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.: Brasil, 12 a 30 de Agosto de 2006 :. |
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INTRO Novament el dilema de l’idioma. Ara que ho penso, hem tingut (M. i jo) uns quants inputs idiomàtics durant el viatge, entre d’altres els comentaris de dos exErasmus francesos que es lamentaven de no haver tingut prou amb saber espanyol per a estudiar i treballar a Barcelona. De fet, un d’ells va haver de renunciar a la beca de treball perquè ningú sabia parlar espanyol en el seu lloc de treball. Jo no crec que el personal d’un laboratori de la Universitat de Barcelona (el lloc de treball de l’exErasmus era allà) només es parli català. El que passa és que la defensa de la llengua porta a alguns a afirmar que només parla català (quan és fals). Des del nostre punt de vista, i tenint en compte la paciència que ha tingut tanta i tanta gent amb naltres per aquests móns de Déu, hem de dir que ens resulta inconcebible negar l'auxili idiomàtic. Jo (i tots naltres) sabem l’espanyol, i emprar-lo per a comunicar-nos amb d’altres, no treu que vulguem defensar el català i que afirmem que el català és la llengua pròpia de Catalunya.
Torno al dilema. Dubto si escriure en català o castellà. Dubto perquè confesso que aquesta pàgina té una certa audiència en espanyol (bàsicament americana), que en aquest viatge s’ha incrementat, però, com es veu, em domina la llengua materna.
M’he pres un descans i he determinat continuar en espanyol (per lo explicat anteriorment) des de ja.
Voy a ahorrar la disquisición mental anterior a los lectores de ‘solo español’. Diré solo que (una vez más) han asomado mis remordimientos idiomáticos. Pero, soy tan feliz con mis remordimientos …
Ahora me viene a la mente una cita de la Autobiografía (1936) de G. K. Chesterton, que leí recientemente (este verano) en la columna dominical del periódico ‘El País’ (suplemento Catalunya) del gran Enrique Vilamatas. Es esta.
«La mitad de los males del hombre moderno es que lo han educado para entender idiomas extranjeros y no entender a los extranjeros. El viajero ve lo que ve; el excursionista ve lo que ha venido a ver». |
Escena de “una casa de locos” o “L'auberge espagnole” (Francia, 2002) de Cédric Klapisch, con el "Prac Güell" de fondo. Aquí (en la película) estudiantes Erasmus de diferentes países europeos van a parar a un piso de la flamante Barcelona (España, Europa, …) postolímpica. Allí (en el piso) impera el caos y el desorden, incluso la suciedad y la irresponsabilidad. Allí (en Barcelona) se ponen manifiesto las tensiones y contradicciones entre países, lenguas y culturas de las diferentes personas (de el piso, la ciudad y el país también). Y al final, todos están condenados a entenderse allí (en el piso, la ciudad y el país). Esta (estupenda) película da algunas claves para acomodarse a una cultura, una lengua, una gente y unas costumbres 'diferentes'; en definitiva, da algunas claves para viajar. |
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ORDEM E PROGRESSO, el culto a la bandera La bandera de Brasil es una de aquellas que todo el mundo reconoce. Pese a ello, confieso que nunca havia reparado en el lema ORDEM E PROGRESSO, ni en el simbolismo de todos sus elementos.
El fondo verde remite a la potencia vegetal de esa tierra, sobre el cual se ubica un gran diamante amarillo que luce un globo celestial con 27 estrellas de cinco puntas (una por cada estado, dispuestas tal y como se observan en la noche brasileña). El globo se atraviesa con una banda blanca (a modo ecuador) con el lema ORDEM E PROGRESSO. Es un lema precioso, a la altura del «Liberté, Egalité, Fraternité».
Yo estoy más por que ‘el nombre hace la cosa’, que por ‘la cosa hace al nombre’. Y semejantes definiciones («Liberté, Egalité, Fraternité» o «ORDEM E PROGRESSO») son puntos de partida bellos e inspiradores. Pero ocurre que mientras que el lema francés se antoja (teóricamente) conseguido, sobre el brasileño se tiene una percepción (práctica) de obra inacabada.
Imaginemos una mezcla de ambos lemas como nueva declaración de intenciones para una hipotética república (como estado ideal). Un lema como «Liberté, Egalité, Fraternité, ORDEM E PROGRESSO» seria una especie de manual de uso para políticos, que casi haría innecesaria la existencia de constitución.
En cualquier caso, y volviendo al tema de la bandera brasileña, sorprende la utilización de se hace de ella. No parece tener mucho que ver con el culto patriótico (como símbolo de poder), más bien parece un juego estético (herramienta de marketing) que persigue la captación universal de ‘clientela’. Supongo que será que por eso que la bandera puede ‘decorar’ cualquier objeto, incluso aquellos que podrían antojarse inadecuados, como las informales chanclas “Havaianas” (www.havaianas.com). |
La bandera del Brasil.
"ORDEM E PROGRESSO", lema fantástico.
Zidane + Ronaldinho = «Liberté, Egalité, Fraternité, ORDEM E PROGRESSO».
Las chanclas "Havaianas" como símbolo nacional del Brasil. |
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Lula, el ‘Calamar Pernambucano’, y la corrupción Una constante de nuestro viaje ha sido la (pre) campaña política para las elecciones del 1 de octubre de 2006.
Estas elecciones renovarán el ejecutivo federal (Presidencia de la república), el Senado y la cámara federal (Senadores y diputados federales), Ejecutivo estatal (Gobernadores) y asambleas legislativas (diputados estatales, de distrito, y de territorio). Es decir, elecciones para todos los ejecutivos y cámaras, excepto los alcaldes (prefectos) i cooperaciones municipales, que ya se eligieron en 2004.
Hay que decir que el ambiente de elecciones era notable, y que anteriormente todavía lo era más, ya que Lula (que opta ahora a la reelección) legisló para minimizar los gastos y actos electorales.
Quizá, lo más sorprendente, desde nuestro punto de vista, es que la propaganda electoral se centra en el candidato y no al partido. En Brasil todo candidato (adscrito siempre a un partido) tiene un número. Los dos primeros dígitos del número de candidato corresponden al partido. Por ejemplo, 13 es el número del “Partido dos Trabalhadores” (www.pt.org.br) que tiene como candidato a la presidencia a Lula. Otro ejemplo, el candidato 4570 corresponde al señor Walter Feldman (www.walterfeldman4570.can.br), que opta a la elección como Diputado Federal de São Paulo por el “Partido da Social Democracia Brasileira” (www.psdb.org.br), que corresponde al número de partido 45.
