El árbol de
los problemas
El
carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja,
acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se
daño y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se niega a
arrancar. Mientras lo llevaba a su casa, se sentó en silencio. Una vez que
llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la
puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de
las ramas con ambas manos.
Cuando se
abrió la puerta, ocurrió una sorprendente transformación: Su bronceada cara
estaba plena de sonrisas. Abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a
su esposa.
Posteriormente
me acompañó hasta el carro. Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad
y le pregunté acerca de los que le había visto. Hacer un rato antes.
"Oh,
ese es mi Árbol de Problemas", contestó. "Se que no puedo evitar
tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no
pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los
cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego en la mañana los
recojo otra vez."
"Lo
divertido es", dijo sonriendo, "que cuando salgo en la mañana a
recogerlos, ni remotamente hay tantos como los que recuerdo haber colgado la
noche anterior".
© 2003 Pilar Socorro