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Articulo editado en "Perros y mascotas". Autor: Luis Iglesias Lepine.

Cuando se reúne un grupo de aficionados a los perros lo normal es que hablen de perros. Es una buena forma de intercambiar información de interés para todos y de formarse los unos a los otros. Pero en este tipo de conversaciones se pueden escuchar algunos de los tópicos que circulan entre el publico en general y que deambulando entre tertulias se han convertido en creencias que no se ajustan a la realidad extendiéndose, incluso entre algunos criadores.

La mayoría de ellos saben perfectamente que un cruce accidental entre una de sus hembras y cualquier macho no afecta para nada la condición de animales de pura raza de los cachorros de futuras camadas de la misma perra, así como que aunque amputen espolones, orejas o rabos a todos los animales de su producción estos cambios físicos no se transmitirán a las nuevas generaciones. Cualquier modificación física que no afecte a los genes no tendrá ningún tipo de influencia en generaciones futuras.

Sin embargo, algunas falsas creencias referidas, sobre todo, a la genética son muy persistentes entre algunos criadores y son trasmitidas a sus amigos y usadas por ellos en la planificación de sus futuros programas de cría. El problema es que la genética es un complejo campo de estudio y muchas de las cuestiones que nos interesan de la genética de los perros aún no tienen una clara respuesta.

Algunas de las falsas creencias más comunes entre los criadores y que debemos desechar son las siguientes:

Los mismos genes operan de forma diferente en cada raza canina.

Todos los perros pertenecen a la misma especie y todos tienen el mismo número de cromosomas (78 o 39 pares), que contienen toda la información genética. A los cromosomas podemos visualizarlos como cordones de cuentas ensartadas, siendo cada cuenta un gen. Los cordones se presentan por parejas y a cada una de las cuentas de un cordón le corresponde otra de las mismas características en el otro cordón. Los perros fértiles crean células germinales (esperma), que contienen una de las mitades o cordones y, que al acoplarse con la otra mitad que contiene las células germinales del perro del otro sexo, dan en el cachorro resultante una mezcla aleatoria de todos los posibles genes del perro mezclándose la información. Los hombres han creado razas seleccionando aquellas características que han querido incluir en la formación de esa determinada raza y rechazando a aquellos individuos que no las presentaban. Cuando todos los genes inapropiados han sido apartados de un determinado polo genético (conjunto de genes propio de una población), los criadores afirman que han obtenido perros de pura raza.

Las diferencias genéticas entre razas son el resultado de la selección de rasgos particulares para su creación, pero los mismos genes operan de la misma forma en todas las razas.

Existen machos que por su prepotencia genética mejoran sensiblemente la calidad de las camadas independientemente de la calidad de las hembras.

Esta falsa creencia, perpetuada por los propietarios de sementales de fama, que mantienen que las progenies de estos machos se parecen mas a ellos que a las diferentes hembras con las que se aparean. Los aficionados cruzan hembras mediocres con esos sementales con esperanza de mejorar sus líneas de cría. Como hemos visto anteriormente los genes se presentan por parejas en los cromosomas donde cada gen de cada pareja proviene de uno de los padres. Si los dos genes son parecidos el perro es homocigótico para ese rasgo; si son diferentes es heterocigótico. En una situación heterocigótica el gen dominante debe enmascarar el efecto del gen recesivo. Si uno de los padres es homocigótico-recesivo y el otro es homocigótico-dominante para un determinado rasgo, todos los cachorros tendrán uno de cada tipo de gen y serán heterocigóticos. Como el gen dominante encubre la influencia del gen recesivo, el cachorro se parecerá al padre poseedor del gen dominante.

El animal que posea más rasgos homocigótico-dominantes producirá más cachorros que se parezcan a él que el que tenga mayor número de rasgos recesivos, sin tener en cuenta si es macho o hembra. Solo en algunos rasgos estos están relacionados con el sexo y aunque pueden ser portadores de ellos los dos sexos, solo se manifiestan en uno de ellos. Los criadores por tanto deben elegir cuidadosamente tanto las hembras como los machos, pues cada cual contribuye en la misma medida en la calidad de la camada.

Si una característica aparece siempre en una raza es porque esa característica es muy dominante.