Bien, pues todos los candidatos pueden publicitarse en la medida de sus posibilidades. Es decir, el presupuesto económico para publicitarse NO solo proviene de su partido. Efectivamente, los candidatos (no los partidos) reciben aportaciones ‘desinteresadas’ de sus aliados (empresas, lobbies …).
Además de internet, los candidatos pueden recurrir a diversas técnicas y medios de propaganda, a saber:
- Personas uniformadas con los colores del candidato, que ondean banderas con el número y la efigie de este, en cruces y semáforos de las ciudades.
- Coches ‘decorados’ con los colores del candidato, y equipo de sonido que vomita “gingles” pegajosos (intentando rimar o hacer ‘cantable’ el número de candidato), a volumen brutal.
- “Performances” específicas. Por ejemplo equipos de personas uniformadas que reparten propaganda a ritmo de samba los domingos en Ipanema.
- Otros medios de transporte ‘decorados’, como avionetas, barcos y autobuses, que también abusan de la megafonía y las “performances”.
- Anuncios en prensa, radio y TV.
Antes de la regulación legislativa de Lula, se permitían otras modalidades de propaganda que ahora son ilegales, como las gratificaciones en especias (sillas de ruedas para los enfermos y ayudas diversas), o las fiestas gratuitas con música, licor y comida.
Lula (por cierto. Lula es calamar en portugués) no oculta que el sentido de su reforma del sistema electoral pretende frenar la corrupción política.
No costó nada encontrar brasileños que criticasen muy duramente su sistema electoral. Estos comentaban que, hasta ahora, los candidatos compraban votos con el dinero de sus aliados. Más adelante, cuando los aliados precisaban de ayuda en la tramitación de alguna ley, ejercían una ‘sutil influencia’ sobre el candidato al que financiaron previamente. Todo esto es lo que pretende combatir la reforma del sistema electoral que introdujo Lula, en vigor en las elecciones del 1 de octubre de 2006. Pero el gobierno de Lula se ha visto salpicado por casos de corrupción durante todo su mandato, hasta el punto que una semana antes de las elecciones cesó a su jefe de campaña por ese motivo. |
Lula y su "Partido dos Trabalhadores" no son nada supersticiosos y defienden el 13 con entusiasmo.
Walter Feldman quiere ser (de nuevo) Diputado Federal.
El Gobernador Wagner de Salvador opta a la reelección (también por el "Partido dos Trabalhadores"), y para ello no duda en regalar 'pulseritas de la suerte' en la Iglesia del Bonfim (suponiendo una competencia 'deshonrosa' para los 'legítimos' vendedores que allí se congregan).
Un 'alegre' camionero brasileiro ha decidido colaborar en la campaña institucional, paseando el 'sutil' lema "VOTE NAS PUTAS ... PORQUE NOS FILHOS NAO DEU CERTO" en su camión.
Sí ... vale candidato .., pero "under construction". |
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El taxista filocomunista y el pasajero listillo (una historia de ambición) En Río vimos la puesta de sol desde el Pan de Azúcar; ¡precioso!. A la salida, ya de noche, planificamos tomar un taxi, pero no de los de justo a la salida (que pedían 20 reales fijos), si no de los normales de la calle, que según nosotros, siempre son más baratos.
Pues bien, seguimos el plan, dimos esquinazo a los taxis de la salida pié del funicular, avanzamos por una avenida y al poco rato, paramos un taxi. El taxista puso en marcha el taxímetro, con lo cual nos dimos por satisfechos. Resultó que el taxista era campechano, le preguntamos si un escenario de la playa de Copacabana se debía a algún acto de campaña política, dijo que no, pero enseguida empezó a comentar la situación política.
El taxista resulto un gran crítico de Lula (por la izquierda) y un gran entusiasta de Hugo Chávez y Fidel Castro. Su discurso “filocomunista/naif” resultaba tremendamente divertido. Pero llegamos al destino, y el taxímetro marcaba 11 reales (justo lo que nos costó la ida).
En este punto fue cuando el taxista hizo un regate, sacó una misteriosa hoja de ‘tarifa especial’, y nos dijo que no eran 11 reales, si no 25 (las guías de viaje avisan que este es el típico truco ilegal de los taxistas de Río).
Aturdidos por el regate del taxista, y heridos en nuestro orgullo viajero (pensábamos que habíamos sacado por 11 lo que primero nos ofrecían por 20), acabamos pagando los 25 reales.
Nada más bajar del taxi, M. se burló de mi diciéndome “como el taxista era un alegre revolucionario no le has dicho nada, ¿no?”. Lo reconocí, pero añadí que lo teníamos bien merecido por haber especulado con el taxista de precio fijo.
Vista la escena desde aquí y ahora, diviso un empate entre fuerzas opuestas: por un lado, la traición ética y codicia del taxista (su discurso revolucionario no evitó el sablazo al turista); y por el otro, la soberbia y la avaricia del turista (que pensaba haber minimizado sus gastos mientras disfrutaba del entusiasmo de un revolucionario brasileiro). En cualquier caso, las ‘miserias’ del taxista y el turista humanizan a ambos (creo). |
Pan de Azúcar.
Ipanema.
Copacabana.
"Dez Reais"
Chávez, Castro y Lula. |
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Amazonas Realmente no sé qué decir del Amazonas. Si me propusiesen aquel juego de “diga qué le sugiera Amazonas con una sola palabra”, respondería POTENCIA. Ya sé que la Amazonia vive en un equilibrio delicadísimo y que tiene enormes amenazas, pero es que su dimensión es colosal y todo es imponente. Por otro lado, ya se sabe que tenemos cierta propensión a salir por la tangente y comentar aspectos marginales, me temo que aquí van.
Mi universo previo a la visita de la Amazonia va estrechamente ligado a un tiempo (la transición entre los siglos XIX y XX), un espacio (Manaus y el territorio del Acre), a dos personajes (Carlos Fernando Fitzcarraldo y Waldemar Scholz), a una actividad (la extracción de caucho), y a la película “Fitzcarraldo” (Alemania, 1982) de Werner Herzog (este director tiene un interesante currículo americano, que nos llevó a citarlo en el relato de Venezuela por “Aguirre, la cólera de Dios”), con Klaus Kinski (antes interpretó a Aguirre y ahora a Fitzcarraldo) y Claudia Cardinale.
El territorio del Acre había sido un lugar inhóspito y mal delimitado desde su pertenencia a España. Después, con su anexión a Bolivia, siguió sin definirse claramente sus límites con Brasil y Perú.
