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Líbano (república) (nombre oficial, Al-Jumhūrīya
al-Lubnānīya, República Libanesa), república de Oriente Próximo, que
limita al norte y este con Siria, al sureste y al sur con Israel y al
oeste con el mar Mediterráneo. Tiene una superficie de 10.452 km².
Beirut es su capital y el principal puerto.

Líbano tiene unos 217 km de longitud y de 40 a 80 km de
anchura. Una estrecha llanura se extiende a lo largo de la costa del mar
Mediterráneo. El territorio del interior está dominado por dos grandes
cadenas montañosas separadas por el fértil valle de la Bekaa. La
cordillera del Líbano, cortada por una gran cantidad de profundas
gargantas, se eleva abruptamente desde la llanura costera y al norte se
encuentra la mayor altura del país, Qurnat al-Sawda (3.088 m). La otra
gran cadena montañosa, el Antilíbano, se encuentra al este, a lo largo
de la frontera con Siria. Por el valle de la Bekaa fluye el mayor río de
Líbano y el único navegable, el Litani. La mayoría de los ríos restantes
sólo llevan aguas durante la estación lluviosa del invierno.
El clima varía desde uno de tipo mediterráneo subtropical a
lo largo de la costa y en el valle de la Bekaa, hasta otro bastante frío
en las montañas más altas. Los veranos son cálidos y secos; los
inviernos templados y húmedos. Las heladas son raras en las menores
altitudes. La temperatura media en las tierras bajas es de 26,7 °C en
verano, y de 10 °C en invierno. La región montañosa es algo más fría.
Las precipitaciones anuales tienen lugar sobre todo en el invierno; en
la costa son de 889 mm, mientras en el valle de la Bekaa son de 635 mm,
y en las montañas de más de 1.270 mm.
La mayor parte del Líbano ha sido deforestada. En las áreas
montañosas todavía quedan bosques de robles, pinos, cipreses y los
famosos cedros del Líbano. En la mayor parte de las diferentes zonas hay
una vegetación mediterránea de monte bajo con algunos árboles. Todavía
sobreviven algunas especies de animales salvajes como chacales, lobos,
asnos salvajes y gacelas.
La mayoría del Líbano posee un suelo marrón rojizo denominado
terra rossa. A lo largo de la costa, en el valle de la Bekaa y en
el noreste, hay suelos aluviales más ricos. Sin embargo, la erosión es
muy importante, y las zonas montañosas son rocosas y yermas.
A excepción de algunos suelos fértiles y lo que queda de los
bosques, los recursos naturales del Líbano son poco importantes. Hay
mineral de hierro pero es difícil de obtener; también cuenta con
pequeñas cantidades de otros minerales como carbón, cobre y fosfatos.
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2.5 |
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Temas medioambientales |
El medio ambiente de Líbano se vio seriamente afectado
durante la guerra civil, que se prolongó de 1975 a 1990. Durante el
conflicto se destruyeron ecosistemas, no se respetaron las regulaciones
medioambientales y se abandonaron los programas de conservación. Tras la
guerra, la mayor parte de los esfuerzos gubernamentales se orientaron a
la recuperación de la infraestructura básica del país. No obstante, en
los últimos años, Líbano ha aumentado su compromiso con la limpieza y
conservación del medio ambiente.
Antes de la guerra civil Líbano era un importante centro
comercial, financiero e industrial. Esta productividad tuvo
consecuencias medioambientales, como la contaminación derivada del
vertido incontrolado de aguas fecales y residuos industriales. Los
residuos sin tratar se vertían en las vías de agua o se volcaban en
profundos pozos, que a veces contaminaban los acuíferos subterráneos.
Los residuos tóxicos sólidos se depositaban en vertederos municipales
sin procesos de tratamiento previo. Aunque el gobierno libanés se está
esforzando por poner en práctica métodos de vertido de residuos que sean
más seguros desde el punto de vista medioambiental, muchas industrias
continúan contaminando las vías de agua y las zonas costeras.
La gasolina que se vende en Líbano tiene una gran cantidad
de plomo, que contribuye a la contaminación del aire, especialmente en
los centros urbanos. Las plantas de generación eléctrica del país
contaminan la atmósfera por la quema de fuel. En 1998, Líbano anunció un
plan para utilizar gas natural en vez de fuel, como combustible más
limpio para generar su electricidad.
Líbano tiene la mayor densidad de población de Oriente
Próximo, con una media de 352 hab/km² en 2002, y el irregular desarrollo
de las ciudades amenaza las zonas no desarrolladas del país. Como
consecuencia de ello, durante los últimos años han aumentado la erosión
del suelo y la desertización.
Los bosques de cedro de Líbano eran muy famosos en la
antigüedad, pero la tala intensiva a lo largo de los siglos ha reducido
la superficie boscosa a una fracción de su extensión original. Los
cedros de Líbano han sido citados en la Biblia y otras obras de la
literatura antigua y continúan siendo un referente del orgullo nacional.
