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A la par de no aplicar en el transcurso de las sesiones de trabajo ningún tipo de violencia (no tiene valor pedagógico ninguno), estas se han de regir por los mecanismos de aprendizaje del perro, no del humano (error este muy frecuente)

LOS CONDICIONAMIENTOS

En cuanto al tipo de condicionamientos, cabría distinguir dos modalidades: el clásico y el operativo.

El clásico (empleado en la educación en obediencia) es el conseguido mediante la asociación por repetición. Se trata de escenificar la situación que provoca que el ejemplar exteriorice la conducta que se desea fomentar o inhibir. Mediante el premio o la reprimenda (verbal), y la repetición, esta conducta acabará siendo asociada por el perro como algo positivo o negativo.

Se puede afirmar, pues, que el condicionamiento clásico es la base de toda enseñanza que se desee aplicar a un perro. ¡Deseche el azar! Con paciencia a un niño se le puede hablar y exponer lo que se desea que haga. A un perro, no: hay que demostrárselo.

El condicionamiento operativo, o casual con refuerzo, es aquel que se puede aplicar contando con el azar: cuando el perro exteriorice espontáneamente determinada conducta.

Esta última opción es desechada en el transcurso de la educación, puesto que, al estar limitados por el tiempo, no se puede esperar a que de forma casual el perro presente la conducta a incentivar.

 

Como elementos comunes a la aplicación de cualquier tipo de trabajo debemos destacar los siguientes:

 

  • Ausencia de violencia en el transcurso de las sesiones
  • Tratamiento totalmente individualizado
  • Exigencia de la presencia del propietario en las sesiones

Tratamiento del problema allí donde se presenta (domicilio del propietario y zona de influencia)