En la práctica, el Acre era una región remota, selvática y sin demasiado interés, hasta que en 1839, Charles Goodyear descubrió el proceso de vulcanización del caucho, y la región, por su gran concentración de árboles de caucho, se convirtió en objetivo estratégico para todos los países con frontera con el Acre, y para las potencias extranjeras.
A la altura de 1880 el caucho tenía una fuerte demanda en la automoción, la industria y otros usos (como los militares). En este contexto, gracias al “boom” del caucho, nacen ciudades como Manaus en Brasil o Iquitos en Perú.
La extracción del caucho se ‘industrializó’ o, mejor dicho, pasó de un burdo talaje del tronco del caucho (para sangrarlo y extraer el látex), a la explotación sistemática (incisión en el tronco para provocar el sangrado del látex y su posterior tratamiento y almacenaje) de los árboles de la Shiringa o Hevea brasiliensis (que se localizaban en la selva al ser delatados por el trinar del pájaro siringuero, que anida en ellos).
Pero todo esto lo hicieron hombres. Hombres poderosos como Carlos Fernando Fitzcarraldo (de origen Irlandés) en Uyacalí (Perú) o Waldemar Scholz (de origen alemán) en Manaus, que se dotaron de mano de obra barata al someter y explotar en régimen de esclavitud a los indígenas de esas zonas.
Y se generó riqueza. Una riqueza que todavía luce en todo su esplendor en el Teatro Amazonas (1896) de Manaus, impulsado y financiado por Waldemar Scholz (entre otros ‘barones del caucho’).
Pero la gloria fue efímera. La Gran Bretaña (siempre tan hábil), plantó hevea brasiliensis en sus colonias de Malasia en 1898. Y aquí empieza el declive de Manaus. La primera guerra mundial de 1914 frena por completo la demanda de caucho americano, a la vez que aumenta la producción de Malasia, llegando a producir estos últimos el 98% del látex mundial, justo antes de la segunda guerra mundial.
Fitzcarraldo murió en 1897, Waldemar Scholz se volvió a Alemania en 1916 y los indígenas supervivientes huyeron selva adentro.
En todo esto se inspira la película Fitzcarraldo, en todo esto y en lo que imagina Werner Herzog. Por ejemplo, Herzog se recrea en una actuación de Caruso en el Teatro Amazonas, que nunca tuvo lugar. Pero la cuestión es que esta excentricidad era totalmente plausible en aquella época, como realmente lo fue que la ropa de los ‘Barones del Caucho” se enviase a lavar a París.
Paradójicamente, uno de los productos brasileiros que ha ‘conquistado el mundo son las chanclas “Havainas” (www.havaianas.com), fabricadas a base de caucho. |
Teatro Amazonas y la plaza con su pavimento alegórico al 'encuentro de las aguas".
Kinski interpretando (¿o siendo?) Fixcarraldo.
Un árbol del caucho sangrando látex en algún punto próximo a Manaus.
La hacienda (agandonada) de Waldemar Scholz en plena selva (cerca del hotel Ariau Towers).
El Palacio Río Negro de Waldemar Scholz en Manaus.
Insisto, las mundialmente conocidas "Havaianas" son de caucho (sintético), para mayor orgullo de todo Brasil y como emocionado tributo a su gran pasado cauchero. |
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Comer en Manaus Hay que encontrar tiempo en Manaus (se tiende a minimizarlo y utilizar la ciudad solo como trampolín a la selva) para probar 2 platos memorables, aparte de los otros atractivos de la ciudad (el teatro, …).
“Caldeirada”. Hay que comerla a medio día en los restaurantes del mercado municipal. Estos restaurantes estarán llenos de parroquianos, vendedores ambulantes, visitantes del mercado y gente de paso (que espera tomar algún barco).
Se podría decir que la “Caldeirada” es la “Bullabesa Brasileira” (o la caldereta menorquina, o …). Efectivamente, es un plato de pescado de río (en el Amazonas se aprecian especialmente el Tambaquí y el Pirarucú) hervido con verduras y legumbres.
Nos lo presentaron con el pescado hervido por un lado, el caldo por otro, y los condimentos y acompañamientos por otro.
Los condimentos y acompañamientos son todo un sub-mundo en este plato. Primero cito los básicos: Arroz blanco, “farinha” (harina de mandioca), las verduras y legumbres hervidas, y también huevos duros.
Y luego está el remate del “pirão” (una constante en la cocina del norte i el nordeste, especialmente en las “moquecas”, que trataremos a la altura de Salvador). Bien, pues “pirão” es un ‘puré’ a base de tomates, cebolla, pimiento, agua, ajo, pimienta, aceite de oliva, jugo de limón, “urucum” (fruto seco local en polvo), cilantro, cebolla verde, leche de coco, sal, harina de mandioca y aceite de “dendê” (aceite coco). ¡Casi nada!
Además se pueden añadir algunas salsas (muy) picantes, o bien “Tucupí” (jugo de la mandioca ‘tratado’). No insisto en el “Tucupí”, ya que lo comentamos enseguida, al tratar el “Tacacá”.
Se procede sirviéndose en el plato un poco de pescado, caldo, condimento y acompañamientos. Es un plato estupendo, y una gran oportunidad (habrá otras más adelante con las “moquecas”) de comer un pescado que se escape de los filetes rebozados y fritos.
Ahhhhh, ni se le ocurra comer nada más, el palto es único y enorme.
“Tacacá”. Esta es la cena, y es una sopa, y también una especie de actividad de riesgo. Esta sopa se sirve en una especie de cáscara de coco negro, que actúa a modo de bol grande.
La esencia del plato (una vez más) es la mandioca, en esta ocasión mandioca brava (fresca, o en tubérculo). En la cocción de la mandioca es donde está el riesgo, ya que la mandioca verde es rica en cianuro, que debería desaparecer totalmente con un correcto tratamiento y cocción, resultando, finalmente, un caldo amarillo llamado “Tucupí” (lo hemos citado al final de la “Caldeirada”).
Otro ingrediente básico son las hojas de una planta nativa llamada “Jambu”, que tiene propiedades (ligeramente) anestésicas. Supongo que la presencia de este ingrediente anestésico en la receta, podría compensar y mitigar los efectos indeseados en un posible error en la eliminación del cianuro de la mandioca (… por si lo enveneno, lo anestesio).
Con este caldo se cuecen algunas verduras. Y, finalmente se le añaden gambas secas.