De hecho, en la bandera del Líbano figura un cedro. En 1997, Líbano
estableció la reserva de cedros Al-Shouf, que ocupa el 5% del territorio
nacional. Si bien los ejemplares de cedro cubren un pequeño porcentaje
de la reserva, los grupos conservacionistas están intentando incrementar
su población en otras zonas del parque. El gobierno libanés ha
planificado la creación de otros parques y reservas.
Las minas antipersonas y otras municiones sin explotar,
abandonadas durante la guerra civil, continúan planteando una amenaza
para las poblaciones animales y humanas. En 1998, Estados Unidos accedió
a suministrar a Líbano la asistencia técnica y financiera necesaria para
quitar las minas antipersonas aún presentes en el país.
Líbano ha ratificado acuerdos internacionales orientados a
la protección de la biodiversidad y de la capa de ozono. También ha
firmado tratados que limitan los residuos peligrosos, las pruebas
nucleares y la contaminación marina.
Los libaneses descienden de una gran variedad de linajes
étnicos, sobre todo semíticos, y se puede encontrar su ascendencia en
los antiguos fenicios, hebreos, filisteos, asirios y árabes. Entre el
último grupo de población llegado al Líbano, se encuentra una minoría
armenia que supone alrededor del 6%, y una gran cantidad de palestinos,
muchos de los cuales están confinados en campos de refugiados.
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3.1 |
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Características de la población |
Según estimaciones oficiales de 2002, la población del Líbano
era de 3.677.780 habitantes; la densidad de 352 hab/km². Alrededor del
90% de la población vive en áreas urbanas. No hay censos oficiales
posteriores al de 1932.

La capital y principal puerto es Beirut, que cuenta con una
población (según estimaciones para 1998) de 1.500.000 habitantes. Los
dos importantes puertos y terminales de oleoducto, Trípoli (Tarabulus) y
Sidón (Sayda) tienen respectivamente 160.000 y 38.000 habitantes.
Numéricamente, la religión principal es el islam, alrededor
del 35% son shiíes y el 23% suníes. Los cristianos forman el 27% de la
población, englobando grupos de maronitas, protestantes, miembros de la
Iglesia ortodoxa griega y de la Iglesia armenia. Los drusos alcanzan
alrededor del 7%.
La lengua árabe es el idioma oficial del Líbano. Para usos
oficiales y comerciales están muy extendidos tanto el inglés como el
francés; la minoría étnica armenia habla el idioma armenio.
La educación primaria es gratuita pero no obligatoria. La
tasa de alfabetización está por encima del 95,4% y se encuentra entre
las más altas del mundo árabe. En 1998-1999 había 394.505 alumnos que
acudían a 2.160 escuelas primarias, y una tasa de escolarización del 89%
en las escuelas secundarias. Existen varias escuelas estatales
especializadas, como las agrícolas o de comercio.
En Beirut se encuentran cinco de las universidades
libanesas: la Universidad Libanesa, pública y estatal (1951), la
Universidad Americana de Beirut (1866), la Universidad de San José,
perteneciente a los jesuitas (1881), la Universidad Árabe de Beirut
(1960) y una universidad dirigida por los maronitas. En 1998-1999 el
número total de alumnos era de 113.022. El país tiene una gran variedad
de escuelas especializadas y varios centros de formación del
profesorado.
El poeta y pintor Kahlil Gibran es el mejor ejemplo del alto
nivel cultural alcanzado por el Líbano de la posguerra, en el que se
mezclaban tradiciones árabes e influencias occidentales recientes, en
especial francesas y estadounidenses. En las últimas décadas, sin
embargo, ese espíritu cosmopolita se ha roto por el enfrentamiento entre
los diferentes grupos étnicos y religiosos.
En la Biblioteca Nacional de Beirut se encuentran
depositados documentos de las Naciones Unidas. La biblioteca del
monasterio de San Juan en Khinshārah (Kunchara), que data de 1696,
muestra una de las primeras imprentas de Oriente Próximo.
La economía del Líbano está dominada por la banca y otros
servicios comerciales. Antes de la guerra civil de la década de 1970,
Beirut era la principal capital financiera de Oriente Próximo. Desde ese
momento, la combinación de la guerra, la invasión israelí de 1982 y las
luchas entre las diferentes facciones han dado lugar al aumento del
desempleo, a una inflación creciente y al colapso de todas las
inversiones extranjeras y turísticas, así como a la destrucción de
numerosas fábricas y compañías. El producto interior bruto (PIB) en 2000
era de 16.488 millones de dólares (según datos del Banco Mundial), que
suponen 3.810 dólares per cápita.

Alrededor del 30,1% de la tierra libanesa está cultivado. La
llanura costera se encuentra cultivada intensamente y produce tabaco y
productos hortofrutícolas, entre los que destacan las naranjas,
plátanos, uvas, higos y melones. En el valle de la Bekaa, parcialmente
irrigado, se cultivan cereales y verduras. Las áreas más frescas
producen manzanas, cerezas, ciruelas, patatas (papas), trigo y cebada.
