Ruta: Falla del Encuentro y laderas del Lentiscar |
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| Distancia: 10 km | Altura máxima: 720 m |
| Altura inicial: 702 m | Altura final: 703 m |
| Subidas acumuladas: 560 m | Bajadas acumuladas: 560 m |
| Estado del tiempo: | Fecha: 24/VIII/2007 |
| Perfil de la ruta: hecho con Perfils | Mapas y ortofotos: CeCaSP calibrados para Oziexplorer |
| Tracks y Waypoints | GPS: Garmin eTrex |
| Dificultad: media | |
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Descripción y comentarios: El río Tormes en su tramo final, antes de ceder sus aguas al Duero en Ambasaguas, se encajona en el macizo granítico formando cañones o fallas con desniveles de unos 250 m en poco espacio. Ofrece al caminante un paisaje agreste, que en su tiempo estuvo cultivado por viñedos trabajados en terrazas, de las que hoy sólo quedan sus paredones mudos. La falla del Encuentro está situada entre los términos municipales de Villarino y Fermoselle, justo al sur de esta última localidad. En ella el río describe un arco semicircular para sortear las peñas del Lentiscar, cortando a tajo el murallón granítico, con desniveles verticales de 50 m en un cauce cuya anchura apenas supera los 20 m. A la salida del cañón el río se desparrama en una amplia playa arenosa, hoy cubierta en parte por matorral de tomillo, cornicabra, escobas y piornos, en el paraje de Vendemoro. Llegar a este paraje, subir a las crestas del Lentiscar y bajar hasta Vendemoro será uno de los objetivos de esta pequeña descripción. Otro, proporcionar información sobre algunas construcciones antiguas cuyos restos nos han llegado y que comprende puentes, molinos y hasta hornos de cal.
La forma más fácil de llegar consiste en dejar el coche en el cruce del camino de Las Bozas, en la carretera de Villarino a Trabanca. Aquí comenzamos a caminar por la amplia pista que baja suavemente hasta cruzar el regato del Pasadero por un pequeño puente con 4 ojos rectangulares realizados con piedra bien labrada. En una de ellas marca el año de 1760, aunque me consta que se realizaron trabajos en él en la década de los sesenta del siglo pasado, como lo atestigua el cemento de las juntas. Si tenemos interés en los puentes podemos visitar aguas abajo del mismo regato -a unos 800 m- otro puente más pequeño de un sólo ojo circular, cuyas dovelas superiores parecen vencer la acción de la gravedad. Entre ambos puentes existen las ruinas de un molino. Otro molino, que merece la pena visitar muy cerca del camino principal, se encuentra aguas arriba del regato, a unos 300 m con muy fácil acceso y que está siendo restaurado por la Junta Rectora del Parque Natural. Proseguimos nuestro camino hasta llegar a una bifurcación: el de la derecha lleva a Fermoselle, como lo insinúa una piedra rota en la que se pueden leer dos letras del nombre de este pueblo. Se debe coger el otro camino, el de la izquierda, que pasa al lado unas granjas de aves y ganado vacuno, en el montículo que marcará el punto más alto de nuestro recorrido -720 m de altura- cerca del Pedegral de los Lobos, pequeño monte situado a la derecha que se ve desde el comienzo de la ruta, y cuyo nombre describe fielmente su aspecto. Poco más adelante, ya en la bajada, sale a la izquierda otra pista que se ha de tomar, dejando la que nos llevaría hasta Las Bozas. Otro montículo coronado por una gran piedra situada a la derecha es el Picón de Alonso Ullán al que se puede subir y contemplar un hermoso paisaje. Por debajo del picón en dirección al Tormes se encuentra la zona conocida como los Hornos, donde hubo hace ya muchos años unos hornos de cal, seguramente próximos a alguna afloración caliza, rara en esta región granítica. En el paraje de los Hornos hay unas peñas verticales muy fotogénicas. Siguiendo la pista, que ahora desciende constantemente, se dejan a la izquierda las cortinas de los Rosales -se ven mejor en la camino de vuelta- con sus majadas de piedra y sus altos robles para dar sombra, y termina en dos torres de alta tensión, desde donde se ven las peñas, como dientes de sierra, de las laderas del Lentiscar. Por su vertiente este caen verticales, por el oeste son más suaves y descienden hasta Vendemoro. Ahora no hay más que descender por la cresta contemplando el paisaje a ambos lados de la ladera: a la izquierda la amplia playa de Vendemoro donde el río se abre después de atravesar el cañón del Encuentro, depositando sus arenas y limos (hoy día la presa de Almendra regula el caudal impidiendo estos aportes, por lo que en la zona crece abundante el matorral de piornos, escobas, el tomillo y la cuernacabra). Por la derecha el río describe amplias curvas dejando ver, entre la agreste vegetación fluvial, las paredes de dos buenos molinos: en uno de ellos se aprecie desde la distancia un alto muro de piedra labrada, que tendremos que visitar algún día. Enfrente las laderas de Fermoselle cubierta por algunos olivos, encinas y sobre todo enebros (joimbres). Todos los picones que forman las Laderas del Lentiscar se pueden subir, con pequeñas trepadas sin dificultad. Desde sus cimas el paisaje es aún más espléndido. Abstenerse los que tengan vértigo. En el último pico -el de más fácil acceso, justo encima de la falla del Encuentro- ha crecido un raro madroño y al lado hay una casita de piedra, donde los ganaderos aún guardan algunos aperos. El descenso hasta Vendemoro es sencillo y, el apacible lugar, ofrece al caminante unas peñas lamidas por el agua antigua del río, con pequeños remansos donde descansar y disfrutar del entorno: la exuberante vegetación, las paredes verticales, distintas especias de aves y patos que se pueden observar si se llega con sigilo, ... Se puede intentar entrar en la propia falla, pero el agua del río llega de lado a lado, dejando al aire algunas rocas aisladas. En las zonas sumergidas las plantas acuáticas dificultan el acceso y en las orillas la abundante vegetación y los muros de la falla no dejan seguir. El regreso lo hacemos por el mismo camino. Lorenzo Sánchez (Gijón) |
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