En 1600 William Gilbert publicó De magnete
donde demostraba que las agujas de una brújula se orientaban hacia
el polo Norte como si la Tierra se comportase como un imán situado
en su centro y orientado según su eje de rotación. En
el año 2000 se cumplían 400 años de esto. En el
siglo XIX Karl Gauss demostró que el campo magnético de la
Tierra tenía su origen en su interior.
Convencionalmente los campos magnéticos se representan
por líneas de fuerza, éstas son líneas que
indican en todas partes la dirección del campo. La intensidad del
campo se representa por la distancia que separa líneas de fuerza
contiguas. En el lugar en que están muy juntas el campo es fuerte;
donde están muy separadas, débil. El campo magnético
de la Tierra es muy aproximadamente el de un dipolo magnético. En
la figura se muestran las líneas de fuerza para un campo dipolar,
sobreimpresionadas en la Tierra.
Hay dos puntos en donde las líneas de fuerza son
verticales. Éstos son los polos magnéticos, si el dipolo
está centrado en la Tierra éstos están a 180º
el uno del otro. Los polos magnéticos de la Tierra están
separados de los polos geográficos por alrededor de 18º. El
Polo Norte está en las islas del norte de Canadá; el Polo
Sur en la Antártida al sur de Tasmania. La intensidad del campo
es, aproximadamente, de 0,6 gauss en los polos magnéticos y 0,3
gauss en el ecuador magnético.
Actualmente, el campo magnético de la Tierra se
aparta algo de un dipolo. El campo cambia con el tiempo, fenómeno
conocido como la variación secular. Una parte importante
de la variación secular es la deriva hacia el oeste, consiste
en un movimiento hacia el oeste de las concavidades v convexidades características
de un campo no dipolar así como el de los propios polos magnéticos.
Esta es la razón por la que al campo magnético siempre
se le añade una fecha. El movimiento en relación con
la superficie de la Tierra es tal que las características del campo
podrían circundar la Tierra en unos pocos miles de años.
La deriva hacia el oeste, no obstante, no es toda la variación secular;
los caracteres del campo cambian su forma tanto como sus localizaciones.
Por último, la variación secular es un fenómeno mundial.
A grandes distancias el viento solar afecta la estructura
dipolar del campo magnético. En el lado que mira hacia el Sol las
líneas de fuerza se comprimen hacia la Tierra, mientras que en el
lado opuesto son empujadas en dirección contraria al Sol formando
una larga cola.
En Agosto de 2000 quedó operativa una flotilla
de 4 satélites Cluster que medirá simultaneamente
el campo magnético terrestre en varias zonas.
El campo magnético terrestre representa una protección
o pantalla contra las partículas del viento solar. En los momentos
de mayor debilidad del campo magnético, las partículas de
alta energía procedentes mayoritariamente del Sol pueden atravesarlo
¿puede ello influir en el clima terrestre?
La teoría de la dinamo
La teoría moderna del campo magnético de
la Tierra es atribuida principalmente a E. C. Bullard y W. M.
Elsasser. Se basa en las deducciones siguientes. El hecho de que la
variación secular sea un fenómeno mundial sugiere que el
campo se origina a grandes profundidades. Por otra parte, la variación
secular es demasiado lenta para ser atribuida a la atmósfera o a
los océanos. Los polos magnéticos están lo suficientemente
próximos a los polos geográficos como para sugerir que la
rotación de la Tierra tiene mucho que ver con el campo magnético.
La parte externa del núcleo de la Tierra es un líquido metálico.
Como tal, es un fluido conductor de la electricidad. Un fluido de este
tipo, cuando está en movimiento, puede interactuar con un campo
magnético y éste, a su vez, influir el movimiento del fluido.
De acuerdo con la teoría de la dinamo, la Tierra comenzó
sin un campo magnético propio. Sin embargo, en la Galaxia existen
siempre débiles campos magnéticos, y si uno de ellos aparece
cuando se producen movimientos en los fluidos del núcleo, el campo
influirá sobre el movimiento. Bajo circunstancias adecuadas este
tipo de movimientos creará un campo magnético propio. Por
una acción de dinamo en el núcleo de la Tierra se regenera
un campo magnético de la galaxia dando origen al campo magnético
mucho más fuerte de la Tierra.
