ARRECIFES DE CORAL

 

Los Arrecifes de Coral en el nordeste de la costa de Australia, conocidos por el nombre "The Great Barrier Reef", son una maravilla tanto para los buzos que quieren explorar la belleza que hay bajo del agua o (ya bien sea por diferentes razones), para los que solamente quieren percibir un poco de esta belleza: andar sobre el arrecife.

Yo me tengo que apuntar con los últimos, mis razones muy sencillas: ¡no se nadar y tengo miedo al agua! Pero como todo lo nuevo me intriga y los peces de colores me atraen una barbaridad... con la ayuda de máscara de goma apropiada he perdido la cuenta de cuantas veces me he zambullido en las cálidas y cristalinas aguas de esta costa. Además he vivido en Cairns, la puerta de los arrecifes; no entrar es imposible. Los culpables mis dos hijos; Caroline y Bill que me han llevado bien dentro del mar para enseñarme esto o aquello que habían descubierto.

Los peces son muy inquisitivos todos ellos, solamente tienes que estar quieta un momento, sin apenas moverte y te vienen a mirar. Peces de mil colores y tamaños discutiendo entre ellos para ponerse en primera fila e inspeccionar esos peces extraños con pies y brazos. ¡los hay tan "frescales" que hasta se dejan acariciar! Al instante dan una voltereta y se alejan a sus escondites.

El Coral es un animal (aunque parece vegetal) deslumbrante. Esculturas artística y delicadamente esculpidas, algunas parecen más bien filigranas de porcelana fina. Coral de "abanico" tal y como su nombre dice; un precioso abanico. Coral de "fuego" su color rojo vivo, pero ojo en tocarlo; el veneno de este quema la piel, las llagas muy dolorosas y desfiguran. Los colores del coral mientras están vivos bajo el agua dan envidia al arco iris; colores fuertes, llamativos, deslumbrantes, pero una vez fuera del agua cuando muere el animal pierde el color.

Cuando la marea baja se puede andar sobre el coral, llevando calzado apropiado, desde luego. Nunca sabes si la "piedra" donde pisas es "roca" o un pez roca. El veneno del pez roca es tan potente que en media hora mata. Según dicen los expertos el dolor producido por este pez es infernal y los que con ayuda de emergencia se salvan sufren ese dolor por meses. ¡Y bien feo que es el dichoso pez roca! Aquí tenéis uno.............

Dejamos al pez roca tranquilito y continuamos con nuestro paseo. Las estrellas de mar son lindas y de varios colores, no tanto la estrella llamada "corona de espinas" enemigo numero uno del coral: una manada bien grande de coronas de espinas y adiós coral, en muy poco tiempo solamente quedan los esqueletos de coral.

Vamos andando por el arrecife admirando esta o aquella anémona y de pronto nos encontramos con un grupo de almejas gigantes, moluscos de un metro de longitud y casi otro tanto de altura, que en cuanto nos acercamos cierran sus conchas y al hacerlo nos riegan con un buen salpicón de agua.

Mientras mis hijos, dichosos ellos que nadan como peces, exploran en sitios donde el agua... digamos que es más alta que yo, yo me entretengo chapuceando en lugares donde el agua... no me pase del cuello! Aaahhh, la seguridad que dan estas máscaras de goma...

Todo va viento en popa; los pececitos vienen tan cerca que les puedo tocar si mantengo los dedos quietos, en cuanto me muevo es estampida a los escondites; para volver al instante, ¡claro! Hay un "sting-ray" gigante con lunares azul eléctrico; de punta a punta en las alas casi un metro, de la boca a la punta de la cola, casi dos metros. Este sí que es un profesional que requiere toda la atención. Majestuosamente se desliza entre las aguas y me toca con una de las alas. Acaricio su ala, vuelve a pasar cada vez más cerca. Esta vez le acaricio desde los ojos hasta casi tocar el pincho (de veneno) que tiene al principio de la cola. Solamente hay peligro si uno tiene la mala fortuna de pisar sobre el pincho cuando ellos están escondidos entre la arena. Soy su pesca, no deja que ningún otro pez se acerque a mi. Muy pronto se cansa de mi y se va por otros caminos. En cuanto se ha ido regresan un montón de pececillos pequeños... y no tan pequeños. De golpe y porrazo, como por encanto, sin saber como ni por qué: he perdido el equilibrio, todo es oscuro, algo me da un revolcón y no sé si estoy arriba, abajo o como; no puedo tocar "suelo". Tras unos momentos de verdadero apuro y gracias a la máscara recobro el equilibrio. Mientras me parece que mi corazón se ha quedado en el fondo del mar... pero no, ahí va, ¡a un galope loco dentro de mi pecho! ¡Ufff! ¡que apuros!

Mis hijos y más gente que han visto toda la hazaña y peripecias que he pasado, se están destornillando de risa a mi costa (¡cretinos!) ¿La causa de mi vergonzoso revolcón?: ¡Miles de peces en estampida perseguidos por una manada de atunes hambrientos!

Ya está bien. Me salgo del agua con muy mal talante. Me tumbo en la toalla sobre la arena bajo las palmeras y para calmar mi pulso todavía enloquecido tomo un "Cuba Libre" con mucho hielo.

Al anochecer, cuando refresca el aire tropical regresamos a casa.

De todo lo que han visto, mis hijos van a contar a sus compañeros lo mejor de la jornada; mamá en el centro de ¡"una pesca entre peces"!

 

 

Amparo Moya

Sydney Australia 1998

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