En 2001 se produjeron 1.312.500 t de fruta, principalmente uvas (245.000
t), naranjas y manzanas; 1.323.850 t de hortalizas; y 270.000 t de
patatas (papas). Aunque durante la guerra civil fueron importantes los
cultivos de marihuana y opio, se consideran erradicados desde 1993. En
las tierras altas pastan ovejas, cabras y vacas lo cual ha contribuido a
la erosión del suelo y a la casi total destrucción de sus bosques, que
fueron muy conocidos por sus cedros. En 2001 había en Líbano 445.000
cabezas de ganado caprino, 380.000 de ovino y 74.000 cabezas de ganado
vacuno.
Los conflictos de las décadas de 1970 y 1980 inutilizaron la
única industria pesada del Líbano, las refinerías de petróleo. Los
productos más importantes de las industrias ligeras son seda, textiles
de algodón, calzado, fósforos y jabón.
En 1999 la producción total de electricidad fue de 7.748
millones de kWh. La capacidad de generación instalada era de un millón
de kW. El mayor proyecto hidroeléctrico del país es el del río Litani en
el valle de la Bekaa.
La unidad monetaria del Líbano es la libra libanesa
compuesta por 100 piastras (1.507,50 libras equivalían a 1 dólar
estadounidense en 2000). El Banco del Líbano (1964) es el banco central
y el único que puede emitir moneda. Líbano fue durante mucho tiempo el
centro bancario y financiero de Oriente Próximo pero la guerra civil
acabó con este papel.
El comercio es de una importancia capital para la economía.
Hasta mediados de la década de 1970, el clima, el paisaje y los restos
históricos favorecían el desarrollo turístico, con el consiguiente
beneficio para la economía del país. Tanto el comercio como la industria
han sufrido las graves consecuencias del estado de guerra de las décadas
de 1970 y 1980. En 2000 el valor anual de las importaciones era de 6.228
millones de dólares y el de las exportaciones de 714 millones. Los
principales intercambios comerciales del Líbano tienen lugar con otras
naciones del Oriente Próximo así como con Francia, Alemania y Estados
Unidos.
En 1997, había 336 vehículos por cada 1.000 habitantes, que
circulaban por sus 99 barcos mercantes con una tara de 301.653
toneladas.
En 1997 el número de aparatos de radio era de 2.850.000 y el
de televisiones de 1.180.000. Había dos cadenas comerciales de
televisión. El servicio telegráfico es de propiedad privada. El país
tenía 15 diarios publicados en Beirut; aunque la mayoría de ellos se
publican en árabe también hay otros en armenio, inglés y francés.
En 2000 el total de la población activa era de 1.517.397
trabajadores, de los cuales el 31% trabaja en la industria, el 62% en el
sector servicios y sólo el 7% en agricultura. A finales de la década de
1980 la tasa de desempleo era al menos del 33 por ciento.
Líbano es una república gobernada bajo una Constitución
promulgada en 1926 que en 1990 fue ampliamente revisada.
El presidente del Líbano es elegido para legislaturas de
seis años y no puede mantenerse en el poder más de dos mandatos
sucesivos. Tras consultar con la Asamblea Nacional, el presidente
designa al primer ministro y a los otros miembros del gabinete. El
presidente debe ser un cristiano maronita y el primer ministro un
musulmán suní. Casi todas las decisiones ejecutivas requieren la firma
conjunta del presidente, como jefe del Estado, y del primer ministro,
que encabeza el gobierno.
Bajo la Constitución revisada, la Asamblea de Representantes
unicameral cuenta con 128 miembros elegidos por sufragio universal para
un periodo de cuatro años por las comunidades religiosas que integran el
país. El portavoz de la Asamblea es siempre un musulmán shií. Los
escaños están divididos equitativamente entre cristianos y musulmanes.
Este sistema ha sido reforzado por la tradicional tendencia a formar
grupos políticos que giran alrededor de fuertes personalidades
políticas, lo que ha frenado el desarrollo de partidos políticos al
estilo occidental. Las primeras elecciones legislativas en veinte años
tuvieron lugar durante agosto y septiembre de 1992.
Líbano no tiene un único tribunal supremo. De acuerdo con la
Constitución del país, un Consejo de Estado trata los casos
administrativos y un Tribunal de Justicia especial, formado por cinco
miembros, se ocupa de los temas de seguridad nacional. El sistema
judicial también cuenta con tribunales de justicia de primera instancia
con un único juez, tribunales de apelación con tres jueces y tribunales
de casación. Los tribunales religiosos tienen jurisdicción sobre
aspectos civiles como matrimonios, defunciones y herencias.
En teoría, Líbano se divide en cinco gobernaciones, cada una
administrada por un gobernador que representa al gobierno central. En la
práctica, tanto el Ejército del Sur del Líbano —respaldado por los
israelíes— como Hezbolá —respaldado por los iraníes— controlan partes
del sur del país, mientras que Siria controla gran parte del valle de la
Bekaa. A lo largo de la década de 1980, una gran parte de Beirut estuvo
bajo el poder de las Fuerzas Armadas sirias. En una gran cantidad de
pueblos, los ancianos y los jefes de los clanes mantienen una
considerable influencia.
