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  ARTÍCULOS  

Autor: Eugenio Velilla Jouve; Adiestrador y director técnico de Iberdog

Este problema se puede calificar como uno de los que con mayor frecuencia se nos plantean en la consulta a los conductistas, o especialistas de la psicología animal.

El perro posee la tendencia innata, heredada del lobo, de mantener limpia de excrementos la que considera su madriguera: su casa, en definitiva. Pese a ello, no son pocos los ejemplares que, a pesar de las buenas intenciones de sus propietarios, tardan en controlar sus esfínteres dentro de un plazo razonable de tiempo; o no logran hacerlo.

Como causas más comunes que pueden provocar esta problemática, se pueden citar varias, siendo especialmente duro el caso en que concurran más de una de estas circunstancias detonantes. Como causas más significativas, se pueden destacar las siguientes:

  • Descontrol horario: comidas/salidas.

  • Variación de los componentes de la dieta.

  • Inseguridad.

  • Falta de atención de los propietarios.

  • Marcaje territorial.

DESCONTROL HORARIO:  COMIDAS/SALIDAS

Al igual que nosotros estamos sometidos, en mayor o menor medida, a una rutina diaria en lo relativo a horarios, conviene apoyarse en el hecho de que el perro es un animal de costumbres para establecer, de una manera rígida, unos horarios destinados a las salidas enfocadas exclusivamente a la evacuación , las salidas de ejercicio y la dispensación de las comidas.

Padezca o no este problema el perro, lo idóneo es que tenga unos horarios establecidos para sus comidas, independientemente del número de éstas a lo largo del día.

Tanto los horarios como la cantidad de comida de la que podrá disponer el animal, deberán ser estipulados por el profesional veterinario: es la persona más indicada para establecer, en función de las características del ejemplar, el tipo de pienso  más indicado, así como su cantidad y distribución diaria entre las distintas tomas. Esto último es de importancia capital, sobre todo en las primeras etapas de la vida del perro.

Por lo general, con alguna excepción, hasta los cinco/seis meses de edad el cachorro deberá disponer de tres comidas diarias, para pasar a dos hasta cumplir su primer año y, con posterioridad, administrarle sólo una.

Como única salvedad a estas normas, cabría citar el caso de los ejemplares que manifiestan  un comportamiento hiperactivo, condicionados por su raza o por recibir una insuficiente dosis de ejercicio diario, que no de paseo.

En este supuesto en particular, conviene aumentar el número de dosis diarias, sin variar el gramaje establecido por el profesional veterinario como cantidad de alimento que debe administrarse al perro de manera diaria.

Poniendo un símil automovilístico. Es preferible que nuestro coche, a lo largo del día, tenga el depósito a un sexto de su capacidad a que esté vacío todo el día y, en un solo momento, se encuentre lleno a rebosar y tenga que gastarlo todo de golpe.

VARIACIÓN DE LOS COMPONENTES DE LA DIETA

Indiscutiblemente, no es en modo alguno adecuado que un perro que padezca incontinencia tenga acceso a distintos alimentos, ya sea entre comidas o como parte de ellas.

Esto no acarrearía sino una serie de desarreglos digestivos que no harían más que agravar el problema del ejemplar: el descontrol de esfínteres. ¡Convénzanse!: con la gran variedad de alimentos para perros disponibles en el mercado, no es necesario ningún otro aporte alimenticio adicional.

Si el perro sufre problemas de control por la continua  ingestión de alimentos, al añadir a la dieta otra serie de ellos no sólo se le estará aportando una dieta desequilibrada, sino que esto se podrá traducir entre otros muchos problemas: obesidad, disfunciones hepáticas y renales, etc.

Como conclusión se debería obtener la siguiente: padezca o no problemas de descontrol, el perro deberá tener acceso única y exclusivamente a su comida; la comida humana le puede resultar muy atractiva, pero en algunos casos también será muy dañina. Estas tomas tendrán que hacerse a las horas previamente establecidas, marcando unos horarios rígidos para administrarle sus paseos.

Conjugando las indicaciones señaladas en estos dos primeros apartados, se conseguirá convertir el aparato digestivo del perro en un reloj, de manera que los momentos en que desee evacuar coincidirán con los establecidos para sus paseos diarios.

INSEGURIDAD

Sin lugar a dudas, se puede afirmar que el origen más frecuente de la problemática conductual que nos ocupa es la inseguridad.

Imaginen la siguiente situación: un perro y su propietario permanecen varias horas en la calle, recorriendo todos los lugares que podrían tentar al animal: zonas donde otros canes habrán evacuado, dejando su marca personal. Al final, el perro no sólo no actúa como sería de desear (evacuando), sino que nada más llegar al domicilio, incluso en el mismo portal de la vivienda, ¡lo hace! Poniendo cara de circunstancias. La desesperación se convertirá en el estado natural del propietario del perro.