Se sabe que los dos requisitos, un campo inicial débil
y el movimiento de fluidos, son insuficientes por ellos mismos de dar lugar
a una acción de dinamo. Pero los movimientos de líquidos
en la Tierra están también influenciados por la rotación
de ésta. La rotación provee de una tercera condición
vital para hacer posible la dinamo regeneradora. Una razón por la
cual Venus no tiene campo magnético puede ser la rotación
tan lenta del planeta.
El papel fundamental jugado por la rotación en
esta teoría sugiere que los polos magnéticos deberían
estar cercanos a los polos geográficos. Es fácil encontrar
razones por las cuales momentáneamente ambos polos no deberían
coincidir, pero una diferencia excesiva sería difícil de
explicar.
Los movimientos de fluidos que producen la dinamo son
algunas veces inestables, y a consecuencia de estas irregularidades se
produce la variación secular. La inestabilidad puede causar la inversión
del campo en un tiempo relativamente corto, de manera que el polo
norte magnético aparece cerca del polo sur geográfico.
Magnetismo de las rocas
Unos pocos minerales son magnéticos y las rocas
en los que se encuentran pueden, a su vez, transformarse en magnéticas.
Es posible medir la intensidad y la dirección del magnetismo de
una roca, este último dato nos capacita para determinar la dirección
del campo magnético en el pasado. Los minerales magnéticos
contienen átomos de ciertos elementos, de los que el hierro es el
único ejemplo natural importante, que se comportan como pequeños
imanes. En ciertos cristales los imanes atómicos están orientados
paralelamente los unos a los otros, razón por la cual el material
es magnético. Los minerales magnéticos más importantes
son la magnetita Fe3O4, hematites Fe2O3,
y en menor grado la ilmenita FeTiO3 y la pirrotina Fe1-xS.
Todos estos minerales son ferrimagnéticos en contraposición
con los materiales ferromagnéticos tales como el hierro metálico.
En los materiales ferromagnéticos todos los imanes atómicos
se alinean en una dirección común, mientras que en las sustancias
ferrimagnéticas algunos de los imanes señalan en una dirección
y otros en la opuesta. Pero en todo caso el número de imanes, o
sus grados de intensidad, no son iguales en las dos direcciones, de modo
que queda un magnetismo neto remanente. Cuando un cristal ferrimagnético
se calienta por encima de una temperatura claramente definida, llamada
punto
de Curie, el alineamiento común a todos los imanes atómicos
se destruye y el cristal se vuelve paramagnético. Los imanes
atómicos están ahora orientados al azar, y el magnetismo
del cristal está debilitado en varios órdenes de magnitud.
Muchos de los minerales relacionados con el hierro son paramagnéticos
aun a temperatura ambiente, razón por la cual su magnetismo es poco
importante.
El modo mediante el cual una roca se imanta depende del
tipo de ésta. Las lavas cristalizan a temperaturas superiores al
punto de Curie de sus minerales magnéticos. Como se enfrían
pasando por el punto de Curie existe una tendencia a que los minerales
se imanten en la dirección del campo presente en aquel momento.
Teóricamente es posible que una roca se imante
en dirección opuesta al campo pero este fenómeno, llamado
autorreversion,
parece
ser poco frecuente. Al magnetismo adquirido por enfriamiento a través
del punto de Curie, se le conoce con el nombre de magnetización
termorremanente. Las rocas sedimentarlas, que nunca han sido calentadas,
también pueden ser imantadas. A este fenómeno se le llama
magnetización
remanente isotérmica
y se produce principal mente de dos formas.
Si algunos de los granos en la roca están ya imantados, durante
la sedimentación tendrán una ligera tendencia a alinearse
con el campo existente, tal como lo hace una aguja de brújula. Aun
un pequeño valor en la orientación preferencial producida
de esta manera dará a la roca una imantación mensurable.
Alternativamente, los minerales imantados pueden ser precipitados químicamente
en los poros del sedimento, como en el caso de las areniscas cementadas
por hematites. Estos minerales tienden a orientarse de tal manera que su
magnetismo es paralelo al del campo magnético local del momento.
No se ha sugerido ningún mecanismo de autorreversión para
los sedimentos.
Pa1eomagnetismo
El estudio del magnetismo de las rocas, y en particular
de sus direcciones de imantación, nos puede informar sobre la posición
de las rocas en la superficie de la Tierra en el momento en que fueron
imantadas. Como puede imaginarse, es posible hacer ciertas suposiciones
que nos permitan extraer información de los datos magnéticos.
Algunos de estos supuestos pueden experimentarse y establecer su validez,
pero otros carecen de confirmación experimental aunque teóricamente
son plausibles.