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5.5 |
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Salud y bienestar social |
En la década de 1960 y a comienzos de la de 1970 se
introdujo un exhaustivo código de Seguridad Social, por el cual los
empresarios y el gobierno debían realizar la mayor parte de los pagos.
Proporcionaba ayudas en caso de enfermedad, accidente, seguros de
incapacidad, prestaciones por maternidad, ayudas a familias numerosas y
compensaciones por despido. El debilitamiento de la autoridad del
gobierno central durante las décadas de 1970 y 1980 dejó a las milicias
y a organizaciones humanitarias el cometido de proporcionar servicios
sanitarios, antes de la restauración del gobierno en la década de 1990.
En 2002 la esperanza de vida era de 69,4 años para los hombres y 74,3
para las mujeres. En esa época, Líbano tenía un médico por cada 476
habitantes y una cama de hospital por cada 370 habitantes.
En 2001 el personal de las fuerzas gubernamentales libanesas
estaba dividido en un Ejército de tierra de 70.000 soldados, una Armada
de 830 y una Fuerza Aérea de 1.000. También hay unos 3.000 miembros de
la milicia Hezbolá y unos 2.500 del Ejército del Sur del Líbano, así
como fuerzas sirias.
Las montañas que han dado nombre al Líbano —a las que a
veces se denomina simplemente la Montaña— también han modulado su
historia. La inaccesibilidad de las tierras altas no sólo ha
proporcionado refugio a los grupos religiosos disidentes a lo largo de
los siglos, sino también ha impedido la unidad entre los diferentes
pueblos de la región.
Los restos arqueológicos indican una ocupación a lo largo de
la costa libanesa del mar Mediterráneo en el periodo paleolítico, y
hacia el 4000 a.C. la región había desarrollado tanto la metalurgia como
la cerámica. Hacía el 2500 a.C., la costa fue colonizada por los
fenicios, un pueblo marinero relacionado con los cananeos. Sus
ciudades-estado —que controlaban la mayor parte del territorio de lo que
hoy es Líbano— comerciaban con el antiguo Egipto y se convirtieron en
florecientes centros culturales bajo la influencia de Babilonia,
adorando al dios Baal. Alrededor del 2000 a.C. Fenicia fue invadida por
los amorreos, luego en el 1800 a.C. por los egipcios y poco después por
los hicsos, quienes lo unieron a sus dominios egipcios. Reconquistada
por los egipcios, permaneció como provincia dependiente hasta el
1400 a.C. aproximadamente, cuando las incursiones hititas debilitaron la
autoridad egipcia, y hacia el 1100 a.C. era de nuevo un territorio
independiente.
Tiro se convirtió en el principal estado de la Fenicia
independiente y fue pionera en el comercio marítimo de larga distancia.
El matrimonio de Acab, rey de Israel y Jezabel, una princesa de Tiro,
muestra la fuerza de los lazos políticos entre Fenicia y el antiguo
Israel. La exploración fenicia permitió el establecimiento de colonias a
lo largo de todo el Mediterráneo, desde Útica y Cartago en el norte de
África, hasta Córcega y el sur de la península Ibérica (como Gades, la
actual Cádiz), diseminando el alfabeto semítico, que fue posteriormente
adoptado por los griegos; los fenicios circunnavegaron África e incluso
comerciantes de Cartago llegaron a las islas británicas. A pesar de
todo, en el 867 a.C. Assurnasirpal II, rey de Asiria, forzó a las
ciudades-estado a pagar tributo y fueron dominadas por tropas asirias.
Se rebelaron varias veces y tras el fin del poder asirio en el 612 a.C.,
consiguieron salir airosos de los intentos egipcios por reconquistar el
área. Nabucodonosor II de Babilonia había subyugado toda Fenicia excepto
Tiro, lo que dio como resultado la bienvenida a Persia cuando conquistó
Babilonia en el 539 a.C. Fenicia pasó a ser una de las provincias más
importantes y ricas del Imperio persa.
Alejandro Magno conquistó Fenicia junto con el resto de Asia
Menor; Tiro finalmente cayó tras un largo asedio en el 332 a.C. El auge
marítimo de la recién fundada Alejandría obstaculizó el comercio fenicio
y tras la muerte de Alejandro la dinastía Tolemaica de Egipto conquistó
las ciudades fenicias, que en el siglo II a.C. pasaron a manos de los
Seléucidas. La identidad fenicia fue arrollada por influencias
helenísticas. Mientras el Imperio Seléucida se desintegraba, el poder
creciente de Roma pasó a ser el más importante en la región.
