13 febrero 2005


*Cristo versus Satán: El Apocalipsis*

*Los fundamentalistas cristianos consideran la invasión de Iraq, con la
ocupación simbólica de Bablonia, y el control de Jerusalén como un
preludio del Apocalipsis.*

El patriotismo conservador estadounidense con los tradicionales valores
basados en la familia, la honradez, el trabajo y el distanciamiento de
los problemas que asolan al resto del mundo, se ha visto modificado por
una fuerte corriente integrista, basada en el proselitismo del
cristianismo evangélico. En el funeral por las víctimas de los atentados
del 11-S, el televangelista más famoso del mundo, el pastor Billy
Graham, que convirtió hace décadas al ahora presidente Bush, pronunció
una homilía ante cuatro ex-presidentes de los Estados Unidos reunidos en
la catedral de Washington el 13 de septiembre de 2001, en la que
argumentaba sobre los atentados:

?Una de las cosas que necesitamos en este país es una renovación
espiritual por completo. Necesitamos una renovación espiritual en
Norteamérica. Y Dios nos lo ha dicho con Su Palabra.?

Todos los días el presidente Bush se levanta algo más temprano para
poder leer la Biblia y hacer sus oraciones. La conversión de George W.
Bush parece ser que proviene de una mala época que pasó, debido a su
afición al alcohol. Para superar esta adicción Bush padre acercó a su
hijo a los consejos espirituales del reverendo Billy Graham, uno de los
primeros telepredicadores de Estados Unidos . Graham, un pastor
protestante de corte fundamentalista cristiano se convirtió, desde ese
momento, en el gurú de la familia Bush . Desde entonces, Bush jr. creyó
que su misión estaba dirigida por el cielo: ?Dios me ha pedido que me
presente a las elecciones; he escuchado la llamada? . Poco después,
inició su carrera política al convertirse en gobernador de Texas. Sin
embargo, la religiosidad no es una opción meramente personal del
presidente. Antes de tomar decisiones, el gobierno en pleno de Estados
Unidos reza para que Dios los haga cumplir su misión de forma
determinada. El 72% de los estadounidenses, según el Pew Center, cree
que su presidente debe tener ?fuertes sentimientos religiosos?. El 85%
confiesa que la religión es importante en su vida (61% muy importante,
24% bastante importante, 14% no muy importante) . Un estudio comparativo
muestra que el 94% de los estadounidenses cree en Dios, el 86% cree en
el cielo y el 69% cree en el demonio. Estas cifras llegan a ser más del
doble de las que encontramos en Europa . La visión mística del
Presidente Bush y de sus más próximos colaboradores reposa sobre dos
fundamentos de la tradición cultural norteamericana: el destino
manifiesto y la religión civil. El destino manifiesto (Manifest Destiny)
es un concepto que fue acuñado en 1845 por el periodista John O'Sullivan
para justificar la anexión de México y el imperialismo norteamericano en
Sudamérica. Todavía en 1900 explicaba el senador por Indiana, Albert
Beveridge: ?Dios designó al pueblo norteamericano como nación elegida
para dar inicio a la regeneración del mundo?. En estas soflamas se hacía
continua referencia a la superioridad moral para justificar las
invasiones político-militares por el mundo. Esta moral estuvo siempre
viva en la derecha estadounidense y ha sido recogida fervientemente por
el gobierno Bush .