Un requisito primordial del paleomagnetismo es que el
magnetismo adquirido por una roca al formarse debe estar orientado en la
dirección del campo magnético existente en aquel momento.
La roca debe conservar su dirección original de magnetización
aun si es desplazada, y en consecuencia expuesta al campo magnético
de la Tierra de dirección diferente durante cientos de millones
de años. Esta segunda propiedad, conocida como estabilidad, no
aparece en todas las rocas, sin embargo se han ideado test de estabilidad
dignos de confianza. Desde que es objeto de verificación, la estabilidad
no es un supuesto separado del paleomagnetismo; solamente necesitamos suponer
que la roca fue imantada en la dirección del campo que prevalecía
en el momento de su formación.
Un segundo supuesto del paleomagnetismo es el de que
las rocas fueron imantadas en un campo dipolar. Un test de este supuesto
podría ser la medición de las direcciones de imantación
en rocas de la misma edad en varios lugares ampliamente separados. Pero
este test requiere el conocimiento de las localizaciones relativas de un
lugar respecto del otro en el pasado, y esto no lo sabemos. Lo mejor que
se puede hacer es estudiar las rocas de la misma edad, tan alejadas entre
sí como sea posible dentro de un mismo continente. En los lugares
en que se han hecho tests, se han obtenido resultados consecuentes con
un campo dipolar. Sin embargo, la discriminación no es tan buena
como la que se obtendría mediante una serie de ejemplos de todo
el mundo de los que fueran conocidas sus posiciones relativas. Hay también
justificaciones teóricas para suponer un campo dipolar, pero éstas
se deducen de la teoría de la dinamo, la cual no es á aún
completamente ultimada. No pueden excluirse otras formas de campos magnéticos.
La suposición de un campo dipolar es consecuente con el campo actual
y con lo poco que sabemos del campo en el pasado y tiene la virtud de ser
la más simple de las que podemos hacer. No será abandonada
hasta que se presenten pruebas que muestren claramente que es errónea.
Como podemos ver, la suposición de un campo dipolar
nos conduce a la conclusión de que algunos lugares paleomagnéticos
se han desplazado con relación a otros. Si abandonamos el supuesto
de un campo dipolar y aceptamos en su lugar que estos movimientos tienen
alguna normativa particular (podríamos suponer, por ejemplo, que
no hay movimiento en absoluto), deberíamos entonces deducir la disposición
geométrico del campo que debería ser consecuente con las
observaciones magnéticas y las supuestas localizaciones de estos
lugares. Pero esta nueva serie de suposiciones no serían más
plausibles que las que aceptaban un campo dipolar, ni podrían apoyarse
en bases experimentales seguras. En muchos casos, serían necesarias
líneas de fuerza con disposiciones irregulares, y no tenemos garantías
de que exista un mecanismo capaz de producir un campo de este tipo.
El supuesto final del paleomagnetismo es que los polos
magnéticos y geográficos coincidan. El polo sur magnético
puede coincidir con el polo norte geográfico como resultado de una
reversión magnética, sin embargo la diferencia de latitud
entre los polos se considera cero. Esta suposición parece sorprendente
a la vista del hecho de que los polos magnéticos están normalmente
en latitudes de 72º en lugar de 90º, pero algunos de los primeros
trabajos paleomagnéticos le dieron base experimental. Una segunda
consecuencia de la extensión temporal de los datos es que las componentes
no dipolares del campo magnético tienden a cero. Sin embargo las
rocas volcánicas enfriadas rápidamente a través del
punto de Curie darán la dirección del polo norte instantáneo.
Con lavas de edades ligeramente diferentes se puede hallar un polo promedio
para la época que coincide con el polo geográfico. Esta confirmación
de coincidencia de los polos se obtiene sólo para rocas recientes,
la extensión a otras épocas se hace en base al papel importante
que juega la rotación de la Tierra en la teoría de la dinamo.
La dirección de la imanación de una roca
viene dada por la inclinación I o ángulo que forma
la dirección de imanación con la horizontal, y la declinación
o
ángulo que forma la dirección de imanación con el
polo norte geográfico. En el caso de un campo perfectamente dipolar
centrado axialmente y con coincidencia de los polos magnético y
geográfico la declinación es siempre nula, mientras que la
inclinación magnética I y la latitud L(geográfica
o magnética da igual con este supuesto) cumple la relación
: tan I= 2 tan L .

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