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6.2 |
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Mandato romano y bizantino |
En el 64 a.C., Pompeyo el Grande conquistó Fenicia, la
anexionó a Roma y la administró como parte de la provincia romana de
Siria. Beirut se convirtió en un importante centro durante el gobierno
provincial de Herodes el Grande, mientras que Baalbek pasó a ser un
espléndido centro religioso; ambas ciudades fueron proclamadas
oficialmente colonias por Cayo Julio César Octavio Augusto. La lengua
aramea —dominante en el Oriente Próximo— comenzó a reemplazar al
fenicio, marcando la integración del territorio con sus vecinos. Desde
el siglo IV d.C., con la cristianización del Imperio romano y la
posterior aparición de una estricta ortodoxia cristiana en el Imperio
bizantino, se produjeron tensiones religiosas en el conjunto de Siria.
Hacia el siglo VII, los maronitas, una secta adherida a la herejía
monotelista, en la que se afirmaba que Cristo había tenido a la vez las
naturalezas humana y divina pero sólo única voluntad divina, habían
buscado refugio en los distritos montañosos del norte de Líbano. En el
608, el rey Persa Cosroes II invadió Líbano y Siria. El emperador
bizantino Heraclio I, también monotelista, liberó Líbano en la segunda
década del siglo VII, pero éste fue un triunfo efímero.
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6.3 |
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Mandato musulmán temprano |
Hacia el 630, los árabes incorporados a la nueva religión
del islam, habían conquistado la mayor parte de Siria y la habían
incorporado al califato; las montañas de Líbano se integraron en el
distrito militar árabe de Damasco. Los conquistadores permitieron a las
poblaciones nativas, cristianas y judías mantener sus creencias, a
condición de pagar impuestos y regulaciones discriminatorias. En el 759
y 760 los campesinos cristianos se levantaron, pero la rebelión fracasó
y esto sirvió de argumento para numerosas leyendas locales. Durante todo
el periodo islámico se mantuvieron las rivalidades entre los diferentes
grupos tribales árabes, los qaysíes (del norte) y los miembros de la
tribu kalb o yemen (del sur), quienes se habían asentado en el área
después de la conquista.
La caída de los califatos Omeyas y Abasíes y el auge de las
dinastías locales dio lugar al nacimiento de un nuevo episodio en la
historia de la región, caracterizado por el caos. A comienzos del
siglo XI, se estableció en la zona meridional da la Montaña una secta
shií, los drusos, convirtiéndose a veces en aliados y a veces en rivales
de los hasta ese momento dominantes maronitas. En el año 1099, las
cruzadas trajeron mandatarios cristianos al país, quienes permanecieron
hasta el siglo XIII; Líbano se repartió entre los reinos cruzados de
Trípoli y el reino latino de Jerusalén. Hasta entonces los maronitas
habían estado llevando a cabo una solitaria resistencia a los procesos
de islamización y arabización. Los cruzados ayudaron a asegurar su
supervivencia religiosa y cultural al ponerlos en contacto con los
maronistas de Bizancio. Egipto encabezó la reconquista musulmana del
Líbano que comenzó con la toma de Beirut en 1187. Una vez expulsados los
últimos cruzados, Líbano fue gobernado por los mamelucos desde 1280.
En 1516 los turcos otomanos arrebataron a los mamelucos toda
la costa oriental mediterránea. Dos dinastías locales sucesivas
dominaron la Montaña bajo el mandato otomano: los maans (1516-1697) y
los shihabs (1697-1842). El más ambicioso de estos mandatarios fue Fajr
ad-Din II. Aunque era miembro de la familia drusa de los Ma'an, gobernó
de una manera tolerante atrayendo de esta forma a los campesinos
maronitas de los distritos meridionales. Con el fin de los Ma'an, los
notables locales eligieron a los miembros de la familia Chihab para ser
emires (príncipes). Posteriormente, miembros de la familia Chihab se
convirtieron al cristianismo. En 1770 un chihab maronita se convirtió en
emir. Su sucesor, Bechir Chihab II (quién reinó desde 1788 hasta 1840)
sojuzgó a los drusos y se consolidó como dueño del Líbano con poder en
el Levante. Los drusos terminaron con el mandato chihab en 1842 gracias
al apoyo de los otomanos, los poderes europeos y el descontento de los
campesinos maronitas. En 1843 se instauró el régimen de los
caimacamatos, territorios autónomos dirigidos por cristianos maronitas
en el norte y drusos en el sur.
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6.5 |
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El último periodo otomano |
La violencia de estos años terminó con la cooperación
druso-maronita sobre la que reposaba la autonomía del Líbano. Los
otomanos tenían ahora un papel más directo, pero sus reformas
administrativas fueron impracticables. En 1858 las tensiones políticas,
religiosas, sociales y económicas entre drusos y maronitas, musulmanes y
cristianos, señores y campesinos llevaron a una guerra civil que
finalizó en 1860 después de un gran baño de sangre y un aparente triunfo
druso. Los poderes otomano y europeo, sin embargo, mandaron a sus
fuerzas para restaurar el orden y castigar a los musulmanes a quienes
consideraban culpables de la guerra. En 1861 establecieron una nueva
administración para el Líbano que pervivió hasta la I Guerra Mundial.
