Huracanes o ciclones tropicales

En meteorología, un Ciclón tropical (denominado también huracán, ciclón, tifón, tormenta tropical o depresión tropical dependiente de su fuerza y localización) es una tempestad fuerte que se forma en el mar y suele provocar vientos con velocidades superiores a 120 km/h). Un huracán cubre una área circular de entre 300 y 800 km aproximadamente. En la tempestad hay vientos fuertes y lluvias que rodean un "ojo" central, que suele tener unos 25 km de diámetro. No obstante, el mayor daño a la vida y a la propiedad no es resultado del viento, sino de la subida de las mareas y las crecidas fruto de las lluvias torrenciales. Hoy en día, los huracanes son detectados por satélite desde el momento que empiezan a formarse y por esto generalmente hay una diferencia de 3 o 4 días entre su detección y el inicio de la tempestad.

Terminología

Los ciclones tropicales se clasifican en 3 grupos atendiendo a la velocidad del viento que originan: depresiones tropicales, tormentas tropicales y un tercer grupo que recibe diferentes nombres según la zona geográfica dónde se produce:huracanes,ciclones o tifines. Las depresiones tropicales son sistemas organizados de tormentas con una circulación superficial definida y vientos sostenidos máximos de hasta 17 metros por segundo (33 nudos, 38 millas/h o 62 km/h). No poseen ojo, y normalmente tampoco presentan la típica forma de espiral de las tormentas más fuertes. Las tormentas tropicales tienen una circulación superficial definida y vientos sostenidos máximos de entre 17 y 33 metros por segundo (34 a 63 nudos, 39 a 73 millas/h o 62 a 117 hm/h). Cuando llegan a este punto, las tormentas adquieren su distintiva forma ciclónica, si bien todavía no muestran un ojo. El último grupo, formado por huracanes, tifones y ciclones (diferentes nombres para un mismo fenómeno), reúne los ciclones con vientos sostenidos de una intensidad superior a los 33 metros por segundo (63 nudos, 73 millas/h o 117 km/h). Presentan la característica forma de espiral alrededor del ojo central.

Formación

Aun cuando todavía no se conoce a la perfección el proceso por el cual se forma un ciclón tropical, sí que se sabe, en cambio, que son necesarios como mínimo 3 factores:

Efectos

Cuando se encuentran en mar abierto, los ciclones tropicales incrementan de forma notable el oleaje, y las lluvias y los fuertes vientos pueden afectar embarcaciones hasta hundirlas. No obstante, los efectos más devastadores tienen lugar cuando estos fenómenos llegan a tocar tierra. Un ciclón tropical que afecta tierra firme puede provocar daños de cuatro formas diferentes :

  • Viento: Los vientos pueden destruir completamente vehículos, edificios, vías de comunicación, etc. Aparte de esto convierte en proyectiles a gran velocidad distintos objetos cómo pueden ser elementos del mobiliario urbano (semáforos, papeleras, indicadores, etc.), objetos que sobresalen de las fachadas (rótulos), ramajes de los árboles...
  • Marea: Los huracanes producen un incremento en el nivel del mar que puede inundar comunidades costeras enteras. Es justamente este el efecto más devastadores, puesto que el 80% de las víctimas de un ciclón mueren en los lugares donde estos tocan tierra.
  • Lluvia torrencial: Las precipitaciones intensas pueden provocar desprendimientos en zonas montañosas, aparte de desbordar cursos fluviales y otras masas acuáticas próximas.
  • Tornados: La rotación continua de un ciclón a menudo fomenta la formación de tornados. Aunque estos tornados normalmente no son tan fuertes como los que se forman fuera de las áreas tropicales, pueden provocar graves daños.
  • Muchas veces, tras el paso de un ciclón, sus efectos secundarios continúan afectando la población. Así pueden originar:

    Ciclones y cambio climático

    La comunidad científica no se pone de acuerdo en una hipotética relación entre el cambio climático y el incremento en el número de ciclones tropicales observado en los últimos años -especialmente con respecto al Atlántico Norte- y la virulencia de estos. No se puede afirmar que el huracán Catrina se deba al cambio climático. Los devatadores efectos que causó en Nueva Orleans se deben más a un deficiente estado de los muros de contención que impiden la inundación de la ciudad. No obstante el calentamiento global causa una mayor temperatura del mar y ese es la principal fuente de energía de los huracanes. Así pues el cambio climático provocará un mayor número e intensidad de los huracanes y esto es lo que se observa en las estadísticas, donde las últimas décadas que salen claramente de la normalidad: