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Los Asmat


La tribu de los Asmat, caníbales y cortadores de cabezas, se asienta en el sureste de la costa de Papua, Nueva Guinea. Además de caracterizarse por una vieja costumbre donde cazaban cabezas de guerreros enemigos, los Asmat se caracterizan hoy día por su hospitalidad. Este grupo étnico es pescador y tallador. Asmat significa gente de madera.

Un 19 de Noviembre de 1961 Michael Rockefeller, hijo del famoso senador Nelson Rockefeller de New York (y vice presidente de USA), desapareció en las selvas de Nueva Guinea, buscando estatuas de madera hechas por la tribu "Asmat". Los investigadores y la prensa de la época declararon que Michael, probablemente fue comido por los indígenas Asmat. Las declaraciones no fueron confirmadas, pero el tema perduró en la opinión pública.

Esta tribu vive en perfecta armonía con su entorno porque nunca separan la existencia del hombre de la de la naturaleza. Creen que el hombre debería recrear constantemente esta interrelación mediante el arte, el ritual y la ceremonia para mantener el frágil equilibrio de sus mundos: el de los vivos, el de las almas y el de los antepasados. Entre los Asmats nadie muere de viejo. Según sus creencias, la gente deja este mundo sólo porque su alma está a punto de pasar a otro cuerpo.

La mayoría de sus fiestas y representaciones son de un claro sentido guerrero y de demostración de fuerza, pero resultan abiertamente eróticas. Sus bailes son sensuales ya que para ellos, la guerra, la muerte y el sexo, son casi una sola cosa.

Los Asmat habitan en pequeñas villas ubicadas en los bordes de los ríos y directamente sobre los pantanos. Sus calles son pasarelas y sus casas se construyen sobre pilotes.

En su mayoría son monógamos aunque se destacan por organizar orgías sexuales. Las mujeres son respetadas y proveen buena parte de la alimentación.

El aspecto que más llama la atención de la cultura de los Asmat es que son cazadores de cabezas y caníbales. Aunque actualmente ya han perdido casi toda su agresividad. El resto del mundo censura sus costumbres. Pero si su cultura se pierde, desaparece también parte de la diversidad de la humanidad, uno de los últimos vestigios de nuestra naturaleza primigenia.