La cultura política es el producto a largo plazo de la Historia. Como
tal, es obviamente específica de cada país. La cultura política
estadounidense se ha diferenciado claramente de la historia del
continente europeo. Las sectas protestantes que se vieron obligadas a
emigrar en el siglo XVII a Norteamérica, desde Inglaterra, habían
desarrollado una forma de cristianismo diferenciado tanto del
catolicismo de Roma como del dogma ortodoxo de origen griego. Por ello,
su imagen del cristianismo no era compartida siquiera por la mayoría de
los protestantes europeos, incluidos los anglicanos, de donde
emergió la mayoría de la clase gobernante británica. Si bien, la iglesia
católica y la iglesia ortodoxa habían marginado el Antiguo Testamento,
con el objetivo de diferenciar cristalinamente al cristianismo del
judaísmo. La Reforma protestante reclamó la importancia de estas
escrituras y resituó al cristianismo en su lugar como sucesor legítimo
del judaísmo. La particular forma de protestantismo que halló su vía en
Nueva Inglaterra sigue configurando la ideología estadounidense en la
actualidad. Según ésta, la comunidad cristiana de Estados Unidos vendría
a ser el pueblo elegido por Dios en la actualidad . Por tanto, sus actos
estarían dotados de una legitimidad otorgada por el altísimo y refutada
en los textos de la Biblia. La ?legitimidad bíblica? de la que habían
sido ungidos los colonos norteamericanos, facilitó la conquista del
"Nuevo Mundo", a costa primero del genocidio de los pueblos indígenas
del continente, luego de la esclavitud de los africanos y por último de
la explotación de comunidades segregadas por sus especificidades
étnicas, que eran el resultado de sucesivas oleadas migratorias durante
los siglos XIX y XX. Todo esto lo llevaron a cabo, instruyéndose en base
a referencias bíblicas como la violenta conquista del pueblo de Israel
de la ?Tierra Prometida?, el cual es un tema constantemente reiterado en
el discurso de Estados Unidos. Más tarde, la ?legitimidad bíblica? del
pueblo de Estados Unidos se extendió hasta abarcar el mundo en su
totalidad. La ?legitimidad bíblica? permite a los estadounidenses verse
a sí mismos como el ?pueblo elegido?. Se trata, por tanto, de un
sinónimo del término nazi ?Herrenvolk? y sitúa a la ideología del
?americanismo? entre ideologías imperialistas precedentes, la totalidad
de las cuales han reivindicado estar investidas por una misión divina.
La religiosidad de corte civil intenta conferir un aura cristiana al
destino manifiesto en la forma de un integrismo y fundamentalismo
religioso. Esta mezcla de creencias ha dado lugar a la convicción de que
el ?estilo de vida americano? no sólo es el mejor modo de vida jamás
pensado por el hombre, sino que significa la salvación del mundo. Un
general del Pentágono, William G. Boykin, ha resumido su posición en una
serie de discursos recientes, en los que afirma que la guerra contra el
terrorismo es una ?batalla contra Satán? y que los terroristas atacan a
Estados Unidos porque es una nación cristiana. No obstante, a Boykin le
consuela su convicción de que su Dios es más grande que el Dios
musulmán, que no es más que un ídolo, y que el presidente Bush ha sido
elegido por ese Dios para afrontar esta crisis. En el Congreso, los
conservadores han defendido las declaraciones del general. Esta es la
amenaza a la que hacemos frente en la actualidad.

