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UN GALGUERO EN LA OFICINA Por: Alvaro Carral |
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Sí, han oído bien, puede resultar extraño el comentario, pero si son pacientes y esperan unos minutos creo que podré explicarme mejor y se darán cuenta de lo que significa el título, o mejor dicho, del porqué de estos pensamientos. Habían pasado solamente unos meses desde el aterrizaje a mi empresa actual, cuando uno de mis compañeros comenzó a realizar intermitentes comentarios sobre los galgos, que con cariño cuidaba en su casa de su pueblo. La foto de su hijo mayor, anclada como fondo de pantalla en el ordenador, parecía sembrar desde la distancia, la afición tan arraigada que el galguero tenía sobre su propio hijo. Esa mirada firme en ocasiones, no podía contener el deseo de disfrutar viendo a su retoño alegrarse por su misma afición, su pasión. Casi sin darme cuenta, fue surgiendo en mí una pequeña curiosidad por saber algo más sobre, el que finalmente resultó ser un mundo enriquecedor, humano y apasionante. Surgió entonces una primera invitación a asistir al Campeonato de España, que se celebraba en los alrededores de Madrid. El mal tiempo y una visita relámpago de mi padre, determinaron que yo también valorara lo que mi amigo galguero pregonaba en su hijo. No asistí esta vez al acontecimiento. Pero fue entonces, con la ayuda de las nuevas tecnologías, como está ocurriendo en muchos órdenes de nuestra vida, cuando un DVD sirvió de catalizador para iniciarme en el mundillo y hacer que el gusanillo fuese creciendo un poco más como lo hacía mi comienzo de afición. Me llevé a casa el DVD del Campeonato de España de años anteriores, entregado con la emoción del que entrega el mejor de sus trofeos, y recibido como algo más para una colección de curiosidades a mirar. Una vez más, el tiempo, las prisas, las dificultades que un hombre que vive sólo tiene por poner orden a su vida hacían que día tras otro se complicara, y la disponibilidad de algún minuto libre para ver el reportaje se desvanecía. Como ese angelillo que se te posa en el hombro derecho y cada día te recuerda algo, ahí lo tenía, sobre la mesa del salón, cada día, a cada hora, después de la ducha, al desayunar, cuando tiraba la maleta los domingos después de venir de viaje, donde sólo el galgo y yo no habíamos encontrado el matrimonio perfecto…, allí estaba, mirándome con atención, como ese Quijote que todos reconocemos como mejor obra del Castellano pero que nos resulta pesado leer y ni tan siquiera hacer intento de comenzar las primeras líneas. Pero…, ocurrió el flechazo y las primeras imágenes del mundillo se fueron sucediendo, me fueron atrapando las colleras, las viseras, el libre trotar de los caballos y esos galgos de hocico afilados, su figura, la honradez de sus miradas, su ternura, el alma peregrina y noble de sus amos… Lo de menos era competir, quizás era la disculpa para reunirse todos los aficionados, estar en el campo, empaparse de naturaleza, de liebres, de animales heridos, medicinas, veterinarios, …, mas como siempre en la vida y en la naturaleza: hay que ganar, alguien tiene que hacerlo. El más débil siempre pierde. Así vi el sentido de la competición, como una cría de animales cuya raza puede que se hubiera extinguido, de no ser por los cuidadores que entienden de la recuperación y cría de animales como una forma de vivir, como una forma de dar y recibir aquello que, casi siempre, los hombres no somos capaces de ofrecer y que los animales si hacen, y es el cariño. Y algo que mi buen amigo galguero con su hijo y hasta yo a la inversa con mi padre iba reclamando implícitamente, un concepto que hoy olvidamos: la fidelidad Y una vez más al final de la película siempre ganan los buenos. Las imágenes del perro herido a punto de flaquear, aún más haciendo honor a su figura quijotesca, y del hombre que se mantiene a su lado. Ante todo y por todo el deporte, la salud y la victoria, pero con respecto al vencedor y al vencido, con una lágrima de apoyo a la derrota, con la alegría del éxito, pero siempre la gran victoria es la de saber que por encima de todo, y durante unos instantes, ese instinto de la más pura naturaleza se pone frente a la pantalla del ojo humano, para que, como en las olimpiadas…el más alto, el más fuerte, el mejor se lleve el premio. Álvaro Carral Gómez 4-5-2007 “Por los buenos momentos pasados, porque el presente será una línea de un libro a leer y por un futuro de más de 1000 páginas…” |
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