Hay que superar la aprensión al cianuro y los anestésicos, y probar esta sopa soberbia de aspecto un poco gomoso o gelatinoso. Baste con decir que no sufrimos ningún efecto secundario o colateral, y que pagamos al acabar la cena (la cual cosa es una garantía más de inocuidad por parte del restaurante).
Ahhhhhh, aquí, incluso se podría cenar algo más, o repetir (si hay …). |
"Caldeirada de Pirarucú".
"Farofa", es harina ("farinha") de mandioca.
“Pirão”.
Vendedora de "Tucupí" a granel.
Un alegre comensal en uno de los restaurantes del Mercado Municipal de Manaus, donde se puede comer una "Caldeirada" de confianza.
"Tacatá" en todo su esplendor.
Así de 'gomoso' sale el "Tacacá".
En la misma plaza del Teatro Amazonas se puede comer el "Tacacá". |
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Más Amazonas Ya hemos dicho que el Amazonas es descomunal. Efectivamente, lo es. Además de los grandes hitos (encuentro de las aguas, avistamiento de animales, …), el río es un espectáculo en si mismo, que se derrama en un laberinto de “igarapés” (‘caminos de agua’ en “nheengatu”, el idioma de los nativos “Tupi-Guaranis”), de aberturas enormes donde emerge alguna copa de árbol solitaria (que da la medida de la magnitud de inundación), y de los inquietantes paisajes de la selva inunda (“Igapó”).
Los paseos en barca/o permiten estos paisajes y también pequeñas escenas de la vida cotidiana fluvial y algún animal también.
El sistema de transporte público, unos barcos de tamaño mediano o pequeño con pinta de ‘La reina de África’, es muy activo; no paran de ir arriba y abajo, transportando gente y mercancías de las ciudades a los pequeños poblados. También están los grandes barcos que hacen las grandes travesías de entre las grandes ciudades del Amazonas (Belém, Santarém, Manaus y Tefé). Y, finalmente, también se pueden ver petroleros (sí, han encontrado petróleo en el alto amazonas).
No costó topar (quizá por que no lo pretendíamos) con nativos (vestidos con pantalón y camiseta) pescando en su canoa, con su arco y sus flechas. Sinceramente, no pretendimos ‘descubrir’ nativos sin ningún rastro de civilización (nos da un poco de apuro ir a mil por hora en una motora hasta encontrar un nativo, hacerle una foto, volvernos a mil por hora), justamente por eso nos pareció ‘un regalo’ el encuentro de un grupo de pescadores (ya digo que vestidos a la occidental) con su arco y sus flechas. No nos apeteció ni hacerles una foto, nos pareció violento romper aquel silencio o aquella armonía. Tiene que ser un poco pesado soportar (desde el punto de vista de los nativos) las urgencias de los turistas por descubrir algo insólito. Más, cuando se tiene en cuenta que ellos (al menos los que vimos) mantuvieron una gran dignidad en el encuentro. De hecho, nos dio la impresión de que un pescador nos miraba como una auténtica atracción (quizá valoraba la posibilidad de hacernos una foto a nosotros y también se cortó), algo así como si pensase “son peces, soy pescador, ¿tan raro es?, ¿será que no comen pescado?”. |
"Igarapé".
"Igapó".
La Reina de África? |
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Dos de Valls a ritme de Forró (en quatre actes) Això em ve de gust escriure-ho en català. És increïble, vagis on vagis sempre hi ha algú de casa. En aquest cas volem transcriure un encontre (en quatre actes) amb dos xics (d’uns 50 anys) de Valls.
ACTE PRIMER. Ens van identificar a l’arribada de l’aeroport de São Luis, i va resultar que vam fer cap a la mateixa posada, i guaita tu, que ens donen habitacions una davant de l’altra.
ACTE SEGON. M. i jo estem fent una "Caipirinha" mentre escoltem a un grup (FENOMENAL) de “reggae”.
(
Òbviament, el “reggae” és una música importada de Jamica, però, que ha quallat en tot el carib, i en São Luis especialment. Aquí és on hi ha els millor festivals i grups del Brasil, i no costa gens trobar-la per tot arreu, fins al punt que hi ha una mena d’agermanament entre Brasil i Jamaica que traspassa lo musical, per exemple, en la vestimenta de molts joves. Efectivament, a banda de l’estètica “rastafari”, abunden unes camisetes esportives amb la inscripció “BrasMaica”, que aprofitant que els colors de les respectives banderes del Brasil i Jamaica conserven una certa unitat cromàtica, es fusionen en la citada camiseta.
El “Forró” és una música de ball que originalment s’interpretava amb un trio d’acordió, guitarra i triangle. La veritat és que el “Forró” va ser un gènere menyspreat (per provincià) en el ric panorama musical brasiler, fins que a meitat dels anys 80 va esclatar el “boom” de la “Lambada”. I és que el “Forró” és música, però, també ball (el que tot el planeta coneix com a ball de la “Lambada”, és denomina “Forró” al Brasil). No cal explicar res més, tothom sap que el “Forró” (o “Lambada”) és un ball de parella sinuós, insinuant, sensual i provocatiu, on els fregaments entre els balladors són constants.
Acabem
aquest parèntesi musical dient que a
São
Luis també vam topar amb la “Samba”. Aquí, a
São
Luis (enlloc més del Brasil) és on vam trobar la “Samba”
com es troba “El Son” a Cuba: improvisat, despreocupat i
omnipresent. Efectivament, una nit calorosa vam topar
amb un grup que simplement tocaven (i ballaven) la
“Samba” com a simple divertiment (d’ells).
Deia que estaven escoltant “reggae” seguts en una terrassa. Primer no els identifico (un d’ells ara no duu ulleres i van tots dos empolainats), però, veiem que avancen pel carrer els dos de Valls amb dos mulates (exuberants i joves). Un dels de Valls intentava dissimular, l’altre (el més desinhibit que ara no porta ulleres) es va costar i ens va dir que marxaven a ballar “Forró” a un local que els havien proposat les xicotes. Naltres els hi vam desitjar que ho passin bé, i s’allunyaren mentre naltres contemplàvem els moviments sinuosos de les xicotes.
ACTE TERCER. L’endemà pel matí naltres ens llevem aviat i no trobem cap rastre dels dos de Valls (no podem afirmat fefaentment que no dormissin en la seua habitació aquella nit, però, vam veure els seus llista sense desfer a primera hora del matí).
