Relación de continentes y corrientes marinas

Corrientes oceánicas y circulación termohalina

Debilitamiento durante las glaciaciones

Muchos científicos de hoy teme que el calentamiento global puede provocar la parada de corrientes oceánicas que hay en el océano Atlántico. Hoy en día la corriente mas importante es la corriente de Golfo que empieza en calientes mares del Caribe y transporta agua caliente, fluye por la costa Este de EE.UU. y luego cruza el Atlántico haciendo posible el clima como hoy sabemos en los países como Noruega, Suecia, Finlandia, Inglaterra, Islandia y también hace el clima mas suave en península Ibérica y Francia. Claro ejemplo de que hubiera sido la gran parte de Europa sin la Corriente de Golfo se puede observar actualmente en Canadá, donde la clima en latitudes similares es mucho mas frío que en continente europeo. El debilitamiento de la Corriente del Golfo, provocado a su vez por un debilitamiento de todo el sistema de corrientes termohalino, provocaba durante las glaciaciones un enfriamiento en todo el Atlántico, y probablemente en todo el globo.

Parece probable que durante las glaciaciones y los períodos más fríos del Pleistoceno la circulación termohalina perdía fuerza al fallar el mecanismo de hundimiento del agua en los Mares Nórdicos, motivado por la disminución de la salinidad de las aguas superficiales. Al norte del paralelo 50ºN, la cinta transportadora se trababa y no funcionaba, o bien lo hacía con menor intensidad. De todas formas, incluso en los períodos más fríos de las glaciaciones, la formación de hielo invernal permitía que se mantuviese siempre en el Atlántico Norte una cierta producción de agua profunda.

Ultima Glaciación. Diferencias de la circulación termohalina en el Atlántico en los periodos fríos (izquierda) y en los periodos cálidos o episodios Dansgaard-Oeschger(derecha) (trazo rojo: circulación superficial; trazo morado: circulación profunda; trazo blanco: frente polar oceánico).

Los casos preocupantes del Joven Dryas y del episodio de enfriamiento del 8.200 aC

En los últimos años a la preocupación por el calentamiento global se ha añadido el temor de que un parón abrupto de la Corriente del Golfo pudiese ocasionar un brusco enfriamiento de Europa semejante al que ocurrió durante el Joven Dryas, hacia el 13.000 aC. La glaciación parecía ya haber acabado cuando bastante súbitamente el clima del Atlántico se enfrió, repercutiendo luego el enfriamiento a escala casi global.

Las causas iniciales del brusco enfriamiento del Joven Dryas siguen siendo bastante inciertas. En aquella época, hace 13.000 años, la insolación estival en el hemisferio norte era mayor que la actual y continuaba aumentando (el máximo se llegaría en el 11.000 aC). Por lo tanto, no había un motivo astronómico, derivado de los ciclos de Milankovitch, para tal enfriamiento. Probablemente, la clave del evento estuvo en el Atlántico. Se sabe que el sistema de corrientes del Atlántico de nuevo se debilitó y las aguas superficiales polares avanzaron hacia el sur, hasta la latitud de la Península Ibérica. La microfauna fósil de los sedimentos marinos frente a las costas de Lisboa indica un enfriamiento de unos 10ºC en la temperatura del agua superficial. La aparición en los sedimentos oceánicos de las latitudes medias del Atlántico Norte de foraminíferos de aguas polares, como la Neogloboquadrina Pachyderma de cola levógira, y de derrubios terrígenos transportados por icebergs y depositados en el fondo del mar, son muestra del enfriamiento agudo que se produjo durante el Joven Dryas, entre el 13.000 aC y el 11.500 aC aproximadamente.

Una hipótesis sobre lo que pudo ocurrir en el Atlántico Norte, ideada por el oceanógrafo Guayabee Broker, es la siguiente. Al comienzo de la del glaciación, en el período cálido Boeing-Allerød, la progresiva fusión de los hielos del manto Laurentino había ido formando en su borde meridional un gran lago de agua dulce, el lago Agassiz, al oeste de la región que hoy ocupan los grandes lagos americanos. Este lago tenía una salida de aguas hacia el sur, a través del río Mississippi, que acababa desembocando en el Golfo de México.

Pero rápidamente, cuando se derritió una barrera de hielo del borde oriental del lago, que cortaba hasta entonces su comunicación con el Atlántico Norte, las aguas dulces comenzaron a desaguar allí a través del canal de San Lorenzo, en Quebec. Este aporte, cuyo caudal fue durante unas decenas de años superior al caudal actual del Amazonas, produjo una brusca disminución de la salinidad y densidad del agua superficial del Atlántico Norte, lo que frenó el mecanismo de hundimiento y producción de agua profunda (NADW). En consecuencia, se debilitó el sistema de circulación termohalina y, con él, la Corriente del Golfo. De esta forma, el Atlántico Norte se vió sometido a un largo período de vuelta al frío, que duró más de mil años, el Joven Dryas.