A los ultraconservadores cristianos se les llama también
?teoconservadores? o ?fundamentalistas? para distinguirlos de los
neoconservadores más partidarios del capitalismo liberal. A las
reclamaciones de éstos, tales como la fanática oposición a todo
mecanismo para procesar, autorizar, registrar, documentar o controlar la
propiedad de las armas de fuego; la abolición del impuesto a los
ingresos, a la herencia, a la plusvalía y a las corporaciones; y la
contención de los inmigrantes con cualquier tipo de métodos, incluso
usando alambradas electrificadas. Los fundamentalistas cristianos han
añadido reclamaciones políticas, caracterizadas por el extremo
conservadurismo de sus valores morales. Las iniciativas del gobierno en
asuntos como la ley que prohíbe el aborto tardío o la reforma
constitucional contra el matrimonio gay, atraen el respaldo político de
organizaciones como la Coalición Cristiana, que dice representar a la
cuarta parte del voto republicano y el de la mayoría de los católicos
practicantes del país. Para los fundamentalistas cristianos, la
homosexualidad es contraria a las verdades decretadas por Dios. Los
progresos educativos debían haber cortado el fundamentalismo de raíz, o
eso se creía. Pero la sorpresa fue que el fundamentalismo no solo
sobrevivió, sino que tiene una situación floreciente en el país que
tiene las mejores universidades del mundo. No en vano, las encuestas
actuales revelan que los estadounidenses son los cristianos protestantes
que más frecuentan la iglesia y los más propensos al fundamentalismo
cristiano. La base del fundamentalismo la constituyen los habitantes con
menos formación y rentas más bajas de los pueblos del ?Cinturón Bíblico?
(una franja de tierra que recorre el medio oeste y el sur del país).
Está formado por grupos fundamentalistas que abarcan todas las
confesiones tradicionales del protestantismo. Es muy significativo el
hecho de que la situación social de sus adeptos haya mejorado
paralelamente a la valoración del fundamentalismo. Quizá el núcleo más
duro lo constituyen los 16 millones de seguidores de la Convención
Baptista Sureña y los millones de telespectadores del frente de
televangelistas. Los grandes televangelistas son nombres muy conocidos
en Estados Unidos y gozan de una respetable audiencia. Estos
predicadores evangélicos ejercen su ministerio a través de programas
televisivos de emisión diaria o semanal y celebran actos
multitudinarios. Billy Graham, amigo personal de la familia Bush,
predica ante enormes concentraciones de gente, a veces durante semanas
enteras, en lugares como el Madison Square Garden. Jerry Falwell emite
?La hora del viejo evangelio? y se hizo cargo de los mensajes
televisivos de ?Alabemos al Señor? cuando su fundador, Jim Bakker, tuvo
que ingresar en prisión para cumplir una larga condena. Pat Robertson
presenta el ?Club de los 700?, que todos los días ven alrededor de un
millón de estadounidenses. La influencia política de estos predicadores
no es nada despreciable. Al parecer, Dios le dijo a Robertson hace unos
años que presentara su candidatura a la presidencia. El reverendo
obedeció y se presentó como candidato por el partido republicano. Su
éxito fue tal, que consiguió ponerle las cosas bastante difíciles al
otro candidato George Bush padre.

Como en otros lugares del mundo, el fundamentalismo en Estados Unidos
constituye una reacción religiosa extremista ante la avalancha de la
modernidad, el avance del racionalismo y el método científico en todos
los campos de estudio. El desafío de los descubrimientos geológicos de
Charles Lyell y la teoría de la evolución de Charles Darwin sacudieron
el mundo cristiano en su momento. Estos hallazgos dejaban claro que la
Biblia no era compatible con la ciencia. Al mismo tiempo, el progreso de
los estudios sobre la Biblia contribuyeron a disminuir el influjo del
mito. Al revelarse las contradicciones existentes entre los textos
bíblicos y la múltiple autoría de los libros, quedó refutada la idea de
que el libro sagrado estaba escrito por la mano de Dios. Las principales
confesiones históricas del cristianismo aprendieron a convivir con estos
descubrimientos y se adaptaron destacando la riqueza espiritual de la
Biblia como metáfora, con su sabiduría y su poesía espiritual, por
encima de la Biblia como un relato histórico y literal. Sin embargo, los
cristianos fundamentalistas, que en términos numéricos quizá constituyen
hoy en Estados Unidos la corriente dominante, emprendieron una vía
distinta. A mediados del siglo XIX llegó a Estados Unidos una nueva
corriente de pensamiento llamada ?dispensacionalismo premilenario?,
llevada por un viajero británico, John Nelson Darby, de los ?Hermanos de
Plymouth?. El dispensacionalismo cree que la historia humana está
formada por ?dispensaciones? (periodos temporales únicos que se
caracterizan por la forma que tiene Dios de relacionarse con los seres
humanos en cada momento), que se suceden con arreglo al plan divino de
Dios y culminan en una gran catástrofe (la expulsión del paraíso, el
diluvio, etc.). El cristianismo fundamentalista no dejaba ningún lugar a
las dudas. En vez de medir la Biblia según los criterios de la ciencia,
había que juzgar la ciencia en función de la verdad absoluta de la
Biblia . Era una reacción automática ante la modernidad, por parte de
los grupos más amenazados por ella, desde el punto de vista ideológico y
económico. El apelativo del fundamentalismo procede de una serie de
panfletos llamados: ?Los fundamentos?. Estos fueron publicados entre
1910 y 1915, sufragados por dos hermanos que se habían enriquecido con
el petróleo y fueron enviados gratuitamente a predicadores, pastores,
maestros de escuelas y dirigentes juveniles de todo el país. Entre los
?fundamentos? divulgados figuraba la infalibilidad de la Biblia y la
inminencia de la segunda venida de Jesús.

