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La imagen del Cristo de la Viga representa a Cristo Crucificado en el
momento de su muerte, que se convulsiona de dolor y le pregunta al Padre "Eloí,
Eloí, lama sabactaní?" (esto es, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?").
Algunos estudios asumen que esta obra anónima y de estilo gótico
se talló a principios del siglo XIV, por lo que sería la más
antigua de cuantas procesionan en toda Andalucía.
Un estudio reciente de Manuel Romero Bejarano atribuye la autoría de este crucificado a
Francisco de Heredia, escultor asentado en Jerez entre 1522 y 1532. El Cristo de la Viga formaría
parte de un conjunto de obras que la familia Pérez de Gallegos encargó a Heredia para su capilla
de la Colegiata de San Salvador en 1532. Se trataba de un retablo, una reja y una viga con imaginería
encima, que es de donde podría proceder el Cristo. La relación posterior de la familia con este
crucificado parece avalar esta hipótesis.
Por sus características, podemos
decir que es realmente un Crucificado que contrasta de modo palpable con el resto de
los Cristos jerezanos. El Cristo de la Viga es, en efecto, un hombre crucificado,
pero que conserva aún muchos rasgos del Cristo-Dios de la época románica.
La cabeza es una obra maestra de dibujo y ejecución, tremendamente expresiva.
Los ojos, asimétricos y entreabiertos. La piel de los pómulos, desgarrada.
Sangre coagulada e hilillos que siguen manando de las heridas que abren a cada
momento las espinas de la corona.
La anatomía del torso, y sobre todo, la de las extremidades es más sentimental
que descriptiva y acentúa su carácter de talla medieval.
El análisis de la composición del conjunto nos lleva a ver una obra muy reposada,
casi simétrica. Los brazos, horizontales, casi paralelos al travesaño de la cruz, le
dan a esta imagen una serenidad muy renacentista.
Todo esto es la imagen del Cristo Hombre, del Gótico Doliente.
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El primitivo título de este crucificado era, al parecer, el de Nuestro Señor
San Salvador, siendo patrono de la Real e Insigne Iglesia Colegial.
En el antiguo edificio estaba, como muchos otros crucificados,
sobre una viga.
Quizás en el arco que separaba el presbiterio de la nave principal
y a la altura de las impostas, habría una viga con decoración mudéjar atravesando
de extremo a extremo “la luz del arco”. Sobre la viga, la imagen titular presidiendo la liturgia.
O tal vez, como apunta Manuel Romero Bejarano, la imagen se encontraba inicialmente sobre una viga
en la capilla que la familia Pérez de Gallegos tenía en la Colegial.
Cuando en el siglo XVIII se construyó el templo actual, la imagen titular se colocó en
un retablo que está situado en la cabecera de la nave del Evangelio. El pueblo diría
que este Cristo era el que estaba en la viga: este es el Cristo de la Viga. Y el
recuerdo del antiguo emplazamiento se convirtió en su advocación.
Algunas instituciones se ocuparon del culto al Crucificado durante épocas,
organizando solemne Función religiosa los Viernes Santo, aunque no tenía conexión
con las Estaciones de Penitencia de las Hermandades de Semana Santa.
Así, según Mesa Xinete, en la reducción hospitalaria, realizada en el año 1502,
por orden del Rey católico Fernando, se cita a la de "San Salvador" que es agregada
al Hospital de la Candelaria. Ante este hecho, parece bien evidente que el nombre
del titular era el Cristo, ya que después de la marcha de la Colegial, la Asociación
realiza en el templo función anual en su festividad.
Ante el dato del gran historiador, cabe pensar que, junto al carácter puramente
advocacional, la Asociación creada al amparo de este Crucifijo poseyó carácter
asistencial. Esta costumbre anual en la Festividad de Cristo, se ve suprimida,
después de la posterior reducción hospitalaria, realizada en el año de 1593, bajo
la dirección del Beato Juan Pecador.
Algunas veces salió en procesión de rogativas, junto a la Virgen de la Merced para
implorar la lluvia o a causa de las epidemias de peste que asolaron la ciudad.
