Una misión compartida

Sœur Wivine Kisu

                                                                                                                                      Hijas de la Caridad

                                                                                                                            140, rue du Bac

                                                                                                                           75340 – Paris

PREÁMBULO

Este compartir de 20 minutos tiene una introducción con imágenes que sitúan el origen de JMV. Después sigue un desarrollo con tres partes:

  1. La Misión, una realidad de la Iglesia, un misterio
  2. La Misión vivida con … dificultades y falsos planteamientos
  3. Los desafíos y las esperanzas de la Misión

Finalmente, una breve conclusión para terminar nuestro compartir.

Trabajo grupal con un compartir y un intercambio en plenaria

 

INTRODUCCIÓN

  1. La capilla: es allí donde la Virgen María se apareció a Sor Catalina Labouré, Hermana del Seminario (novicia)
  1. La Virgen María, Madre de la Iglesia, Única Madre de la Compania de las Hijas de la Caridad.
  1. Sor Catalina de rodillas, las manos unidas sobre las rodillas de la Virgen María “Viví allí el momento más feliz de mi vida”.
  1. El mensaje recibido: “La Virgen quiere una misión más. Es una cofradía de Hijos e Hijas de María, sobre la cual la Virgen derramará gracias abundantes. Los ninos recibirán un gran consuelo”

Sor Catalina recibe un mensaje, se trata de una misión que tiene que realizar con la ayuda de su Director espiritual, el Padre Aladel.

Este mensaje hace eco al que se dio en el Gólgota (el Calvario): “Aqui tienes a tu hijo; aqui tienes a tu Madre” (maternidad de María confiada por Jesús crucificado).

  1. Sor Catalina, Hijas de la Caridad, Padres Lazaristas, Jóvenes de JMV de los distintos Continentes.

 

I.                    LA MISION RECIBIDA: una Realidad en el Corazón de la Iglesia, un Misterio

I. 1)  Misión confiada a la Iglesia (La Misión de la Iglesia)

Cuál es esta misión que todos y todas estamos llamados a compartir?

La Compañía de las Hijas de la Caridad, la Congregación de la Misión, la Asociación JMV, ... han nacido en la Iglesia; por eso son miembros de la Iglesia. Su misión respectiva se inscribe en el corazón de la Iglesia como parte integrante de la Misión de la misma; misión evangelizadora de servicio que Cristo le ha confiado.

Como consecuencia lógica, nuestro ser como HC, CM, JMV, es un ser eclesial, y eso es fundamental. Soy y somos de la Iglesia… somos Iglesia.

Siguiendo a Cristo, hemos de vivir la misión deseada por la Virgen María y confiada a Sor Catalina Labouré, misión dada a las Hijas de la Caridad con el acompañamiento del Padre Aladel. Esta misión continúa hoy con la colaboración de los Sacerdotes de la Misión. Aceptando el don gratuito del “Aqui tienes a tu Madre”, acogiéndole a María como el apóstol Juan, la Virgen María nos enseña la mejor manera de seguir la obra del Maestro según nuestra especificidad.

Esta misión no nos pertenece; somos sólo servidores sencillos y no “maestros”. Estamos al servicio de la misión que compartimos con otros. Esta misión que se nos confía, nos precede.

Por nuestro bautismo, hemos de asumirla como una realidad eclesial y así se convierte en un compartir en la medida que aceptamos colaborar con otros.

I.2). La unidad en la diversidad: experiencia de un carisma

Fue una Hija de la Caridad quien recibió el mensaje de la Virgen María. Hoy, como ayer, cada Hija de la Caridad es servidora. Es a la vez evangelizada y evangelizadora. Es compañera de camino al servicio de la juventud. Compartiendo su espiritualidad, la HC ayuda a descubrir el camino que conduce al encuentro con Jesús presente en la persona de los pobres, pasando por María.

Es en nuestro ser eclesial donde se enraiza y se desarrolla nuestro ser vicenciano. Es evidente que la HC va realizando su misión en esta perspectiva. 

La unidad de nuestro ser eclesial se realiza en nuestro ser vicenciano. Todos compartimos el mismo carisma, Don del Espíritu Santo a la Iglesia, y nadie puede pretender tenerlo como propiedad suya o en exclusividad. Es una realidad que nos sobrepasa, que existe por encima de nuestros cálculos. Hemos sido tocados, invadidos por el Espíritu y, fieles a nuestro proyecto de vida, intentamos caminar juntos bajo su impulso. Una vez más como Servidores y Servidoras sencillos.

