Amroth, Edhellond fue fundado por marineros sindar de los puertos occidentales de Beleriand
que huyeron en tres pequeños barcos cuando el poder de Morgoth aplastó a los eldar y a los atani
(quizá cuando Brithombar
y Eglarest
fueron destruidos un año después de la Nirnaeth Arnoediad, dejando atrás a Círdan y
Gil-galad
en la Isla de Balar);
pero posteriormente lo ampliaron los aventureros de los elfos silvanos que
bajaron por el Anduin
en busca del Mar. Los elfos silvanos eran elfos medios según la clasificación númenóreana, aunque los atani no los conocieron hasta tiempo después:
pues eran teleri como los sindar, pero se rezagaron en las últimas
compañías que nunca cruzaron las Montañas Nubladas y fundaron pequeños reinos a
ambos lados de los Valles del Anduin (de éstos, Lórien y el reino de Thranduil
en el Bosque Negro todavía sobrevivían durante la Tercera Edad). Pero nunca se
vieron completamente libres de una inquietud y un anhelo por el Mar que a veces
empujaba a algunos de ellos a abandonar sus hogares.
Una antigua historia que se
cuenta en Imladris
es que, tras la guerra contra Sauron en Eriador
a mitad de la Segunda Edad, Galadriel sentía tanta nostalgia por el mar, que
decidió abandonar Lórien e ir a vivir en la costa. Dejó Lórien a cargo de Amroth,
y pasando por Khazad-dûm
con Celebrían,
llegó a Imladris
en busca de Celeborn.
Fue entonces cuando Elrond vio por primera vez a Celebrían y se enamoró de ella,
aunque no dijo nada. Galadriel y Celeborn vivieron juntos allí largo tiempo, pero
luego abandonaron Imladrisjunto con Celebrían y se dirigieron a las tierras poco
habitadas que se extienden entre la desembocadura del Gwathló y Ethir Anduin. Allí vivieron en Belfalas,
en el lugar que se llamó después Dol Amroth; allí a veces los visitó su hijo Amroth,
y los elfos nandorin de Lórien engrosaban
su compañía. Galadriel
no volvió allí sino hasta muy avanzada la Tercera Edad, cuando Amroth
se perdió y Lórien
peligró, en el año 1981.
Este relato resulta poco creíble. Por un lado no se explica cómo pudieron casarse Elrond en Imladris con Celebrían en Belfalas durante los primerísimos años de la Tercera Edad. Por otro, sólo en esta historia se sostiene que Amroth era hermano de Celebrían: en concreto, en «Nomenclatura» y en otros relatos se dice que Amroth era hijo de Amdír Malgalad, quien murió en la Batalla de Dagorlad. Además, los viajes de Galadriel y Celeborn son diferentes en este manuscrito: tras la destrucción de Eregion, Celeborn marchó a Lórien, y luego se unió a Galadriel en Lindon después de que Sauron fuera derrotado en Eriador; pero durante la Tercera Edad, los presagios abrumaron a Galadriel, y viajó con Celeborn a Lórien, y se quedó allí largo tiempo con Amroth para enterarse de todas las nuevas y rumores acerca de la sombra que empezó a crecer a partir de 1050 en el Bosque Negro y la oscura fortaleza de Dol Guldur; después de largos viajes de búsqueda por Rhovanion, desde Gondor y las fronteras de Mordor hasta las de Thranduil en el norte, Celeborn y Galadriel cruzaron las montañas para llegar a Imladris, y allí vivieron durante muchos años pues Elrond ya era su yerno; volvieron a Lórien después del desastre de Moria. De esta forma, es probable que Galadriel y Celeborn nunca vivieran cerca de Edhellond, pues esta historia parece más verosímil que el relato de Imladris.
Sin embargo, estas historias de Galadriel
y Celeborn
coinciden a partir de la pérdida de Amroth, el peligro de Lórien y el desastre de Moria.
Es entonces cuando el pueblo de Edhellond se ve involucrado en la historia de los
enanos de Khazad-dûm,
los elfos de Lórien
y los hombres de Belfalas,
tal como se cuenta a continuación.
