LO QUE QUEDA POR VIVIR

Osvaldo Mendoza Cossio


Para que no crean que voy a morirme,

Me pasa todo lo contrario,

Sucede que voy a vivirme,

Sucede que soy y que sigo.

Se trata de que tanto he vivido

Que quiero vivir otro tanto

 

 

Pablo Neruda

 

 

 

 

 

Dedico  estas páginas a las tres mujeres que en mi vejez

Me conectan con el mundo: Ana ,  Connie  y Carmen.

 

 

 

 

 

 

Introducción

 

 

 

Cuando tienes que escribir o hablar de algo tan cercano como la vejez, no sólo porque lo llevas encima como un aparejo naútico, sino porque ha penetrado ya en todas las capas del ser, hasta allá, en los fondos moleculares del genoma, digo, ya no se puede hablar de cercanía, sino de co-habitación, como la carcoma en la madera, entonces, repito, me da un miedo tremendo de soltar necedades.

Porque de la vejez habla todo el mundo: hablan el médico, el gerontólogo, el sociólogo, el analista demográfico, la nutricionista, el masajista, el filósofo, el político y un sin fin de especialistas de diversas cosas, pero seguro que no “ en vejez “.

Yo no hablo como especialista, hablo como un hombre mayor - viejo - que ha estado atento a su cuerpo, que ha sido capaz de ese acto reflejo de volver la mirada hacia adentro, que ha querido a su cuerpo y que ha seguido atento a ese deterioro, lento, pausado pero inflexible de la condición corporal humana.

Lo que leerán es mi percepción de la vejez, y que no pretende más que dejar un pequeño testimonio de cómo sobrellevar con hidalguía y serenidad ese aparejo que no es distinto de la nave, sino que es la nave misma.    Vamos, pues, a navegar.

NACIMIENTO: PERSPECTIVA, LA MUERTE.

Todo lo viviente, al nacer, tiene como perspectiva vital, correr hacia la muerte. Así, la muerte es el correlato de la vida. Así la muerte tampoco es un castigo por un pretendido primer pecado; al contrario, “ es un regalo para la especie ya que así le permite un nivel óptimo de desempeño “ (2)

“ La muerte como una necesidad de la vida “ (3) es una evidencia científica. Los seres no vivos, no mueren. Se descomponen en elementos más simples, pierden la complejidad que pudieron tener en su existencia. La muerte es un acto vital, el último, pero necesario para que ese ser vivo se descomponga en sus elementos más simples y retorne al ciclo de la segunda ley de la termodinámica. (4)

El Universo es un “ sistema complejo “ que se diversifica en complejidad. En el reino animal “ la vida de los mamíferos está relacionada con su tamaño. El mamífero más pequeño, la musaraña, puede vivir año y medio, y la rata, de 4 a 5 años. El conejo, vive 15 años; el perro, 18; el cerdo, 20, el caballo, 40 y el elefante puede alcanzar los 70”.(5)  Cuanto más pequeño el animal  más rápidamente vive,  más rápido es su ritmo cardíaco. Pero esto no significa que a mayor tamaño corresponda mayor complejidad.

El camino hacia la muerte es un proceso natural del ser vivo: las mejores condiciones de vida, los cambios en la alimentación, los avances de la medicina permiten al hombre vivir más tiempo, atrasar más la muerte. Los promedios de vida en los países ricos (Norte) cada vez sobrepasan las estimaciones y en situación normal hoy en día, el hombre puede llegar a vivir  80 o 90 y 100 años, excepcionalmente.

Pero en esta trayectoria se topa con una “ debilidad progresiva, con el aumento de la fragilidad de los huesos, la pérdida de vigor de los músculos, la rigidez de las articulaciones, el descenso de los reflejos, la debilitación de la vista y la declinante

agilidad de la mente “(6) Este deterioro, rápido o lento, es inexorable. A esto le llamamos vejez. Lo que sí queda claro, debe quedar claro, es que la vejez no es una “ enfermedad “. Es un momento de la vida, como la niñez, la adolescencia. Se empieza a envejecer al momento de nacer y , cada día,  es una búsqueda de la vejez definitiva que desembocará en la muerte. “ El mejor fin de la vida es aquel en que estando sana la razón y en pleno vigor los sentidos, la naturaleza misma que construyó la obra, la destruye “ (7)

Debiera haber una “cultura “ de la muerte, no en el sentido mexicano, sino en el sentido de asistir a la propia muerte con la tranquilidad que da  sabernos  “perecibles”,  “ estrellas fugaces “, seres de paso, y que la muerte es el fin de un proceso biológico inscrito en el cuerpo vivo.