En Estados Unidos, varios millones de personas han sucumbido a una idea
delirante. Los fundamentalistas cristianos toman la Biblia al pie de la
letra y la hacen su guía para entender la Historia. Así, millones de
personas, sea viviendo en la periferia de las ciudades, sea en los
trabajos mejor pagados, hasta en profesionales relacionados con las
investigaciones de alta tecnología, consideran que estamos en los
últimos días de la Historia . Estos días están marcados por el
enfrentamiento entre el bien y el mal, por guerras devastadoras y por la
actuación del Anticristo. Nuestros ojos verán la ascensión de un
Anticristo que reunirá las iglesias apóstatas del mundo y dirigirá al
combate a estas fuerzas perversas contra los santos. La ?bestia? será un
dirigente político que reunirá a las naciones derivadas del Imperio
Romano en un nuevo imperio, mencionado en el Apocalipsis como
?Babilonia? y sembrará todos los males posibles en la Tierra . Con
posterioridad, tendrá lugar la segunda venida de Cristo que instaurará
la era perfecta, preludio de su venida definitiva, cuando los fieles
serán arrebatados al cielo, recibiendo un cuerpo de gloria y emergerá,
entonces, un nuevo cielo y una nueva Tierra. Durante estos ?Últimos
Días? podemos ver ?los signos de los tiempos? que, aunque todavía no
hacen realidad lo profetizado, parecen preparar el terreno. Predecir la
fecha exacta de la venida de Cristo es complicado, pero no así la
interpretación de los ?signos de los tiempos?. Las hambrunas, la Guerra
Fría, el Mercado Común Europeo, la teología de la liberación, el
feminismo, la homosexualidad e incluso la elección de Clinton han sido
signos claros para los milenaristas. Otro signo se halla en los
movimientos a favor de un gobierno mundial, de ahí su desprecio hacia
las Naciones Unidas, que según su visión, no son más que conspiraciones
para arrebatar a los estadounidenses las libertades otorgadas por Dios y
desbaratar sus objetivos . La pretensión de predecir la segunda venida
de Cristo es un tema que goza de gran popularidad en la literatura
religiosa estadounidense. Recientemente se publicó ?Bible Code?, que
supuso un gran éxito de ventas. Su autor asegura que un matemático
israelí ha descifrado la clave para entender las profecías ocultas en la
Biblia. Su continuación, ?Bible Code II?, comienza con el atentado del
11 de septiembre contra el World Trade Center e inicia una cuenta atrás
hasta el ?Armagedón?. El autor del libro habló con los responsables del
Pentágono para explicarles cómo afectaba todo esto a la búsqueda de
Osama Bin Laden .