Sucedió que hacia mitad de la Tercera Edad, Durin fue nuevamente rey, el sexto de ese nombre. El poder de Sauron, servidor de Morgoth, crecía nuevamente en el mundo, aunque la Sombra del Bosque que miraba hacia Khazad-dûm no se reconocía aún como lo que era. Todas las criaturas malignas estaban agitándose. Por entonces los enanos cavaban muy hondo bajo Barazimbar en busca de mithril, el metal inapreciable que cada año era más difícil de conseguir. De ese modo, en el año 1980 de la Tercera Edad, despertaron del sueño o liberaron a una criatura de terror que, habiendo huido de Thangorodrim, había yacido oculta en los cimientos de la tierra desde la llegada de la Hueste del Occidente: un balrog de Morgoth. Mató a Durin, y al año siguiente también fue muerto su hijo. De este modo el pueblo de Durinfue destruido o huyó lejos, y así terminó el esplendor de Khazad-dûm.
Cuando el terror de Moria
llegó a Lórien,
muchos de los elfos silvanos huyeron al sur, entre ellos la doncella Nimrodel.
Su enamorado, el Rey Amroth la siguió hasta los lindes de Fangorn,
donde ella se comprometió a ser su esposa si él la conducía a una tierra de
paz. Entonces Amroth
le habló a Nimrodel
acerca de un puerto en el sur, adonde muchos de los suyos habían ido hacía ya
tiempo: «Son ahora pocos, pues la mayoría se ha hecho a la mar hacia el Oeste;
pero el resto todavía construye barcos y ayudan a cruzar la mar a cualquiera
que acuda a ellos cansado de la Tierra Media. Se dice que la gracia que nos
otorgaron los Valar autorizándonos a
cruzar el mar, se otorga también ahora a todos los que emprendan el Gran Viaje,
aun a aquellos que no habían llegado en edades pasadas a las costas, y que
todavía no habían visto la Tierra Bendecida».
Se separaron y Amroth,
después de buscarla en vano, fue al puerto élfico y comprobó que sólo quedaban
allí menos de los que cabían en un barco. Sólo había un navío en condiciones de
hacerse a la mar, y estaban preparándose para partir en él y abandonar la
Tierra Media. Permitieron que Amroth les acompañara, pero no quisieron esperar
mucho tiempo a Nimrodel.
El año se desvanecía en el otoño y tenían que partir ya porque se esperaban
vientos contrarios y peligrosos aún para los barcos élficos mientras estuvieran
cerca de la Tierra Media. Pero tan grande era el dolor de Amroth, que no obstante retrasaron
la partida muchas semanas; y vivían en el barco porque las casas de las costas
estaban despojadas y vacías.
Entonces en el otoño hubo una gran tormenta, una de las más feroces en los anales de Gondor. La ligera barca élfica rompió sus amarras, y fue arrastrada por las aguas frenéticas hacia las costas de Umbar. Ya nada más se supo de ella en la Tierra Media, pero sin duda la barca abandonó los Círculos del Mundo y llegó por fin a Eressëa. Pero no llevó allí a Amroth, pues cuando despertó, la barca ya estaba lejos de tierra. Gritando a grandes voces «¡Nimrodel!», se arrojó al mar y nadó hacia la costa apenas visible en el horizonte. Los marineros, con su vista élfica, pudieron verlo durante mucho tiempo luchando con las olas, hasta que el sol naciente resplandeció entre las nubes, y le encendió a lo lejos los brillantes cabellos, como una chispa de oro. Ni ojos de elfos ni de hombres volvieron a verlo ya en la Tierra Media. Pero si la pérdida de Amroth es motivo de duelo, lo que ahora causa más pesar es la desaparición del recuerdo de las historias vividas por los antiguos habitantes de Edhellond, los que zarparon en este último barco, pues se las llevaron con ellos y nada dejaron por escrito, salvo lo poco que consiguieron salvaguardar los edain de Belfalas que habían tenido tratos con los edhellondrim, y que ahora se guarda en Minas Tirith y en Dol Amroth.
