El día de pesca ballenera en Llanes era día de regocijo sin igual, representaba cuantiosas ganancias para todos, y todo redundaba en el bienestar del concejo. Los descuentos que hacía el contador en las ventas de los productos del mar iban a parar al fondo del gremio y servían para aliviar necesidades de sus asociados, en casos de enfermedad, cuando algunos mozos fueran llamados para el servicio de la Real Armada, etc. Aún conserva el puerto llanisco vestigios antiguos de su grandeza.
 

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