ACTE QUART. Dies més tard i més al sud, a Salvador, coincidim en un restaurant amb un dels de Valls (l’altre ha desaparegut). Ens saludem, comentem breument els nostres periples i ens acomiadem sense fer cap comentari de l’altre de Valls.
Ja sé que aquests quatre actes no són concloents, per tant, deixem oberta la seua interpretació al criteri de cadascú. |
Aquests dos intrèpids balladors de "Forró" es juguen la els timpans al evolucionar. al darrera d'una de les típiques instal·lacions de só,
autèntiques parets d'altaveus com aquesta.
Aquest és el cartell que anuncia al grup "Reggae Roorts" en el local més "cool" de São Luis.
No us deixeu enganyar per l'aspecte inofensiu dels carrers de São Luis, per la nit bullen.
Brasil + ...
Jamaica = ...
... BrasMaica. |
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AfroBrasil Las reminiscencias africanas son más que evidentes, especialmente en el nordeste, y se mostraron claramente en Olinda y Salvador. Además de la Capoeira (omnipresente), otros aspectos evocan a África.
La añoranza de África no se tradujo solo en pena, si no que aquí, en Brasil (como también en USA o Cuba), se pasó por diferentes filtros, y el resultado se tiñó de un punto alegre y festivo.
En lo musical, las percusiones brasileiras remiten a la África más tribal, la de los tambores hipnóticos. En Olinda presenciamos sorprendentes improvisaciones vocales o recitados melódicos (que hacían mucha gracia a los parroquianos) sobre el fondo de los tambores, que recordaban (salvando todas las distancias) a los “rapeos” del hip-hop.
Más al sur, en Salvador, la música de los tambores va ligada al culto del “Cadomblé”. Y el “Cadomblé” hay que explicarlo.
Para asistir al “Cadomblé” hay que poner-se en contacto con alguna de las asociaciones afrobrasileiras de Salvador y pagar un ticket, que da derecho a transporte hasta una “fabela”, a la entrada al “terreiro” (templo o lugar de culto), y al acompañamiento de un guía (en nuestro caso, Luis, que resultó practicante y conversador incansable).
Y aquí viene la pregunta del millón: ¿cuanto tiene de real y cuanto tiene de show?
Los preliminares (recogida de turistas de diversas nacionalidades por sus respectivos alojamientos) amenazan de ‘espectáculo solo para turistas’, Efectivamente, el local se llena de turistas (por una vez sin cámaras), uniformados de blanco (es preceptivo). Pero al rato llega gente autóctona, aparece la anciana matriarca (siempre de blanco), suenan los tambores, y empieza la celebración.
La autoridad siempre corresponde a un anciano/a (la vejez es un mérito aquí), y parece gradarse atendiendo a la edad. Una danza parece establecer la cadena de autoridad. La matriarca inicia un movimiento que se repite en toda la cadena (fila de practicantes ordenada por edad). Esta es la base del culto: música y danzas hipnóticas, que ordena la autoridad, i que se repite en toda la ‘cadena de mando’.
La matriarca y los practicantes de mayor edad pueden abandonar la disciplina de la danza para impregnar al local (puertas, ventanas y esquinas) y los asistentes de diversas sustancias: gotas de agua (rociadas con ramitas de plantas), humo de velas, incienso, y perfumes diversos.
Un ritual de bendición especial se intercala (sin aparente orden) entre las danzas. La matriarca, y los practicantes de mayor edad, parecen dar una bendición especial a algunos fieles, que se posan a sus pies y se recuestan de ambos costados, para luego alzarse, agacharse y encajar las manos de la autoridad (en una especie de señal de respeto).
Y continúan las danzas al son de las diversas interpretaciones de los músicos: fondo de percusiones (tambores de diferentes diámetros tocados con baquetas de diferentes longitudes y curvaturas) y “letanías” en “Yoruba” (el idioma africano de los primeros esclavos brasileños), con cierto aroma a “mantra”. Además de las directrices de la autoridad (coreografía inicial que se transmite en toda la cadena), cada practicante gira sobre su propio eje, recordando, en el caso de las mujeres, a los derviches danzantes de Turquía o Siria.
Efectivamente, el vuelo de las faldas de las mujeres, el hipnotismo de la música y las coreografías elípticas, parecen remitir a los éxtasis de los Derviches, pero aquí, cuando se alcanza el trance, suele anticiparse de convulsiones, por lo que la matriarca y los practicantes de mayor edad ‘capturan’ a los fieles que llegan a este punto para guiarlos, asistirlos en el ‘viaje’, e incluso separarlos del grupo.
Toda la ceremonia se dedica a alguna de las deidades del “Cadomblé”, la máxima, “Olodumare”, o alguna de menor rango (profetas y santos). En nuestro caso a “Obaluwaye”, la deidad que encarna a la Tierra (que recuerda al concepto de “pachamama” andino), por la cual cosa, los fieles que llegaron al trance, y que fueron rescatados por la matriarca, volvieron ataviados como esta deidad (un vestido de paja), y lanzaron palomitas de maíz (la ofrenda típica para “Obaluwaye”) a todos los asistentes.
Antes de acabar diremos que el “Cadomblé” adoptó como estrategia de supervivencia el sincretismo (para evitar la persecución de inquisitorial), por lo cual algunas deidades del “Cadomblé” tienen correspondencia con las cristianas, y la ornamentación de los templos (figuras de santos “tuneadas”) puede remitir a la tradición Cristiana.
Acabamos sin escurrir el bulto, en cuanto a si nuestra experiencia tuvo más de real que de ficción turística. Seguramente tenia de las dos cosas (por algo se paga entrada), o dicho de otra forma, una cosa no quita la otra. Nuestro veredicto final es de AUTENTICIDAD; ellos eran auténticos (los turistas éramos los postizos). Y es que la fe (de los practicantes) tiene algo de intenso (en cualquier religión) que se percibe profundamente auténtico. |
Es curioso, el mapa de África parece encajar en los límites de Brasil, O el mapa de Brasil parece una copia de la silueta de África. ¿No?.
Afrobrasileiros de Olinda.
Algo así es la ceremonia del "Cadomblé".
Algo así es la ceremonia del "Cadomblé".
Algo así es la ceremonia del "Cadomblé".
Algo así es la ceremonia del "Cadomblé".
Así (más o menos) se nos apareció “Obaluwaye”.
Así (más o menos) se nos apareció “Obaluwaye”. |
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Salvador by night Cuando Salvador se desboca es arrebatador. Y más si hay actuación por medio. Y la hubo, la actuación de “Swing do Pelo” (lo de “Pelo” viene del “Pelourinho”, el barrio centro de Salvador).