I.3). La Misión cuyo “lugar teológico” son los pobres

Según la lógica de nuestro carisma, el Pobre es el lugar del encuentro de los jóvenes con Jesús por la Virgen María. La claridad y vitalidad del Carisma Vicenciano no dejan lugar a dudas. El Papa Juan Pablo II lo decía con claridad: “El Carisma Vicenciano permanece siempre actual”.

El Pobre es el lugar teológico donde Cristo Servidor continúa el Misterio de su muerte y resurrección: el Misterio pascual. Al pie de la cruz, la mañana de Pascua, en Pentecostés, María  nos muestra a Cristo y nos dice: “Hagan lo que él les diga”.  

II.                  LA MISIÓN VIVIDA CON JMV,  C.M … (COLABORACIÓN)

La viabilidad de una obra exige una revisión. Al mirar la evolución de JMV, en este mundo en transformación continua, las HC tenemos que comprometernos a revisar y redefinir nuestro rol en la colaboración con quienes están asociados a nosotras. Nosotras, Hijas de la Caridad, a la luz de Cristo Servidor, Buen Pastor y siguiéndole, hemos de clarificar y evaluar nuestro ser y nuestro hacer.

No podemos perder de vista esa verdad de Cristo: “Cuando hayan hecho todo, consideren que son servidores inútiles”.  

II. 1).  El compartir … 

El sentido de la misión compartida es pues mucho más amplio que repartir los trabajos, las tareas, las actividades que tienen que ver con los proyectos comunes. Se trata ante todo de la convicción profunda de que vivimos nuestro ser eclesial, vicenciano y misionero para y desde el servicio (Llevar a Cristo y su mensaje como la Virgen con Isabel).

Compartir la misión en seguimiento de Cristo, es “entrar en el proceso de catecumenado como el mismo Cristo” con los dos discípulos de Emaús. Es ofrecer a los jóvenes espacios para crecer, de auténtico amor para que se centren o vuelvan a centrarse sobre lo Esencial con toda libertad; espacios que les lleven a tomar opciones que dan un verdadero sentido a su vida.

En este trabajo de colaboración, de vivir la Misión con...., resulta que la ayuda material es uno de los aspectos nada despreciable de ese compartir. Sin embargo, hay que tener cuidado con ciertas actitudes protectoras, que harían que los jóvenes sean continuamente dependientes. Sería un error que podría dar lugar a ciertas dificultades en las relaciones. Hay también el peligro de proponer sutilmente nuestro propio camino, nuestras exigencias personales, nuestra manera de ser. 

Para una Hija de la Caridad, esta misión compartida supone que tiene que:

a)     Estar en una auténtica actitud de Servidora “Estoy en medio de ustedes como aquel que sirve”.

b)     Ser aquella que ha hecho y sigue haciendo camino con JESÚS, que hace la experiencia de estar en el camino de Emaús y en la mesa con el Resucitado. Experiencia que lleve a abrir los ojos a la luz y a la esperanza.

c)      Acercarse con respeto, sin meter prisa, porque el otro, tanto los jóvenes como los sacerdotes, siguen siendo un misterio.

d)     Interesarse por el otro, camino posible para entrar en contacto, porque el otro, por pequeño y pobre que sea, me puede enseñar a abrirme a otra realidad, a una riqueza en el ser.

e)     Atreverse a decir una palabra de verdad, explicar, hacer entender desde un replanteamiento, una experiencia de vida, sin imponerse (Es la actitud de Jesús con el joven rico).

f)        Escuchar con atención y respeto puede ayudar a entrar en la comprensión de una realidad que nos sobrepasa y abre a la confianza.

g)     Realizar acciones concretas de “compartir el pan” (Cf. Emmaús) en el día a día de la vida de los jóvenes. Concretamente, ¿qué hemos compartido con ellos?...

h)      Saber apartarse cuando lo esencial ya está dicho. Dejar tiempo para que el otro saboreee, interiorice, sepa más desde dentro; condición para poder comprometerse. Jesús tiene que quedarse al centro del caminar de los jóvenes, como un fuego ardiente que empuja a volver a Jerusalén para anunciar que “de verdad ha resucitado”, y convertirse en testigos.

i)        Saber permanecer presente en la discreción e intervenir en el momento oportuno, como María en Cana: “Ya no tienen vino”.

II. 2)   JMV : una Asociación de laicos

La misión de JMV, un movimiento, una asociación de Jóvenes cristianos, laicos, debe ser respetada en su identidad y en su especifidad. Dado que la Iglesia la reconoce, las HC tienen que promover el compromiso personal y responsable de los jóvenes con JMV, para que lo asuman con toda libertad.

