ESPAÑA: La iglesia en la mira (L.A.)

La iglesia bajo ataque en España (N.Y.)

Jorge Ramos Avalos

01 de febrero de 2005

La iglesia católica está luchando para no perder aún más terreno en 
España. Y, no hay duda, actualmente está a la defensiva. A pesar de que 
la mayoría de los españoles se identifican en las encuestas como 
católicos, la realidad es que su comportamiento responde cada vez menos 
a los estrictos preceptos del catolicismo. Sí, una buena parte de los 
españoles son bautizados y creen firmemente en Dios, pero en el fondo 
muchos de ellos actúan como si fueran católicos no católicos.

Empecemos por el tema de los condones. Hace unos días un portavoz de la 
conferencia de obispos católicos de España tuvo la brillante y brava 
idea de decir en público que los preservativos sí podían utilizarse como 
una forma de combatir el sida. De pronto, por 24 horas, hubo aplausos de 
los sectores más liberales y se jugó con la posibilidad de que los 
sacerdotes españoles retaran la retrógrada postura del vaticano en 
contra del uso de condones. Pero la valiente declaración original del 
portavoz fue descalificada poco después como una ?opinión personal?, la 
conferencia de obispos españoles reafirmó rápidamente su apoyo a las 
políticas del Vaticano y, al hacerlo, contribuirá a que aumente el 
número de infectados de sida en España.

Con o sin el apoyo de la Iglesia Católica, millones de españoles 
utilizan condones ?que se venden por igual en farmacias y en bares? y 
muchas de sus mujeres toman pastillas anticonceptivas. Ambas prácticas 
van en contra de la doctrina católica. Y para muestra basta decir que
España ?al igual que Italia? tiene uno de los índices de natalidad más 
bajos del mundo. En esas casas, el Papa no manda.

La baja asistencia a misa y la dificultad para convencer a los jóvenes 
españoles a que entren al seminario habla del océano que crece entre la 
Religión Católica y el laicismo que prevalece en España. Tanto es así 
que el propio Juan Pablo II brincó y criticó hace poco al gobierno del 
presidente José Luis Rodríguez Zapatero por difundir ?una ideología que 
lleva gradualmente a la restricción de la libertad religiosa?. No es 
común, valga la aclaración, que el Papa se queje directamente de ?los 
poderes públicos? de un país específico. Ese tipo de críticas habían 
sido dirigidas en el pasado a los antiguos regímenes comunistas o a 
dictaduras, pero nunca al gobierno de un país democrático como España. 
¿Por qué lo hizo?

Lo que pasa es que el nuevo gobierno socialista ?cuyo objetivo es 
cumplir sus promesas de campaña y no el difundir ciertos valores 
religiosos? ha tomado tres medidas que parecen golpear en la médula al 
catolicismo. Primero, ha aprobado un anteproyecto de ley que permitiría 
el matrimonio entre homosexuales. Segundo, no va a autorizar que las 
clases de religión que se imparten en las escuelas públicas tengan el 
mismo peso académico que las de matemáticas o literatura en la 
evaluación final de los estudiantes. Y tercero, pretende quitar algunas 
de las condiciones que, hasta hoy, han limitado la práctica del aborto 
en España.

El Vaticano, lo entiendo, se siente bajo ataque. Por eso la reprimenda 
papal. Lo que el gobierno español considera como una defensa del estado 
laico, la iglesia lo interpreta como anticlericalismo. La Iglesia 
Católica en España está asediada, aunque trate de ocultarlo en sus 
declaraciones a la prensa el presidente de la conferencia episcopal, el 
cardenal Antonio María Rouco Varela. Pero la culpa no recae en el
gobierno español sino en la inflexibilidad y lentitud de la iglesia para 
ajustarse o cambiar respecto a temas que la han rebasado por completo.

Aquí hay varios ejemplos: ¿Cómo explicarle a una joven española que 
puede aspirar a ser la presidenta del gobierno o a dirigir una empresa 
multinacional pero que su iglesia no le permite ser sacerdote y oficiar 
misa? ¿Cómo se puede justificar la prohibición católica al uso de 
condones para prevenir el sida cuando casi todas las campañas médicas a 
nivel mundial lo incluyen como uno de los métodos de prevención más 
efectivos? ¿Cómo convencerse de que la Iglesia Católica lucha contra la 
discriminación cuando cierra sus puertas a los homosexuales? ¿Qué mujer 
está dispuesta en estos días a renunciar a los preservativos y traer el 
mundo a ?todos los hijos que Dios quiera??.

Juan Pablo II, todo parece indicar, no será quien dé las respuestas a 
estas preguntas. Eso recaerá en otros que vendrán detrás de él. Mientras 
tanto, aquí en España, la Iglesia Católica está dejando de ser un punto 
de referencia y lucha para no caer en la irrelevancia social. Y esto ya 
no es cuestión de rezos.

/Jorge Ramos Avalos es presentador del noticiero nacional de Univisión./