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CONFORT Y BIENESTAR DE LOS CARNÍVOROS
DOMÉSTICOS
Ángela
Ferrari (Instituto
de Clínica Médica Veterinaria
- Universidad de Estudios de
Parma)
Premisas
La
convicción de que los animales
domésticos pueden sufrir por
las condiciones de vida que el
hombre les ofrece, está
ampliamente aceptada. La opinión
pública tiende a asociar como
objetivamente maltratados por
parte de sus dueños tanto a los
animales de producción como a
los domésticos: unos víctimas
de técnicas de cría demasiado
intensiva y los otros de
aberraciones mentales difundidas
por sus dueños. En contraste se
piensa que la gran mayoría de
los animales de compañía viven
un eterno bienestar fruto de
nuestra benevolencia. Basta a
este propósito escuchar a las
asociaciones de "protección
animal" para advertir que
el criterio de validez de las
condiciones de vida propuesta a
los carnívoros es justamente el
amor de sus propietarios.
La
cuestión fundamental al
afrontar el problema del
bienestar de esta especie es
justamente si amarles es
suficiente para conocer sus auténticas
necesidades. Si se analiza el
problema desde el punto de vista
necesariamente deformado de la
clínica, la respuesta es
negativa. Esto significaría,
sin embargo, simplificar el
debate, porque datos estadísticos
irrefutables describen
disturbios en el comportamiento
causados por situaciones no
confortables. Por otra parte,
sería prácticamente imposible
describir todas las
interacciones hombre-animal
capaces de perturbar a un perro
o un gato.
Por
esto, antes que describir
algunas de las más importantes
exigencias comporta mentales de
esta especie, preferimos reseñar
los indicadores que señalan
estados de sufrimiento.
Uno
de los problemas clásicos de la
etología de las especies
familiares consiste en conocer
los requisitos previos que
facilitan el acercamiento
afectivo con el hombre. De
hecho, es evidente que la
facilidad para establecer
"relaciones" con su
especie o con el hombre,
constituye un elemento
importante para que la relación
se establezca. Esto depende
también de la duración del período
en el cual el joven animal puede
sensibilizarse, período
caracterizado por una gran
vulnerabilidad del sujeto.
La
segunda cuestión a abordar se
refiere a la organización
social y a la instauración de
las normas que la regulan. Estos
fenómenos llamados "jerárquicos"
conciernen principalmente al
perro.
En
resumen, el espacio vital, a
veces denominado de forma
abusiva territorio, experimenta
una organización compleja para
el animal, que tiende a dominar
en su totalidad para preservar
su equilibrio. En este proceso
juegan un papel importante las
señales olfativas y visuales.
Período
"afectivo"
La
posibilidad de establecer
relaciones afectivas en los carnívoros
domésticos aparece durante el
período denominado de
"transición" que se
sitúa entre la segunda y la
tercera semana después del
nacimiento. Este período que
corresponde al final de la
corticalización del encéfalo y
a la adquisición de la autonomía
sensitiva, se inicia cuando el
joven animal abre los ojos para
concluir con el aparato auditivo
completamente funcionando.
Con
estos instrumentos sensoriales
el cachorro obtiene nueva
información sobre la madre,
memoriza una forma corpórea y
olores particulares, sensaciones
sonoras que concurren a
construir una imagen específica,
único objeto que le
tranquiliza. Alrededor de esta
imagen, con el fin de
tranquilizar a los cachorros, se
desarrolla el comportamiento de
exploración. Cada tentativa que
impida el contacto suscita un
estado de inquietud general, que
se manifiesta con agitación y
emisión de vocalizaciones por
parte de la madre y de sus
cachorros. Si no se procede a
interrumpir esta inquietud
aparecen trastornos del sueño y
fenómenos de anorexia.
El
segundo elemento a tomar en
consideración se refiere a la
organización social y a las
reglas que la sustentan. Estos
comportamientos jerárquicos, a
falta de un término menos
ambiguo, se refieren
principalmente al perro.
Afecto
y sueño paradójico
La
capacidad de establecer
relaciones parece ser el
corolario indispensable del buen
desarrollo de la
"impregnación". El
fenómeno del imprinting fue
descrito por primera vez en los
patos. Se trata de un proceso de
aprendizaje diferente del
asociativo convencional. Debe
acontecer en un período
sensible que corresponde a un
momento particular del
desarrollo del Snc, la duración
del cual es extremadamente
variable, según la especie y su
posición en la escala zoológica.
Así pues, en los patos el
imprinting se realiza entre las
13 y las 16 horas después del
nacimiento, hasta más meses o más
años en otras especies que,
como veremos, es una particular
forma de imprinting que se
instaura lentamente. De hecho,
en los mamíferos existe una
gran diferencia entre las
especies. Las especies nidífugas
como las unguladas, y las
especies nidícolas como los
carnívoros y los primates. En
las primeras los pequeños
adquieren una autonomía muy rápida
ligada a un imprinting breve, análogo
al que se observa en los pájaros.
Por el contrario en las segundas
los pequeños son totalmente
dependientes de la madre durante
más semanas o meses
experimentando un imprinting
lento. En este último grupo, al
que pertenece el perro, se
prefiere hablar de
"impregnación" para
insistir en la lentitud del
proceso.
Esta
distinción entre especies nidífugas
y nidícolas recientemente ha
sido completada con
observaciones relativas al sueño
paradójico. La especie nidífuga
y sobre todo los ungulados
artiodáctilos (Bóvidos, Cérvidos,
Óvidos) están caracterizados
por limitados períodos de sueño
paradójico.
Por
el contrario las especies nidícolas,
entre ellas los predadores,
tienen más sueño paradójico,
siendo los felinos, con el
hombre, los más grandes soñadores.
Recientemente,
se han evidenciado correlaciones
importantes entre la actividad
del sueño paradójico, la
impregnación y la capacidad de
establecer lazos afectivos. Cada
alteración o inhibición del
sueño paradójico (inhibiciones
con antidepresores triciclitos)
inhiben también la afectividad
y la impregnación, con la
consiguiente desorganización de
los comportamientos sociales y
sexuales del adulto.
Consecuencias
del imprinting
El
imprinting es esencial para la
identificación de los
semejantes, es decir, los compañeros
sociales y de sexo. En el curso
de su propia experiencia Lorenz
había demostrado que las ocas
que había imprimado procuraban
aparearse alcanzado la madurez
sexual con aquel con quien se
relacionaron. Las mismas
observaciones han sido
realizadas con ungulados o
primates. En los perros se
realizaron las mismas
observaciones que pueden también
derivar en comportamientos
aberrantes, en los que los
animales intentan acoplarse con
el hombre y rechazan cualquier
contacto con sus congéneres.
Enfrentados a su propia imagen
en el espejo, estos perros no
consiguen interactuar.
En
la especie canina la impregnación
parece comenzar durante el período
de transición y finaliza
alrededor de los 4 meses, también
se han verificado recuperaciones
en períodos diversos. Los
cachorros criados separados han
logrado un comportamiento social
y sexual normal con una
reintroducción entre las 9 y
las 16 semanas.
Se
puede entonces afirmar que
existe una impregnación intra
especie preferente que permite
recuperar los comportamientos típicos
de la especie, también en los
cachorros que tuvieron una
temprana impregnación
heteroespecífica. Por el
contrario esta recuperación no
es posible si el animal se ha
desarrollado normalmente, es
decir, si se ha podido
relacionar y socializar.
Importancia
de la separación
La
convivencia con el hombre puede
provocar diversos problemas que
no se limitan sólo a
privaciones afectivas o de
impregnación.
En
la mayor parte de los casos los
trastornos que se observan en clínica
están vinculados a la
persistencia de lazos afectivos
en forma infantil. En efecto, el
cachorro que llega a una familia
con alrededor de 6-10 semanas
establece rápidamente un nuevo
lazo afectivo con su dueño,
después de haber superado la
fase más delicada de la
separación de la madre. Parece
que esta "separación
afectiva" sea el sostén
central de la relación
hombre-perro. A este nuevo lazo
que se instaura está vinculada
la capacidad del cachorro de
socializarse con el hombre, pero
es también la premisa necesaria
para su desarrollo y equilibrio.
Al lazo afectivo inicial debería
seguir la separación que
permitiría a los perros púberes
adquirir un rango social, para
después integrarse en una
colectividad y en una
circunscripción de modo autónomo.