Confiar y aceptar que se cometan errores en el proceso de maduración inherente a la vida de todo ser humano. Cuando los jóvenes están motivados y bien acompañados, estos errores son a veces necesarios para que se impliquen con más creatividad, para descubrir nuevas maneras que pueden llevar a lo amplio. 

Eso exige una verdadera pedagogía de acompañamiento que libere a los jóvenes y suscite en ellos cierta audacia y solidez para hacerse cargo de ellos mismos. 

II. 3)   Los desafíos y esperanzas

a.      Querer, promover, reconocer y aceptar la madurez de JMV. Tenemos que asumir la espiritualidad de Juan el Bautista “es necesario que crezca él y que yo disminuya”.

b.      En la realidad concreta de cada grupo, tenemos que dejar que el otro sea él mismo, proponiéndole la persona de Cristo como el único necesario por medio de María. María, como camino para conocer y amar mejor a Jesús. Santa Luisa de Marillac tenía esa preciosa expresión: “Soy tuya, Santísima Virgen, para ser más perfectamente de Dios”. San Luis Grignon de Montfort decía: “Para subir y unirse a Dios, conviene utilizar el mismo medio que utilizó para bajar hacia nosotros, para hacerse hombre y comunicarnos sus gracias; y ese medio es una verdadera devoción a la Santísima Virgen María.” El lema del pontificado de Juan Pablo II era: “Toutus tuus Maria”, Todo tuyo, María…

c.      Ayudar y permitir que los jóvenes alcen el vuelo. Aceptar que uno u otro sea « Jonathan Livingston, la Gaviota » para poder volar más arriba, sin imponer nuestras opiniones, por ricas y buenas que sean.  

d.      Aceptar la madurez de los jóvenes, no como una conquista de independencia sino como una toma de conciencia de su propia identidad, potencialidad y responsabilidad.

e.      Ser acompañantes que enseñan a los jóvenes a romper las cadenas de la rutina, del conformismo, de lo que todo el mundo hace en la sociedad, cosas que, en ciertos aspectos, encarcelan su cuerpo, su pensamiento, su sentido de creatividad, de iniciativa, y les impiden encontrar su ser profundo y poder responder con audacia, amor verdadero, alegría y libertad a su verdadera vocación.  

f.        Situar la Misión en el centro de este servicio de acompañamiento. Cuantas dificultades pueden desaparecer o atenuarse, cuando somos capaces de situar la Misión en el centro de este servicio, y no a través de nuestros propios esquemas, proyectos, opiniones y maneras de ver las cosas. Sólo en esta condición, podemos hablar de Misión compartida.

TRABAJO DE GRUPO

  1. Desde su experiencia en el proceso de cada etapa de formación de JMV, cuáles son concretamente los elementos esenciales que, según Usted faltan para una formación más completa, holística, capaz de consolidar su compromiso?   
  2. En su compromiso dentro de la JMV, qué es lo que hay que mejorar para dar personalmente y como Asociación un testimonio más creíble de su identidad mariana, vicenciana, misionera y eclesial en el mundo de hoy, y en el lugar donde se encuentran?

CONCLUSION

Nosotras, Hijas de la Caridad,  hemos recibido una misión por medio de Santa Catalina Labouré; compartámosla como Servidores y Servidoras del Reino. Vivamos esta misión con Fe y Esperanza; aprendamos a vivirla juntos, apoyándonos y respetando el ritmo de cada uno.

Con paciencia, guiemos a nuestros jóvenes a remar adentro para alcanzar las orillas de un amor más grande y más fuerte.

Aceptemos pues, el desafío y la alegría de aprender cómo servir juntos.

En este Ano de la Eucaristía y del 175 anivesario de las apariciones de la Virgen María a Catalina Labouré, Ella sigue diciendo a todos sus hijos e hijas: “Venid al pie de este altar (mesa donde se perpetua en un don incansable la salvación de la humanidad), alli se derramarán gracias abundantes sobre todos”.

En esta misión compartida, según las palabras de Juan Pablo II en su encíclica “La Igleisa vive de la Eucaristía”: Pongámonos, sobre todo, a la escucha de María Santísima, en quien el Misterio eucarístico se muestra, más que en ningún otro, como misterio de luz. En ella vemos el mundo renovado por el amor. Al contemplarla asunta al cielo en alma y cuerpo vemos un resquicio del « cielo nuevo » y de la « tierra nueva » .... (Ecclesia de eucharistia n° 62).                                                      

¿No es cierto que es hacia un mundo renovado en y por el amor que camina cada JMV?                                                                                                                                                                              

¡Oh María sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti!                                       

Sœur Wivine Kisu

Hija de la Caridad