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Artículo
escrito por Antonio Pozuelos Jiménez
de Cisneros
¡Voy
a tener que estudiar tu idioma!
Cuando
Truco y Kika estén cercanos al
año de vida y, si hemos actuado
con lógica, nos sorprenderemos
un día pronunciando el famoso tópico:
¡A mi perro solo le falta
hablar!. Realmente no le falta
porque... ¡Se pasa el día
hablando!. El problema es que, a
esta edad, ellos se han aplicado
en el estudio del lenguaje y la
expresión humana, mientras
nosotros nos hemos empeñado en
no estudiar el suyo y enseñarle
el nuestro. Ellos son los
alumnos licenciados Cum
laude, nosotros los
suspendidos.
En un artículo anterior, les
contaba como el mas viejo de mis
perros ha llegado a entender
cerca de 100 vocablos en español
pero ahora, debo reconocer que
yo no alcanzo las mismas cotas
de sabiduría respecto a sus
'palabras'. Yo, como humano
estudioso de sus costumbres,
reconozco unos cinco estados de
ánimo, 10 o 12 expresiones
corporales y unos cuantos tipos
de vocalización. Roco adivina,
en el acto, mi estado de ánimo
y actúa conforme a lo esperado
por mí y, de esa forma, sé que
él los entiende.
Cuando un perro adulto,
jerarquizado y educado ve a su
dueño tremendamente enfadado
tratará de alejarse hasta la
'distancia de seguridad' para,
desde allí, observarlo y
decidir si él es el objeto del
enfado. Pasada la tempestad y si
no se siente culpable, se
aproximará con las orejas
gachas, rabo en giro como aspas
de ventilador y mirada sumisa.
Cuando tome contacto con el dueño
acabará el display (1) de
conducta social y si observa que
el dueño se tranquiliza, él
adoptará el mismo estado de ánimo.
¿Por qué?.
Los cánidos aman profundamente
la 'tranquilidad territorial' y
están dispuestos a 'cualquier
cosa' para recuperarla. Si además,
el que la pierde es el Líder,
la respuesta del subordinado será
directamente proporcional al
grado de agitación de aquél.
Un
buen día en mi consulta, el dueño
de un Dogo alemán me contó una
historia que rompió mis
esquemas de estudio. Resulta que
este hombre asistía periódicamente
a sesiones de terapias psicológicas
por un problema de malos tratos
a su esposa. Ya había sido
denunciado y realmente tenía
ganas de solucionar su difícil
convivencia.
El terapeuta trataba sin éxito
de hacerle reconducir su
conducta cuando al paciente
encontró casualmente una válvula
de escape. Una noche regresó a
casa en estado de embriaguez y,
al ser reprendido por su esposa,
levantó la mano para golpearla.
Su perro, de diez meses, se
interpuso entre los dos y recibió
el puñetazo. Después del
primero llegaron más y más
golpes para el pobre can hasta
que, cansado uno y molido el
otro, se restableció la paz
territorial. Esta situación de
agresividad redirigida por parte
del dueño hacia su perro, se
prolongó durante algunos meses.
El perro aguantaba los golpes a
diario y terminaba lamiendo a su
dueño justo en las comisuras de
la boca cuando detectaba la
proximidad del fin de la pelea.
El
individuo acabó sometiéndose a
una desintoxicación alcohólica
y las situaciones de maltrato no
se volvieron a reproducir. Ahora
el problema, lo tenía el perro.
Cuando el dueño volvía a casa,
el animal lloraba, se agitaba,
defecaba y miccionaba en el
suelo. Hasta que no conseguía
lamer la boca de su dueño, no
recuperaba la tranquilidad, había
contraído una neurosis obsesiva
y su obsesión era la 'paz
territorial'.
Traté al perro porque estimé
su valía como espécimen
canino, no porque la calidad
moral y humana del dueño lo
mereciera. Si este buen Dogo
hubiese actuado de esa forma con
su hembra, lo hubiera
considerado un animal desechable
y tarado. Desgraciadamente, el
maltratador humano, no fue
expulsado de la sociedad pero sí
de mi consulta.
He contado esta anécdota para
introducir la siguiente
pregunta: ¿Tiene
un significado lógico el que
nuestro perro trate de lamernos
siempre en las comisuras de la
boca?. Si lo tiene.