Antes de ir a la música, hablemos de la cena. Hay que cenar “Moqueca”, pero antes de la cena tómense un “Alkaseltzer” (hágannos caso, luego vendrá el porqué).
La “Moqueca” debería de ser de “Capixaba”, el pescado más indicado, aunque las hay de otros. La “Moqueca” es un guiso (potentísimo) que tiene como base un ‘sofrito’ (pimientos, cebolla, tomate, cilantro, leche de coco, castaña del “cajú”, …) en aceite palma o “dendé” (especialmente indigesto para los no habituados –he aquí la razón del “Alkaseltzer”-). Sobre esta base se cocina el pescado, añadiendo caldo i camarones. ¡Soberbio! Soberbio y pesado, muy pesado, por lo cual, una velada de música y baile debería de ser tan preceptiva como el “Alkaseltzer”.
Ahora vamos con la música (lo que viene ahora lo entenderán mejor la chicas). Bueno, los “Swing do Pelo” son músicos (percusiones, instrumentos de viento y voz) MUY fornidos (con músculos hasta en los párpados). Los nativos/as que acudieron a la fiesta eran tan fornidos como los músicos, y bailaban con una gracia que solo poseen ellos.
Mención especial para el público nativo, que estaba tan poseído que no daba tregua a los músicos, y al final de cada canción aullaba “Voçé paró, paró por qué?” (bis, bis, bis, …), hasta que los músicos arrancaban con la siguiente.
Bueno, pues este era el ‘clima’ de la noche: ritmo trepidante, cuerpos perfectos, baile sensual, exotismo, sudor, … y turistas. La cuestión es que, en nuestro caso, acabó todo precipitadamente, ya que debíamos tomar un avión a las 4 de la mañana. Al abandonar nuestro hotel del “Pelourinho” (a las 2:24 AM) pudimos contemplar el resultado de toda la agitación de la fiesta. Tuvimos que avanzar entre parejas de italianas (alojadas en nuestra misma posada) y de sus respectivos mulatos (fornidos) que se dependían entre besos (de tornillo) y arrumacos diversos. Fue como una especie de “slalom” hasta llegar al taxi, entre “muack’s”, “ciao amore”, “ci vediamo domani sera”. Uno de los mulatos debió de reparar en nuestra cara de estupefacción (o envidia), y nos sonrió diciendo “¡Em Brasil, amor libero!”. |
Pero antes ... prevención.
La "Moqueca", buenísima pero 'pesada'.
El salvadoreño Carlinhos Brown es el 'cerebro' de PRACATUM, una fundación y escuela de música del barrio de Candeal. Grupos como OLODUM (que han colaborado con Michael Jackson, Paul Simon o David Bryne), TIMBALADA, HIP HOP ROOTS, PRACATUM, o EBANOISES han surgido de la escuela.
Caetano Veloso, es el GRAN autor de "Estrangeiro" (1989), y otro ilustre salvadoreño (como Daniela Mercury. Ivette Sangalo, o Marisa Monte). |
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“Feijoada" al “Kilo” o a “Rodizio” Un apartado gastronómico más (intentaremos que sea el último, pero es que fueron tantas cosas buenas “tutú a minerita”, “camaroes a la paulista”, …).
La “Feijoada” es un plato (casi) inevitable en todo Brasil. Su origen es carioca (Río), y su filosofía es el “reciclaje culinario” (una constante en muchas culturas). Efectivamente, la “Feijoada” aprovecha la comida sobrera (como la “olla barrejada” en Catalunya y otras ollas, fabadas y potes de la gastronomía Española).
La “Feijoada” tiene como constante el guiso a base de frijoles negros, a los que se les añade las carnes (básicamente de cerdo) ‘a reciclar’ (lengua de cerdo ahumada, lomo de cerdo salado, pie de cerdo salado, oreja de cerdo, rabo, chorizo, longaniza curada, longaniza fresca, tocino ahumado magro, carne seca, costillas ahumadas, lomo de cerdo fresco, …) para que se cocinen en su propio caldo.
El plato se presenta en la misma olla, acompañado de condimentos y salsas adicionales, que admiten también variaciones, pero que como mínimo constarán de arroz blanco, yuca, gajos de naranja para desengrasar (tarea imposible), “farofa” y salsa de pimienta. La variabilidad del plato admitiría también que se acompañase de plátano frito, col, espinacas y otras verduras.
¿Parece un exceso, verdad? ¡Pues lo es!
Pero es que además, la “Feijoada” se puede comer en diversos establecimientos, entre los que destacan dos de especialmente ‘perversos’.
Se puede comer “Feijoada” en los restaurantes “o kilo”, donde el comensal se sirve (en plan buffet), se le pesa y computa todo lo que come, y al final lo paga a tanto (que suele ser muy barato) el kilo (de ahí el nombre).
También se puede comer “Feijoada” en algunos restaurantes “Rodizio”. Un “Rodizio” es un autentico ‘infierno’, suelen ser muy grandes (con muchas mesas) y temáticos (de carnes, de pasta, de pescado, …).
En cualquier caso, uno se sienta cómodamente, y enseguida llega un empleado que te ofrece un plato, y luego viene otro empleado, y otro, y otro, y así hasta que uno quiera. Finalmente (si se sobrevive) se paga una cantidad fija (por el “Rodizio”) más las bebidas. |
"Feijoada".
Bueno y barato.
"Rodizzio" = "No limits".
Las cervezas (que siempre se refrigeran con este artilugio) se cobran aparte. |
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Fue en Ouro Preto que nos encontramos a Rosa (la “petit japonaise”), Wali (más JJJJJJJonhatan, Patrik, …) ¿Ouro Preto? Sí, muy bonito, pero no queremos hablar de exactamente de la ciudad, si no de cómo sirvió de escenario a un encuentro.
En el Bus de Belo (¿?) Horizonte ya nos fijamos en ellas (eran muy pocos los turistas y muy largo el viaje).
Rosa (supimos después que así se llamaba) es de Toulouse (también lo supimos más tarde), y es la exErasmus que citaba en la introducción. Rosa tiene rasgos asiáticos (no sé decir de donde exactamente), es insultantemente joven, de estatura mediana, y tiene una sonrisa arrebatadora.