El motivo de esta manera de actuar es claro: para evacuar, el perro espera a encontrarse dentro de su zona primaria de influencia territorial: la casa y sus aledaños, por la referencia de seguridad que le da  ésta. Lo hace así incluso a pesar de lo que le puede dictar su instinto: tener limpia su madriguera, y tapar con su marca personal las de otros perros. En definitiva, puede más su inseguridad que su instinto.

Para una mejor comprensión de lo expuesto, pondré un ejemplo humano: encontrándose en un momento dado en una situación apurada, cualquier persona que no padezca problemas de inseguridad puede dirigirse a cualquier establecimiento público y aliviar su problema. Pero si puede esperar un poco y llegar a su domicilio, prefiere hacerlo así.

Si nosotros, poseyendo plena capacidad de raciocinio, actuamos de ese modo, qué no hará un perro que lo hace únicamente por asociación.

El problema que presenta el animal radica en un descontrol de los esfínteres por inseguridad; aunque, en realidad, puede controlarlos. Al margen de las pautas citadas con anterioridad, que en ningún caso serán contraproducentes, puedo reseñar otras medidas enfocadas a mitigar la inseguridad del perro y, en consecuencia, el problema que ocasiona.

Como ya he mencionado, las dos circunstancias que potencian con mayor facilidad la inseguridad de un ejemplar son la falta de libertad de movimientos y de luz diurna. Por ello, se adoptarán las medidas necesarias para que no concurran ambas en los paseos del perro.

A la hora de pasear al animal, el propietario se ha de proveer de una correa de las conocidas como Flexi: extensibles. En contra de lo que pueda parecer, con ella el perro se encuentra igual  de controlado que con una correa restrictiva de un metro de longitud; eso sí, debemos proporcionarle la libertad de movimientos suficiente como para presentar una conducta de evitación ante cualquier situación potencialmente negativa para él:  es preferible que la evite a forzar una situación a la que, de momento, no parece capaz de enfrentarse.

Por otro lado, buscando también insuflar mayor seguridad al perro, los paseos diarios  se limitarán a franjas horarias en las  que podamos contar  con luz diurna, y sin salir de lo establecido por el animal como zona territorial: cercanías del domicilio y lugares de estancia habitual del perro.

Para que el ejemplar pueda llegar a evacuar en cualquier lugar a donde se le lleve, esta zona territorial o de seguridad se deberá ir ampliando. Esto se hará de manera progresiva, y siempre y cuando se haya constatado que, en la zona inmediatamente anterior (más cercana al domicilio), el perro ya no sólo evacua sino que presenta una conducta normal en diferentes horarios y durante, al menos, dos días.

Para reforzar los condicionantes positivos que se decidan acordar, se puede emplear algún alimento al que tenga acceso el perro en el mismo momento de la evacuación. Recomiendo un trozo de queso del tamaño de una falange del dedo meñique de la mano.

Al igual que en el reforzamiento de otras conductas, la única observación que debo hacer a esta aplicación de alimento es  que el que se escoja, sea el queso o cualquier otro, ha de ser de uso exclusivo para el propósito que perseguimos: la corrección que deseamos potenciar.

Menos con el alimento escogido para premiar la evacuación, podremos recompensar al perro con cualquier otro si el animal fuera merecedor, por cualquier circunstancia, de alguna recompensa adicional a la caricia o a la incitación al juego: las dos que, preferiblemente, se han de adoptar de manera general.

Al margen de seguir las indicaciones dadas en apartados anteriores, se deberán establecer los condicionantes necesarios para poder solventar el problema: los positivos, ante la evacuación en las zonas escogidas; y los negativos, cuando ésta se realice fuera de ellas.

Independientemente de los  positivos ya reseñados, si se combinan  con la aplicación de uno negativo, remoto y a ser posible de aversión acústica, en el momento justo de la evacuación en un lugar no deseado, se logrará corregir la problemática manifestada por perro en un corto espacio de tiempo.

FALTA DE ATENCIÓN DE LOS PROPIETARIOS

Sin ningún género de duda, se puede afirmar que no existen dos ejemplares idénticos; no ya en cuanto al aspecto físico, sino también en lo relativo a sus necesidades específicas: alimenticias, sanitarias, de ejercicio, afectivas, etc.

