La Catedral estrena nuevos candelabros de velas electrónicas para iluminar los favores concedidos a los muchos devotos
Cada vez las iglesias huelen menos a cera. La Catedral de Jerez no se queda atrás y, desde el pasado día 2 del presente mes, ya no quedan las tradicionales
lamparillas de pequeñas velas para alumbrar el semblante de las imágenes y santos. Los candelabros de cera pasaron a mejor vida. La vanguardia ha llegado
también a las iglesias con la implantación de las velas electrónicas. Ya no vale la candidez de una que se derrite y se destruye para dar la luz (signo
cristiano de la entrega a los demás). Ahora, basta con colocar diez céntimos en el cepillo y se obra el milagro de la luz eléctrica. Se enciende y se
mantiene de esta guisa hasta que el sacristán le da por desenchufar la máquina.
Los dos antiguos candelabros labrados en hierro están ahora arrumbados en un rincón de la Catedral. La hermandad de la Viga ha adquirido un estupendo
batallón de velas electrónicas para los altares del magnífico Cristo de la Viga y su preciosa Virgen del Socorro, copatrona de Jerez. José Gutiérrez
Fernández se encarga cada día de tener la nave de la cofradía adecentada. Es el capiller de la Viga. «Las velas naturales tenían un poco de truco -comenta
con su particular gracejo-. Por una monedita podías encender medio candelabro, no había ningún tipo de control. Ahora no hay tu tía. Según la moneda que
eches, se encienden dos, tres, cinco o hasta diez velitas electrónicas». Así se muestra de orgulloso el bueno de José con la nueva adquisición. Además, y
lo que es realmente más importante, el capiller comenta que «con este tipo de candelabro no existe peligro de incendio. Antes, había que tener mucho
cuidado porque era un peligro tener las velas encendidas tan cerca de los altares. Aunque jamás ha ocurrido nada, la verdad es que había que estar siempre
con siete ojos».
Devoción
Rocío Caro Romero es una chiquilla de 17 años que siente una extraordinaria devoción por la Virgen del Socorro. El bello semblante de la Señora la tiene
cautivada. A ratos, cuando puede y sus obligaciones se lo permiten, se pega una escapada para ayudar a José Guitiérrez en las tareas de capiller, o a
sustituirlo cuando las obligaciones del trabajo le impiden acudir al titular de la plaza.
«Para mí, la Virgen del Socorro es algo muy especial. Desde niña he entrado en la Catedral porque vivo aquí al lado, en la plaza Basurto. Y desde siempre
me he sentido muy atraída por Ella, que lo puede todo», comenta Rocío con cierta timidez. José subraya que «Rocío es una bendición. No falla nunca y siempre
está ahí cuando la necesitamos. Ella conoce perfectamente a la Virgen y hasta hay días que le ve el semblante y me dice que a la Señora le ocurre algo. Es
capaz, casi, de saber el estado de ánimo de la Santísima Virgen. Muchos hermanos quisiera yo que tuvieran la misma devoción que siente esta niña por nuestra
Titular». Rocío se ruboriza un poco y mira a su Virgen con los ojos encendidos por la devoción que siente hacía Ella.
Los viejos candelabros ya están más que amortizados. Y, al igual que los nuevos tiempos, han atraído a la joven Rocío como un soplo de aire fresco y, como
una consecuencia del relevo generacional, las nuevas velas electrónicas cimbrean su tenue luz sobre el soporte de madera aglomerada. Que nadie espere tabaco
o una clave como si fuera una tragaperras. Esta máquina concede otras gracias que superan, como mucho, a cualquier cajetilla de cigarrillos o a una suma
importante de calderilla suelta.
Fuente: La Voz Digital