Llegamos a ser corporal y fisiológicamente “viejos”, ya que la biología del ser viviente debido a procesos aún no del todo esclarecidos “ envejece “... Pero, somos algo más que bioquímica, algo más que procesos delicados y complejos de partículas, moléculas, enzimas y proteínas.

 

FISIOLOGIA  VERSUS CHISPA INTELIGENTE

 

Hoy queda claro que nuestras diferencias genéticas con algún tipo de gusano, rata o simio son tan escasas que la complejidad del ser humano no puede despreciar la complejidad genética de algún gusanillo de laboratorio.

La fisiología, los procesos fisiológicos son tan complejos en la musaraña como en el hombre. La diferencia, seguro, no viene por la diferencia en la complejidad de los procesos. No somos puro metabolismo. No somos, ya viejos “ un amasijo de órganos en estado de continuo desmembramiento “(8), y que depende de nuestra capacidad  fisiológica  de coordinación suficiente para poder continuar viviendo. Hay una dimensión humana que trasciende lo puramente genético, la mera evolución físico-biológica-corporal. Somos algo más que un gusano evolucionado a través de millones de años ( aunque, a veces, uno tenga derecho a dudarlo). Somos “ polvo de estrellas”, pero al decir de Quevedo “ polvo enamorado “, dimensión que nos lleva a ser capaces de diferenciar el Bien y el Mal, y de adherirnos a uno u otro.

 

Envejece el hueso, envejece la piel, el músculo, envejecen las funciones reproductoras, pero no envejece el afán de conocer, no envejece la voluntad de querer, no envejece la capacidad de amistad, la capacidad de amar a otros, no envejece el  espíritu de sacrificio del padre o madre por sus hijos, por sus nietos. Todo ello es un indicio -  para mí - de que hay algo más que moléculas, que bioquímica. Puede (¡aún queda tanto por descubrir !)  que en eso que hoy llaman “ basura genética “, esté la pizca definitiva que nos separa del chimpancé, y no digamos nada, de la cebolla, que tanto nos hace llorar.

 

Reivindico, por tanto, más allá del materialismo físico-químico corporal, por el cual hemos reducido la “ idea “, el “ concepto “, la “belleza “, la “bondad “, la “justicia “ a una mera conjunción de hervores de humores corporales un tanto arbitrarios;  reivindico, digo, una chispa extraña, indomable que es la que hace decir a Guillaumet en “ Tierra de Hombres” de Antoine de Saint-Exupery, después de andar perdido entre los hielos de la Cordillera de los Andes por haberse estrellado su avión ( es un decir  llamar a esa cosa avión): “ lo que yo he hecho, te lo juro, jamás lo hubiera hecho ningún animal “. (9)   Somos mucho más que unas babosas pensantes. (10)

Esa chispa no envejece. Morimos con ella, fresca, lozana, radiante, aunque de viejos nos hayamos hundido en el pozo sin fondo de la pérdida de la memoria. Morimos con  la chispa de la vida humana que nos acompaña hasta el último suspiro.

 

ENVEJECIMIENTO

 

Los viejos sabemos de la fragilidad de nuestros huesos, de la pérdida de vigor de nuestros músculos, de la dureza de nuestras articulaciones, de nuestra falta de reflejos, de nuestra progresiva debilidad de la vista, de la terrible e implacable pérdida de la memoria.

 

Si hemos estado atentos a la lectura de nuestro cuerpo llega una “ edad “ ( ¡ es una invención humana, es uno de los muchos códigos que usamos para entendernos !) , en que empezamos a sentir los primeros síntomas del envejecimiento.

Empezamos a ver - a estas alturas ya llevamos gafas, seguro - pequeñas manchas marrones en nuestras manos; más de alguna en el rostro; la piel, empieza a agrietarse, las rodillas, los codos, los hombros a ponerse duros; los músculos a perder flexibilidad. Nos cansamos si subimos varios pisos; nos cansamos si nos pegamos un trotecillo. ¿ A qué edad ? ¡ qué importa ! Es un proceso que viene de lejos, y que, en ese momento, se deja sentir.