La imagen del Cristo de la Viga ha sufrido varias restauraciones a lo largo
de su historia. Gracias a las investigaciones de D. José Luis Repetto, se sabe que
en 1.807 fue restaurado por Jacome Baccaro, realizandole también un nuevo sudario de
color celeste y lo repolicromó entero.
La última restauración fue encargada a Enrique Ortega Ortega y Rosa Cabello, en el año 2.000.
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La cruz plana sobre la que está clavado el Cristo de la Viga, es de bocapí,
forrada de ébano y lacada con un lacado filipino perfectamente bruñido, parece
cristal. La cruz fue realizada por los hermanos Juan y Abelardo Buzón. Se estrenó
en 1959.
Las cantoneras y el INRI son de estilo gótico y elaboradas en plata
por Emilio Landa.
Las potencias son de plata de ley del Siglo XVIII.
En el 2001, un grupo de hermanos ha regalado un nuevo juego de potencias para la
imagen del Santísimo Cristo, trabajo que ha sido realizado por el orfebre jerezano
Manuel García. Estas potencias tratan de reservar para la salida las originales del Cristo.
La corona de plata es obra del taller de Vda. de Villarreal, realizada en
1.967 para sustituir a la antigua, también de plata de ley, que por su excesivo peso
dañaba la imagen.
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El paso de misterio se construyó en el año 1928 para la Hermandad del Santo Crucifijo
de la Salud. La carpintería es de José y Juan Asencio Vivero y la talla de los hermanos Cintado.
Los lacados son de Juan Barbero y Francisco Ortega, hechos a muñequilla. El paso fue
adquirido a la Hdad. del Santo Crucifijo en el año 1947 por doce mil pesetas.
Durante años la iluminación del paso estuvo formada por cuatro faroles de
hojalata pintados de negro, que fueron
sustituidos en 1960 por portahachones de madera de ukola con apliques de
orfebrería, realizados en los talleres de Buzón y tallados por Francisco Pinto.
La canastilla es de madera de caoba de Brasil y en la parte delantera tiene
un gran medallón de plata repujada en el que figura el escudo de la Hermandad.
La parihuela está hecha de perfiles de aluminio y presenta las siguientes dimensiones:
216 cms. de ancho por 342 de largo y 146 de alto.
Desde el año 2007 el Cristo de la Viga se alza sobre un sobrio monte Calvario de
pura y verdadera muerte, que acentúa aún más si cabe el sentido dramático del crucificado.
Se trata de un monte imitando piedras, que incluye restos de una calavera,
con el único exorno floral de una rosa roja entre los clásicos cardos blancos
que parecen nacer de la propia cruz. Es la reproducción misma del Gólgota.
Los respiraderos son unas franjas rectilíneas en los cuales unas gruesas molduras
los dividen en varios paños; en la canastilla los paños quedan enmarcados por unos
peinazos que alojan dos pilastras cada uno. El fondo de todos los paños lo ocupan
unos adornos muy simétricos, bien compuestos y de suaves curvas. La canastilla
termina con una crestería que acentúa la verticalidad de las pilastras.
Los faldones fueron confeccionados en terciopelo púrpura y llevan unos magníficos
broches bordados en oro y con unos toques de color producidos por pequeñas piedras.
En el faldón delantero va bordado el escudo de la Hermandad. Los bordados son obra
del Covento de las Carmelitas de Jerez y se estrenaron en 1949, aunque por falta de
tiempo ese año los broches no estaban terminados del todo.
En el año 2009, ante el mal estado que presentan los faldones y para prevenir males mayores,
la Junta de Gobierno a instancias del informe del Mayordomo, decide reservar los
faldones que en su día bordaran las Carmelitas, hasta que se pueda acometer su restauración.
Por ello, un grupo de hermanos ha donado unos faldones provisionales para el paso del Cristo de la Viga,
elaborados en los talleres del bordador jerezano Fernando Calderón en tejido damasco de color púrpura.
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