MOTES MARTEÑOS

Por Alfonso Oroz

La Villa de Martos, en la provincia de Jaén, es famosa porque en su término municipal existe la mayor concentración mundial de olivar y de producción de aceite de oliva. También lo es, aunque en un ámbito más restringido, por el tradicional empleo de motes o apodos que vienen a sustituir y en muchos casos relegan al olvido a la identificación habitual y, digamos, "oficial" de personas y familias.

Estos motes suelen transmitirse a los cónyuges, y los hijos los heredan de sus padres a lo largo de varias generaciones, aplicándose sin modificación a los descendientes, salvo que en alguno de ellos concurran circunstancias especiales o que protagonicen sucesos pintorescos que les hagan acreedores a algún nuevo mote inventado para el caso. Por todo ello, la memoria colectiva del pueblo llega a perder el rastro de su origen primitivo. Se conoce sin embargo el de otros, de creación reciente, de los que daré tres ejemplos representativos.

La Matá

Es (o era, no sé si vive todavía) la viuda de un albañil que en su juventud tuvo la desgracia de caer del andamio, sufriendo heridas graves que hicieron temer por su vida. Como alguien del pueblo había transmitido erróneamente la noticia de su muerte, al presentarse unos meses más tarde en la obra para reanudar su trabajo, sus compañeros le aplicaron el mote de "el Matao". Naturalmente, cuando muchos años después murió de verdad, su viuda, a quien algunos conocían ya por "la Matá", heredó "oficialmente" dicho apodo.

 

Trepaltares

El personaje al que se aplicó por primera vez este mote, heredado luego por sus descendientes, era un sacristán que ejercía de sochantre. Tenía un vozarrón tan potente que, al cantar, "trepaba" los altares. Para comprender esta frase es preciso saber que, en el dialecto local de Martos, el verbo trepar significa derribar. Se dice por ejemplo: "¡no me empujes que me trepas!".

 

Sorsevino

Se conoce por este apodo a una señora que en su juventud ingresó en un convento, pero luego se salió y "se vino" otra vez al pueblo. De ahí lo de Sor "se vino".

 

* * *

 

Algunos apodos definen claramente rasgos del carácter del personaje. Por ejemplo, el de Juan Sinsangre, que sin duda es un individuo frío, escéptico y calculador. En cuanto a La Oración del Huerto debe de retratar a un personaje - creo que es un hombre- especialmente quejoso y pesimista, aunque no necesariamente religioso. Se parece un poco a otro apodo que no he recogido en la lista de motes marteños por estar muy extendido por toda Andalucía: Agonías. Algo parecido debió de ocurrir en el caso de Memuero y tal vez en el de El Mísere.

Pero ¿quién será capaz de imaginar los orígenes de motes tan pintorescos como Madejilla, Papilón o Cobertera? ¿De qué clase de dinamismo - físico o anímico- estarían dotados unos señores apodados Oleadas o Cohete? ¿Qué me dicen de Engañalosas? ¿De dónde procede Cangrena? ¿Qué circunstancias concurrieron para que se aplicase a alguien el mote de Mediaencina? ¿Y el de Cagares?

 

 

He aquí la lista de los cerca de ochenta apodos que he podido registrar:

 

Arenillas

Blanca Nieves

Bollicos

Borricones

Brevas

Bruno

Cachucho

Cagares

Calabaza

Calabobos

Cangrena

Cavila

Chaquetilla

Chimenea

Churripa

Clavijo

Cobertera

Cohete

Colomera

Coloretes

Costuras

Currusco

Diezreales

El Avellano

El Calvillo

El Canario

El Cenicero

El Chivo

El Limpio

El Meón

El Mísere

El Pelao

El Zorrico

El Zurdo

Engañalosas

Granizo

Juan Sinsangre

La Elvira

La Bragueta

La Graniza

La Matá

La Maúra

La Mindola

La Oración del Huerto

La Panzona

La Puñales

La Regovera

Las Matías

León

Liberal

Los Gameros

Los Loquillos

Los Herederos

Los Percheros

Los Zocatos

Madejilla

Matalaúva

Mediaencina

Memuero

Miguelón

Mohíno

Niña Antonia

Oleadas

Paco el Gordo

Pancilla

Papafrita

Papilón

Parral

Patasco

Pechuguito

Picatoste

Piojo

Rabiche

Sombrerón

Sorsevino

Trepaltares

Verruga

Vinagre

Zapatones

 

 

¿Hay quien dé más?

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