El Krakatoa|El Vesubio|El Kilauea| El Nevado del Ruiz|El Chichón
El
27 de agosto de 1883 la isla volcánica de Krakatoa se hundía en el estrecho de
Java y Sumatra, debido a una erupción
explosiva del volcán
del mismo nombre. Muchos testigos pensaron que se trataba del Día del Juicio
Final. De hecho, el ruido provocado por la explosión volcánica se pudo oír a
unos 4800 kilómetros de distancia. Su saldo de víctimas fue de 40.000 muertos,
la mayoría de habitantes de islas colindantes, que fueron literalmente barridas
por olas de hasta 35 metros de altura –tsunamis- (las crónicas cuentan cómo
un barco militar europeo fue encontrado en plena selva indonesa, a casi 4 kilómetros
de la costa más cercana). La potencia destructiva de la explosión del volcán
Krakatoa, medida en megatones superaría cuatro veces la bomba nuclear más mortífera
creada por el hombre. Desde 1927, 44 años después del hundimiento en el océano
de la isla volcánica Krakatoa, se empezaron a registrar nuevas erupciones
en el fondo del mar. El material volcánico que ha salido a la superficie ha
venido conformando a lo largo del último siglo una nueva isla, conocida por los
habitantes de Java y Sumatra como Anak Krakatoa (el hijo de Krakatoa), del que
dicen será más mortífero aún que su padre, dada la acumulación de fuerzas
volcánicas en el fondo marino que persiste aún hoy en día.
Hay otros volcanes italianos, hoy activos y más altos que éste (Stromboli,
Vulcano, Etna, etc.), pero ninguno ocupa una página tan destacada en la
historia de la Vulcanología, como el Vesubio.
En el año 79 d.C, durante el imperio de Tito, parte de la Campaña romana se
vio asolada por una tragedia volcánica. El Vesubio,
cerca de la actual Nápoles, cubría de cenizas en pocas horas la ciudad de
Pompeya y anegaba en fango las
de Herculano y Stabias. La cobertura con que el volcán
recubrió a Pompeya ha facilitado, paradójicamente su conservación casi
intacta, lo que ha permitido al historiador, desde el siglo XVIII, conocer muchísimos
más detalles de la vida romana. La mayoría parte de las 20.000 personas que
murieron en dichas ciudades sufrieron asfixia debido a los vapores de azufré
emanados del cráter del Vesubio.
Se considera que el Vesubio está extinguido. Es una atracción turística de primer orden y sus laderas están
recubiertas de flora variada y viñedos. Entre los aspectos más importantes de
los descubrimientos arqueológicos de Pompeya, destaca el grado de conservación
extraordinario de los objetos encontrados. La lluvia de cenizas húmedas que
acompañó a la erupción formó un sello hermético sobre la ciudad, conservando muchas estructuras públicas,
templos, teatros, termas, tiendas y casas particulares. Además, entre las
ruinas se encontraron los restos de más de 2.000 víctimas del desastre,
incluidos varios gladiadores encadenados para que no se escaparan o se
suicidaran.
En el territorio de los USA cabe destacar el volcán Kilauea. Se asienta en la parte sur de la isla hawaiana de Fauna Loa, es uno de
los más activos del planeta. Se caracteriza por su lenta emisión, casi
ininterrumpida de lava, que puede cubrir grandes extensiones de terreno e
incluso llegar al mar, formando uno de los espectáculos más vistosos de la
naturaleza, cuando los pedazos de roca ardiente y brillante se sumergen en las
aguas del océano pacífico y con el tiempo se consolidan, por lo que este tipo
de volcán, consigue que la isla le gane metros al mar. La impresionante caldera del Kilauea
tiene una profundidad de 165 metros, y su diámetro varía entre 3 y 5 kilómetros.
En detrimento de otros volcanes hawaianos, como Loihi, Mauna Loa o el Hualalai, el Kilauea es considerado por
los nativos como el hogar de la diosa del fuego, Pele.
Volcán del tipo vulcaniano situado en las cercanías del departamento colombiano de
Tolimá, que alcanza una altitud de 5400 metros sobre el nivel del mar. Este volcán es tristemente famoso por la erupción
que en noviembre de 1985 causó 23.000 víctimas mortales y la desaparición
total de la población de Armero, arrastrada por una avalancha de fango, llamada
en términos geológicos, lahar, y que a su vez desbordó las cuencas del río
Lagunillas. Armero ya había sido construido un siglo antes sobre material volcánico
y piroclástico procedente del volcán Nevado del Ruiz. En esta ocasión, el
Nevado del Ruiz, tenía en su cumbre una gruesa capa de hielo y nieves, que se
derritieron con las explosiones y altas temperaturas que se alcanzaron en el cráter.
Todo ese material derretido rodó por las laderas del monte encontrando en el
valle de Armero el escenario propicio para la catástrofe. A su vez, la lava al
ser enfriada por el glacial que rodeaba su cresta, cubrió la atmósfera de un
manto espeso de ceniza que no tardó en llover sobre la ciudad de Armero. No
obstante los vecinos no evacuaron inmediatamente la población cuando la ceniza
cubría casas y calles, puesto que las autoridades no previeron el efecto
catastrófico posterior, provocado por aludes y lahares.
El Krakatoa
El Vesubio
El Kilauea
El Nevado del Ruiz