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  ARTÍCULOS  

Autor: Eugenio Velilla Jouve; adiestrador y director técnico de Iberdog

 

Pudiendo manifestarse en diversas ubicaciones y bajo determinadas circunstancias, me centraré en caso más habitual: cuadro de ansiedad en el interior del domicilio por ausencia de los propietarios. Fuera de éste, para hacer remitir dicha conducta, bastará con aplicar el pertinente proceso de desensibilización sobre el condicionante o condicionantes que puedan motivar la respuesta presentada por el perro: la ansiedad.

  La exteriorización  por parte del perro de esta conducta es típica: respiración entrecortada, gemidos y salivación excesiva.Como efectos secundarios de un cuadro de ansiedad, y dejando de lado los puramente físicos que se han detallado en el párrafo anterior, se pueden citar los siguientes:

  1. Descontrol de esfínteres: el ano y la vejiga no dejan de ser músculos y, en consecuencia, el estado general del perro puede influir directamente en ellos

  2. Aullidos, como vía  de expresión de la ansiedad y como modo de llamar la atención de sus propietarios;

  3. Intentos de huida, arañando lo que son salidas (ventanas y puertas), para escapar y estar con sus propietarios.

  Esta conducta se manifiesta cuando el perro no cuenta con la referencia de seguridad ofrecida por los distintos integrantes de la familia, aun encontrándose el animal en su casa, donde la seguridad es mayor al estar dentro de su zona de influencia territorial. Por ello, cabe pensar que han sido los miembros del grupo familiar, aun con la mejor de las intenciones, los que han propiciado o acentuado el problema, al crearle al perro una excesiva dependencia para con su entorno afectivo más inmediato.

Por este motivo, son perfectamente aplicables a este caso las pautas marcadas en el capítulo anterior (Ladridos excesivos), tendentes a reducir el nivel de dependencia del perro.

Al margen de éstas, marcaré otras encaminadas a modificar sustancialmente lo que el perro ha de esperar al encontrarse en soledad y, en consecuencia, la respuesta que debe manifestar ante la situación.

Al igual que para problemáticas citadas con anterioridad, se habrá de someter al ejemplar a un sobreesfuerzo físico como paso previo a su permanencia en soledad. Del mismo modo, y para crear la situación más propicia, se le dará su ración de comida coincidiendo con una de estas estancias, sin dispensarle alimento alguno el resto del día.

Con esto, se conseguirá un doble objetivo:

  1. que el perro tenga necesidad de ingerir alimentos cuando realmente lo necesite: un poco de orden nunca viene mal;

  2. lo que es más importante: crearle el primer condicionante positivo relacionado con la ausencia de sus propietarios; ausencia = ingestión de alimentos

Si al retornar al domicilio se constatara que el perro no ha aceptado la comida, se repetirá la operación al cabo de aproximadamente sesenta minutos.

Del mismo modo, y como medida asociada a la anterior, en el momento de dejarle solo le  facilitaremos a nuestro perro elementos de distracción; no es necesario que éstos sean juguetes o artículos adquiridos expresamente para la ocasión. Lo realmente importante es que se le han de entregar única y exclusivamente en el instante en que el perro vaya a permanecer en soledad. La intención de esto último es que el perro, por decirlo de manera coloquial, se olvide de que se encuentra solo, al menos momentáneamente.

Estos elementos de distracción deben reunir determinadas características: el perro puede tener libertad para romperlos si así lo desea;  su utilización ha de implicar movimiento por parte del animal; y le han de resultar sumamente atractivos. Al margen de otros elementos de distracción, recomiendo los siguientes: una pelota de baloncesto – implicará movimiento, pues al no poder abarcarla con la boca rodará  constantemente - ; periódicos viejos – podrá romperlos con facilidad y así quemará energías - ; y siempre que el profesional veterinario no encuentre objección a ello, un hueso de rodilla de vaca, para los momentos en que desee estar inactivo.

Para que la medida resulte efectiva, estos útiles serán retirados por la primera persona que acceda al domicilio. Como mencionaba anteriormente, le han de resultar atractivos y la forma de conseguir que sea así es que tenga limitado el acceso a los mismos.

  Por propia experiencia, les aseguro que el primer día de aplicación de esta pauta no existirá problema a la hora de recoger los distintos útiles. Ahora bien, a partir del segundo día y los sucesivos, el perro tratará de esconderlos a fin de que no le sean retirados: sobre todo, el hueso.

Así mismo, y como en el capítulo anterior, se le prodigarán muestras de afecto cuando se le vaya a dejar solo, y no al regresar al domicilio. Con esto, incrementaremos su ansiedad por vernos marchar, máxime habiéndole reducido dichas muestras de afecto durante el resto de la jornada.

  La zona del domicilio por la que el perro se podrá desenvolver en nuestra ausencia deberá ser amplia. En ningún caso comprenderá alguna estancia, si la hubiere, que se emplee como zona de castigo cuando el animal se haya comportado mal: es típico el “¡A tu sitio!”, y que el perro se autocastigue dirigiéndose a un punto concreto de la casa.

  Como última puntualización, haré referencia a un truco utilizado habitualmente para resolver este problema: dejar funcionando un casete en el que previamente se hayan grabado conversaciones de la familia. De todo punto es errónea la utilización de este recurso, pues lo conseguido con ello es diametralmente opuesto a lo deseado: el perro oye las voces de la familia pero no ve a sus propietarios, con lo cual se incrementa, si cabe todavía más, su nivel de ansiedad.