Cuando los progenitores cazan y
vuelven a la madriguera, los
cachorros en destete, lamen
reiteradamente esa zona de la
boca paterna para estimular la
regurgitación de la comida
predigerida. Esa conducta
adaptativa en un principio para
obtener recurso, se mantiene a
lo largo de su vida como acto
social de sumisión. Mis hembras
lamen continuamente la boca de
Roco sobre todo, cuando está de
mal humor. Él hace lo mismo
conmigo y, la verdad, es que me
tranquiliza.
Hablemos
de comunicación
Si
llamamos actor al que quiere
comunicar y receptor al que
recibe la comunicación, podemos
definir este concepto como: proceso
por el cual los actores usan señales
especialmente diseñadas, para
modificar la conducta de los
receptores.
Los perros usan señales muy
fiables y sobre todo muy
'honestas'. Los humanos somos
algo más deshonestos en
nuestras comunicaciones de tal
forma que, cuando un borracho se
tambalea, está intentando
comunicar que necesita ayuda
para conseguir el equilibrio y,
sin embargo, lo que consigue es
que cambiemos de acera. Los
perros, en su trato con
nosotros, han aprendido algo de
nuestra deshonestidad
comunicativa pero solo consiguen
engañar con ella a los seres
humanos. Entre ellos, es muy difícil
el engaño.
Basándonos en el concepto
anterior podríamos afirmar que
una señal solo puede ser
considerada como tal cuando es
capaz de modificar la conducta
de quién la recibe.
En el ejemplo anterior, el
borracho no consigue modificar
la conducta de otro humano o,
por lo menos, no en el sentido
deseado. Si un perro me enseña
los dientes y me hace huir,
seguro que ha conseguido emitir
una señal correcta.
El
lenguaje de mi perro
Los
perros, como todos los cánidos,
se comunican a través de tres
grandes grupos de señales:
Vocalizaciones.
Expresiones faciales.
Expresiones corporales.
Dentro
del primer grupo distinguimos el
ladrido, el gemido y el gruñido.
El primero es heredado de su
antepasado el Lobo, si bien es
verdad que éste solo lo utiliza
en su etapa infantil ya que,
cuando un lobo llega a adulto
deja de comunicarse de esta
forma para utilizar el aullido.
Los perros, sin embargo, mueren
ladrando y parecen lobos que
nunca alcanzarán la madurez.
El gruñido si es común a todos
los cánidos y puede ser
considerado como una señal de
baja intensidad o como el primer
paso de un display (1).
Las expresiones faciales del
perro son básicas en cuanto que
sus músculos no están tan
adaptados a la expresión como
los nuestros. Las veremos en el
próximo artículo.
En las expresiones corporales sí
contemplaremos un amplio abanico
de señales que, unidas a las
faciales y vocalizaciones,
forman un completo diccionario
de lenguaje canino.
¿Todo
eso puedes decir con ladridos,
Truco?
| Los
ladridos pueden
clasificarse por su tono
en: |
| |
Roncos
o bajos.
Normales
o medios.
Agudos
o altos. |
| Por
su intensidad: |
| |
Alta.
Baja.
Media. |
| Por
el timbre: |
| |
Secos.
Prolongados.
Aullidos. |
Así,
un ladrido puede ser ronco, alto
y seco para mostrar, en este
caso, la decisión de pelear o
defenderse. Los gemidos y gruñidos
pueden ser encuadrados entre los
ladridos ya que pertenecen al
mismo grupo de comunicación fónica
de tal forma que, un gruñido
ronco, profundo y mantenido
suele ser el aviso de una
posible defensa sobre todo, si
va acompañado de una
descubierta de colmillos y/o un
erizamiento de las cerdas
dorsales. Los gemidos suelen ser
utilizados como funciones
sociales y expresiones de dolor
o alegría. Son las expresiones
menos evolucionadas dentro de
las comunicaciones de vocalización.
Así, unos gemidos acompañados
de movimientos horizontales de
rabo. Indican siempre alegría o
ganas de jugar.
¡Aquí
pasa algo!.
Ladridos de tono medio,
encadenados y secos. Los utiliza
nuestro perro cuando advierte
peligro no inminente pero real.
Puede ser el aviso de una invasión
del territorio.
¡Estoy
aburrido!.
Encadenamientos de 4 ó 5
ladridos de tono medio con
pausas de 3 ó 4 segundos de
intervalo, secos y de intensidad
baja. Suelen ser utilizados para
llamar a otro congénere que esté
lejos. Se producen más entre
los especímenes subordinados y
afectan a la paciencia del dueño
y sus vecinos.
