Boletín Cofradiero

La inédita soledad del Señor de la Cena, o cómo hacer de la necesidad virtud (07/04/2009)

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Justo cuando María Santísima de la Candelaria iniciaba su prolongado itinerario se abrían las puertas de la Santa Iglesia Catedral para alumbrar a su tercera cofradía de la semana. Lo de ayer, en cualquier caso, no era ya extraordinario. La Viga no buscó cobijo en el primer templo diocesano porque tiene allí su casa desde su fundación fuera promovida por cofrades de La Piedad.

Más de doscientos nazarenos puso la hermandad en la calle, un número más que respetable si se tiene en cuenta que hace unos años se llegó a temer incluso por su supervivencia. Año tras año, la Hermandad de la Viga se presenta en la calle sin apenas novedades. Sin embargo, la cofradía va cambiando gracias a los pequeños detalles que van otorgándole una fuerte personalidad.

Ayer llamaron poderosamente la atención los faldones del paso de misterio, en damasco color cardenalicio y haciendo juego con la capa de raso del cortejo nazareno. A los pies del Cristo de la Viga sólo una rosa roja, junto al clásico cardo que parece nacer de la propia cruz. Lo que antaño fue monte de claveles o iris, ahora es la reproducción misma del Gólgota.

La Virgen del Socorro no llevó toca, y sí un rostrillo cruzado cuya singularidad permitía apreciar la serena belleza de la copatrona de Jerez. Claveles y frecsias blancas completaron un cuidado exorno floral. Detrás, la Banda de Música Virgen de las Angustias, de Sanlúcar la Mayor, una estupenda formación musical que ofreció durante toda la tarde un notable repertorio de marchas procesionales. En el momento de entrar en Carrera Oficial fue estrenada la composición Socorro, Madre del Arroyo, de Ignacio Borrego. Eduardo Salazar y Álvaro Barba estuvieron al frente de las cuadrillas de costaleros.

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Fuente: Andalucia Información

© Gótico Doliente 2009 | Última actualización: 07/04/2009 | GoticoDoliente@jerez.es