Las nuevas regulaciones estipularon que el país fuera gobernado por un
cristiano otomano no libanés, aconsejado por notables locales, pero
directamente responsable ante Estambul. Los años de la I Guerra Mundial
llevaron hambre y devastación, de ahí que creciera el flujo de
inmigrantes cristianos hacia América.
La historia del Líbano con sus fronteras actuales y su
mezcla de población cristiana y musulmana sólo comenzó en 1920, cuando
los franceses (quienes habían obtenido el control del territorio gracias
al acuerdo secreto Sykes-Picot, firmado entre los franceses y británicos
durante la guerra) unieron bajo su administración la costa y la planicie
poblada por musulmanes, y la Montaña, habitada por cristianos, para
crear el Gran Líbano, bajo su mandato. Durante prácticamente los dos
milenios anteriores, este territorio había sido siempre parte de
imperios continentales en expansión. Aunque Líbano muy raras veces ha
formado una entidad política independiente, los maronitas habían
desarrollado la opinión de que la Montaña era un país con una historia y
carácter propios. Los franceses habían apoyado esta creencia, por lo que
los maronitas recibieron muy bien su mandato, con el que además obtenían
beneficios económicos y políticos. Sin embargo, la población árabe
defendía la creación de un Gran Reino Árabe con su sede en Damasco, que
recogía sus aspiraciones nacionalistas. Su corta duración (1918-1920)
provocó que no recibieran con agrado la creación del Gran Líbano, con lo
que llegaron a la revuelta armada. Los franceses favorecieron la
redacción de la Constitución de 1926, que serviría de base para un
futuro Estado independiente. Sin embargo, la independencia total no se
obtuvo hasta el año 1946, cuando las últimas tropas francesas fueron
evacuadas.
La administración francesa estableció un Estado
económicamente viable, pero con conflictos religiosos políticamente
amenazadores además de haber establecido unas fronteras poco claras, en
especial con Siria, al norte. En 1943 los representantes maronitas
llegaron a un acuerdo para compartir el poder (el Pacto Nacional) con
los musulmanes suníes y otros grupos menores. Sin embargo, el poder real
no lo tenían los dirigentes elegidos, sino una elite comercial cada vez
más próspera y una clase casi de señores feudales, defendidos por sus
propios ejércitos. Muy a menudo los presidentes han estado a merced de
fuerzas y grupos más allá de su control, aunque tanto Camille Chamoun
(1952-1958) como Fuad Chihab (1958-1964), de la década de 1950, desde
ópticas políticas opuestas, establecieron un rígido control del país, lo
que permitió —bajo el control cristiano de los puestos clave del estado—
el florecimiento económico a partir de especulaciones financieras, que
animaron los negocios y las inversiones extranjeras, al tiempo que se
producía un destacado desarrollo turístico. Sin embargo, muy poco de
esta prosperidad llegó a la población, en la que cada vez el número de
shiíes era mayor, y su descontento explotó en manifestaciones y
tumultos, y, después de 1975, en una guerra civil.
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6.8 |
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Relaciones internacionales |
Líbano ha seguido una política muy delicada y equilibrada
con sus vecinos y las grandes potencias. Los maronitas optaron por unas
relaciones más cercanas con Occidente y distanciarse del mundo árabe;
por el contrario, muchos musulmanes defendían la unidad árabe y una
política neutral respecto a las dos superpotencias. Líbano se mantuvo
prácticamente al margen de las Guerras Árabe-israelíes, pero la llegada
de refugiados palestinos procedentes de los territorios ocupados por
Israel, involucraron poco a poco al Líbano en el conflicto
árabe-israelí, a partir de la década de 1970. En noviembre de 1969, el
general libanés Emile Bustami y el líder de la Organización para la
Liberación de Palestina (OLP), acordaron en el Cairo permitir la
libertad de acción de los palestinos en el territorio del Líbano,
pudiendo hacer incursiones contra Israel desde bases libanesas. Hacia
1973 alrededor del 10% de la población estaba formada por palestinos.
Este acuerdo —que se mantuvo en secreto hasta 1976 para no levantar la
protesta de sectores cristianos— seguía la política favorable a la
unidad con Siria lo que provocó varios disturbios en el país. En 1949 y
1961 se emprendieron varios golpes para promover la unión con Siria. En
1958, árabes pro Nasser dirigieron una insurrección que culminó con la
intervención estadounidense y la retirada del presidente Chamoun. Los
siguientes gobiernos trataron de conseguir la unidad árabe. Esta actitud
generó recelo en Israel, que además de actuar contra las bases
palestinas del sur del Líbano, buscó otros apoyos políticos.
