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Descontrol
de esfínteres
Este
problema se puede calificar como uno de
los que con mayor frecuencia se nos
plantean en la consulta a los
conductistas, o especialistas de la
psicología animal.
El
perro posee la tendencia innata, heredada
del lobo, de mantener limpia de
excrementos la que considera su
madriguera: su casa, en definitiva. Pese a
ello, no son pocos los ejemplares que, a
pesar de las buenas intenciones de sus
propietarios, tardan en controlar sus esfínteres
dentro de un plazo razonable de tiempo; o
no logran hacerlo.
Como
causas más comunes que pueden provocar
esta problemática, se pueden citar
varias, siendo especialmente duro el caso
en que concurran más de una de estas
circunstancias detonantes. Como causas más
significativas, se pueden destacar las
siguientes:
-
Descontrol
horario: comidas/salidas.
-
Variación
de los componentes de la dieta.
-
Inseguridad.
-
Falta
de atención de los propietarios.
-
Marcaje
territorial.
DESCONTROL
HORARIO: COMIDAS/SALIDAS
Al
igual que nosotros estamos sometidos, en
mayor o menor medida, a una rutina diaria
en lo relativo a horarios, conviene
apoyarse en el hecho de que el perro es un
animal de costumbres para establecer, de
una manera rígida, unos horarios
destinados a las salidas enfocadas
exclusivamente a la evacuación , las
salidas de ejercicio y la dispensación de
las comidas.
Padezca
o no este problema el perro, lo idóneo es
que tenga unos horarios establecidos para
sus comidas, independientemente del número
de éstas a lo largo del día.
Tanto
los horarios como la cantidad de comida de
la que podrá disponer el animal, deberán
ser estipulados por el profesional
veterinario: es la persona más indicada
para establecer, en función de las
características del ejemplar, el tipo de
pienso
más indicado, así como su
cantidad y distribución diaria entre las
distintas tomas. Esto último es de
importancia capital, sobre todo en las
primeras etapas de la vida del perro.
Por
lo general, con alguna excepción, hasta
los cinco/seis meses de edad el cachorro
deberá disponer de tres comidas diarias,
para pasar a dos hasta cumplir su primer año
y, con posterioridad, administrarle sólo
una.
Como
única salvedad a estas normas, cabría
citar el caso de los ejemplares que
manifiestan
un comportamiento hiperactivo,
condicionados por su raza o por recibir
una insuficiente dosis de ejercicio
diario, que no de paseo.
En
este supuesto en particular, conviene
aumentar el número de dosis diarias, sin
variar el gramaje establecido por el
profesional veterinario como cantidad de
alimento que debe administrarse al perro
de manera diaria.
Poniendo
un símil automovilístico. Es preferible
que nuestro coche, a lo largo del día,
tenga el depósito a un sexto de su
capacidad a que esté vacío todo el día
y, en un solo momento, se encuentre lleno
a rebosar y tenga que gastarlo todo
de golpe.
VARIACIÓN
DE LOS COMPONENTES DE LA DIETA
Indiscutiblemente,
no es en modo alguno adecuado que un perro
que padezca incontinencia tenga acceso a
distintos alimentos, ya sea entre comidas
o como parte de ellas.
Esto
no acarrearía sino una serie de
desarreglos digestivos que no harían más
que agravar el problema del ejemplar: el
descontrol de esfínteres. ¡Convénzanse!:
con la gran variedad de alimentos para
perros disponibles en el mercado, no es
necesario ningún otro aporte alimenticio
adicional.
Si
el perro sufre problemas de control por la
continua
ingestión de alimentos, al añadir
a la dieta otra serie de ellos no sólo se
le estará aportando una dieta
desequilibrada, sino que esto se podrá
traducir entre otros muchos problemas:
obesidad, disfunciones hepáticas y
renales, etc.
Como
conclusión se debería obtener la
siguiente: padezca o no problemas de
descontrol, el perro deberá tener acceso
única y exclusivamente a su comida; la
comida humana le puede resultar muy
atractiva, pero en algunos casos también
será muy dañina. Estas tomas tendrán
que hacerse a las horas previamente
establecidas, marcando unos horarios rígidos
para administrarle sus paseos.
Conjugando
las indicaciones señaladas en estos dos
primeros apartados, se conseguirá
convertir el aparato digestivo del perro
en un reloj, de manera que los
momentos en que desee evacuar coincidirán
con los establecidos para sus paseos
diarios.
INSEGURIDAD
Sin
lugar a dudas, se puede afirmar que el
origen más frecuente de la problemática
conductual que nos ocupa es la
inseguridad.
Imaginen
la siguiente situación: un perro y su
propietario permanecen varias horas en la
calle, recorriendo todos los lugares que
podrían tentar al animal: zonas donde
otros canes habrán evacuado, dejando su
marca personal. Al final, el perro no sólo
no actúa como sería de desear
(evacuando), sino que nada más llegar al
domicilio, incluso en el mismo portal de
la vivienda, ¡lo hace! Poniendo cara de
circunstancias. La desesperación se
convertirá en el estado natural del
propietario del perro.
