MI HERMANO SANTI

 

 

A mi hermano Santi lo enterramos el día de Navidad, por la tarde, en el panteón de la familia en Valderas. Llevaba tres meses en el Clínico de Valladolid, peleando con un cáncer de garganta.

A las cuatro de la tarde, una caravana de cinco coches escolta al coche fúnebre por la carretera de Becilla a Valderas. Abre camino el de la prima Maruja y detrás del ataud vamos la familia de Mariano, la de Antoñita y nosotros.

La carretera de Becilla a Valderas es practicamente una recta que se ondula a través de los tesos pardos de Tierra de Campos. A la entrada de Urones de Castroponce, un pastor envuelto en su manta, se quita, respetuoso, la boina a nuestro paso. A la derecha, un milano, desde su atalaya de un poste de Telégrafo, contempla, inmóvil la escena, mientras otea sus dominios.

Pasada la Unión de Campos, y la única curva que hay en la carretera, aparece en lontananza, erguida en su otero de la Altafría, la figura inconfundible de Valderas, recortada sobre el fondo nítido del horizonte de los montes de León coronados por nubes plomizas que destellan al sol poniente. Hace frío, un frío gris, no muy fuerte - por la mañana, en Mojados, hemos visto la cigüeña, señal cierta de que este invierno será benigno - un frío que te cala los huesos, poco a poco sin sentirlo, un frío que hace que, en esta hora del crepúsculo, las cosas se vean aun más tristes.

Al entrar en Valderas, hay novedades. El Ayuntamiento lo han hecho nuevo con un curioso estilo mudejar - gaudiniano, en ladrillo rojo; menos mal que han conservado la puerta de las Arrejas de la antigua muralla. También el Arco de Santiago, camino del Cementerio, me dicen que lo han arreglado entre todos los vecinos. Hay, en la entrada del Paseo Nuevo un pub. El Pub Alfonso's. ¡Cosas veredes !

El paso de la caravana conmociona al pueblo. Camino de la Iglesia de Santa María, pasamos por delante del casino ( el antiguo café del Sindicato) donde reinaba Afrodísio con su cafetera automática. Hasta la calle llega el olor cálido de la mezcla de café, coñac, anís, sudor y puro Farias, tan entrañable, que me lleva de golpe a aquellas Fiestas del Socorro cuando, después de comer, iba con los hombres a ver la partida de "subastao" y donde probé por primera vez el coñac ( Veterano, claro ).

La gente se asoma a las ventanillas de los coches para identificarnos :

 

¿ Quién puede ser ?

No lo sé galana, no lo tengo visto.

Calla, creo que son los de Palomino. Pregunta a Corrín, que viene por ahí.

 

Son tantos años fuera que ya no queda ni el recuerdo. La última vez que estuvimos fue para enterrar a mi padre, ya va para siete años.

Al llegar a la Iglesia comprobamos que si, que todavía hay gente que se acuerda. Por la acera adelantándonos, vienen Corrín y Daniela, hecha un mar de lágrimas. Veo, también a Julio el Pato, al primo Félix y hasta unas 20 personas que esperan en el atrio.

 

Mira, está Jesús, el pariente.

 

Dejamos los coches en la Plaza Mayor detrás de la Iglesia, enfrente de la antigua casa del Telégrafo, donde nací. Desde que murió Afrodisio y cerraron la Oficina, parece que están dejando que se caiga poco a poco. Veo gitanos en la casa de al lado, la de Juvenal.

 

Viene a nuestro encuentro el primo Félix, tan cariñoso como siempre, con su sonrisa de siempre, con más arrugas :

 

Son 54 años, galán. ¿ Te acuerdas cuando íbamos a clase con Sor Mercedes ?

 

¿ Te acordarás de Lauro ? Lo enterramos hace un mes. La gripe, le cogió fuerte y no pudo con ella. También mi tío Lucio, el cura. Bueno, a ese ya le tocaba. 84 tenía

 

Por lo demás bien, no nos podemos quejar los que quedamos.

 

Y, ¿ cómo fue lo de Santi ? Yo no sabía nada hasta que me lo dijo Corrín, ayer.

 

Me coge por el brazo Jesús el de la Panadería. Viene fumando un Ideales, deshilachado, que le va llenando de ceniza la chaqueta. Se lía, como siempre, en una retahila de historias, de enfermedades, de muertos....

 

Yo estoy mu malico ¿ me entiendes ? Tengo esta pierna que no hago vida de ella, galán

 

Cuando lo de tu padre, me llamó y me dijo : Esto se acaba Jesús. Llama a los chicos ¿ me entiendes ? Mira lo que tengo, cuando muera, lo que no quieran los chicos y lo que no se lleve la Loli, pa ti que eres el único pariente ¿ me entiendes ?

 

Ya sabes, cuando quieras algo me llamas. Somos parientes ¿ me entiendes ?

 

El funeral va rápido. Hay un cura nuevo, de la montaña, me dice Félix. Han arreglado los bancos y el techo. A la próxima se meterán con la Iglesia de la Virgen del Socorro, que falta le hace. El atrio, que da a la Plaza, está lleno de paja y de botes de Coca - Cola. Parece que anoche hicieron un Pesebre viviente.

 

A la salida, me van dando la mano todos los presentes. Veo más conocidos : José el de la tía Juana, dos hijos de Donato, el hijo de Minche, Teresa y su hermano Julio.

 

¿ Sabes ? Está mu malo. Le sacaron un riñón el mes pasado. Le dije que no viniera, que se quedara en casa, pero no ha querido.

 

Y Julio, más flaco que nunca, me da llorando, dos besos, mientras su sonotone empieza a dar pitidos.

 

Subimos al Cementerio en los coches. Ya han preparado el nicho donde estaba mi madre. Al hacerlo se rompió la lápida, estaba muy justa, pero como hay que hacer otra nueva con los dos nombres....

 

 

En cinco minutos despachan la faena. Me quedo un momento dentro del panteón, viendo las novedades. Hay una hermosa lápida negra del Ilustrísimo Sr. D. Isidoro Izquierdo Carnero, está también Alejandro, el hermano de Isidora, la tía Tomasa en el nicho de la abuela y, la más reciente, la tía Dolores.

 

Bajando del Cementerio, nos cruzamos con tres mujeres que van en bata. Supongo que han visto la comitiva y suben a ver quien era. Ya no paramos en Valderas. Enfilamos la carretera de La Becilla, detrás del coche fúnebre vacio. En total hemos estado una hora escasa. En una hora ¡ cuantos años de recuerdos !

 

Ya en la carretera de Palencia, entre los palomares de Castromocho, enciendo las luces del coche y comento al primo Angel que no sé si volveremos algún día a Valderas. Lo mismo que le dije a Santi, cuando hace siete años, volvíamos de enterrar a mi padre.

 

31 de Diciembre de 1984

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