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6.9 |
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La guerra civil libanesa |

En 1975 estalló la lucha entre los musulmanes libaneses y la
facción dominada por los maronitas, conocida como Falange Libanesa. El
gobierno central dejó de funcionar mientras unas facciones de milicias
fuertemente armadas redujeron Líbano a la anarquía. La Organización para
la Liberación de Palestina (OLP) se unió a la parte musulmana a
comienzos de 1976 y Siria (preocupada por la reacción israelí) intervino
apoyando a los cristianos y en contra de la OLP que contaba con el apoyo
de los grupos más progresistas. Beirut se dividió con una 'Línea Verde'
de este a oeste, que separaba el norte cristiano del sur musulmán. En
junio la Liga Árabe impuso una tregua, confiando a los sirios el
mantenimiento de la paz. A pesar de todo continuó la violencia y en 1978
Israel invadió el sur del Líbano en un intento de eliminar las bases
palestinas. Una fuerza de la ONU reemplazó a las tropas israelíes, pero
continuó prestando ayuda a los maronitas y atacando las bases de la OLP.
En junio de 1982, Israel, temeroso del auge sirio y de la actividad
palestina, invadió Líbano. Hacia mediados de agosto, tras la mediación
estadounidense, los combatientes de la OLP accedieron a abandonar Beirut
y muchos fueron evacuados a otros países. Más tarde ese mismo mes, con
las tropas israelíes rodeando Beirut, el Parlamento libanés eligió como
presidente al líder de la milicia cristiana Bechir Gemayel; tras su
asesinato en septiembre, se eligió a su hermano Amin Gemayel para
reemplazarle. Como venganza, fuerzas falangistas asesinaron a unos 1.000
palestinos en los campos de refugiados de Sabra y Shatila, en la parte
ocupada por Israel en Beirut Occidental. Por esta causa los israelíes se
retiraron al sur del Líbano, y en Beirut se estableció una fuerza de paz
internacional. Los musulmanes tenían sospechas respecto a las unidades
occidentales que apoyaban a un gobierno liderado por cristianos; después
de que más de 300 soldados estadounidenses y franceses murieran en un
atentado terrorista el 23 de octubre de 1983, las tropas occidentales se
retiraron en febrero de 1984. En el vacío de poder resultante,
continuaron las luchas entre facciones hasta que en 1985 los israelíes
se retiraron dejando una zona de seguridad en el sur controlada por sus
aliados cristianos, el Ejército del Sur del Líbano (ESL). El partido
shií Hezbolá (Partido de Dios) respaldado por los iraníes luchó por esta
zona con el ESL, habiendo rechazado un acuerdo de paz, auspiciado por
Siria, en diciembre de 1985. El principal objetivo de los shiíes era
Beirut Occidental. Los israelíes siguieron haciendo incursiones contra
las instalaciones de la OLP en el sur, y un deterioro de las condiciones
en Beirut llevó a las tropas sirias a ocupar el sector musulmán en 1987
para terminar con la enemistad entre los libaneses y musulmanes pro
palestinos.
Cuando el mandato presidencial de Gemayel expiró en
septiembre de 1988, nombró al general cristiano Michel Aoun para
encabezar el gobierno. Como los dirigentes libaneses eran incapaces de
encontrar un nuevo presidente, las facciones enfrentadas establecieron
sus propias administraciones. En octubre de 1989, los negociadores
libaneses, reunidos en Arabia Saudí, aceptaron reformar la Constitución
de 1926 que daba el poder a los musulmanes; Aoun rechazó el proyecto,
amenazando con la partición permanente del Líbano. El 5 de noviembre, el
Parlamento, mayoritariamente musulmán, ratificó esta reforma y eligió
presidente a René Moawad. Fue asesinado 17 días después, y el Parlamento
eligió en su lugar a otro maronita, Elias Haraui. En octubre de 1990,
las tropas sirias asentadas en Beirut Oriental, derrotaron a las fuerzas
leales a Aoun. Posteriormente el ejército libanés, respaldado por Siria,
recuperó el control sobre una gran parte del país, desarmó las milicias
y expulsó a la OLP de sus plazas fuertes al sur del Líbano. La guerra se
había cobrado la vida de más de 150.000 libaneses desde 1975.
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6.10 |
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Recuperación y consolidación |
La votación para una nueva Asamblea Nacional en 1992 supuso
la primera elección en los últimos veinte años. En marzo de 1993 el
gobierno estableció un presupuesto de 13.000 millones de dólares para
intentar la recuperación económica del país, aunque parte de esta
cantidad debía ser suscrita por la comunidad internacional. En julio de
1993 los ataques aéreos israelíes contra las bases de Hezbolá —como
represalia por sus ataques con misiles contra territorio israelí—
provocó el abandono del sur del Líbano de 200.000 personas y su traslado
al norte en busca de una mayor seguridad. El ejército libanés se unió en
agosto a las fuerzas de paz de la ONU en el área, pero sin desarmar las
unidades de Hezbolá. En enero de 1994 el gobierno libanés emitió
acciones de la compañía que se iba a dedicar a la reconstrucción de los
distritos comerciales de Beirut. Las continuas escaramuzas entre Hezbolá
y las fuerzas israelíes en la zona de seguridad de Israel generaron
numerosos atentados entre ambas partes, incluidos bombardeos israelíes
sobre las zonas de asentamiento de Hezbolá (la última en abril de 1996),
lo que dificulta la realización de los acuerdos de paz entre Israel y la
OLP acordados en septiembre de 1993.
