Txispea. . .
Me despierto a las 7 de la mañana ya pensado en la carrera. Me asomo a la ventana y jarreando. Me vuelvo a meter a la cama y sobre las 8 vuelvo a hacer otra intentona. Desayuno y sobre las 8,25 llamo a la Guardia Civil de Viana para preguntar por el estado del tiempo, me dicen que está lloviendo mucho y que si es para correr una carrera de bicis, que muy mal.
Pienso que los colegas de Mendillorri igual salían a las 8, 30h y todavía me da tiempo, pero sigue jarreando. Vuelvo a la cama y sobre las 9,05 de la mañana, llamo al móvil del organizador de Nalda y al preguntarle por el estado del tiempo, me dice que solamente está “txispeando”, que la temperatura es buena y que ahora mismo están saliendo los caminantes, que realizan el mismo recorrido que la carrera de montaña. Ante mis insistencias y mi nerviosismo, Marian me dice: si quieres vamos. Pues nada, levanto a Andrea, preparamos todo en un voleo y rápidamente nos desplazamos hasta allí.
Durante todo el viaje, la lluvia no hace intención de parar, y la temperatura es de 5 grados. Por mi cabeza, y sobre todo por la de mi mujer, nos planea el: ¿a dónde vamos con este maldito tiempo?.
Llegamos a Logroño y sigue txispeando a tope, hay mogollón de charcos por todos los lados. 10 minutos más tarde nos plantamos en Nalda, apenas se ve gente, solamente la salida y cuatro personas, pensaba que igual se había suspendido, pero me dicen que no. El
pueblo no tiene más que cuestas, bajando por sus calles ríos de agua.
Ya en la salida nos dicen que arriba está nevando, me junto con Alberto-Aratrónica y Salgado Mangas-Dantzaleku. Empieza la carrera, hace un frío abundante y no para de llover. Hablo un ratillo con Alberto y pregunto por ahí, ¿Dónde está la parte más dura? y me dicen que los primeros kilómetros, y me voy poco a poco hacia arriba.
Ya en las primeras estribaciones la dureza se hace mella en los corredores y enseguida tenemos que subir andando, ya un señor nos advirtió que guardáramos fuerzas para los 500 metros últimos de la subida. Luego viene un falso llano y ya empieza a nevar, el suelo está todo nevado y cuajado, pero con una capa muy fina. Luego otra subida más llevadera, habiendo subido unos 500 m . de desnivel y a partir del 5,5 kilómetro empieza la bajada.
Tengo las manos heladas, todavía no he entrado en calor, no he llevado ropa preparada y solamente me he puesto la parte alta del chandal del equipo. En esta fuerte pendiente, engancho con un korrikolari, al que le meto la chapa, y ya cuando empieza una pequeña subida, se me suelta la zapatilla, y me pasa otro corredor más, me engancho con este último y cuando llevo un rato, se me vuelve a soltar la zapatilla, no puedo ni apretar los cordones del frío que tengo, por lo que le digo a uno de los tres caminates que ha hecho toda la vuelta que me ate el cordón, que yo ni podía.
Ya por fin estamos en el pueblo 13.600 m , sigue lloviendo sin parar y mucho frío. Nadie te aplaude, nadie te da ánimos. Sigo helado. Me ducho, y sigo helado, la ducha es con agua fría.
Alguno se ha quedado mal con hipotermia y con las manos hinchadas. Llega también Alberto con
muchas molestias en sus piernas, sufriendo de la dura carrera. Solamente han recorrido la prueba 3 caminantes.
Nos han dado la bolsa del corredor, pero muchas de los regalos prometidos no han cumplido. Había hinchables en el frontón programados, pero dicen que por el mal tiempo no va a haber, cuando el frontón es cubierto.
Nos quedamos sin bollos preñados, sin yogures, sin bolsa de pasas y sin el lunch que habían prometido al final de la carrera, sin los hinchables, solamente un poco de chorizo y pan seco, y unas ciruelas pasas. Ya sé que el tiempo no acompañó, pero no se puede prometer cosas que luego no vas a cumplir, ni se le puede engañar a la gente con el tiempo, para que acudan a la carrera.
Ahora me voy a ventilar el vino de rioja que nos han dado, para olvidar esta pesadilla de carrera.
Carlos Arteta