No obstante, el principal signo de los tiempos consiste en el regreso de
los judíos a Palestina, la creación del Estado de Israel y las
conquistas territoriales de este Estado desde la Guerra de los Seis Días
(1967). En el siglo XIX, dos predicadores inmigrantes acoplaron lo mejor
posible una serie de pasajes inconexos de la Biblia para crear algo que
tenía la apariencia de una narrativa constante: Jesucristo volverá a la
tierra cuando se hayan cumplido ciertas condiciones previas . La primera
de las condiciones era el establecimiento del Estado de Israel. La
siguiente condición involucra la ocupación por Israel del resto de sus
?tierras bíblicas?. Es decir, la mayor parte de Medio Oriente. La última
condición es la reconstrucción del ?Tercer Templo? en Jerusalén. En el
mismo sitio ocupado ahora por la ?Cúpula de la Roca? y la mezquita de
Al-Aqsa. Curiosamente, el fundamentalismo cristiano estadounidense ve en
la instauración del Estado de Israel y el triunfo del fundamentalismo
hebreo, parte del proceso de redención del mundo. Cada cual con sus
objetivos, pero ambos fundamentalismos unidos en la creencia del fin de
la historia . Según los fundamentalistas, la vuelta de los judíos a la
tierra que les dio Dios y su persecución a manos de todas las naciones
del mundo son el preludio de la segunda venida. Por tanto, para quienes
creen que el regreso de Jesús es inminente, estos acontecimientos
ofrecen una prueba asombrosa de que la profecía bíblica es cierta. Para
los fundamentalistas las disputas sobre límites territoriales en Oriente
Próximo se resuelven con el argumento de que: ?algunas fronteras no las
creó el hombre, sino que se decretaron desde el cielo. Estaban bajo la
arena y sólo era preciso limpiarlas y restaurarlas como en la
antigüedad. La nación de Israel yacía tapada por el polvo islámico, a la
espera del momento perfecto decidido por Dios. Cuando el aliento de su
espíritu se llevó la arena, se abrió un nuevo capítulo de la historia
espiritual? . La tierra a la que ?tiene derecho? Israel es muy extensa.
Los cristianos pro-sionistas coinciden con los halcones israelíes a la
hora de rechazar el plan de ?tierras por paz? para resolver el conflicto
palestino-israelí. El fundamentalismo cristiano coincide con el
fundamentalismo hebreo a la hora de destacar la importancia del ?Monte
del Templo? y la ?necesidad absoluta de construir el Tercer Templo,
descrito por el profeta Ezequiel, antes del regreso del Mesías? . Las
naciones que no defiendan a Israel serán ?maldecidas?. Ante la tentación
de que todo esto pueda parecer ?filo-judío?, no hay que olvidar que lo
que está previsto es que, con la venida de Jesucristo, los judíos se
conviertan al cristianismo y quienes no lo hagan perecerán.

Reconstruido el templo de Jerusalén, el Mesías bajará a la Tierra
ofreciendo la redención para todos. Según las fuentes fidedignas , los
?Últimos Días? no son el peor período. El peor es el denominado: ?la
Gran Tribulación?. Esta no se producirá hasta después del ?Arrebato? .
Entonces, comenzará la ?Gran Tribulación?, se juzgará a los infieles y
Cristo luchará contra Satán. Las legiones del Anticristo se desplegarán
contra Israel, y la guerra conducirá a un enfrentamiento final entre las
fuerzas del bien y las del mal en el valle de Armagedón. Esta historia
es tan atractiva para los fundamentalistas cristianos porque antes de
que comience la gran batalla, todos los ?verdaderos creyentes?, es decir
los que comparten estas creencias, serán liberados de sus ropas y
llevados por los aires al cielo, en un evento llamado el ?Arrebato? y se
sentarán junto a Jesús en el cielo alcanzando el ?Éxtasis?. Los que no
las comparten irán al infierno. En concreto, los judíos arderán o se
convertirán al cristianismo. Los dignos se sentarán a la mano derecha de
Dios y podrán contemplar, desde los mejores asientos, como sus oponentes
políticos y religiosos son devorados por furúnculos, llagas, langostas y
ranas, durante los siete años de la Gran Tribulación que seguirán al
advenimiento. Todo esto viene narrado, con una increíble riqueza de
detalles, en los libros contemporáneos mejor vendidos en Estados Unidos.
Los doce libros de la serie, ?Lo que quedó atrás?, son un ?relato de
ficción? que describe el Éxtasis a todo color. La ?Gran Tribulación?
culminará con el espantoso final de los malvados y los infieles, y el
fin de la dispensación o, lo que es lo mismo, el comienzo del nuevo
milenio . Los que creen todo esto no lo creen sólo a medias, para ellos
es asunto de vida eterna y de muerte. Buena parte de estos creyentes
están convencidos de que en este momento estamos viviendo la época
histórica de la que hablan las profecías del Apocalipsis, por lo que
pronto sus esfuerzos encontrarán la justa recompensa. Es más, los
creyentes más fanáticos están dispuestos a llegar aún más lejos y están
empeñados en provocar una cadena de acontecimientos que culmine en la
llegada del reino de Cristo. En el 2000 tres fundamentalistas cristianos
de nacionalidad estadounidense fueron deportados desde Israel, por
tratar de hacer saltar por los aires las mezquitas musulmanas que se
encuentran en la explanada donde se supone que se hallaba el antiguo
templo judío de Salomón. Ayudar a que se cumplan las profecías es una
forma de colaborar con la instauración del reino de Dios en la Tierra.
Esto puede llegar a significar: provocar confrontaciones en el
emplazamiento del antiguo templo judío en Jerusalén, auspiciar el
expansionismo israelí con asentamientos en los territorios ocupados,
exigir al gobierno de Estados Unidos cada vez más apoyo para Israel y
tratar de provocar una batalla final con el Islam, las Naciones Unidas,
la Unión Europea o cualquiera que se piense que pertenece a las legiones
del Anticristo y al ?Eje del Mal?.

