El monasterio de Puerto obtuvo fuertes ingresos derivados de la pesca proporcionada en las “piscarias”, tanto en el mar como en ríos y arroyos de su dominio. La concesión de las pesquerías de Puerto a Nájera, por el Rey Alfonso VIII en el año 1165, trajo consecuencias desastrosas para la economía del monasterio santoñes. Fueron restituidas en el año 1190.
Autores romanos dan referencias sobre la pesca de las ballenas en el Cantábrico, pero es en Santoña donde aparece el primer documento sobre esta pesca. Se trata de un escrito del año 1190, del Cartulario Santa María del Puerto en el que se pide por Ferrado Alonso, Señor del Puerto, a Duranio Prior de Nájera, que sea restituida a los clérigos de Puerto las primicias del Pescado. El Prior lo hace exceptuando la ballena.

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