Uno repasa las grandes obras literarias, aquellas que nos han dejado una marca y descubre que se habla de niños, de hombres o mujeres adultos y de ancianos. La juventud es un invento del siglo XX : “ Hace cien años se pasaba directamente de la adolescencia a la edad adulta sin más rito que la boda o cualquiera otra novatada de iniciación a la mayoría de edad. Hoy en cambio, la transición desde la pubertad hasta la edad adulta dura 15 años (como mínimo), pues no finaliza hasta casi los treinta”. (11)

Este largo período se llenó de aprendizaje, de formación para una profesión, o de“ ocio “ para las clases adineradas , que con el tiempo se ha democratizado, creándose lo que Gil Calvo llama el “ mercado de la eterna juventud “, o “ el mercado de la seducción “, que dice M.Houellebecq (12). Todo con tal de aparecer menos viejo, que no más joven.

Pero el cuerpo reclama su derecho a envejecer. Dos teorías (13) intentan explicar el proceso imparable del envejecimiento.

 

1. ACUMULACION DE ERRORES BIOLOGICOS

 

Esta teoría intenta explicar que a medida que las células envejecen, acumulan errores.

Los seres vivos tenemos mecanismo normales de reparación dentro de las células, procesos que pueden enfrentarse a daños de una cierta magnitud en los tejidos. Un mecanismo normal del ser vivo, experimentado por todos, alguna vez, es el proceso de cicatrización de una herida, por ejemplo. El envejecimiento se explicaría por una incapacidad - a partir de cierto momento - para reparar todos los fallos que ocurren normalmente. A todo ello, se añade el desgaste y el estropicio derivado de un entorno  agresivo, para el ser vivo.

 

 

2. ACTIVACION GENETICA PROGRAMADA

Aquí se plantea la hipótesis de que el envejecimiento de los organismos vivos se debe a una conspiración genética. De que el hundimiento es mucho más deliberado, con baterías de “ genes suicidas “ que se activan en momentos determinados y hacen que las células se debiliten y los tejidos se deterioren, sin posibilidad de reparación, o con reparaciones muy lentas.

De una u otra forma, envejecemos. La investigación genética nos aclarará el misterio, ya que ahora mismo la frontera entre una y otra teoría es borrosa.

Lo que sí es seguro es que en nuestro código genético está inscrito el envejecimiento. ¿ Tendrán que diseñarnos de nuevo? ¿ Tiene algún sentido doblar la mano a la naturaleza? ¿ Vale la pena atrasar el envejecimiento, o prolongar una vejez en  que la fatiga del material es evidente?

¿ Cuando empieza la vejez?  En ese momento trascendental en que el cúmulo de preocupaciones que nos llenaban la mente, la voluntad, la imaginación echan marcha atrás y aparece el primer síntoma, en algún sitio del cuerpo, de un dolor perdurable. Hasta ese momento nos hemos dejado arrastrar por las constantes y serias preocupaciones de un hombre/mujer adulto contemporáneo: trabajo, que no te pisen, (hoy le llaman “acoso moral “), escalar posiciones, llevar dinero a casa, pasártelo bien ( si puedes ), aguantar todos los fallos de los electrodomésticos que adornan la casa, preocuparse, de vez en cuando, por los hijos ( de haberlos), por la mujer, enamorarte de alguna otra que no sea la tuya o de un hombre que no sea el tuyo, en fin, las mil preocupaciones que ofrece la vida moderna... Bueno, ese día  de nuestra vida en que todo ese montón de carga psíquica se detiene, porque nuestra consciencia nos ha dado el toque de que de ahí en adelante habrá que tener en cuenta al cuerpo, a este innegable amigo al que hemos maltratado como si fuéramos inmortales. A partir de ese día todo cambiará. He tenido conocidos que al cumplir los 50 años se han hundido en una depresión profunda. Hoy en día, cuando a los 45 años ya no encuentras trabajo y empiezas a padecer el “ síndrome del inútil “, y si uno vive hasta los 70 u 80, ya se me dirá que hace esos 30 o 35 años, sino dedicarse a fabricar la más extraordinaria y oculta depresión que nunca imaginó Freud.  O distraerse.

Esto es lo que ofrece, de un modo optimista , la sociedad a la Tercera Edad. ( ¿ Recuerdan que hace unos decenios no existía el Tercer Mundo ?). Distraerse: que el vigor sexual reaparece, con Viagra o sin él; que excursiones, que paseos a la playa o a la montaña ( en los 80 se descubrió la veta económica de los abueletes), que gimnasia, que cursillos de cocina, de tai-chi, de literatura sueca o normanda, que ganchillo o manualidades, que cursillo de Internet ( es el último grito). La explotación masiva de Residencias, de viajes concertados,  de insuflar “ alegría de vivir “ antes de la muerte. Todo el mundo se ha aprovechado de estos ingresos seguros y regulares de por el resto de vida: Los Bancos y Cajas, con ese olfato que los caracteriza, entraron en una lucha a muerte con ofertas increíbles para “ asegurar “ la vejez.