Wali (también supimos más tarde que así se llamaba) es uno de aquellos portentos viajeros (lleva más de 30 años viajando sola). Wali es una docente de Heuchelheim (Alemania), que invirtió 6 semanas de sus vacaciones de verano en un viaje por Bolivia y Brasil. Wali es alta, delgada y muy curiosa (dice que la curiosidad es el “motor” de sus viajes). Wali me recuerda una barbaridad a Hilda (otra gran viajera, amiga y docente argentina).
Y fue por la tarde/noche que M. y yo decidimos ir a tomar un par de “cachaças” (M. notaba leves síntomas de catarro) al “Bar e Lanchonete Barroco”, un local bohemio según las guías, que estaba realmente animado. El calor de la cachaça hizo su efecto: nos calentó y animó (y del catarro nunca más se supo). Y en estas llegaron Rosa y Wali pretendiendo tomar una cerveza. Las reconocí enseguida, nos miramos, y como todas las mesas estaban ocupadas, vinieron a preguntarnos si podían sentarse en nuestra mesa. Dijimos que sí, y hablamos, hablamos mucho y de mucho.
Wali nos contó que llevaba 48 horas de Bus desde Potosí a Ouro Preto, pero que tuvo una demora muy grande debida a que el conductor del Bus se abandono a la bebida, y que finalmente tuvo que conducir un viajero. Ouro Preto era la última etapa del viaje para Wali.
Rosa, llevaba unos días de viaje, y su plan era encontrarse con su novio (ella decía enamorado –que suena mucho mejor-) en São Luis. M. y yo les hablamos del tremendo ambiente “Reggae” de esa ciudad, ella se entusiasmó, ya que su enamorado llevaba “rastas”.
En estas vino el camarero, y me dijo que tenía una nota para Rosa (antes no lo he dicho, pero lo digo ahora, Rosa es guapa). El camarero me hizo saber que la nota, escrita en un papelito doblado, la había escrito un cliente del bar, y que este esperaba respuesta. La actitud del camarero, de total normalidad, daba a entender que esta situación era normal.
Rosa se quedó pálida, los demás muy asombrados. Rosa leyó la nota y dijo que era muy romántica (no negaran ustedes que, con independencia de lo que dijese la nota, la situación es tremendamente romántica). Todos concluimos que esta parecía una escena imposible en nuestra vida ordinaria.
El camarero retornó y pregunto si había respuesta. Rosa, todavía aturdida, dijo que no, al camarero se le escapó un ‘ohhh’ lastimero, pero siguió con sus quehaceres. Los cuatro seguimos al camarero con la mirada, suponiendo que haría alguna seña, o diría algo, que delatase a quien escribió la nota. Pero el camarero era un profesional, y no hubo manera de identificar al pretendiente de Rosa.
Continuamos hablando. Ahora Rosa y Wali nos decían que compartían habitación. Nosotros les dijimos que antes de separarnos debían venir a ver nuestra posada (les digo ahora que en Ouro Preto decidimos invertir en alojamiento, y que valió la pena). Y en estas volvió el camarero con una segunda nota. Rosa la recibió con más naturalidad, le leyó y dijo que continuaba en línea de la anterior.
Seguimos hablándoles de nuestra posada (que se llama “Pouso do Chico Rey”, y que recomendamos a todos ustedes). Rosa y Wali aceptan la invitación. Pido la cuenta al camarero, le pago, me devuelve el cambio, e insiste en si había respuesta a las dos notas. Rosa dice que no y nos vamos todos a el “Pouso do Chico Rey”.
Nos recibe el propietario del “Pouso do Chico Rey” (encantador). Le digo que traemos a dos amigas para que vean su estupenda posada. El propietario se muestra encantado y nos hace pasar a todos al comedor, donde él, su mujer y otros huéspedes están tomando una “cachaça” casera, cortesía del anfitrión. Tomamos “cachaça” (estupenda), y nos presentaron a los otros huéspedes, entre los cuales había algunos brasileiros y dos franceses más.
Los franceses resultaron ser tremendamente simpáticos. Uno era JJJJJJJonhatan (pronunciaba su nombre dando mucha fuerza la “J” para ironizar sobre la pronunciación de esta letra en español). JJJJJJJonhatan, que es el otro exErasmus que citábamos en la introducción, es un tipo realmente cómico (a través de él supimos que las notas de Rosa empezaban con “Petit Japonaise ...”). Patrick era el otro Francés, todo él es sofisticación, y esto sumado a que tenía un físico que recuerda al mejor Jean-Paul Belmondo, le daba una apariencia muy cinematográfica.
También había huéspedes brasileños, una pareja más otro chico de la ciudad de Petrópolis (creo recordar que asistían a un congreso museístico del Brasil). Explicaban fascinantes historias de la historia colonial de su ciudad y de las excentricidades de los emperadores del Brasil.
Y en estas que Wali identificó en una puerta de un armario del comedor la firma de Alberto da Veiga Guignard (ya digo que es muy curiosa). Entonces, el anfitrión del “Pouso do Chico Rey” informó de que el pintor modernista había sido huésped de la posada, y que decoró algunos muebles de la casa como el que identificó Wali.
A todo esto alguien dijo que había que cenar. Antes mostramos nuestra habitación a Wali y Rosa, y luego marchamos todos al restaurante. Nosotros comimos poco y Wali menos todavía, estábamos más cansados que hambrientos (especialmente Wali). Gastamos las poscas energías sobrantes en hablar más. Wali estaba encantada dijo que aquel encuentro con toda aquella gente fue un momento increíble y único. Fue una velada fascinante, pese a las diferencias de lenguaje, edad y cansancio.
Al día siguiente, ya por la tarde pasamos de nuevo por el “Bar e Lanchonete Barroco”, y allí, en la misma mesa, estaba Wali (Rosa ya se había marchado a São Luis). Entramos, pedimos dos “cachaças”, y hablamos más. Wali nos contó su primer gran viaje. En su adolescencia viajó a Nueva York en barco (se emocionó al recordar la visión de la Estatua de la Libertad y la silueta de la ciudad) para visitar a unos familiares. Aquel viaje (iniciático) la marcó definitivamente.
Y en estas que el camarero (era el mismo de la noche anterior) se presenta con una nueva nota, y pregunta si la otra chica no iba a venir. Le dijimos que ya se había marchado, pese a todo nos entregó la nota y encajó con mucha deportividad la ausencia de la destinataria. Sin decirnos palabra, los tres le seguimos con la mirada durante un rato, esperando algún gesto que delatase al pretendiente de Rosa. Nada, ninguna pista. Incluso llegamos a especular que él, el camarero, fuese el autor de las notas anónimas.
