Las ballenas francas son las ballenas balaénidos que pertenecen a la familia Balaenidae que esta representada por cuatro especies en dos géneros: tres especies en Eubalaena, y una especie en Balaena (la Ballena de Groenlandia, B. mysticetus).

Las ballenas francas pueden alcanzar los 18 m de largo y llegar a pesar 100 t. Sus voluminosos cuerpos son casi en su totalidad negros, con las distintivas callosidades blancas (abrasiones superficiales) en sus cabezas. Su denominación de "francas" se debe a que los balleneros pensaban que eran las ballenas "correctas" o "francas" para cazar, debido principalmente a que ellas flotan cuando mueren y que a menudo pueden ser avistadas desde la costa mientras nadan. Las poblaciones están inmensamente disminuidas por la caza intensiva durante los años en que la industria ballenera estuvo activa. En la actualidad, en lugar de cazarlas, a menudo las personas observan a estas ballenas acrobáticas solo por placer. Las cuatro especies de ballenas francas se distribuyen geográficamente en localizaciones distintas, alrededor de 300 Ballenas Francas Atlánticas viven en el Atlántico del Norte, mientras que en el Pacífico del Norte existen aproximadamente 200 Ballenas Francas del Japón. En el hemisferio Sur, alrededor de 7.500 Ballenas Francas Australes se distribuyen a lo largo de la zona austral, mientras que entre 8.000–9.200 Ballenas de Groenlandia están completamente distribuidas en el Océano Ártico.

 

Eubalaena glacialis

La ballena franca (Eubalaena glacialis) del norte fue una importante base económica de los pueblos costeros del Cantábrico.

Tiene una longitud aproximada de 18 metros, aunque puede alcanzar hasta 24, un tercio de los cuales corresponde a la cabeza. Tiene un cuerpo enorme, lo mismo que la boca, en la que cuelgan 300 o más ballenas (prolongaciones córneas, también llamadas barbas) de más de 3 metros de longitud. La piel, desnuda, es negra en el dorso y blanca en la zona del mentón. Vive en el Océano Glaciar y en la parte norte del Atlántico y el Pacífico. Debido a la gran depredación que ha sufrido hoy es bastante rara.

A pesar de los medios artesanales de caza, (chalupas y arpones), su explotación masiva, desde probablemente el siglo VIII hasta 1901, año en que se cazó la última ballena franca en Orio, provocó prácticamente su extinción.

En la Edad Media desde las atalayas de los pueblos de la costa del Cantábrico, los atalayeros daban la alarma cuando las ballenas, escapando de las aguas frías del Mar del Norte se acercaban a estas costas. Entonces se preparaban pinazas con 10 o 15 remeros y un arponero que clavaba el arpón en la cabeza del animal, comenzando una dura lucha hasta que el animal era vencido y se remolcaba hasta la costa.

Las disputas entre pueblos costeros eran comunes en la época. Las rivalidades fueron origen de numerosos conflictos y desafíos. Siendo el embrión de las actuales regatas de traineras.