En «Nomenclatura» se dice que cuando Nimrodel huyó de Lórien en busca del mar, se perdió en las Montañas Blancas hasta que al fin llegó a una corriente que le recordó al río de Lórien que llevaba su nombre. Se le aligeró el corazón, y se sentó junto a una laguna contemplando las estrellas reflejadas en las aguas oscuras y escuchando las cascadas por las que el río continuaba hacia el mar. Allí cayó en un sueño profundo, pues estaba muy fatigada, y tanto durmió, que no llegó a Belfalas hasta después de que el barco de Amroth hubiera sido arrastrado mar adentro, y Amroth se perdió tratando de volver a nado a Belfalas. Esta leyenda se conocía muy bien en Dor-en-Ernil, y no cabe duda de que el río donde se extravió Nimrodel se empezó a llamar Gilrain debido a esta historia.
De esta forma, en el año 1981 de la Tercera Edad, parecía que la esperanza abandonaba las costas meridionales de la Tierra Media para siempre, pues era imposible recuperar todo lo que se había perdido. Pero incluso aunque cada uno de los Hijos de Ilúvatar sólo existiera una vez sobre Arda, y cada una de las obras de éstos llegase a ser única, aún así siempre puede volver a surgir la vida, el amor y el arte, tal como la historia nos ha enseñado.
Porque los puertos de Edhellond
no quedaron vacíos mucho tiempo. Sólo Amrothembarcó a tiempo, y Nimrodel se extravío aún sabiendo
del puerto, pero los demás elfos silvanos que escaparon de Lórien hacia el sur pronto se
rezagaron en los bosques que bajan desde las faldas septentrionales de Ered Nimrais,
pues no sentían ninguna necesidad de cruzar las montañas. Cuando Nimrodel
llegó al puerto élfico, se había perdido todo lo que amaba y deseó entonces
librarse de los cuidados de la vida, y empezó a languidecer a medida que la
fatiga del mundo le oprimía el corazón. Cuando las compañeras de Nimrodel
que habían escapado con ella de Lórien encontraron finalmente los puertos, la
hallaron tendida sobre un jardín de helechos en el interior de una gruta
natural en la orilla del Ringló, pero aunque parecía dormida, el fëa se le había separado del hröa. El interior de la gruta estaba helado,
quizá gracias a la fría corriente del Ringló, y así su cuerpo permaneció sin mancillar,
pero a su alrededor floreció por doquier la niphredil, y la doncella parecía descansar sobre
un lecho nevado. Desde entonces, la Señora de la Gruta Blanca fue un recuerdo
viviente de la historia de la pérdida de Amroth, y su leyenda siempre fue rememorada en el
puerto élfico que renació.
Y este renacer sucedió porque
las compañeras de Nimrodel se quedaron junto a ella, y algunos de los parientes y
amigos que se demoraron en Ered Nimraisacabaron cruzando las montañas, pues
fueron convocados por aquellas que los amaban y el anhelo por el Mar se les
despertó. Así, el puerto élfico volvió a crecer y a prosperar a partir del año
en que parecía que toda esperanza se había perdido. Edhellond se pobló inicialmente con
los elfos silvanos escapados de Lórien, pero sus puertas siempre estuvieron
abiertas a todos los que alguna vez han soñado en élfico, sin importar si son
hombres, enanos u orcos redimidos, y continuamente invitaba a otros pueblos de
la Tierra Media a visitarles.
Así fue cómo sucedió la
penúltima unión entre las estirpes de los hombres y de los elfos, de la que en
estos tiempos pocos saben, pues esta leyenda sólo se cuenta en Dol Amroth.
Durante la primera Fiesta de la Luna de Edhellond, el Príncipe Imrazôr de Belfalas
conoció a la doncella silvana Mithrellas. Era ésta una de las compañeras de Nimrodel,
y jamás había visto a uno de los edain, pues Imrazôr fue el primero de los hombres que
acudió a la fiesta. Era éste el descendiente directo de una familia de Fieles
que huyó de Númenor antes de la Caída y
se estableció en Belfalas,
y a cuyos miembros Elendil les otorgó el
título de príncipes, pues estaba emparentado con ellos. Esta familia mantenía
una fortaleza en un alto promontorio al sur de Edhellond, que posteriormente fue
llamado Dol
Amroth, pero que inicialmente bien pudo haberse llamado Dol Bêl;
pues «bel» parece ser un
elemento prenúmenóreano para referirse a
toda esta región costera, y que incluso perduró aisladamente en el antiguo
nombre de la Bahía de Belfalas, tal como se cuenta en «Nomenclatura».