En noviembre de 1998, el ex general Émile Lahoud fue elegido
presidente de la República por el Parlamento, después de contar con el
respaldo del presidente sirio, Hafiz al-Assad. No obstante, el 23 de
octubre de 2000, tras los resultados de las elecciones legislativas
celebradas los días 27 de agosto y 3 de septiembre anteriores, el suní
Rafic Hariri (que ya estuviera al frente del gobierno desde 1992 hasta
el acceso de Lahoud a la jefatura del Estado en 1998) sustituyó a Selim
al-Hoss como primer ministro. La coalición liderada por Hariri consiguió
un extraordinario respaldo popular en las urnas frente a las
candidaturas pro sirias y obtuvo la mayoría absoluta en la Asamblea. Por
otra parte, el primer ministro israelí Ehud Barak llevó a cabo la
retirada del Ejército israelí del sur libanés a lo largo del mes de mayo
de ese mismo año.

Hariri "El
Líbano, primero"
El 23 de octubre de 2000, tras
los resultados de las elecciones
legislativas celebradas los días
27 de agosto y 3 de septiembre
anteriores, Rafic Hariri
sustituyó a Selim al-Hoss como
primer ministro. La coalición
liderada por Hariri consiguió un
extraordinario respaldo popular
en las urnas frente a las
candidaturas pro sirias y obtuvo
la mayoría absoluta en la
Asamblea.
Las tensiones entre Líbano e
Israel reaparecieron
brevemente en marzo de 2001,
cuando Líbano desvió el
curso del río Hasbani,
afluente del Jordán, para
abastecer de agua a una
población fronteriza del
sur. En junio, Siria inició
la retirada de sus tropas de
Beirut, allí presentes desde
el inicio de la guerra
civil.
El 15 de abril de 2003,
el primer ministro,
Hariri, dimitió para
permitir la formación de
un nuevo gabinete. Al
día siguiente, sin
embargo, fue confirmado
para continuar al frente
del gobierno.
Finalmente, renunció en
octubre de 2004, después
de una larga crisis
motivada por la prórroga
concedida a Lahoud para
permanecer en la
presidencia,
presuntamente por las
presiones ejercidas para
ello desde Siria, país
al que el Consejo de
Seguridad de la ONU
conminaba en esos
momentos para que
procediera al definitivo
repliegue y retirada de
los efectivos militares
que aún tenía
estacionados en
territorio libanés. Para
sustituir a Hariri en el
cargo de primer
ministro, Lahoud designó
a Omar Karami.
El 14 de febrero de
2005, un atentado
terrorista
perpetrado en Beirut
por un grupo
fundamentalista
islámico segó la
vida del ya ex
primer ministro
Hariri. La oposición
redobló sus ataques
contra Siria, a la
que consideraba
responsable del
magnicidio,
reclamando con
firmeza la
definitiva retirada
de los
aproximadamente
14.000 soldados que
continuaban
desplegados en
territorio libanés,
así como que dicho
Estado dejara de
inmiscuirse en la
política interna de
Líbano. Damasco negó
todas las
acusaciones pero,
ante la presión
internacional, el
régimen de Bachar
al-Assad anunció que
procedería, en dos
etapas, a la
completa evacuación
de sus tropas,
proceso que se
inició al mes
siguiente. En
Líbano, se
multiplicaron las
manifestaciones
pidiendo la dimisión
del gobierno pro
sirio y la
consecución de una
auténtica
independencia. Como
consecuencia de las
protestas populares,
Karami y su gabinete
presentaron la
dimisión el 28 de
febrero. Sin
embargo, las fuerzas
políticas
oficialistas y, en
general, todos los
sectores partidarios
del mantenimiento de
la presencia militar
siria en el país,
con Hezbolá al
frente, también se
movilizaron. De
hecho, en los
primeros días de
marzo, el Parlamento
logró que Karami
fuera nuevamente
designado primer
ministro; sin
embargo, al no poder
este formar
gabinete, tuvo que
dimitir en abril.
Para dar una salida
a la crisis, las
fuerzas oficialistas
y las de la
oposición alcanzaron
un acuerdo gracias
al cual, el 15 de
abril, se convirtió
en primer ministro
un representante del
ala pro siria
moderada, Naguib
Mikati, quien sí
pudo constituir el
ejecutivo de
transición que
debería preparar el
proceso para
celebrar elecciones.
El día 26 de ese
mismo mes de abril,
los últimos soldados
sirios que aún
permanecían en
territorio libanés
abandonaron el
mismo, cumpliendo
así la resolución
1.559 que el Consejo
de Seguridad de la
ONU había emitido a
finales de 2004. El
30 de junio de ese
histórico año 2005,
tras celebrarse en
cuatro jornadas los
citados comicios
legislativos, el
presidente Lahoud
encargó formar
gobierno a Fuad
Siniora, miembro de
la triunfante
coalición antisiria
formada por Saad
Hariri (hijo de
Rafik Hariri).
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