Los  años 90 continuaron en esta línea, llegando hoy  a ofrecer el último hallazgo de laboratorio con la promesa de una eterna juventud: la nueva hormona DHEA ( dehidroepiandroesterona ) que “ retrasa o alivia las marcas del envejecimiento, actúa sobre el color y la tersura de la piel, sobre la masa ósea y sobre el nivel de la libido “   (14).

Más adelante, V.Verdú, dice: “ la vejez es, según un concepto en boga, como un proceso de despojamiento del cuerpo, un gradual desvalijamiento de su energía y sus sustancias...¿ Podría entenderse el deterioro no como un desgaste irreversible, sino como un surtido de carencias posibles de subsanar ?”. (15) La pregunta tiene filo, porque según la oferta del mercado todas las carencias se pueden, hoy en día, suplir .  La experiencia personal, la de todas las personas mayores, apunta más bien al desgaste irreversible y sin vuelta de hoja.

Vemos que es de actualidad preguntarse por la vida, la muerte, por el cuerpo como belleza, por el cuerpo como esfuerzo y por el cuerpo como experimento. Todo el sector comercial de la estética nos enseña cada día los millones de millones que se gastan en operaciones para alcanzar un modelo de belleza y, por otro lado, un intento por retrasar el inevitable envejecimiento. Basta ver en T.V. algunos de esos tristes personajes operados. El  deporte que mueve tantos millones de dólares, nos muestra el cuidado del cuerpo para el esfuerzo gigantesco de ser los primeros en la meta. Desde los alimentos especiales, de diseño, hasta la química enpastillada, igualmente de diseño, pasando por el vestuario, también de diseño, hacen del deporte, del cuerpo humano haciendo deporte un mercado donde se trafica con todo.

El cuerpo como experimento nos introduce en las negras fauces de una ciencia que no se detendrá ante nada, pues al igual que los otros aspectos, es parte en esta competición mundial por ganar mercados: se experimenta con todo, y se trafica con todo, con tal de ser los primeros en la publicidad por haber descubierto un virus, o un remedio, una forma de curar sin dolor, o una pastilla que prolonga la vejez por una eternidad.

Todo ello se nos dice que es al servicio del ser humano. La verdad desnuda es que sólo se trata de mejorar las cuentas de resultados, obtener mayores beneficios con menos mano de obra, rentabilizar el conocimiento y, finalmente, enriquecer a los que siempre han sido ricos.

Pero el “ tiempo es decidido “, dice Neruda; crece dentro de cada uno de nosotros, de manera inflexible, cada día y cada noche. Ese reloj no hay manera de detenerlo

                                                                       

VEJEZ Y JUBILACION

 

La ley ha establecido como edad de jubilación los 65 años. Jubilarse significa el retiro de la vida laboral, ordinariamente por cuenta ajena. Una persona que porque se ha sacado una primitiva, o hereda de la familia una empresa próspera, o tiene en el banco unos millones que le aliviarán los años, no se jubila como el resto de los mortales, que pasarán a depender de  una pensión de jubilación, que no dice relación ni con los años que trabajó, ni con lo que cotizó.

 

El jubilado normal, el hombre de la calle, el hijo de vecino, el oficinista, la dependienta cuando se jubilan entran en la dorada edad del “ dolce far niente “. Júbilo, dice el diccionario del prof. Seco es “ alegría intensa y expansiva “; viene del latín jubilare, alegrarse o regocijarse. Y aquí estamos de nuevo. Poco jubilados, al dejar su trabajo, creo, que lleguen a dar gritos de alegría, monten la correspondiente fiesta, y contagien a todos con su expansivo regocijo. Que de haberlos de esta especie, haylos. Pero la gran mayoría no tienen muchas razones para este júbilo: a no ser que seas político conocido y te dedicas entonces a enseñar tu particular sabiduría a unos precios de ensueño. No. La gran mayoría, después de 30 o 35 o  40 años de trabajo se encuentran que tendrán que pasar el resto de la vida que les queda con una pensión pobre.