El principado de Imrazôr seguramente incluía la tierra de Dor-en-Ernil,
como su propio nombre indica, pero a partir del nacimiento de Galador, el
hijo de Imrazôr
y Mithrellas,
en el año 2004, los Príncipes de Belfalas ostentaron el título de Señor de Dol Amroth.
Galador fue el primero de los edain de
Belfalas
en tener sangre élfica en sus venas, y el vigésimo príncipe fue Angelimir,
padre de Adrahil,
padre de Imrahil,
Príncipe de Dol
Amroth en la época de la Guerra del Anillo.
Pero Galador
no fue el primer fruto del amor surgido dentro de los recintos de Edhellond,
pues unos meses antes nació Tauron. Sus padres se habían conocido hacía ya
seis años, pero su historia es algo más antigua. Porque sucedió que en el
verano del año 1994 de la Tercera Edad, un hombre que parecía el verdadero Isildur renacido, encontró en un bosque de Rhudaura
un trol que quiso matarlo, lo cual no era inusual por aquellas tierras. Tras
una cruenta lucha en la que ambos estuvieron a punto de morir, finalmente el
valor y la fortaleza del Antiguo Occidente, ahora sepultado bajo el Mar, se
impuso, y el trol quedó a merced de ese hombre que ahora resplandecía a semejanza
de los primeros descendientes de Elros. La criatura aparentemente estúpida pareció
reconocer la majestuosidad de su oponente, y solicitó clemencia. El dúnadan
se apiadó, pero no quiso dejarlo libre sin que pagara un rescate, y así el trol
le condujo hasta Belegost
para que los enanos le entregaran el tesoro más preciado que él eligiera, pues
el enano Azaghâl
estaba en deuda con este troll. Y cuando le preguntó a Isildur qué es lo que más deseaba, éste le
contestó que su anhelo era conocer mucho más de las historias de la Tierra
Media que tanto le maravillaban, lo cual les resultó incomprensible a todos los
enanos salvo a Gimli, quien resultó tener un
corazón tan tierno como el de un tocayo suyo que nacería casi nuevecientos años
después. De esta forma, Isildur se quedó
con ellos durante una temporada, pero en otoño los enanos de Belegost
fueron invitados a Edhellond, y llevaron consigo a Isildur, pues éste nunca había visto elfos. Tanto
le gustó aquello que éste se quedó en el puerto élfico, y él y sus compañeros
montaraces acordaron colaborar con sus nuevos amigos en octubre de 1994, a
pesar de que no todos decidieron quedarse a vivir en Edhellond.
La historia del puerto élfico continúa con numerosos detalles a partir de noviembre de ese mismo año, pues Elbeanor, el hombre que había crecido creyéndose un medio elfo, se convirtió en el cronista más importante de Edhellond, poniendo por escrito los acontecimientos más significativos que se vivieron en los puertos élficos desde 1999, dos años después de que éste allí fuera acogido. De entre sus obras, destaca sin duda «La historia del smial de Edhellond, desde 1994 hasta 2001», pues resume admirablemente siete años de vivencias a partir de testimonios de primera mano: narra cómo el elfo Lórinlor también conoció a Azaghâl y cómo luego encontró a Isildur en Edhellond; relata la historia de cómo distintos visitantes se acercaron a los puertos élficos y allí fueron acogidos y se quedaron todo el tiempo que quisieron; da fe de las actividades que los edhellondrim llevaron a cabo y cómo éstas influyeron en el resto de pueblos de la Tierra Media; y, en fin, cuenta mucho de lo que pasó en los puertos élficos durante ese tiempo. Otras crónicas suyas y de otros autores se refieren a sucesos particulares de significativa importancia para los edhellondrim, y sin duda también merecen una lectura atenta, pues con este propósito las hemos preservado los elfos que todavía nos demoramos en los puertos, aunque no por mucho tiempo más, pues con el fin de la Tercera Edad y la llegada de la Edad de los Hombres ya no hay nada en la Tierra Media que nos impida partir.