El Moncayo
.Manolo Panea
¿Te has parado a examinar los mapas meteorológicos de los programas de previsión del tiempo de la "tele", con esos soles y esos nubarrones tan monos que ponen? Pues, a poco que te fijes, apreciarás claramente la cuenca del Ebro como un gran triángulo alargado tendido de noroeste a sureste.
El lado sur de esta enorme cuenca está formado por el Sistema Ibérico, una larga sucesión de sierras y macizos que se extiende desde la cordillera cantábrica hasta cerca de las costas de Castellón.
Y, en el centro del sistema, ¡el macizo del Moncayo!
Este gran macizo montañoso fue en la Edad Media la frontera natural entre los reinos de Castilla y Aragón. Ahora separa las provincias de Soria (al oeste) y Zaragoza (al este).
En este macizo se hallan las mayores alturas de todo el Sistema Ibérico, culminando en los 2.315 metros de la cima del Moncayo (la cota más alta de toda la provincia de Zaragoza). Ni punto de comparación con los Pirineos de Huesca, claro (allí esos 2.300 metros son la altura media, muchas cumbres sobrepasan los 3.000). Pero no importa sólo la altura, el Moncayo tiene sus encantos en otros aspectos.
A pesar de su "modesta" altura, destaca majestuoso en el horizonte al observarlo por el este desde las llanuras del valle del Ebro (que están sólo a poco más de 200 metros de altitud) o por el sur desde la vega del Jalón (a poco más de 300). Desde las altas tierras de Soria resulta algo menos espectacular.
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El núcleo central del macizo se levanta abruptamente sobre las tierras circundantes, mucho más bajas: Tarazona (la capital de la comarca) está a 480 metros de altitud, el pueblecito de Vera de Moncayo (que está "a la vera del Moncayo") se encuentra a 630 metros, otros pueblos de las faldas del Moncayo (Añón, Litago, Trasmoz, Lituénigo, San Martín de la Virgen del Moncayo) están situados entre los 750 y los 850 metros. Desde ahí hasta los 2.300 y pico de la cima del Moncayo quedan muchos metros.
Estos fuertes desniveles en un espacio relativamente reducido y las diferentes condiciones climáticas de las laderas con distinta orientación geográfica han originado una gran diversidad ecológica; voy a citar 4 aspectos:
1)
Los glaciares del Moncayo.Habitualmente relacionamos los glaciares con las altas cumbres de las grandes cordilleras.
¿Te imaginas glaciares en el Moncayo? Pues sí. Durante la última era glaciar se acumularon los hielos en la ladera noreste del Moncayo (la más protegida de la insolación).
Ya no quedan hielos, claro; eran otros tiempos. Pero se aprecian claramente tres cubetas glaciares, situadas a unos 2.100 metros de altitud: las dos más meridionales (circos de Morca y San Gaudioso) son de dimensiones relativamente modestas, la más septentrional (Pozo de San Miguel o circo del Cucharón) presenta unas morrenas realmente impresionantes de grandes bloques de piedra.
2)
Los ríos Queiles y Huecha.Se puede decir que el Queiles es un río poco aragonés. Nace junto a la localidad de Vozmediano (en la provincia de Soria), en el paraje conocido como Nacedero de Vozmediano (donde afloran las aguas del río Araviana que se filtran y desaparecen en un terreno kárstico). Rodea el Moncayo por el norte, atraviesa Tarazona, riega un pequeño territorio en los alrededores de esta ciudad y pasa en seguida a tierras navarras.
El Huecha es más nuestro. Nace al sur del Moncayo (más propiamente en la sierra de Montalbo) y en su curso de oeste a este hacia el Ebro riega las ricas tierras del Campo de Borja (con excelentes viñedos, frutales y huertos).
3)
La vegetación de ladera.Las zonas más bajas del macizo, en las desembocaduras de los numerosos barrancos que descienden de él, están formadas por los arrastres depositados por las aguas torrenciales de los barrancos. Aquí crecen solamente matojos de especies adaptadas a estos suelos pobres y secos (aliaga, tomillo, romero, enebro, coscoja).
Las laderas por encima de estos terrenos de aluvión están ocupadas por bosquecillos de carrasca, encina y roble. En los claros soleados crecen majuelos, endrinos y rosales silvestres.
A partir de unos 1.300 metros de altura, por encima de esta faja de árboles de hoja dura hay extensos pinares (en las zonas soleadas y secas) y hermosos hayedos (en las zonas más frías y húmedas); los hayedos (que en las laderas de los Pirineos ocupan amplios territorios, con ejemplares de gran porte) están limitados en el Moncayo a unos pocos enclaves, y no aparecen ya en otras tierras más meridionales de Aragón. En algunos reductos hay magníficos bosquecillos de acebo arborescente. Los cauces húmedos y frescos de los barrancos están ocupados por fresnos, sauces, abedules y álamos.
El invierno es muy duro en el Moncayo por encima de los 1.600 metros. Aquí sólo resisten el pino negro y el enebro.
Más arriba, ya sin especies arbóreas, es zona de pastizales. La zona más próxima a la cumbre (por encima de los 1.900 metros) está cubierta por la nieve durante una gran parte del año. Cuando la nieve desaparece, deja al descubierto extensos canchales (campos de piedras) prácticamente sin vegetación.
4)
Parque Natural de la Dehesa del Moncayo.Magnífico. Magnífico. Magnífico. ¿Sigo?
Un tupido bosque de árboles de hoja blanda ocupa la zona baja de la ladera oriental del Moncayo. Toda esta zona (casi 1.400 hectáreas) fue declarada Parque Natural en 1978.
Es, sin duda, la zona más visitada del Moncayo. Una carreterita (con ramales desde todos los pueblecitos de la falda) asciende por la ladera y llega casi a las puertas del santuario del Moncayo; para los menos perezosos, varios senderos trepan también hasta el santuario.
En varios lugares se han instalado zonas recreativas con chimeneas, mesas y bancos. Agua fresquísima abundante en numerosas fuentes.Y un campamento juvenil.
En el santuario de Nuestra Señora del Moncayo, situado a 1.620 metros de altura, lo más interesante es la antigua iglesia (donde se conserva una talla de Nuestra Señora del Moncayo, del siglo XIII) y lo más atractivo es la vista sobre los pueblecitos de la falda del macizo.
Con ganas de andar, desde el santuario hasta la cumbre del Moncayo hay casi 2 horas (700 metros de desnivel). Pero vale la pena. Una cruz de hierro, una estatua de la Virgen del Pilar, una señal de vértice geodésico y un seco pedregal es lo único que hay allí. Pero la panorámica es soberbia; si la atmósfera está limpia, la vista alcanza hacia el noroeste hasta la cordillera cantábrica (¡sí, sí!), hacia el norte hasta los Pirineos, hacia el sur hasta Guadarrama. ¿Qué te parece? No se puede pedir más.
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No se puede hablar del Moncayo sin nombrar el monasterio de Veruela.
Pero esto se queda para otro día.
¡Hay tanto que contar de Aragón!