 

Jubilados de las tareas importantes de esta vida, apartados de los quehaceres, hasta ahora cotidianos, como ganarse la vida, o sustentar una familia, o sentirte útil, lo que queda por vivir siempre será más difícil de vivir que lo que se ha vivido, porque se ha llegado a “ ese instante de conocimiento “ que nos permite apreciar lo singular de nuestra situación y lo singular del “ peso “ de los años. Ahí, la vida nos empieza a consumir.

 

Por otro lado, vejez y jubilación no son sinónimos. Y más, hoy en día con aquello de las prejubilaciones. Así es casi seguro que todo “viejo” es un jubilado de algo, pero no todo “ jubilado “ es viejo. Así como tampoco se corresponde vejez y edad. La edad ya lo hemos dicho antes, es una convención, un sistema de medida, inventado por el hombre, como el sistema métrico o el color de las luces de los semáforos . A los , pongamos por caso, 70 años , puedes ser un individuo activo, creativo, entusiasta; y otro, a los 35 años, arrastrarse como un inválido ( es un decir ).

 

El neoliberalismo globalizador , hoy, ataca los sistemas de pensiones de países como España. Todas las predicciones de los organismo internacionales, manejados por ese capital virtual que se mueve globalizándolo todo, auguran respecto al envejecimiento de la población, diciendo estos expertos que será económica y financieramente imposible  tolerar el actual sistema de pensiones. Así auguran que para el año 2050     ( dentro de 49 años) la población española tendrá un 21.6% menos de habitantes, y de los que quedan, un 44% será mayor de 60 años.

 

Algún demógrafo sensato (16) ha dicho a este respecto: “ que no hay base científica para una predicción de tan largo alcance, porque nadie ha imaginado cómo calcular cuántos hijos tendrán los niños que aún no han nacido. Cuando se contempla más de medio siglo, se está haciendo ciencia ficción “.

Por lo tanto cuando la OCDE plantea que el sistema actual de pensiones español “debería ser menos generoso”, está haciendo predicciones arriesgadas, aún con vistas al año 2025, pues continúan siendo predicciones de ciencia ficción.

 

 

Vejez, jubilación, aumento de la población mayor de 60 años, disminución de la población activa, incapacidad política de los dirigentes del mundo para  abandonar la idea de un crecimiento económico sin límites, y la necesidad de mover a la humanidad  para que se instale en un desarrollo sustentable. Todo estos son elementos que bordan nuestra condición mortal. “ Nunca, en ninguna época y en ninguna civilización, se ha pensado tanto y tan constantemente en la edad “.(17)

 

LA VEJEZ COMO CULMINACION DE UN PROCESO DE CRECIMIENTO

 

El paso de la niñez a la adolescencia, como de ésta a la juventud, o de ésta a la madurez, pueden ser  pasos decisivos, o situaciones de estancamiento, de fijaciones imperecederas para el resto de vida. En un caso tendremos el “ puer aeternus “, el adultecente, como leí por ahí. La persona que no ha sufrido la complejidad del mundo que lo rodea, ni la configuración de su mundo interior. Crecerá el cuerpo, se hará viejo este, pero su punto de referencia seguirá siendo la niñez o la adolescencia.

 

Si hay transición y siempre es en alguna manera, dolorosa , para el ser humano, dejaremos la edad del pavo y llegaremos a la juventud y de ahí, habrá otra transición, tal vez menos dolorosa que la anterior, porque la “ fascinación de la vanidad “ trabaja para que el joven sufra menos: basta con ser joven, un poco tonto, y estar lleno de semen, y puedes entrar en el Gran Hermano.

 

La edad adulta nos llena de responsabilidades, deseadas o no, buscadas o no y de pronto, llegamos a una etapa en que nos damos cuenta de que tenemos “ historia “.

 

Todos los procesos de crecimiento son complejos y dolorosos. No todos los seres humanos crecemos igual. Me refiero  a ese crecimiento interior, a aquella experiencia acumulada que nos permite, al fin, convertirnos de viejos en ancianos. Estos procesos de crecimiento, desde la niñez a la vejez , debieran ser procesos necesarios para ser     “ personas “. Proceso significa aquí el continuo camino recorrido, el movimiento hacia donde queremos llegar como individuos de esta especie. Proceso significa, igualmente, complejidad; vamos recorriendo ese camino, a través de los años, y vamos conformando una visión particular, propia, necesaria de todo aquello que nos rodea, empezando por nosotros mismos.  ¿ En qué momento de este recorrido tomamos consciencia de que somos un cuerpo perecedero? ¿con la primera enfermedad grave nuestra o de alguien cercano? ¿con la primera insistencia del instinto que nos lleva al otro sexo? ¿ó hacia el mismo? ¿en qué momento tomamos consciencia de la continuidad de nuestra entidad particular, distinta y diferente a todas las otras, que nos permite reconocernos como un “ yo “ profundo y único? ¿en qué momento este “yo” se percibe como parte de un todo, como un banco de experiencias acumuladas, como miembro distinto, de una multitud? ¿en qué momento somos capaces de decir “ tú “al otro/a distinto de  mi experiencia personal?   ¿ Cuándo nos planteamos  llegar a ser ser nosotros mismos ?(18)

