
ANTES DEL ALBA
JUAN
JOSÉ CAMISÓN
Nuevo Poemario
(En preparación)
EL MEJOR...
El
mejor verso, el que es contado en la yema de los dedos
solamente.
El
poema más bello, el que sólo se piensa y no se escribe.
El
mejor argumento, el que fue únicamente imaginado.
El
renglón más logrado, el que no salió nunca del tintero.
El
color más hermoso, el que queda atrapado en los pinceles.
La
mejor melodía, la que no pasó nunca al pentagrama.
El
sonido perfecto, el que no puede ser interpretado.
La
mejor sensación, la no vivida nunca ni experimentada.
El
beso más hermoso, el que nos dio miedo dar y nos guardamos.
El
amor verdadero, aquél con el nunca nos comprometimos.
El
deseo más auténtico, el que no vimos nunca satisfecho.
El
amigo de veras, ése que el corazón a nadie ha revelado.
La
felicidad mayor, la imaginada.
La
paz, la perseguida.
La
mejor estrategia, la de un beso.
El
estruendo más grande, el de una lágrima.
El
silencio más amplio, un alarido.
La
grandeza mayor, la de estar solo.
La
mejor fortaleza, el aire libre.
La
evidencia más clara, estar perdido.
El
recuerdo mejor, el olvidado.
La
añoranza más grande, la de aquello que quisimos tener y no tuvimos.
El
mejor pensamiento, el que no osa llegar hasta la lengua y ser palabra.
La
palabra mejor, la reprimida.
La
respuesta mejor, la nunca dada.
La
venganza más lúcida, la no cumplida.
La
guerra más lograda, la aplazada.
El
mejor paraíso, el que no existe.
El
dios más acertado, el no inventado.
La
muerte más hermosa, la soñada.
El
día más dichoso, el no vivido.
El
sitio fascinante, sin duda el que no hemos visitado.
El
camino mejor, el no pisado.
El
futuro más cierto, la duda y el olvido.
La
libertad más amplia, la de tu propio cuarto solamente.
El
triunfo más inmenso, no ser nada.
La
duda más atroz, haber vivido.
(Cumbre
del Etna, 2004)
Y AÚN EL CORAZÓN
La
garganta sajada
con
hojas de afeitar.
Los
ojos taladrados
con
puntiagudos dardos.
Perforado
el cerebro
con
martillos.
El
pecho violentado
por
hachazos.
La
lengua desgarrada
por
afiladas pinzas y cizallas.
Las
manos maniatadas
con
alambre de espino.
Los
pies clavados firmes
al
suelo de la tumba.
El
alma arrinconada
en
un vaso linfático
yerto
y deshabitado
por
completo...
Y
aún el corazón
dando
un suspiro al verte
y
los labios urgentes
diciéndote
te quiero.
(Catania,
Piazza del Duomo, 2004)
DE TU MANO
De
tu mano (he dicho de tu mano)
he
visitado
las
cavernas más lóbregas del mundo
así
como los cielos más azules.
Arrastrado
por ti,
por
tu pericia (he dicho tu pericia)
y
no se sabe qué que nos ataba,
(o
por esa nostalgia de haber sido)
he
estado dando tumbos como un necio,
por
fangales sin rumbo
durante
negras noches
y
he rozado la luna con mis dedos
en
horas increíbles
de
gozo y de sosiego.
Por
ti, por tu demencia o tu cordura
(ambos
conceptos se me mezclan siempre
cuando
hablo de lo que te concierne),
he
logrado vivir intensamente
lo
que nunca en mi vida hubiera hecho
(de
haber tenido yo que decidirme
por
andar tales pasos por mi cuenta.)
(¡Era
el velo del alba tan oscuro...!
¡Sonaban
tan atroces las sirenas...!
¡Me
dolía la sangre de tal suerte
cuando
fluía veloz por mis arterias...!
¡Me
amedrentaban tanto los silencios...!
¡Sigue
siendo la noche tan extraña...!
¡Hay
en el beso aún tanto misterio...!
...que
a veces se precisa
que
llegue hasta tu lado, una mañana,
aunque
sea una sombra del pasado
para
arrancarte a auténticos tirones
del
encierro feroz en que pervives
y
llevarte hasta el borde del abismo
para,
una vez de cara al precipicio,
despeñarte.
(Naxos,
2004)
LO QUE NO SUPO NUNCA LA ROSA
Lo
que no supo nunca la rosa
es
que el rubor de sus pétalos
sólo
estaba en las lívidas miradas
de
los ingenuos amantes.
Lo
que no supo nunca el amante
es
que la pavor de su pecho
nacía del miedo secreto
al
inseguro beso de la noche.
Lo
que no supo nunca la noche
es
que su velo azabache
era
la negra mortaja
de
los muertos
de amor en
solitario.
Lo
que no supo nunca la soledad
es
que es un sórdido abismo
por
el que vuelan cegados
los
pájaros del silencio.
Lo que no supo nunca el silencio
es
que su oscura mantilla
está
tejida con hebras,
a
su pesar, de esperanza.
Lo que no supo nunca la esperanza
es que su breve esmeralda
aflora del
corazón
partido
en dos por un
rayo.
Lo que no supo nunca mi corazón
es
que atrapó a mi cerebro,
como
a un rehén maniatado,
con
rojos hilos de sangre.
Lo
que no supo nunca la sangre
es
que su rúbeo fluido
era,
ay, el zumo exprimido
de
aquella rosa escarlata.
(Estambul, Mezquita Eyüp,
1993)
DESDE
TU CORAZÓN
Desde
tu corazón a mis oídos
llegaron
los acentos
y
los rumores dulces,
mojados
de un profundo
perfume
de naranjas y arrayanes,
de
todas tus alarmas.
Desde
tu oscuro pecho conmovido
llegaron
a mis dedos
zureos
de paloma acorralada.
Desde
tu honda garganta quebradiza
salieron
por tus labios
surtidores de sangre,
palabras
tan valientes
y conchas tan rotundas
como
la decisión audaz e irrevocable
de
una mujer madura despechada.
Desde
tu boca a mi cerebro austero,
y a mi tranquila casa serenada
lanzaste
leves dardos
tan
cálidos y tiernos
como
la voz de un hombre generoso.
Desde
tu inmensidad lejana hasta mi orilla
enviaste
tus barcos desbocados,
repletos
de regalos asombrosos,
para
ocupar mi playa solitaria.
Desde
tu ardiente lengua,
llena
de vivo fuego sin mesura,
me
inundaste de lava
el
cuerpo y sus recodos tan deprisa
como
un volcán arrasa
la
tierra que destruye y vivifica.
Desde
la sima inmensa de tu abismo
llegó
tu ofrecimiento apresurado
como
una catarata de exigencias,
pidiendo
urgentes alas nacaradas
para
volar conmigo con descaro
y
profanar el velo de la noche.
Desde
tu oculto pecho,
tan
solitario y huérfano,
llegó
hasta mi cabeza
el
grito perentorio que lanzan al vacío
los
seres silenciosos
que
viven aorillados de la suerte.
Y
yo dejé invadirme con todos tus aromas y tus ráfagas,
con
tu veneno dulce,
como
el valle callado al que recorre el viento presuroso,
en
una noche ardiente de verano
fogoso
y polvoriento,
arrasándolo
todo
con
su bochorno destructor e higiénico.
(Hammamet, 2004)