
SAN SEBASTIAN.-Ya existía en la antigüedad un poblado marinero en las faldas del monte Urgull, llamado por aquel entonces Izurun y que en tiempos de los romanos vuelve a aparecer con el nombre de Easo, y hay que decir que por aquel entonces también existía un núcleo de agricultores en torno al Antiguo. Aquí es donde se encontraba la ermita dedicada a San Sebastián, al abogado contra las epidemias, y desde aquí es desde donde se extendió el nombre que más tarde tomaría la ciudad. Ya en el siglo XI Sancho el Sabio le otorgó el Fuero de Villa.
Fue en la segunda mitad del siglo XII cuando tomó el nombre de San Sebastián. La privilegiada posición que ocupaba, con un puerto resguardado, hizo que tuviera un comercio marítimo muy importante, por lo que a lo largo del río Urumea se desarrollaron ferrerías y astilleros para construir barcos. Los donostiarras se dedicaban, además, a cazar las ballenas que aparecían cerca de las costas. Debido a las disputas entre países y la cercanía con Francia, la ciudad tuvo que fortificarse y el Monte Urgull se convirtió en un castillo artillado con el objetivo de defender el territorio donostiarra. Por su posición geográfica, San Sebastián sufrió numerosos asedios, especialmente en los siglos XVII y XVIII.
El fuero de San Sebastián, de la segunda mitad del s. XII, ya regula los derechos de aduana por las barbas de la ballena.
Como consecuencia de la venida de pobladores gascones (que pronto dejarían su huella en la toponimia local) se fortalecieron el comercio y la pesca, ya que su puerto se convirtió en el más importante del Cantábrico, y en cuanto a sus pescadores hay que decir que llegaron hasta Terranova en busca de ballenas.