 

Este proceso del que hemos hablado es este  llegar a ser, es el camino hacia ser   “persona”. Para los griegos persona era la máscara que los actores se ponían para interpretar un personaje en una tragedia de Sofócles o en una comedia de Eurípides.  Es decir, si me pongo esta  máscara actúo, debo actuar en esta determinada línea. La máscara es “ falsedad “. No soy yo. Asumir la realidad de mi yo, es quitarse la máscara, cualquiera que ella sea. Asumir la realidad personal es llegar a ser lo que se quiere ser. Le hemos dado la vuelta a la tragedia y a la comedia; les hemos quitado las máscaras, y hemos dicho : “ no quiero ser mera representación; quiero ser persona, y no ocultarme tras la sonrisa estereotipada o el llanto trágico. No quiero ser un producto acabado, como lo es la máscara: quiero ser persona en proceso.

 

 

Todo el Universo está proceso. Estamos en camino, cada día luchamos para adecuarnos a un entorno siempre o casi siempre hostil. “ El hombre acumula un conocimiento creciente. Progresa hacia un saber mayor, una mayor libertad, una cultura nueva y quizás, una naturaleza más y más compleja. Seguimos el mismo camino de la materia y de la vida “. (19)

 

Envejecemos como todo lo que nos rodea y creo que hemos descubierto que todo tiene un sentido. Lo habremos descubierto, cuando ya ancianos, achacosos, desmemoriados, tal vez, intentemos narrar o describir el hilo de nuestra particular aventura:

 

 

“ Cerrar podrá mis ojos la postrera

Sombra que me llevare el blanco día

..........................................................

 

Serán ceniza, más tendrán sentido:

Polvo serán, mas polvo enamorado “

Francisco de Quevedo

 

NOTAS

1.

2.   Reeves, Hubert; de Rosnay, Joël; Coppens, Yves; Simonet, Dominique : “ La histo-

ria más bella del mundo “, Anagrama, 1997, Barcelona, pág. 100.

3.   Op.cit. La historia... Id. Pág. 99

4.Rifkin,Jeremy: Entropía (hacia el mundo invernadero), Urano, Barcelona, 1990,

Pág.s 59 y sigts. Primera ley de la termodinámica: “ la energía aunque no puede ser creada ni destruída, sí puede transformarse y pasar de una forma a otra “( más calor - menos calor). Segunda ley de la termodinámica: “Cada vez que la energía pasa de un estado a otro, hay que pagar un cierto precio”. La disminución ( que no su destrucción de energía se llama entropía.

5.   Asimov, Isaac, “  Nueva guía de la ciencia “, Ed.Plaza & Janés, 1993, BCN,          pág.966.

6.   Op.cit.  Nueva Guía... Pág. 966

7.   Cicerón, M.T. De Senectute.

8.   Houellebecq, Michel “ Las partículas elementales “, Anagrama, 1999, Barcelona,

Pág. 71

9.   De Saint-Exupéry, Antoine, “ Tierra de hombres “, Emecé Editpres,2000,Barcelona

Pápg. 48

10. Op.cit. La historia ...pág.165

11. Gil Calvo, Enrique, “ La invención de la edad “ art. El País 4/01/00

12. Op.cit. Las partículas, pág. 28

13. Medina, Johm J. ,” El reloj de la edad “, Crítica, Grijalbo-Mondadori, 1996,

Barcelona, pág. 223

14. Eberstadt, Nichola, American Enterprise Institute. Times. N.Y.

15. Op.cit. Las  partículas..pág. 251

16. Verdú, Vicente: Joven y Masculina, art. El País, 13/06/01

17. Id.

18. Rogers, Carl: El proceso de convertirse en persona, Ed.Paidós, Barcelona, 1989,

Pág.115

19. Op.cit. Las partículas... Pág. 166

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