Joven Dryas. Hipótesis según la cual el retroceso del frente del Manto Laurentino hizo que el agua dulce del Lago Agassiz fuera a parar a través del Río San Lorenzo al norte del Atlántico, en vez de al Golfo de México, disminuyendo la densidad del agua superficial y frenando de esta manera la (o circulación meridiana volteante

La hipótesis de Broecker ha ido posteriormente ganando consistencia, matizándose y aplicándose también a otras oscilaciones térmicas ocurridas durante el transcurso de la desglaciación y de comienzos del Holoceno. La desviación de la ruta de las aguas de deshielo del manto Laurentino, unas veces hacia el este y otras hacia el sur, acarrearía y desproveería sucesivamente de masas de agua dulce al norte del Atlántico. Con la ruta hacia el este (desembocadura en el norte del Atlántico), la circulación termohalina oceánica se debilitaría, y en el segundo caso, cuando el desagüe principal fuese hacia el sur (desembocadura en el Golfo de México), la circulación termohalina se intensificaría. Existiría un efecto oscilatorio entre las dos situaciones, ya que el retroceso del hielo en tiempos cálidos, cuando el desagüe era hacia el sur, abriría en un momento determinado el desagüe hacia el este, que debilitaría el conveyor belt y enfriaría de nuevo el agua del Atlántico Norte. Cuando, con el frío, el manto de hielo avanzase de nuevo hacia latitudes más bajas, se cortaría la comunicación del San Lorenzo y se produciría otra vez un mayor desagüe hacia el sur, volviéndose a la situación inicial.

De todas maneras, recientes estudios geológicos en la zona del lago Superior y de la Bahía de Hudson no han logrado encontrar pruebas a favor de este desvío catastrófico de las aguas del lago Agassiz. Por eso una nueva hipótesis que puede ganar fuerza es que el incremento de agua dulce en la región más septentrional del Atlántico fuera causado por un mayor desagüe de agua dulce desde el Ártico a través del estrecho de Fram, entre Spitzbergen y Groenlandia. En la actualidad, a través de este estrecho circula hacia el sur, sobre todo en invierno, una fuerte corriente con hielo marino que procede del Artico. Es posible que durante el Joven Dryas, el Artico recibiese agua dulce de deshielo desde el sector occidental del manto de hielo norteamericano, en la región de Keewatin, y que también hubiese un desague importante del deshielo a traves de la Bahía de Hudson. Este exceso de agua dulce era luego exportado hacia el Atlántico Norte a través del estrecho de Fram y frenaba la circulación termohalina (circulación meridiana volteante).

Joven Dryas. Existían también desagües que iban directos al Artico y que procedían de los lagos del noroeste y del domo de hielo que aún resistía en Keewatin. Es muy posible que fueran estas aguas dulces de deshielo las que, tras atravesar el estrecho de Fram, salieran del Artico y frenaran la formación de agua profunda y la circulación termohalina, por el endulzamiento de las aguas, en los Mares Nórdicos de Groenlandia, Islandia y Noruega (mares GIN)

Ya durante el Holoceno, hace 8.200 años, se produjo otro episodio abrupto de enfriamiento, que duró unos 400 años y que no fue tan agudo como el del Joven Dryas, aunque su existencia es constatable en numerosos yacimientos oceánicos y terrestres. Afectó especialmente a Groenlandia y a Europa, pero hay indicios de ese enfriamiento en otras regiones lejanas, como China o Africa tropical, en donde provocó también episodios secos y ventosos . Por el contrario, los sondeos en el hielo de la estación Vostok, en la Antártida, señalan que allí coincidió más bien con un episodio de calentamiento.

Probablemente, una invasión de agua dulce en el Atlántico Norte, procedente de aguas de fusión del manto Laurentino retenidas en lo que quedaba de los lagos Agassiz y Ojibway (situado al sur de lo que es hoy la Bahía de Hudson), ralentizó la circulación termohalina, en un fenómeno parecido al del Joven Dryas, aunque de mucha menor intensidad. La Corriente del Golfo se debilitó y durante unos siglos las temperaturas disminuyeron varios grados en Groenlandia y en el norte del Atlántico. El fenómeno repercutió probablemente incluso en las aguas del Trópico. La temperatura descendió en la costa del noroeste de África hasta un nivel casi semejante al de la glaciación. Posteriormente, en poco tiempo, agotado el aporte de agua dulce, las corrientes recuperaron su flujo normal y las temperaturas volvieron a ascender

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