El hecho fundamental que la justifica es la presencia en todas las latitudes (descontando la deriva de los continentes) de vestigios de hielo, en las capas geológicas que corresponden a una misma era, el proterozoico, hace entre 800 y 550 millones de años.
Rodinia, el supercontinente que reunía toda la tierra emergida del planeta empezó a fracturarse hace justamente 800 millones de años. Esta dislocación fue provocada por movimientos magmáticos en la corteza terrestre, acompañados por una fuerte actividad volcánica. El contacto de la lava con los océanos y la aparición de brazos de mar en el ecuador aumentaron la cantidad de vapor en el aire y luego multiplicaron las lluvias.
Hace 770 millones de años, los continentes resultantes de la disgregación del supercontinente de Rodinia convergieron cerca del Ecuador. Las fuertes precipitaciones erosionan mas rápidamente las rocas continentales. Parte del gas carbónico CO2 se almacenó en el fondo de los mares bajo forma de carbonatos. Además la lava se solidificó en los continentes en forma de superficies basálticas que consumen mucho carbono. Al bajar la concentración de CO2, principal gas responsable del efecto invernadero, disminuye la temperatura, y se forma en los océanos polares enormes extensiones de hielo.
El mayor albedo del hielo refleja más radiación solar y por retroalimentación positiva se produce una mayor caída de la temperatura. Este ciclo de realimentación desencadena un enfriamiento sin fin que termina por cubrir en el plazo de un milenio toda la Tierra de hielo.
La Tierra se convierte en un planeta totalmente helado (hace 750 millones de años, con una temperatura de -20 grados en el ecuador y de -80 en los polos.) Los océanos se cubren de una capa de hielo de más de un kilómetro de espesor; sólo el calor que emana del interior de la tierra sirve de freno. La mayoría de los microorganismos marinos mueren, salvo los que se arreciman en torno a los manantiales termales oceánicos. El aire frío y seco detiene el crecimiento de los glaciares terrestres, creando vastos desiertos de arena arrastrada por el viento. Esta situación no mejora hasta que se produzca otra retroalimentación: Las placas tectónicas se mueven y producen volcanes, que expulsan CO2 . Este gas sube a la atmósfera y produce un efecto invernadero que hace que la temperatura aumente, y por lo tanto, el hielo se derrite, cosa que produce menor albedo, es decir, menos hielo cada vez. Sin lluvia, el dióxido de carbono emitido por los volcanes se acumularía en la atmósfera hasta niveles increíbles, suficientes para calentar el planeta y poner fin a la glaciación global.
Tras 10 millones de años de actividad volcánica, la concentración atmosférica de dióxido de carbono se había multiplicado por mil. El efecto de calentamiento de invernadero que se inicia impulsa las temperaturas hasta el punto de fusión del agua en el Ecuador. Con el calentamiento del planeta, la humedad del hielo marino que se sublima en la vecindad del ecuador vuelve a congelarse a mayores alturas y alimenta el crecimiento de los glaciares terrestres. Las áreas de mar abierto que con el tiempo se forman en los trópicos absorben más energía e inician un aumento más rápido de las temperaturas. En cuestión de siglos, un mundo sofocante de calor y humedad suplantará al gélido anterior.
Con el deshielo de los océanos tropicales el agua del mar se evapora y asociada al dióxido de carbono, refuerza el efecto de invernadero. Las temperaturas en superficie superan los 50ºC, alimentando un intenso ciclo de evaporación y lluvias. Descargas torrenciales plenas de ácido carbónico erosionan la roca que dejan tras de si los glaciares en retirada. En sus crecidas los ríos arrastran el bicarbonato y otros iones hacia el océano, dónde forman sedimentos carbonatados. Nuevas formas de vida, engendradas por el prolongado aislamiento genético y la presión de selección, bullen por doquier mientras el clima global retorna a la normalidad.
Cuando los continentes se hayan más próximos a los polos, situación actual, las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono se mantienen altas, conservando caliente el planeta. Cuando las temperaturas globales se desploman y los glaciares cubren los continentes a altas latitudes, situación actual de la Antártica y Groenlandia, las capas de hielo impiden la erosión de las rocas subyacentes. Al sofocar así el proceso de enterramiento del carbono, el dióxido de carbono de la atmósfera se estabiliza muy concentrado y frena el avance de los hielos.
Ahora bien, durante el neoproterozoico, los continentes estaban agrupados en los trópicos, con lo cual los hielos dejan de acumularse, aún cuando la tierra se enfriase y se acercase al umbral crítico de glaciación global. El dióxido de carbono, se tornaría ineficaz, porque se hundiría en los sedimentos una cantidad excesiva de carbono.
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