La crisis afectiva iniciada por
comportamientos agresivos,
alimentada por la irritación de
la madre al acercarse sus
cachorros y finalmente la
separación, provocan en el
futuro adulto un modo diferente
de comunicarse. Inicialmente
ellos podrían establecer el
contacto con su madre sobre la
base de su sola motivación:
cada situación de estrés le
conduce a tener un contacto
inmediato. Sin embargo, ya se
siente obligado a comunicarse a
distancia para conseguir su
consenso y el de sus congéneres.
En este momento la relación
afectiva se convierte en social.
Ahora
bien, sucede que un buen número
de cachorros encariñados con el
hombre no quieren ser separados,
y los propietarios mantienen
este lazo con sus "compañeros"
a cualquier edad que éstos
tengan.
Aparece,
entonces, un estado de
dependencia estrechamente
asociado al desarrollo de una
ansiedad siempre más grave y a
un comportamiento infantil. Este
último aspecto es muy
llamativo, que en los machos se
manifiesta en que no alzan nunca
la pata mientras orinan. La
hembra puede ser insensible a la
presencia del macho y muestra un
retraso notable en la aparición
de los primeros sofocos. Estos
aparecen más frecuentemente
durante el tratamiento de estos
trastornos en el momento en el
cual la terapia permite la
separación afectiva.
El
cuadro clínico que resulta de
la ausencia de la "separación"
es bien conocido por los
veterinarios que lo definen como
"ansiedad por la separación",
causante de muchos síntomas que
denotan el estado de sufrimiento
psíquico del animal.
En
el gato las situaciones de
hiperafectividad son raras, pero
pueden darse en sujetos nacidos
de hembras que conservan el
contacto con sus cachorros más
allá de las 6 semanas, siendo
entonces el cuadro clínico
similar al del perro.
Organización
social jerárquica
Los
trastornos en las relaciones jerárquicas
entre dueño y perro han sido
descritos muchas veces. Muy a
menudo no se afrontan de modo
realista, simplemente se acepta
al perro con sus prerrogativas
dominantes en un grupo familiar.
Esta situación desagradable
para los dueños es vista
perfectamente por el perro.
El
sufrimiento para el animal nace
como consecuencia de la
ambivalencia jerárquica. Ahora
sería sin duda muy largo
describir cada uno de los
mecanismos que intervienen en la
fijación de tal jerarquía,
pero es obligado reseñar
algunos elementos frecuentemente
desconocidos.
Uno
de los aspectos interesantes es
la relación que se suscita
entre la fuerza física y la
posición jerárquica. Volviendo
a Lorenz la conciencia de que no
existe ninguna relación directa
para este problema porque el
lugar dominante no se conquista
con grandes luchas, sino a través
de un juego mucho más complejo
que implica a todo el grupo
social. Uno de los puntos más
importantes es que el dominante
respeta el reglamento del grupo.
Comienza por reclutar aliados
que agrupa entorno a él, porque
es precisamente el juego de
alianzas el medio principal para
modificar la jerarquía en favor
de un nuevo líder.
El
otro punto importante es la
comunicación del lugar del
dominante. El líder no presenta
actitudes agresivas, así con su
aspecto tranquilo inhibe
comportamientos violentos de sus
semejantes. Se alimenta con gran
lentitud y delante de todos,
tiene un comportamiento sexual
manifiesto, se acuesta en
lugares superiores desde donde
observa a toda la manada.
La
convivencia con el hombre no
parece modificar profundamente
estos comportamientos, por lo
cual la organización parece
adquirida por los cachorros a la
edad de 10-16 semanas. Lo que se
perturba es el carácter unívoco
de estas señales sociales. Una
parte consistente de la
comunicación humana encuentra
su dinámica en la permanencia
de una situación contradictoria
y se puede añadir que la
interacción incesante entre los
afectos y los ambientes
socio-culturales tiene una gran
importancia.
Los
propietarios, por ejemplo,
tienden a otorgar al perro
prerrogativas jerárquicas
importantes que corresponden a
soportes afectivos, tanto que éstos
llegan a controlar las
interacciones entre su grupo
familiar y el resto de la
sociedad. Parece entonces lícito
alimentar al perro, mirarlo
mientras come, ofrecerle una
parte de la comida propia,
dejarlo dormir donde quiere,
pero también impedir que asalte
a los invitados, que no suba a
la mesa, controlar en el
interior del espacio donde
habita los lugares donde se
coloca.