El
motivo de esta manera de actuar es claro:
para evacuar, el perro espera a
encontrarse dentro de su zona primaria de
influencia territorial: la casa y sus
aledaños, por la referencia de seguridad
que le da
ésta. Lo hace así incluso a pesar
de lo que le puede dictar su instinto:
tener limpia su madriguera, y tapar
con su marca personal las de otros
perros. En definitiva, puede más su
inseguridad que su instinto.
Para
una mejor comprensión de lo expuesto,
pondré un ejemplo humano: encontrándose
en un momento dado en una situación
apurada, cualquier persona que no padezca
problemas de inseguridad puede dirigirse a
cualquier establecimiento público y aliviar
su problema. Pero si puede esperar un poco
y llegar a su domicilio, prefiere hacerlo
así.
Si
nosotros, poseyendo plena capacidad de
raciocinio, actuamos de ese modo, qué no
hará un perro que lo hace únicamente por
asociación.
El
problema que presenta el animal radica en
un descontrol de los esfínteres por
inseguridad; aunque, en realidad, puede
controlarlos. Al margen de las pautas
citadas con anterioridad, que en ningún
caso serán contraproducentes, puedo reseñar
otras medidas enfocadas a mitigar la
inseguridad del perro y, en consecuencia,
el problema que ocasiona.
Como
ya he mencionado, las dos circunstancias
que potencian con mayor facilidad la
inseguridad de un ejemplar son la falta de
libertad de movimientos y de luz diurna.
Por ello, se adoptarán las medidas
necesarias para que no concurran ambas en
los paseos del perro.
A
la hora de pasear al animal, el
propietario se ha de proveer de una correa
de las conocidas como Flexi:
extensibles. En contra de lo que pueda
parecer, con ella el perro se encuentra
igual
de controlado que con una correa
restrictiva de un metro de longitud; eso sí,
debemos proporcionarle la libertad de
movimientos suficiente como para presentar
una conducta de evitación ante cualquier
situación potencialmente negativa para él: es preferible que la evite a forzar una situación a la que,
de momento, no parece capaz de
enfrentarse.
Por
otro lado, buscando también insuflar
mayor seguridad al perro, los paseos
diarios se limitarán a franjas horarias en las que podamos contar con
luz diurna, y sin salir de lo establecido
por el animal como zona territorial:
cercanías del domicilio y lugares de
estancia habitual del perro.
Para
que el ejemplar pueda llegar a evacuar en
cualquier lugar a donde se le lleve, esta
zona territorial o de seguridad se deberá
ir ampliando. Esto se hará de manera
progresiva, y siempre y cuando se haya
constatado que, en la zona inmediatamente
anterior (más cercana al domicilio), el
perro ya no sólo evacua sino que presenta
una conducta normal en diferentes horarios
y durante, al menos, dos días.
Para
reforzar los condicionantes positivos que
se decidan acordar, se puede emplear algún
alimento al que tenga acceso el perro en
el mismo momento de la evacuación.
Recomiendo un trozo de queso del tamaño
de una falange del dedo meñique de la
mano.
Al
igual que en el reforzamiento de otras
conductas, la única observación que debo
hacer a esta aplicación de alimento es
que el que se escoja, sea el queso
o cualquier otro, ha de ser de uso
exclusivo para el propósito que
perseguimos: la corrección que deseamos
potenciar.
Menos
con el alimento escogido para premiar la
evacuación, podremos recompensar al perro
con cualquier otro si el animal fuera
merecedor, por cualquier circunstancia, de
alguna recompensa adicional a la caricia o
a la incitación al juego: las dos que,
preferiblemente, se han de adoptar de
manera general.
Al
margen de seguir las indicaciones dadas en
apartados anteriores, se deberán
establecer los condicionantes necesarios
para poder solventar el problema: los
positivos, ante la evacuación en las
zonas escogidas; y los negativos, cuando
ésta se realice fuera de ellas.
Independientemente
de los
positivos ya reseñados, si se
combinan
con la aplicación de uno negativo,
remoto y a ser posible de aversión acústica,
en el momento justo de la evacuación en
un lugar no deseado, se logrará corregir
la problemática manifestada por perro en
un corto espacio de tiempo.
FALTA
DE ATENCIÓN DE LOS PROPIETARIOS
Sin
ningún género de duda, se puede afirmar
que no existen dos ejemplares idénticos;
no ya en cuanto al aspecto físico, sino
también en lo relativo a sus necesidades
específicas: alimenticias, sanitarias, de
ejercicio, afectivas, etc.
Con
respecto a la necesidad afectiva, existen
ejemplares que consideran insuficiente la
dosis de cariño o atención que reciben.