Muchos criadores seleccionan determinados rasgos con la exclusión de todos los demás alelos (todos los genes posibles que pueden estar presentes en un cromosoma). Si criamos perros de forma no selectiva, al azar, es razonable esperar que los rasgos dominantes enmascaren las características recesivas. Sin embargo, los perros de raza no son criados de forma aleatoria: los criadores seleccionan cuidadosamente los genes que aportan a la raza las características que ellos buscan. Una vez que esos genes se conservan de forma homocigótica en la raza no debe existir ningún tipo de variación para esos rasgos seleccionados. Esto es, igualmente cierto tantos si los rasgos son dominantes como si son recesivos. Es relativamente fácil, para un criador, eliminar un gen indeseable de su línea de cría, siempre que el rasgo sea dominante. Basta simplemente con no criar con los animales afectados por ese gen, el rasgo indeseable desaparecerá.

Cuando el gen es recesivo la situación es mas compleja. Si el animal muestra el rasgo es fácilmente apartable de la cría e irá decreciendo la incidencia de la característica indeseable, pero si es heterocigótico será portador del rasgo, pero no lo mostrará con lo cual deberemos mantener la presión selectiva de forma continuada y nos será difícil y costoso eliminar esa característica de la cría.

Cada rasgo está controlado por un solo gen y todos los genes tienen la misma influencia.

Desafortunadamente la genética no es tan simple. Algunas características son controladas por un gen principal que solo tiene un alelo dominante y otro recesivo, pero normalmente este no es el caso. Algunos genes importantes tienen varios posibles alelos, otros operan con otros genes y otras localizaciones para conseguir diferentes efectos combinados.

Perros con defectos nunca deben ser utilizados para la cría.

Esta creencia viene de criadores realmente preocupados por eliminar de la cría defectos que comprometan la calidad global de sus futuras generaciones de cachorros. Sin embargo todos los perros tienen defectos, algunos muchos mas serios que otros. Los criadores de sentirse mas comprometidos con aquellas características que hacen del perro un buen animal de compañía (temperamento, salud y ausencia de taras genéticas), que con las referidas a color o conformación física.

A pesar de todo la situación no es simple. Muchos perros son portadores de rasgos recesivos que no muestran. Si el criador sospecha que uno de sus perros puede ser portador, ¿debe retirarlo de la cría dejando un ejemplar de mayor calidad con defectos menores fuera y trabajar con otro de peor calidad pero sin defectos?. No hay que olvidar que es muy difícil desembarazarse, en la cría, de un defecto recesivo. Los criadores deben de adoptar un sistema para seleccionar su stock de cría de forma que considere las cualidades positivas del perro tanto como su genealogía o los pequeños defectos que pueda mostrar.

Algunos rasgos son genéticos y otros son el resultado del medio ambiente. Es fácil determinar cuales se deben a una u otra razón.

La verdad que el fenotipo (la apariencia) de los perros es el resultado de ambos, de su herencia y de su entorno, y de la interacción de los dos. La mayoría de las características comportamentales y físicas del perro son el resultado de la interacción entre herencia y ambiente.

Solo es necesario investigar las genealogías de los perros antes de planificar la cría. El estudio de la genética es dificultoso y no tiene una utilidad inmediata práctica.

Muchos criadores invierten gran cantidad de tiempo en analizar los ancestros y contar el número de campeones que tienen sus perros, o los perros en que están interesados en sus pedigríes. Ninguna de estas actividades nos ayuda realmente a producir cachorros de alta calidad. Recordemos que cada perro porta solamente el 50 por ciento de los genes de cada padre, y como promedio, el 25 de cada abuelo y solo el 12,5 de los bisabuelos. Cuando un criador estudia las genealogías, debe saber que a partir de la sexta generación ningún ancestro, por importante que fuera, aporta nada significativo al tipo de cruce que está planeando.

Respecto del estudio de la presencia de afijos de determinados criadores de forma reiterativa en los pedigríes, solo nos aportarán alguna información relevante si, estos criadores, han trabajado en linebreeding (cruces consanguíneos) y si los ejemplares que nos interesan son poseedores de las características típicas de la línea. La genética es compleja, pero no difícil. La probabilidad de producir excelentes cachorros se verá significativamente incrementada cuando el macho y la hembra sean elegidos por un criador estudioso de la genética y que haya seleccionado cuidadosamente los ancestros.