Estas
incoherencias ligadas a los
cambios de humor del dueño
modifican el sentimiento de
contacto con el animal, por lo
que originan también las
reacciones. Debido a estas
relaciones sociales claramente
inadecuadas para el perro, se
desarrollan rápidamente
problemas de carácter en el
animal denominados de "hipervigilancia".
Posteriormente las cosas se
precipitan, con la aparición de
reacciones fóbicas, provocadas
por estímulos que serían
tolerados en otras
circunstancias. En ausencia de
terapia, tienen trastornos
digestivos, estereotipos o
actividad sustitutiva.
El
espacio vital "el
territorio"
El
espacio vital es uno de los
temas más importantes de la
etología clínica felina. El
gato es calificado como una
especie territorial y esto
significa que su equilibrio está
estrechamente ligado a la
organización de su espacio
vital.
Ahora
bien, el espacio vital de una
especie es una constelación de
porciones de espacio, cada uno más
o menos específicamente ligado
a una función del
comportamiento, ligados entre sí
a través de su tránsito. Las
señales olfativas o visuales
depositadas por el animal
tienden a establecer comunicación
con los otros eventuales
visitantes, pero sirven al
animal para orientarse. En el
gato han sido descritas
diferentes señales. Algunas
entre ellas son más familiares
para su carácter e
insoportables para el hombre
(arañazos y orina). Dichas señales
están fuertemente ligadas al
estado de estrés y constituyen,
por tanto, una respuesta
emocional.
La
vida cotidiana de los
propietarios de gatos constriñe
al animal a soportar frecuentes
reorganizaciones espaciales
ligadas tanto a cambios de lugar
como a la movilidad de la
familia. Respecto a dichas
variaciones el animal no puede
llevar a cabo los tiempos de
exploración necesarios para
desarrollar la actividad de
marcación. Teniendo como
resultado graves desajustes
entre el dueño y el gato que
pueden conducir a un alejamiento
del gato.
Todo
esto significa que se puede
considerar que marcar con orina
como un síntoma de sufrimiento
por parte de un gato que no se
encuentra en su propio
territorio.
Signos
de malestar en los
carnívoros domésticos
Evidentemente
es ilusorio esperar registrar de
modo exhaustivo el conjunto de
signos clínicos evocadores de
un estado de malestar en el
perro y en el gato. De hecho, en
estas dos especies se
manifiestan los mismos síntomas
que en los mamíferos. Sin
embargo, existen algunos más
frecuentes que deben llamar la
atención del veterinario. Estos
se pueden agrupar en cuatro
puntos: trastornos
neurovegetativos, actividad
sustitutiva, estereotipos,
estados de inhibición.
Trastornos
neurovegetativos
De
los cuatro grupos de síntomas
los trastornos neurovegetativos
son los que pueden presentar
mayores problemas para su
identificación. En efecto, se
trata de modificaciones en el
funcionamiento de diferentes órganos
o aparatos que exigen un análisis
somático. En los carnívoros se
trata casi siempre de trastornos
digestivos o urinarios. Los
primeros se manifiestan mediante
vómito emotivo y el síndrome
de "colon irritable".
El dato epidemiológico parece
demostrar una gran predisposición
para este trastorno de las razas
molosoides del pastor, sobre
todo el alemán.
La
incidencia de los factores
emocionales en la patogénesis
de tales afecciones está
actualmente admitida y utilizada
en la farmacológica. Por el
contrario, la necesidad de
reorganizar el sistema de
relaciones permanece casi
siempre en la intención y esto
provoca un fuerte porcentaje de
recaídas y muchos problemas
terapéuticos, caracterizados
por episodios de agresividad,
que no son raros cuando se
propone solo un tratamiento
farmacológico. Esto es
particularmente cierto en el
tratamiento del colon irritable
con la ayuda de la asociación
clorodiazeposido-atropina. El
efecto desinhibidor de la
benzodiazopina facilita el paso
a la acción en situaciones jerárquicas
dentro de un contexto relacional
que no ha sido objeto de un
programa de reorganización.
