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Cuando
se reúne un grupo de
aficionados a los perros
lo normal es que hablen de
perros. Es una buena forma
de intercambiar información
de interés para todos y
de formarse los unos a los
otros. Pero en este tipo
de conversaciones se
pueden escuchar algunos de
los tópicos que circulan
entre el publico en
general y que deambulando
entre tertulias se han
convertido en creencias
que no se ajustan a la
realidad extendiéndose,
incluso entre algunos
criadores.
La
mayoría de ellos saben
perfectamente que un cruce
accidental entre una de
sus hembras y cualquier
macho no afecta para nada
la condición de animales
de pura raza de los
cachorros de futuras
camadas de la misma perra,
así como que aunque
amputen espolones, orejas
o rabos a todos los
animales de su producción
estos cambios físicos no
se transmitirán a las
nuevas generaciones.
Cualquier modificación física
que no afecte a los genes
no tendrá ningún tipo de
influencia en generaciones
futuras.
Sin
embargo, algunas falsas
creencias referidas, sobre
todo, a la genética son
muy persistentes entre
algunos criadores y son
trasmitidas a sus amigos y
usadas por ellos en la
planificación de sus
futuros programas de cría.
El problema es que la genética
es un complejo campo de
estudio y muchas de las
cuestiones que nos
interesan de la genética
de los perros aún no
tienen una clara
respuesta.
Algunas
de las falsas creencias más
comunes entre los
criadores y que debemos
desechar son las
siguientes:
Los
mismos genes operan de
forma diferente en cada
raza canina.
Todos
los perros pertenecen a la
misma especie y todos
tienen el mismo número de
cromosomas (78 o 39
pares), que contienen toda
la información genética.
A los cromosomas podemos
visualizarlos como
cordones de cuentas
ensartadas, siendo cada
cuenta un gen. Los
cordones se presentan por
parejas y a cada una de
las cuentas de un cordón
le corresponde otra de las
mismas características en
el otro cordón. Los
perros fértiles crean células
germinales (esperma), que
contienen una de las
mitades o cordones y, que
al acoplarse con la otra
mitad que contiene las células
germinales del perro del
otro sexo, dan en el
cachorro resultante una
mezcla aleatoria de todos
los posibles genes del
perro mezclándose la
información. Los hombres
han creado razas
seleccionando aquellas
características que han
querido incluir en la
formación de esa
determinada raza y
rechazando a aquellos
individuos que no las
presentaban. Cuando todos
los genes inapropiados han
sido apartados de un
determinado polo genético
(conjunto de genes propio
de una población), los
criadores afirman que han
obtenido perros de pura
raza.
Las
diferencias genéticas
entre razas son el
resultado de la selección
de rasgos particulares
para su creación, pero
los mismos genes operan de
la misma forma en todas
las razas.
Existen
machos que por su
prepotencia genética
mejoran sensiblemente la
calidad de las camadas
independientemente de la
calidad de las hembras.
Esta
falsa creencia, perpetuada
por los propietarios de
sementales de fama, que
mantienen que las
progenies de estos machos
se parecen mas a ellos que
a las diferentes hembras
con las que se aparean.
Los aficionados cruzan
hembras mediocres con esos
sementales con esperanza
de mejorar sus líneas de
cría. Como hemos visto
anteriormente los genes se
presentan por parejas en
los cromosomas donde cada
gen de cada pareja
proviene de uno de los
padres. Si los dos genes
son parecidos el perro es
homocigótico para ese
rasgo; si son diferentes
es heterocigótico. En una
situación heterocigótica
el gen dominante debe
enmascarar el efecto del
gen recesivo. Si uno de
los padres es homocigótico-recesivo
y el otro es homocigótico-dominante
para un determinado rasgo,
todos los cachorros tendrán
uno de cada tipo de gen y
serán heterocigóticos.
Como el gen dominante
encubre la influencia del
gen recesivo, el cachorro
se parecerá al padre
poseedor del gen
dominante.
El
animal que posea más
rasgos homocigótico-dominantes
producirá más cachorros
que se parezcan a él que
el que tenga mayor número
de rasgos recesivos, sin
tener en cuenta si es
macho o hembra. Solo en
algunos rasgos estos están
relacionados con el sexo y
aunque pueden ser
portadores de ellos los
dos sexos, solo se
manifiestan en uno de
ellos. Los criadores por
tanto deben elegir
cuidadosamente tanto las
hembras como los machos,
pues cada cual contribuye
en la misma medida en la
calidad de la camada.
Si
una característica
aparece siempre en una
raza es porque esa
característica es muy
dominante.