En Ouro Preto hicimos las visitas de rigor (claro que sí), pero Wali tiene razón, nuestro encuentro fue tremendamente gratificante, más que la ciudad en si. De hecho, desde otros encuentros anteriores (estoy pensando especialmente en el de Hilda en Camboya) sabemos que hay que estar muy atentos durante los viajes. Creo que, misteriosamente, llega un momento y un lugar, en que te encuentras con gente que parece ‘predestinada’. Por eso hay que estar atento, para ‘tirarse de cabeza’. |
Ouro Preto.
“Bar e Lanchonete Barroco” de Ouro Preto. Aquí encontramos a Rosa y Wali.
Entrada del “Bar e Lanchonete Barroco” en la calle Conde de Boboadela, 106.
Fragmento de unas puestas de armario pintadas con una estampa de Ouro Preto por Alberto da Veiga Guignard.
Fragmento de un óleo de Alberto da Veiga Guignard titulado "Festa de São João a Ouro Preto".
Fragmento de un óleo de Alberto da Veiga Guignard titulado "Ouro Preto".
Fragmento de un óleo de Alberto da Veiga Guignard titulado "Ouro Preto".
Fragmento de un óleo de Alberto da Veiga Guignard titulado "Vaso com Flores". |
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“Pinga” ParaTy A finales de Agosto se celebra en Paraty la fiesta de la “Pinga” (o fiesta de la “cachaça”), la cual cosa es una excusa más para visitar la ciudad, su entorno y cerrar el circuito de la “Estrada Real” (construida para transportar el oro de Ouro Preto a Paraty, y de aquí a Lisboa).
Durante la fiesta de la “Pinga” se habilita una zona de casetas, donde los productores locales de “cachaça” venden sus productos a vasos, botellas, o como ingrediente en “caipirinhas”. Al ponerse el sol empiezan las degustaciones y las actuaciones musicales. Especialmente chocante nos resultó un baile popular con una coreografía que recuerda (muy de lejos) a la Sardana Catalana. La gente dispuesta a bailar forma una gran redonda, y al son de la música, tanto evolucionan en perfecta formación (redonda), como disuelven la formación para bailar en pareja. Parece, como en la sardana, que la métrica de la música indica cuando se debe hacer una cosa u otra. Curioso, muy curioso. Razón por la cual se anota. |
Fiesta de la "Pinga" en Paraty. |
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Cidade maravilhosa Entramos y salimos por Río. Hay que reconocer que el paisaje de la ciudad es soberbio. Sus playas, especialmente Ipanema y Copacabana, son las ‘playas del mundo’ (muchos humanos sabrán ubicar estas y no otras). Y sus montañas, especialmente el Corcovado y el Pan de Azucar, son la ‘imagen del país’ (basta un fotograma de cualquiera de las dos para ser sepultado por un alud de tópicos brasileiros). Es un paisaje grande, muy grande.
Pero en mi caso asocio Río a música; al “Disco Samba” (no sé porqué, ¿será por fue utilizado como armar de destrucción masiva en los 80’s?), a “Cidade maravilhosa” (muy evidente) y, sobre todo, a “La Garota de Ipanema”.
Por lo cual, la visita al antiguo “Bar Veloso” (hoy “Garota de Ipanema”) en la “Rua Montenegro” (hoy “Rua Vinícius de Moraes, 49”) era inevitable. Este es el sitio, allí se puede ocupar una mesa que dé a la calle, sentarse y pedir una "caipirinha" (aunque las fotografías del local demuestran que los autores de la canción consumían Güisqui). Es allí donde el músico Tom y el poeta Vinícius veían pasar a la (adolescente) “garota” camino de Ipanema. Hoy el bar se balancea entre lo turístico y lo autóctono. Pero fue allí y hay que ir.
La "garota" Heloísa Eneida Menezes Pais Pinto creció, y hoy es conocida con el nombre artístico de Helô Pinheiro (www.garotadeipanema.com.br), es una auténtica estrella (Moda, TV y publicidad) brasileira, que explota comercialmente su (antigua) condición de musa.
Pero vuelvo a la canción, o más bien al disco. De las infinitas versiones de la canción, la del LP “Getz/Gilberto” (Verve, 1964) representa una de las cimas del matrimonio entre el Jazz de la costa oeste de los EEUUA (Stan Getz, Chet Baker, …) y la “Bossa Nova” de Brasil (Joao Gilberto, Tom Jobin, …) a mediados de los 60’s.
Pero la Garota de Ipanema (escrita en 1960 por Vinícius de Moraes y Tom Jobin) debería de haber formado parte de un musical, que nunca se realizó, sobre la llega de un extraterrestre a Río en pleno Carnaval, lo cual me hace pensar ahora en el grupo mallorquín “Antònia Font” y sus obsesivas letras sobre extraterrestres llegados al sistema turismo balear. |
Manuscrito de la "Garota de Ipanema".
La autèntica "Garota de Ipanema" en los 60's.
"A Garota de Ipanema" está en "Getz/Gilberto" (1964). |
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Outro
Viajar …, durante el viaje me ha acompañado las “Memorias póstumas de Blas Cubas” de Joaquim Machado de Assis, lo cual me llevó a desviar la atención de ‘mi viaje’ a ‘su viaje’.
Ya sé que este libro es ficción, y que si no lo fuese seria imposible por definición (nadie puede escribir unas memorias póstumas). Pero el viaje (o la vida, o las memorias) de Blas Cubas es tan moderno, fresco, ingenioso e irónico; que lo doy por verdadero (mi percepción del “realismo mágico” –por poner una etiqueta amplia a los géneros más imaginativos- tiene más de REAL que de mágico).
Dice que Blas Cubas que «la franqueza es la primera virtud del difunto». Será por eso que sus memorias desde el ‘más allá’ delatan “tics” que cuesta tanto reconocer desde el ‘más acá’.
Es decir, mi viaje (cualquier viaje) tiene un punto de frivolidad que identifiqué perfectamente cuando se me mostró la vida disoluta del señorito Blas con la franqueza del difunto Blas Cubas. El viajero (más el turista) está permanentemente expuesto a la frivolidad y a la vanidad. En este sentido, Blas Cubas me ha corregido el rumbo, como a él se lo corrigieron otros.
«Todos viajaron: Xavier de Maestre alrededor de su cuarto, Garret en su propia tierra, Sterne en la tierra de los demás. De Blas Cubas se puede decir tal vez que viajó alrededor de la vida». |
Memorias póstumas de Blas Cubas.
Joaquim Maria Machado de Assis. |
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