El
trastorno de la micción
requiere un análisis más
minucioso debido a la necesidad
de realizar un examen urológico
riguroso, único medio para
identificar un problema emotivo.
El cuadro clínico se denomina
micción múltiple diseminada
por un animal que se desplaza.
Se trata de una aparición
precoz que generalmente indica
una situación conflictual
recientemente aparecida. No se
trata de la misma situación que
sucede en los casos de enuresis
y desajustes más profundos. En
estos casos las eliminaciones se
verifican en situación de
reposo, durante el sueño o
cuando el animal se retira a su
lecho. Estos síntomas, una vez
establecido que no son causados
por anomalías orgánicas, deben
ser considerados como señales
de un sufrimiento profundo y crónico.
Finalmente,
para el que cuida un gato, la
marca con orina debe ser
interpretada unida a otros
trastornos neurovegetativos. Las
señales urinarias observadas
son de doble volumen,
depositadas en lugares situados
preferentemente en la prolongación
de un lugar de paso. Aparecen
tanto en el macho como en la
hembra en sujetos enteros o
castrados. Indican un estado de
ansiedad originado por un
trastorno en la organización
espacial, en función de sujetos
extraños, o por la desaparición
de un número importante de señales
de familiarización.
El
uso de feromonas, la prescripción
de clomipramina y el recurso a
feromonas analógicas de síntesis,
permiten solas o asociadas
re-equilibrar dichos problemas.
Actividad
sustitutiva
Estos
tienen en común con los
trastornos neurovegetativos que
se manifiestan al comienzo del
examen somático. En efecto, la
actividad sustitutiva comprende
actos ligados a acciones vitales
(comer, beber, limpiarse) y se
manifiesta cuando el animal se
encuentra en un contexto que
impide un comportamiento
adecuado. La respuesta del
animal parece "fuera de
lugar". Todas las
actividades sustitutivas
conocidas hasta hoy parecen
capaces de estimular las
estructuras serotoninérgicas y
sobre todo endorfinérgicas que
colaboran a devolver una cierta
tranquilidad. Estas actividades
que pertenecen al repertorio
fisiológico, aparecen sólo en
casos extremos y el aumento de
su frecuencia revela el paso a
una cierta forma de ansiedad.
Estereotipos
Los
estereotipos son siempre
comportamientos patológicos.
Estos actos repetitivos,
incontrolados y que el animal no
puede interrumpir provocan una
cierta insensibilidad al
ambiente.
En
los mamíferos los estereotipos
surgen tanto en un ambiente hipo
estimulante como
hiperestimulante y ambos
extremos parecen desorganizar en
modo idéntico el núcleo gris
central. En los carnívoros domésticos
el perro es el más
frecuentemente afectado. Se han
realizado muchas tentativas
terapéuticas que han demostrado
la ineficacia de los neurolépticos,
de los progestínicos, de los
antagonistas opiáceos.
Estados
de inhibiciones
La
inhibición es un síntoma que
aparece tardíamente y en la
mayor parte de los casos abarca
el comportamiento alimenticio y
el explorativo. Los animales no
se mueven o sólo en los períodos
de gran tranquilidad como de
noche durante los cuales se
alimentan. También las
actividades de juego desaparecen
y en los casos más graves el
perro no sale ni siquiera para
sus necesidades y el gato
permanece casi siempre acostado
en el lecho. A menudo estas
actividades sustitutivas están
asociadas expresando el cuadro
clínico más espectacular y
grave que degenera casi siempre
en preocupantes estados
depresivos.
Conclusiones
El
malestar de los carnívoros domésticos,
aunque presenta muchos puntos en
común con lo que se observa en
otras especies, tiene la
característica de estar
esencialmente ligado a problemas
de relación. Esto que es una
realidad absoluta en el perro,
contrariamente a lo que el buen
sentido popular piensa, se
perturba menos por los espacios
inadecuados a disposición que
por el tipo de relación con el
dueño. Las consecuencias de
este malestar son identificadas
por trastornos del
comportamiento y
neurovegetativos. Al contrario
es interesante preguntarse si la
fuerte incidencia de la atopía
en la raza más cercana al
hombre no sea la señal latente
de relaciones funcionales que
existen entre los trastornos
inmunitarios y la ansiedad.
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