Muchos
criadores seleccionan
determinados rasgos con la
exclusión de todos los
demás alelos (todos los
genes posibles que pueden
estar presentes en un
cromosoma). Si criamos
perros de forma no
selectiva, al azar, es
razonable esperar que los
rasgos dominantes
enmascaren las características
recesivas. Sin embargo,
los perros de raza no son
criados de forma
aleatoria: los criadores
seleccionan cuidadosamente
los genes que aportan a la
raza las características
que ellos buscan. Una vez
que esos genes se
conservan de forma homocigótica
en la raza no debe existir
ningún tipo de variación
para esos rasgos
seleccionados. Esto es,
igualmente cierto tantos
si los rasgos son
dominantes como si son
recesivos. Es
relativamente fácil, para
un criador, eliminar un
gen indeseable de su línea
de cría, siempre que el
rasgo sea dominante. Basta
simplemente con no criar
con los animales afectados
por ese gen, el rasgo
indeseable desaparecerá.
Cuando
el gen es recesivo la
situación es mas
compleja. Si el animal
muestra el rasgo es fácilmente
apartable de la cría e irá
decreciendo la incidencia
de la característica
indeseable, pero si es
heterocigótico será
portador del rasgo, pero
no lo mostrará con lo
cual deberemos mantener la
presión selectiva de
forma continuada y nos será
difícil y costoso
eliminar esa característica
de la cría.
Cada
rasgo está controlado por
un solo gen y todos los
genes tienen la misma
influencia.
Desafortunadamente
la genética no es tan
simple. Algunas características
son controladas por un gen
principal que solo tiene
un alelo dominante y otro
recesivo, pero normalmente
este no es el caso.
Algunos genes importantes
tienen varios posibles
alelos, otros operan con
otros genes y otras
localizaciones para
conseguir diferentes
efectos combinados.
Perros
con defectos nunca deben
ser utilizados para la cría.
Esta
creencia viene de
criadores realmente
preocupados por eliminar
de la cría defectos que
comprometan la calidad
global de sus futuras
generaciones de cachorros.
Sin embargo todos los
perros tienen defectos,
algunos muchos mas serios
que otros. Los criadores
de sentirse mas
comprometidos con aquellas
características que hacen
del perro un buen animal
de compañía
(temperamento, salud y
ausencia de taras genéticas),
que con las referidas a
color o conformación física.
A
pesar de todo la situación
no es simple. Muchos
perros son portadores de
rasgos recesivos que no
muestran. Si el criador
sospecha que uno de sus
perros puede ser portador,
¿debe retirarlo de la cría
dejando un ejemplar de
mayor calidad con defectos
menores fuera y trabajar
con otro de peor calidad
pero sin defectos?. No hay
que olvidar que es muy difícil
desembarazarse, en la cría,
de un defecto recesivo.
Los criadores deben de
adoptar un sistema para
seleccionar su stock de cría
de forma que considere las
cualidades positivas del
perro tanto como su
genealogía o los pequeños
defectos que pueda
mostrar.
Algunos
rasgos son genéticos y
otros son el resultado del
medio ambiente. Es fácil
determinar cuales se deben
a una u otra razón.
La
verdad que el fenotipo (la
apariencia) de los perros
es el resultado de ambos,
de su herencia y de su
entorno, y de la interacción
de los dos. La mayoría de
las características
comportamentales y físicas
del perro son el resultado
de la interacción entre
herencia y ambiente.
Solo
es necesario investigar
las genealogías de los
perros antes de planificar
la cría. El estudio de la
genética es dificultoso y
no tiene una utilidad
inmediata práctica.
Muchos
criadores invierten gran
cantidad de tiempo en
analizar los ancestros y
contar el número de
campeones que tienen sus
perros, o los perros en
que están interesados en
sus pedigríes. Ninguna de
estas actividades nos
ayuda realmente a producir
cachorros de alta calidad.
Recordemos que cada perro
porta solamente el 50 por
ciento de los genes de
cada padre, y como
promedio, el 25 de cada
abuelo y solo el 12,5 de
los bisabuelos. Cuando un
criador estudia las
genealogías, debe saber
que a partir de la sexta
generación ningún
ancestro, por importante
que fuera, aporta nada
significativo al tipo de
cruce que está planeando.
Respecto
del estudio de la
presencia de afijos de
determinados criadores de
forma reiterativa en los
pedigríes, solo nos
aportarán alguna
información relevante si,
estos criadores, han
trabajado en linebreeding
(cruces consanguíneos) y
si los ejemplares que nos
interesan son poseedores
de las características típicas
de la línea. La genética
es compleja, pero no difícil.
La probabilidad de
producir excelentes
cachorros se verá
significativamente
incrementada cuando el
macho y la hembra sean
elegidos por un criador
estudioso de la genética
y que haya seleccionado
cuidadosamente los
ancestros.
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