¡Hola,
Jefe!.
Ladridos agudos, secos de alta
intensidad, cadenas de 1 ó 2.
Los acompaña de movimientos
horizontales de cola. Parecen
'escopetazos' lanzados a la cara
del dominante.
¡Dame
agua!.
Un solo ladrido agudo de
intensidad alta y seco. Se
acompaña de una mirada previa a
la cara del Líder y una segunda
en la dirección del objeto o
recurso que el animal desea. El
rabo no descansa mientras se
produce esta comunicación.
¡Vamos
a jugar!.
Es el mismo ladrido anterior
pero encadenado. El perro suele
agachar el tren delantero y
levantar el trasero. La mirada
se fija en el individuo al que
Truco llama.
¡Déjame
en paz!.
Gruñido de tono normal, de baja
intensidad y prolongado. La
mirada al receptor se hace de
reojo y suele ir acompañada de
una incipiente muestra de
colmillos. Es el aviso de un
dominante hacia un subordinado o
cachorro molesto.
¡Ven
aquí, cachorro!.
Ladrido de tono alto, intensidad
alta y seco. Se lanza aislado,
es decir, uno solo y mirando en
la dirección del receptor.
¡Estoy
asustado pero soy capaz de
atacarte!.
Gruñido que se mantiene hasta
que se convierte en un ladrido
de defensa.
¡No
estoy bien en este
territorio!...¡Me quiero ir con
los míos!.
Comienza en ladrido de
aburrimiento para convertirse en
aullido suave y prolongado. Es
muy normal en razas nórdicas e
incluso en los Pastores belgas.
Se atribuye a la falta de
neotenia. Muchos dueños enseñan
el arte de 'cantar' a su perro,
mediante el aullido. Yo soy uno
de ellos y mi viejo Roco
(consumado cantor) hace las
delicias de las visitas cuando aúlla
entonado con el Do central del
piano. En estos casos, que ya no
son espontáneos, el aullido es
una comunicación social o
actividad lúdica del perro.
Asimismo, en el Lobo, el aullido
es empleado para comunicarse a
largas distancias y convocar
reunión de manada.
¡Esto
no me gusta!.
Gemido suave, prolongado de baja
intensidad y sonido como ¡Piiiii...Piiiii!.
Los dueños de Pastores alemanes
lo sufrimos cuando nuestro perro
está haciendo algo que le
mandamos y él quiere irse a
hacer otra cosa. Es una auténtica
comunicación de protesta.
¡Invasión
real del territorio!.
Ladrido de defensa, encadenado y
con la cabeza vuelta hacia el
peligro. Suele ir acompañado de
erizamiento de cerdas dorsales,
orejas enhiestas y boca cerrada
(mientras no ladra).
¡Me
duele, me rindo!.
Chillidos que suenan como ¡Yaiii...Yaiiii....Yaiiii!.
Con esta comunicación se acaban
las peleas entre ellos (por
abandono del vencido) o se queja
Truco de la inyección 'en
hueso' que le administra su dueño.
¡Estoy
estresado!.
Jadeo continuo que puede estar
acompañado del ¡Piii...Piiii!.
Siempre va unida a esta
comunicación, una facial, el
estiramiento hacia atrás de los
labios (parece como si trataran
de reírse). Cuándo el jadeo es
mas relajado, se acaba el ¡Piiii!
los labios vuelven hacia delante
y podemos decir el perro está
liberando estrés.
¡Se
acabó, me relajo
definitivamente!.
Gruñido tirando a ronquido, de
baja intensidad y largo. Truco
parece desplomarse en el suelo.
Estas
son las señales de vocalización
más frecuentes. Si a ellas
unimos las corporales y faciales
verá el lector, la cantidad de
combinaciones que podemos
descifrar en el diccionario
perruno de nuestro amigo. Todo
es cuestión de paciencia y de
aceptar la equivocación
frecuente pero, les garantizo
que, a lo largo de dos años, la
comunicación con su perro será
de lo más fluida. ¡Ya me
gustaría a mí comunicarme con
un chino como lo hago con mi
viejo Roco! Y eso que el chino,
es de mi misma especie.
En el siguiente artículo trataré
de exponer los otros grupos de
señales para tratar de
completar ese diccionario tan
necesario para los que
pretendemos 'hablar' con
nuestros colegas de manada.
(1)
El Display
o secuencia
son una serie de actos
encadenados que nos hacen
predecir una conducta compleja.
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