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INICIACIÓN A LA MÚSICA
Actualizada 30/10/2005 13:36
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ARGUMENTO Acto primero Plaza
del palacio del Dux. Alegres venecianos cantan y bailan contemplados
ocultamente desde un rincón de la plaza por el espía Barnabá, siempre al
acecho de que alguien cometa alguna falta para informar a sus superiores de la
Santa Inquisición. Barnabá ama a la cantante conocida como la Gioconda, quien
aparece acompañando a su vieja madre ciega. Llega
a la plaza un gondolero que acaba de ser vencido en una carrera de regatas y el
pérfido espía, para vengarse de la actitud de la Gioconda, le dice que la
vieja ciega le ha echado un sortilegio, y que su maléfico hechizo le ha
impedido vencer. El
gondolero, dominado por la rabia, intenta maltratar a la pobre anciana, pero
aparece Enzo, que se lo impide. Llega
también Alvise Badoero, Jefe de la Inquisición, y su bella esposa Laura, quien
sostiene secretas relaciones amorosas con Enzo. En
tanto, el espía Barnabá ha observado las miradas apasionadas que Laura y Enzo
se dirigían y para deshacerse de este rival en el amor de la Gioconda, trama
una intriga con el a fin de deshacerse de él. El
malvado espía informa después de lo mismo a Alvise, dándole cuenta de la hora
y el lugar donde podrá comprobar la infidelidad de su esposa. La Gioconda, que oye esta declaración, se ve asaltada por los celos al saber que
Enzo ama a otra mujer. El
acto termina con la algarabía de un grupo de venecianos que bailan en medio de
la plaza. Acto
segundo Puente
de un navío amarrado en el puerto de Venecia. El
espía Barnabá, disfrazado de pescador, canta en compañía de unos marineros y
luego se esconde. Llega
Enzo a su barco y es saludado con aclamaciones por toda la tripulación. Luego
llega Laura y la lleva a bordo señalándole que zarparán cuando llegue la
madrugada. Pero su alegría es turbada por la llegada de la celosa Gioconda. Extrayendo
un puñal que llevaba escondido se dispone a ultimar a Laura, pero cuando
advierte el rosario de su madre que aquella lleva en el pecho, recuerda el
generoso comportamiento con la pobre ciega. La Gioconda desecha entonces su propósito
criminal y le ofrece su amistad a Laura. En
aquel momento aborda el buque un policía conduciendo al marido de Laura. La
Gioconda, para salvarla de ser sorprendida, la ayuda a escapar. Seguidamente
informa a Enzo que los agentes del Dux vienen a prenderle, habiendo sido
denunciado por el espía Barnabá. Acto
tercero Salón
en el palacio de Alvise. El
inflexible juez, aunque no ha podido comprobar plenamente la infidelidad de su
esposa, decide que, para expiar sus aparentes culpas, perezca esa misma noche. Así,
le ordena que beba un brebaje que contiene veneno y se libre ella misma de una
vida que no ha sabido sobrellevar con dignidad. La sumisa esposa promete
obedecerle, a la vez que la Gioconda sustituye el veneno de la copa por un
fuerte narcótico. El
implacable Barnabá dice a Enzo, que es uno de los convidados, que su amante ha
muerto. En su desconsuelo éste trata de desenmascarar al anfitrión acusándolo
de celebrar un baile en su casa, habiendo un muerto de cuerpo presente. Al
escándalo que produce esta grave denuncia acuden los guardias, que arrestan a
Alvise, el cual, antes de abandonar el salón, descorre una cortina y muestra el
inanimado cuerpo de Laura, a quien dice que él mismo dio muerte. Todos
los invitados quedan petrificados de horror. Enzo trata de vengar su amada,
supuestamente difunta, asesinando al cruel marino, pero varios invitados lo
detienen y mientras los guardias se llevan a Alvise, Enzo queda preso bajo la
custodia de Barnabá. La
Gioconda ofrece a éste acceder a su amor si pone en libertad a Enzo, trato que
acepta el apasionado espía con la esperanza de poder poseer al fin a la mujer
que tanto ambiciona. Acto
cuarto Hasta
las ruinas de un castillo en la costa del mar Adriático la abnegada Gioconda y
un grupo de amigos ha conducido el aletargado cuerpo de Laura. Aparece
Enzo y Laura comienza a despertar del pesado sueño. Los dos amantes se abrazan
tiernamente y juran no separarse jamás. El
cruel Barnabá, viéndola moribunda, aún tiene tiempo de amargar sus últimos
instantes de vida, diciéndole pérfidamente que antes de venir a buscarla, había
dado muerte a su vieja madre ciega
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