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Cuadro
de ansiedad
Pudiendo
manifestarse en diversas ubicaciones y
bajo determinadas circunstancias, me
centraré en caso más habitual: cuadro de
ansiedad en el interior del domicilio por
ausencia de los propietarios. Fuera de éste,
para hacer remitir dicha conducta, bastará
con aplicar el pertinente proceso de
desensibilización sobre el condicionante
o condicionantes que puedan motivar la
respuesta presentada por el perro: la
ansiedad.
La exteriorización
por parte del perro de esta
conducta es típica: respiración
entrecortada, gemidos y salivación
excesiva.Como efectos secundarios de un
cuadro de ansiedad, y dejando de lado los
puramente físicos que se han detallado en
el párrafo anterior, se pueden citar los
siguientes:
-
Descontrol
de esfínteres: el ano y la vejiga no
dejan de ser músculos y, en
consecuencia, el estado general del
perro puede influir directamente en
ellos
-
Aullidos,
como vía de expresión de la ansiedad y como modo de llamar la atención
de sus propietarios;
-
Intentos
de huida, arañando lo que son salidas
(ventanas y puertas), para escapar y
estar con sus propietarios.
Esta conducta se manifiesta cuando el
perro no cuenta con la referencia de
seguridad ofrecida por los distintos
integrantes de la familia, aun encontrándose
el animal en su casa, donde la seguridad
es mayor al estar dentro de su zona de
influencia territorial. Por ello, cabe
pensar que han sido los miembros del grupo
familiar, aun con la mejor de las
intenciones, los que han propiciado o
acentuado el problema, al crearle al perro
una excesiva dependencia para con su
entorno afectivo más inmediato.
Por
este motivo, son perfectamente aplicables
a este caso las pautas marcadas en el capítulo
anterior (Ladridos excesivos),
tendentes a reducir el nivel de
dependencia del perro.
Al
margen de éstas, marcaré otras
encaminadas a modificar sustancialmente lo
que el perro ha de esperar al encontrarse
en soledad y, en consecuencia, la
respuesta que debe manifestar ante la
situación.
Al
igual que para problemáticas citadas con
anterioridad, se habrá de someter al
ejemplar a un sobreesfuerzo físico como
paso previo a su permanencia en soledad.
Del mismo modo, y para crear la situación
más propicia, se le dará su ración de
comida coincidiendo con una de estas
estancias, sin dispensarle alimento alguno
el resto del día.
Con
esto, se conseguirá un doble objetivo:
-
que
el perro tenga necesidad de ingerir
alimentos cuando realmente lo
necesite: un poco de orden nunca viene
mal;
-
lo
que es más importante: crearle el
primer condicionante positivo
relacionado con la ausencia de sus
propietarios; ausencia = ingestión de
alimentos
Si
al retornar al domicilio se constatara que
el perro no ha aceptado la comida, se
repetirá la operación al cabo de
aproximadamente sesenta minutos.
Del
mismo modo, y como medida asociada a la
anterior, en el momento de dejarle solo le
facilitaremos a nuestro perro elementos
de distracción; no es necesario que
éstos sean juguetes o artículos
adquiridos expresamente para la ocasión.
Lo realmente importante es que se le han
de entregar única y exclusivamente en el
instante en que el perro vaya a permanecer
en soledad. La intención de esto último
es que el perro, por decirlo de manera
coloquial, se olvide de que se
encuentra solo, al menos momentáneamente.
Estos
elementos de distracción deben
reunir determinadas características: el
perro puede tener libertad para romperlos
si así lo desea;
su utilización ha de implicar
movimiento por parte del animal; y le han
de resultar sumamente atractivos. Al
margen de otros elementos de distracción,
recomiendo los siguientes: una pelota de
baloncesto – implicará movimiento, pues
al no poder abarcarla con la boca rodará
constantemente - ; periódicos
viejos – podrá romperlos con facilidad
y así quemará energías - ; y
siempre que el profesional veterinario no
encuentre objección a ello, un hueso de
rodilla de vaca, para los momentos en que
desee estar inactivo.
Para
que la medida resulte efectiva, estos útiles
serán retirados por la primera persona
que acceda al domicilio. Como mencionaba
anteriormente, le han de resultar
atractivos y la forma de conseguir que sea
así es que tenga limitado el acceso a los
mismos.
Por propia experiencia, les aseguro que el
primer día de aplicación de esta pauta
no existirá problema a la hora de recoger
los distintos útiles. Ahora bien, a
partir del segundo día y los sucesivos,
el perro tratará de esconderlos a fin de
que no le sean retirados: sobre todo, el
hueso.
Así
mismo, y como en el capítulo anterior, se
le prodigarán muestras de afecto cuando
se le vaya a dejar solo, y no al regresar
al domicilio. Con esto, incrementaremos su
ansiedad por vernos marchar, máxime
habiéndole reducido dichas muestras de
afecto durante el resto de la jornada.
La zona del domicilio por la que el perro
se podrá desenvolver en nuestra ausencia
deberá ser amplia. En ningún caso
comprenderá alguna estancia, si la
hubiere, que se emplee como zona de
castigo cuando el animal se haya
comportado mal: es típico el “¡A tu
sitio!”, y que el perro se autocastigue
dirigiéndose a un punto concreto de la
casa.
Como última puntualización, haré
referencia a un truco utilizado
habitualmente para resolver este problema:
dejar funcionando un casete en el que
previamente se hayan grabado
conversaciones de la familia. De todo
punto es errónea la utilización de este
recurso, pues lo conseguido con ello es
diametralmente opuesto a lo deseado: el
perro oye las voces de la familia pero no
ve a sus propietarios, con lo cual se
incrementa, si cabe todavía más, su
nivel de ansiedad. |