El que sus creencias sean disparatadas no significa que sean marginales.
¿El gobierno de Bush se limita a contentar a los creyentes
fundamentalistas cristianos para lograr sus objetivos políticos o tiene
una verdadera fe en la visión apocalíptica del futuro que predican los
reverendos fundamentalistas? Las encuestas en Estados Unidos advierten
que entre un 15% y un 18% de los votantes de Estados Unidos pertenecen a
iglesias o movimientos que subscriben estas creencias. Un sondeo de 1999
sugirió que un 33% de los votantes republicanos compartían o daban
bastante pábulo a estas creencias . Así que, lo que tenemos es un
electorado político de importancia, que representa gran parte del núcleo
electoral del actual presidente de Estados Unidos. Estos votantes, que
eligen al presidente de la nación más poderosa del mundo, no verían con
malos ojos que su presidente se sintiera arrastrado a provocar una nueva
guerra mundial. Ya que este conflicto podría ser el esperado
enfrentamiento con el Anticristo. Para este sector del electorado, el
Medio Oriente no es un asunto externo. Es un tema de política interna de
Estados Unidos. ¿Pero por qué iba a ser esto de un interés tan urgente
para la gente de un Estado raramente destacado por su fascinación por
las relaciones exteriores? La explicación comienza a sernos familiar,
pero seguimos teniendo dificultades para tomarla en serio. Si el
presidente no gestiona correctamente sus asuntos en esta región del
planeta, un núcleo fundamental de sus votantes no llegará a sentarse al
lado derecho de Dios. Cuando el presidente Bush pidió a Ariel Sharon que
sacara sus tanques de Yenín en 2002, recibió 100.000 furiosos correos
electrónicos de fundamentalistas cristianos protestando y nunca volvió a
manifestarse sobre el tema. Los asuntos de un pequeño estado a 10.000
kilómetros de distancia de Washington pueden echar abajo las puertas de
la Casa Blanca en cuanto el presidente vacila en su apoyo a Israel. En
otras palabras, el presidente perderá menos votos si alienta la agresión
israelí, que los que perdería si la frena. Por extensión, los miembros
de esta comunidad de creyentes consideran la invasión de Iraq y la
ocupación simbólica de Bablonia como un preludio del Apocalipsis. En el
evangelio de San Juan, en el libro del ?Apocalipsis? (9:14-15), el
apóstol sostiene que cuatro ángeles ?que están atados junto al gran río
Eufrates?... serán desatados ?a fin de matar a la tercera parte de los
hombres?. Por lo tanto, frente a esta profecía, el desorden que reina en
Iraq desde la ocupación militar estadounidense no se contempla como algo
desastroso, sino como algo, mas bien, irremediable y necesario.

(Publicado en "El Viejo Topo" nº 202)

*/Aleksandro Palomo Garrido (El Viejo Topo)/*