Esto les hace provocar de manera sistemática,
generalmente con conductas negativas,
situaciones que harán que sus
propietarios estén pendientes de ellos.
Algunas de estas conductas pueden ser:
hiperactividad, destrucción de enseres
domésticos, ladridos constantes, evacuación,
etc.
El
perro pretende ser el centro de atención
constante de sus dueños. Para él, estas
fórmulas son tan válidas como otras
cualesquiera.
Si
el perro evacua en un lugar inadecuado; si
se sospecha que el deseo de acaparar la atención es la causa de esta actitud; y si se puede
descartar que existan otras problemáticas
asociadas que puedan provocar el problema,
entonces, mediante los procesos adecuados,
procederemos a dotar de un mayor nivel de
independencia al ejemplar y a aplicar el
correspondiente condicionante negativo
ante la evacuación.
En
lo relativo a la aplicación del
condicionamiento remoto y de aversión acústica,
se procederá como detallé en el capítulo
dedicado a la educación. En cuanto al
nivel de independencia, se incrementará
con un proceso denominado de evasión.
Dicho
proceso servirá para que este tipo de
ejemplares, que muestra una gran
dependencia con respecto a su manada
humana, se vean poco a poco obligados
a prescindir de la presencia de
referencia de los componentes de la
misma. Con esto, no sólo conseguiremos un
mayor nivel de independencia del can, sino
también que no necesite ser
constantemente el centro de atención.
Buscando
el efecto detallado en el párrafo
anterior, lo primero de
todo será hacer salir al perro de
la estancia en la que se encuentre, al
entrar en ésta cualquiera de los
integrantes de la familia. Esto conllevará
que el ejemplar esté cambiando
constantemente de habitación y que se
habitúe a permanecer en soledad, al no
tolerar que esté en contacto continuado
con la familia.
Esta
actitud
se llevará a efecto por todos los
componentes de la unidad familiar por un
espacio mínimo de tres horas diarias: lógicamente,
dentro de una banda horaria en la que se
pueda contar con la presencia de varios
integrantes del grupo familiar.
Independientemente
de la travesura que esté llevando
a cabo para llamar la atención, sea
evacuación o no, se le deberá ignorar:
no se le mostrará ni la más mínima
respuesta, aunque a veces pueda costar
contenerse. Y por supuesto, no se
abandonará la estancia, pues no se
produciría el efecto que se busca: que el
animal se percate de nuestra indiferencia.
Igualmente,
cuando el ejemplar se acerque solicito en
busca de alguna carantoña, se le deberá
rechazar severamente; por dura que pueda
parecer esta actitud, es la adecuada. Esto
provocará un doble efecto: por un lado,
acentuará más, si cabe, el grado de
independencia del perro con respecto a la
familia; y por otro, incrementará la
correcta relación dominancia/sumisión
que debe existir entre el propietario y su
ejemplar.
MARCAJE
TERRITORIAL
Básicamente,
esta variante se da en ejemplares
pertenecientes a razas catalogadas como de
guarda.
Aunque
éstos disfruten de una serie de salidas
diarias aceptables, ellos las consideran
insuficientes y sienten la imperiosa
necesidad de marcar su primera línea
de territorio (su casa) con marcas de
referencia. Fundamentalmente, éstas son
efectuadas con orina y, de manera
ocasional, con heces.
Estos
ejemplares se caracterizan por realizar
una micción prolongada nada más salir
del domicilio para, con posterioridad y a
lo largo del paseo, marcar
frecuentemente con muy poca cantidad de
orina; incluso pueden presentar postura de
micción sin llegar a efectuarla.
En
los ejemplares machos, los más proclives
a padecer esta conducta, se llegan a dar
posturas acrobáticas con tal de poder
depositar la muestra de orina lo más alto
posible: en árboles, muros, etc. Con
esto, persiguen que su olor personal
llegue, llevado por el viento, cuanto más
lejos mejor. Las situaciones extremas se
dan cuando, al margen del mero marcaje,
también desean tapar con su orina
la depositada anteriormente por otro
ejemplar.
Paralelamente
a lo expuesto más arriba, los ejemplares
que dispongan de una parcela más o menos
amplia, por vivir sus propietarios en un
chalé, podrán marcar territorio tanto
por dentro como por fuera de los límites
de la parcela. Fuera, porque las zonas
comunes de recreo son consideradas por
todos y cada uno de los perros que pasean
por ellas como propias; y dentro, para
dejar claro a los ejemplares que pasen por
el exterior que esa zona es propiedad
privada.
Las situaciones detalladas en párrafos
anteriores se pueden ver acentuadas por la
presencia en las proximidades de hembras
en periodo de celo.
En
cualquier caso, el problema se solventará,
combinando el incremento de las ocasiones
en que el perro pueda salir al exterior
diariamente con la aplicación de un
condicionante negativo (sigo recomendando
el remoto y por aversión acústica)
cuando éste sea preciso: evacuación en
el interior del domicilio. |