Con respecto a la necesidad afectiva, existen ejemplares que consideran insuficiente la dosis de cariño o atención que reciben. Esto les hace provocar de manera sistemática, generalmente con conductas negativas, situaciones que harán que sus propietarios estén pendientes de ellos. Algunas de estas conductas pueden ser: hiperactividad, destrucción de enseres domésticos, ladridos constantes, evacuación, etc.

El perro pretende ser el centro de atención constante de sus dueños. Para él, estas fórmulas son tan válidas como otras cualesquiera.

Si el perro evacua en un lugar inadecuado; si se sospecha que el deseo de acaparar  la atención es la causa de esta actitud; y si se puede descartar que existan otras problemáticas asociadas que puedan provocar el problema, entonces, mediante los procesos adecuados, procederemos a dotar de un mayor nivel de independencia al ejemplar y a aplicar el correspondiente condicionante negativo ante la evacuación.

En lo relativo a la aplicación del condicionamiento remoto y de aversión acústica, se procederá como detallé en el capítulo dedicado a la educación. En cuanto al nivel de independencia, se incrementará con un proceso denominado de evasión.

Dicho proceso servirá para que este tipo de ejemplares, que muestra una gran dependencia con respecto a su manada humana, se vean poco a poco obligados a prescindir de la presencia de referencia de los componentes de la misma. Con esto, no sólo conseguiremos un mayor nivel de independencia del can, sino también que no necesite ser constantemente el centro de atención.

Buscando el efecto detallado en el párrafo anterior, lo primero de  todo será hacer salir al perro de la estancia en la que se encuentre, al entrar en ésta cualquiera de los integrantes de la familia. Esto conllevará que el ejemplar esté cambiando constantemente de habitación y que se habitúe a permanecer en soledad, al no tolerar que esté en contacto continuado con la familia.

Esta actitud  se llevará a efecto por todos los componentes de la unidad familiar por un espacio mínimo de tres horas diarias: lógicamente, dentro de una banda horaria en la que se pueda contar con la presencia de varios integrantes del grupo familiar.

Independientemente de la travesura que esté llevando a cabo para llamar la atención, sea evacuación o no, se le deberá ignorar: no se le mostrará ni la más mínima respuesta, aunque a veces pueda costar contenerse. Y por supuesto, no se abandonará la estancia, pues no se produciría el efecto que se busca: que el animal se percate de nuestra indiferencia.

Igualmente, cuando el ejemplar se acerque solicito en busca de alguna carantoña, se le deberá rechazar severamente; por dura que pueda parecer esta actitud, es la adecuada. Esto provocará un doble efecto: por un lado, acentuará más, si cabe, el grado de independencia del perro con respecto a la familia; y por otro, incrementará la correcta relación dominancia/sumisión que debe existir entre el propietario y su ejemplar.

MARCAJE TERRITORIAL

Básicamente, esta variante se da en ejemplares pertenecientes a razas catalogadas como de guarda.

Aunque éstos disfruten de una serie de salidas diarias aceptables, ellos las consideran insuficientes y sienten la imperiosa necesidad de marcar su primera línea de territorio (su casa) con marcas de referencia. Fundamentalmente, éstas son efectuadas con orina y, de manera ocasional, con heces.

Estos ejemplares se caracterizan por realizar una micción prolongada nada más salir del domicilio para, con posterioridad y a lo largo del paseo, marcar frecuentemente con muy poca cantidad de orina; incluso pueden presentar postura de micción sin llegar a efectuarla.

En los ejemplares machos, los más proclives a padecer esta conducta, se llegan a dar posturas acrobáticas con tal de poder depositar la muestra de orina lo más alto posible: en árboles, muros, etc. Con esto, persiguen que su olor personal llegue, llevado por el viento, cuanto más lejos mejor. Las situaciones extremas se dan cuando, al margen del mero marcaje, también desean tapar con su orina la depositada anteriormente por otro ejemplar.

Paralelamente a lo expuesto más arriba, los ejemplares que dispongan de una parcela más o menos amplia, por vivir sus propietarios en un chalé, podrán marcar territorio tanto por dentro como por fuera de los límites de la parcela. Fuera, porque las zonas comunes de recreo son consideradas por todos y cada uno de los perros que pasean por ellas como propias; y dentro, para dejar claro a los ejemplares que pasen por el exterior que esa zona es propiedad privada.

  Las situaciones detalladas en párrafos anteriores se pueden ver acentuadas por la presencia en las proximidades de hembras en periodo de celo.

En cualquier caso, el problema se solventará, combinando el incremento de las ocasiones en que el perro pueda salir al exterior diariamente con la aplicación de un condicionante negativo (sigo recomendando el remoto y por aversión acústica) cuando éste sea preciso: evacuación en el interior del domicilio.